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Sentir orco.
por: Gengis
Enviado el: 03-28-2005 @ 04:54 pm

La fría brisa matinal recorría el valle, la humedad colmaba el ambiente. Sobre las montañas, la niebla se estaba disipando ante la entrada de los primeros rayos de sol. Dominando el terreno, en una pequeña loma, se hallaba Urluck montado en su negro corcel y envuelto en su gruesa capa de pieles.
Se acercaba el momento de comenzar el ritual, bajó la vista y, en ese momento, su mirada se detuvo en una fina y delicada flor que crecía entre las hierbas. Un mar de recuerdos inundó su mente. Recordó aquella misma nívea flor prendida del cabello de Irnis, su amada. Recordó los felices y apasionados momentos que habían pasado juntos en ese mismo prado. Recordó las risas y los susurros de su amada mientras permanecían tendidos en la hierba... Una amarga sonrisa se dibujó en sus labios. Su corazón se lleno de melancolía, se le hizo un nudo en el estómago y las lágrimas pugnaron por aflorar.
Entonces vino a su recuerdo el fatídico día: fué tras una larga y dura jornada de cacería. Regresaba a su cabaña con la esperanza de que las cosas entre él y Irnis empezaran a mejorar. Hacía varios días que no hacían más que discutir, era una discusión tras otra y los ánimos no parecían calmarse con el paso del tiempo. Varias veces habían estado a punto de pegarse. Entró en la cabaña, extrañamente Irnis no se encontraba en ella, pensó que posiblemente habría salido a recoger frambuesas para su famosa ?tarta de frambuesa?. Pero se equivocaba, sobre la tosca mesa, en el centro de la estancia, había una nota cuyas palabras se grabaron a fuego en su mente:
Querido Ulruck, últimamente sabes que las cosas no van como deberían, nuestras discusiones son cada vez más acaloradas y temo que algún día pueda ocurrir una desgracia. Por ello he decidido que será mejor que permanezcamos una temporada lejos uno del otro, ésta misma tarde me iré del poblado. No me busques, ni siquiera yo sé donde voy a ir a parar, en estos momentos prefiero mantenerme alejada de tí.
En un principio no dió crédito a lo que estaba leyendo, Irnis lo dejaba y ni siquiera había tenido el valor de decirselo personalmente. Un cabecilla orco no podía ser tratado de esta forma...
Ahora, dominando el extenso valle, rememoró aquel instante. El triste recuerdo de los momentos felices iba siendo substituido por la ira; una rabia en estado puro que empezó a arder en su interior, a fluir por sus venas como una corriente de lava. Todos sus músculos se tensaron dolorosamente al tiempo que se le erizaba el vello en todo el cuerpo. En sus ojos ardía ahora la llama de la ira.
Llevó su mano al costado de su montura, donde pendía su enorme hacha de batalla. Emitiendo un estentóreo grito de furia alzó el arma sobre su cabeza. Los negros mechones de cabello de Irnis engarzados en el mango, se balancearon con el movimiento. En sus sienes, la sangre palpitaba al son de los tambores de guerra.
Su particular ritual de "auto-sugestión" había vuelto a dar sus frutos. Secundado por los gritos de sus hombres, Urluck y su ejército se lanzaron a la carga.


Ultima actualización el 03-28-2005 @ 06:55 pm


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