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[Actividad] El extraño
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Autor Mensaje
Egelion
Administrador
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Registrado: Jan 30, 2005
Mensajes: 1627
Ubicación: Ovieu
MensajePublicado: Mie Nov 22, 2006 12:22 am    Asunto: Responder citando

Un vampiro en el hipermercado

Estaba colgado del techo simulando ser una oferta.
"Más por menos" rezaba un cartel que lucía en su amplia capa desplegada a modo de alas de murciélago.

Un consumidor, Paco, que pasaba por debajo lo vio y se interesó por la oferta. Inmediatamente llamó a un dependiente y le preguntó.
—¿Qué significa ese cartel? ¿Qué es lo que dan de más por menos?"
El dependiente no sabía qué contestarle.
—Le juro que es la primera vez que veo ese cartel. Tendrá que preguntar usted al encargado. Se encuentra en aquella oficina.
Paco se dirigió a la oficina indicada.

—Buenas.
—Buenas.
—Venía por lo de la oferta.
—¿Cuál oferta?
—La del vampiro.
—¡Ah! "Esa" oferta.
—Sí, esa.
—Pues es muy interesante. ¿Sabe usted? Simplemente tiene que firmar aquí y aquí. —El contrato había aparecido como por arte de magia.
—Bueno, si usted dice que es interesante, lo será, ¿verdad? Usted no me quiere engañar y yo no soy tonto.
Paco firmó solícito el papel y salió tan contento del almacén con la oferta que había conseguido.

Esa noche un misterioso cartel arrastrado por el viento se pegaba en la ventana de su habitación. Paco se levantó en sueños y abrió la ventana.


Siguiente: El monstruo de Frankestein en una convención de la ONU.

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Colotl
Afincado
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Registrado: May 29, 2006
Mensajes: 439
Ubicación: Mex
MensajePublicado: Jue Dic 07, 2006 4:02 am    Asunto: Responder citando

Ay, ay, ay... Esto estubo complicado.

Lo importante en este ejercisio es relacionar el personaje con el entorno ¿NO?
__________________________

-¿Qué es ONU, papi?
-ONU… ¿Dónde oíste eso?
-Está escrito en ese letrero.
-Ahhhh… Bueno, ¿Recuerdas cuando te leí “Frankenstein”, de Mary Séller?
-¡Claro!
-Pues hazte cuenta. Mira, hace muchos, muchos, muchos años. Las naciones del mundo intentaron hacer una organización en la que pudieran resolver sus conflictos sin necesidad de recurrir a la guerra…
-¡Que bonito!
-Si, suena muy bonito, pero no funcionó, en absoluto. Siguieron habiendo guerras y más guerras, con frecuencia por las razones más triviales que te puedas imaginar.
-¿Por eso ya no hay naciones?
-Si, en parte por eso.
-Entonces… ¡No entiendo! Si no servia en su época, ¿Por qué sigue operando ahora que ya ni hay países?
-Pues mira. ¿Recuerdas que el monstruo de Frankenstain era un montón de cadáveres remendados y reanimados? Pues eso es ahora la ONU. Un triste remiendo de naciones muertas que increíblemente sigue en píe.
-Ohhhh… yo pensé que lo comparabas con el monstruo de Frankenstein por ahí adentro vive un Cyborg que es la suma de todas las mentes de los grandes lideres de su época.
Su papá le sostuvo la mirada, inquisitivo.
-¿Cómo sabes eso?
-Lo oí en la escuela, pero no lo creía hasta que pasamos por aquí.
Su papá se limitó a cabecear pensando en lo falto de censura que se iba quedando el sistema y que a ese ritmo iban a acabar como empezaron… otra vez.
-Bueno pues… basta de charla, debemos volver a casa con las refacciones.
-¡Si! Mamá se pondrá muy contenta de que al fin repararemos el robot del aseo.

______________________

Siguiente: Un orco en tu casa.

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Errantus_Aquila
Alcaide
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Registrado: Feb 15, 2005
Mensajes: 1150
Ubicación: Lost in Wonderland
MensajePublicado: Mie Ene 31, 2007 7:49 am    Asunto: Responder citando

- Ufffff, estos extranjeros. Te juro Mary que no lo vuelvo a hacer. Eso de recibir estudiantes de otros paises en tu casa para que aprendan el idioma y tal está muy bien en el anuncio, pero a la hora de la verdad, el dinero que sacas es poco comparado con los esfuerzos que tiene que hacer para entenderles, mantener la casa limpia, lavarles la ropa y demás cosas.

- Ya lo creo, hija, ya lo creo. Como que se me ha ocurrido aceptar a uno de esos estudiantes de Mordor en casa. Apestoso como él sólo, y muy malhumorado. Bastante grosero. Pero bueno, lo peor es que es un pendenciero sin remedio el tal orco. ¿Creeras que se ha querido liar a tortazos con el rubiecito pijo ese de Rivendel que me ocupa la otra habitación?

- Lo creo, hija. Me ha dicho la Encarna que parece haber una disputa vieja entre ambas universidades...

--------

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Kerensky
Leyenda
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Registrado: Feb 03, 2005
Mensajes: 5519
Ubicación: Desubicado
MensajePublicado: Mie Ene 31, 2007 9:06 am    Asunto: Responder citando

La señora Concha se aburría. Abrió la caja registradora, pero el saldo seguía siendo el mismo: 34'5€, precio total de una faja adelgazante y dos pares de medias. Pronto sería mediodía. Reprimió un bostezo. Concha dejó pasar un minuto mas, y sabía que no aguantaría al segundo. Reprimió un segundo bostezo, miró lopoco que había avanzado el reloj y decidió permitirse una pequeña indisciplina... echó la llave a la caja, y abandonó su puesto de trabajo, dirigiéndose rápidamente al kiosko de enfrente. Estaba a solo unos metros, y podría tener la puerta vigilada todo el rato. La señora Concha apretó el paso hasta el kisoko de Luis.

- ¿Que hay, seña Concha?
- Dame el Hola, hijo.

La señora Concha volvió todo lo rápido que pudo a la tienda y se dirigió a su taburete detrás del mostrador.

- Oiga

Concha dió un respingo. El niño se había metido entre dos estantes llenos de lencería picante. Parecía tener diez años y ser bastante pequeño para su edad.. Vestía un uniforme de color beige, con pantalones cortos, camisa cuidadosamente abotonada hasta el cuello y gorra; a su cuello había un pañuelo verde, un detalle que no conseguía modificar su aspecto severo.

- ¿Pero chaval, que estás haciendo aquí?

El niño contestó con un tono remilgado, arrogante y algo molesto.

- Me he perdido.
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Un ebanista gallego en la guerra de Vietnam.


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erhimion
Terrateniente
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Registrado: Nov 10, 2005
Mensajes: 524
Ubicación: Asturias
MensajePublicado: Mar Mar 06, 2007 8:55 pm    Asunto: Responder citando

Sábado, 16 de agosto.
Esta noche soñé que volvía estar en el pueblo, junto a ti, Carmiña. Te observaba a través de la ventanita polvorienta del taller mientras apacentabas a “la perla”, a “la pasiega” y el resto del ganado camino de la montaña. Te miraba embobado, ajeno a la malicia de Evaristo, que no dejaba de lanzar pullas envenenadas siempre que podía. “Ésa acaba contigo como está mandado, rapaz” solía decir cuando me sorprendía mirándote pasar el puente, en fila india con las vacas. Yo no tenía valor para replicar a la mirada maliciosa de sus ojos. Debía de ser el principio de la primavera porque podía oler las flores en el campo, y aun a pesar del olor penetrante de la carpintería –Evaristo barnizaba la puerta que el alcalde había encargado el día anterior para el cementerio– me parecía percibir el aroma del bosque recién vuelto a la vida. Qué diferente ese bosque de este otro, en el que nos pudrimos en vida desde hace ya dos meses. Cuando me desperté continuaba oyendo las detonaciones cada vez más cercanas, con los jirones del sueño flotando aún en mi cabeza, y el rumor de la batalla que aún no he visto -somos la retaguardia del frente-, como si no hubiese transcurrido ni un minuto desde que me quedé dormido. Aunque en realidad he dormido casi cuatro horas. ¿Cuántos hombres habrán caído en estas pocas horas? Hemos perdido la cuenta de los muertos.

Lunes 18 de agosto.
Me gustaría poder escribirte unas letras, Carmiña, si no fuera que estoy seguro de que la carta no llegará nunca. Esto es peor que el infierno y me parece que estamos condenados a quedarnos aquí por los siglos de los siglos. Querría explicarte cómo me equivoqué el día que abandoné la aldea para buscarme una nueva vida en el nuevo continente, como lo llaman por ahí; ahora me doy cuenta que en ningún sitio he sido tan feliz como entre los míos, y aunque es verdad que ahí no hay grandes espectativas, malo sería que no hubiésemos salido adelante tu y yo juntos. Tengo la sensación de no haber hecho nada al derecho. Par empezar, haber viajado a América creyendo que todo iba a ser coser y cantar, y que en poco tiempo volvería a estar en mi Galicia cargado de dinero, como tantos otros de nuestras familias que hicieron fortuna en ultramar. Evaristo y Juan, mi tío abuelo, que también tiene experiencia en andar por el mundo, me lo habían pintado tan bien que casi podía ver los muebles recién construidos saliendo de mi propia ebanistería en algún pueblo de la campiña americana, pues sabes que ese era mi objetivo. Lo peor vino después, cuando me alisté en el ejército. Siempre fui muy de batallitas, y la posibilidad de participar en una misión real me cegó la mente, pues aunque no lo creas, el ejército de aquí lleva años en guerra. Quién iba pensar que iba ir a parar a un país perdido en el culo del mundo. Nos habían dicho que la cosa iba para poco, que era cuestión de tiempo acabar con un ejército desarmado, y aquí estamos, enterrados en trincheras esperando que de un momento a otro se nos eche encima alguno de esos vietnamitas cargados hasta los dientes de dinamita. Nos las prometíamos muy lindas pues nos habían dicho que se defendían con arcos, hondas y cosas por el estilo. ¡Cómo iban a hacer frente al todopoderoso ejército norteamericano! Ahora sé que nunca lograremos salir bien parados de aquí.
Las bajas son innumerables, y las noticias que llegan, poco alentadoras. La lucha se ha intensificado en los últimos días, y aunque pretenden hacernos creer que estamos ganando, no hace falta ser muy avispado para darse cuenta que nos están haciendo pedazos. El frente norte y este han caído –en la enfermería me pareció ver a alguno de mis antiguos compañeros destrozados por el combate.
A veces el tumulto del combate deja de escucharse, las ametralladoras y los morteros se callan, y la selva queda envuelta en un tétrico silencio. En esos momentos, guardo la esperanza de que todo haya acabado, aunque ello signifique nuestra derrota. Después de todo, lo único que hacen es defender lo suyo, la tierra que por alguna razón, nos hemos empeñado en quitarles.
No resistiremos mucho más.

Sábado 23 de agosto.

Escribo como puedo, bajo el intenso fuego enemigo. Los osoldados Nort-vietnamita avanzan imparables a través de un bosque que parece más peligroso que el propio enemigo. Los árboles se tupen sobre nuestras cabezas y en esta oscuridad permanente el calor se vuelve cada vez más sofocante. Estamos rodeados por todas partes de unos soldados que no temen la muerte, si con ella defienden lo suyo, y entre ellos y nosotros ya no queda sino una frágil línea de defensa. No sé a qué esperan para sacarnos de aquí. Parece que se hayan olvidado de nosotros. Ya no queda mucho tiempo para que al fin los veamos y acabemos con esta angustia de luchar contra un ejército que hasta ahora fue invisible par nosotros. Me alegro de haber escrito este diario. Si llegara a manos de alguien y esto termina como me temo –las bajas de nuestro ejército son innumerables y ellos se mueven en la selva como pez en el agua–, quizás alguien pueda enviárselo a mi Carmiña.
Ya no queda tiempo para mucho más. La mayor parte de los amigos con los que me alisté han caído, y nosotros estamos tan solos que casi deseamos entrar en batalla cuanto antes para terminar de una vez. Sólo lamento no poder despedirme de Carmiña y de todos aquellos que dejé en la aldea para buscar en otro sitio lo que tenía en casa. He dejado el encargo que si alguien en nuestro batallón sobrevive, cuando todo esto haya acabado, envíe estos papeles a la dirección que dejo consignada, en una lejana campiña gallega, de una aldea que nunca debí abandonar.
Hace rato he dejado de oír el fuego amigo, y ya sólo puedo oír gritos y ordenes dadas en lengua asiática. Ahora mismo voy poner a buen recaudo este diario y salir de mi escondite. Quizás allá fuera sea posible vivir.

Un caracol orbitando en un satélite meteorológico

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Ashep
Peregrino
Peregrino



Registrado: Dec 18, 2005
Mensajes: 16
MensajePublicado: Dom Abr 22, 2007 7:17 pm    Asunto: Responder citando

"Alístate", me dijeron todos, "no dejes que tu don se pierda". Les hice caso, tonto de mí, y ahora me veo metido en esto sin poder salir.

Me llamo Atanas. Nací con un don, como todos en la tierra. Mi don podría haber sido de clase alfa, pero no llegué a alcanzar esa graduación en los tests. Me quedé en delta. Mi chica, Renata, me dejó cuando se enteró de que no era un alfa, como ella. Nunca me vio poner en práctica mi don. A pesar de ser toda una alfa, era bastante crédula. Se creyó todo lo que le dije. Ella era psiónica. Era capaz de descubrir si la estaban mintiendo. ¿Cómo convences a alguien con ese don de que tu propio don es la leche? Es diabólicamente fácil: diciendo la verdad. Yo le dije: "soy metamorfo. Puedo cambiar a cualquier cosa que quiera", y ella no pudo sino hacer caso a sus sentidos que le decían que estaba diciendo la verdad. Es lo que pasa cuando eres un alfa. Crees que tu don es todopoderoso. No dudó.

Quedó deslumbrada y me eligió para, en el futuro, pasar juntos los ritos de genetización. Yo me cuidé de no dejarla ver la verdad de mi don. Jamás lo activé en su presencia. Creo que aquello le parecía misterioso y añadía un plus de atracción. Los hombres misteriosos siempre parecen más de lo que son. Estoy seguro de que en su imaginación yo era capaz de cambiar en cualquier cosa, incluso en dracoformes. Cuando su don le dijo que yo no mentía, se olvidó de la frase exacta que le había dicho: "soy metamorfo. Puedo cambiar en cualquier cosa que quiera". Esa frase era verdad, claro, pero ella no pensó que yo careciera de la ambición mínima para transformarme en algo más complejo que un invertebrado.

Me alisté, me hicieron los tests, me clasificaron como metamorfo de clase delta, ella se enteró y me dejó. Se acabó mi esperanza de mezclar mi semilla genética con toda una alfa. Es posible que nuestros hijos hubieran llegado a ser, incluso, gammas.

Como ya he dicho, carezco de ambición. Esa característica tiene sus inconvenientes, pero también tiene ventajas: cuando no consigues algo, te da igual.

Llevo dos meses en esta estación meteorológica, dando vueltas alrededor de la tierra, pringando de babas los controles, y me da igual. Cuando los de la base pidieron voluntarios para una misión en la que se necesitaba a alguien del tamaño de, como máximo, una rata, me presenté. Me daba igual. Renata acababa de dejarme.

Ahora, saco los cuernos cada veintitrés minutos y quince segundos. Soy un caracol.


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Próxima asociación: un claustrofóbico en el metro.

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Harold
Peregrino
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Registrado: Jan 16, 2008
Mensajes: 11
MensajePublicado: Dom Feb 03, 2008 12:57 am    Asunto: Responder citando

Buenas, este es mi primer post en este foro, he visto esta iniciativa y me han entrado ganas de participar, veo que nadie responde desde hace mucho así que reflotare el post y seguire con él haber qué os parece.

Si no es mucho pedir me gustaría que comentaraís qué os parece, ya que hace mucho que no escribo...ahí va:

Nunca había imaginado qué se sentía al entrar en una boca de metro, su claustrofobia no se lo permitía. De pequeño quedó encerrado en el ascensor del piso de su amiga durante dos espeluznantes horas, y decidió usar las escaleras para siempre, aún así quería entrar en el metro. Un día se armó de valor y decidió cogerlo para ir al trabajo.
Se levantó y se miró al espejo:
-¿Crees que podrás hacerlo? – Se dijo así mismo – no pasará nada, los trenes son muy seguros…- se tranquilizó.

Así que cogió la maleta y se aventuró hacia la boca de metro que estaba delante de su casa, la cual siempre había mirado con miedo.
Una vez dentro del metro sacó el ticket y pasó al andén a la espera de su transporte poco usual, creyó que no era tan malo como se lo imaginaba, había mucha gente, sí, pero no era nada comparado con la multitud de personas que él creía que habría. Cogió el asiento más cercano a las puertas, según él le daba más seguridad.
Cuando estaba llegando a su de destino se apresuró a la puerta a la espera de que el tren parara y se abrieran, pero no fue así. Las puertas por algún extraño motivo se quedaron atrancadas, se puso nervioso y empezó a presionar el botón con ansiedad, empezó a sudar y a mirar a su alrededor, no podía ser que le estuviese pasando de nuevo, la gente que quería entrar en el tren tampoco podía abrir la puerta desde fuera. Por un instante pensó que debía haber ido al trabajo a píe, como todos los días, aunque tardara media hora más, eso no era nada comparado con el mal trago que estaba pasando. Una señora, al verlo tan angustiado le dijo que era normal, que esperara un momento y se abrirían, él decidió hacerle caso, respirar hondo y esperar. Tal como la señora había dicho, las puertas se abrieron y él salió lo más rápido que pudo.
- Ufff, falsa alarma…- le dijo a la señora, y ella le dedicó una suave sonrisa.

Ese día su trabajo fue muy tranquilo y a la salida decidió volver a casa de nuevo en metro, era algo que debía superar y que poco a poco estaba consiguiendo.

Yo propongo: Un pájaro enjaulado.

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Dafer0
Campista
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Registrado: Feb 05, 2008
Mensajes: 66
MensajePublicado: Mar Feb 05, 2008 1:33 am    Asunto: Responder citando

Hola!, yo tambien soy nuevo en este foro, eh medio escrito un par de cosas, y pues voy a intentar seguirle.
---
Lo que vivio un ave en una jaula.

No entiendo por que estoy aqui. No hice nada malo ni nada de que arrepentirme.... Me atraparon dentro de esta fria prisión cuando menos me habia dado cuenta y esa bola de humanos deshumanizados me miran alrededor decidiendo que hacer conmigo, incluso algunos se me amontonan y entre gritos y aplausos desenfrenados desean oirme cantar. No saben que la musica nace desde lo profundo de la inspiración, y la inspiración solo nace con la esperanza, estoy seguro que nadie mas que tu podria comprender eso.

No soporto mas esta soledad, ¿acaso hice malo?... si tan solo pudiera volver a ver los ojos de mi amor, juro que la buscaria a ella y estas vez le pediria mil veces perdon para que no vuelva a volar de nuestro nido... le dedicaria mas tiempo a mis niños, nunca comprendi cuanta falta les hacia... mirame amiguito, es ironico que pasaba mas tiempo con gente desconocida que con mi propia familia. Creo que ya es un poco tarde para arrepentirme, ¿verdad?.

Me perdi en el trabajo, en la musica. De concierto en concierto hasta llegar aqui en colombia, luego los aplausos de mis fans, minutos despues, las lagrimas de mi esposa y el divorcio. En la noche, un hotel para tragarme mi orgullo, un extraño paparazzi y un lamento ahogado. Ahora mirame aqui pequeño amigo plumifero. Un golpe seco al salir del hotel y luego la oscuridad.

Como te envidio sabes, tu tienes alas y eres tan chico que podrias escaparte por esos barrotes y volar muy lejos de aqui. Vuela periquito y dile al viento que quiero a mi familia, a mi publico que espera alguna noticia... y para mi ex esposa, gritale suavemente al viento que la amo. Adios pequeño amigito verde, ¡y no te preocupes por mi!, con suerte, las FARC me liberaran mañana.

--

¡Gracias por leerlo!, y Propongo: Un submarino en un mar lleno de salsa, espaguetis y fideos.

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Dafer0
Campista
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Registrado: Feb 05, 2008
Mensajes: 66
MensajePublicado: Mie Feb 13, 2008 3:22 am    Asunto: Responder citando

¿Nadie se anima?
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Tehanu
Colono
Colono



Registrado: Mar 11, 2007
Mensajes: 152
MensajePublicado: Vie Mar 07, 2008 3:17 pm    Asunto: Responder citando

Bueno, éste es mi primer mensaje por aquí Smile. Ya que nadie se anima con el submarino, lo retomo. A ver qué os parece:


********************************************************
El capitán Omen tamborileó sobre el cristal de la escotilla. Cerró los ojos por enésima vez. En esta ocasión tardó unos segundos más en abrirlos, intentó concentrarse, esperando contra toda esperanza descubrir, por fin, que aquello no había sido sino una mala pasada del desbocado demiurgo de los sueños.

Volvió a abrirlos, lentamente, pero nada cambió. Allí seguía, inmutable. La enorme extensión naranja.

Resopló con fastidio. Escuchó el golpeteo de unos pies en la escalera metálica, a su lado, y se volvió para ver aparecer al cabo Heinz.

-Capitán –el recién llegado habló, con el rostro pálido. –Capitán, tendría que venir a ver esto. Hemos alzado el periscopio...

-No me dijeron que sería algo así –murmuró Omen. Se frotó los ojos cansados, e incluso en la oscuridad, tras los párpados, todo era naranja. –No me dijeron que esto era el maldito Mar de los Sargazos. En los libros no sale así, que los demonios me lleven.

Tras el cristal, contempló el lento paso de un tiburón albóndiga, seguido por su banco de fideos rémora que culebreaban nerviosos. Lo peor de todo, joder, era que siempre que miraba le entraba hambre.

-Capitán, por favor –Heinz volvió a insistir. –El periscopio. Algo se aproxima y... tiene que verlo.

-¿Acaso podría ser peor? –sonrió Omen, un gesto entre triste y resignado. –Bueno, seguro que no. Vamos arriba.

Encontró a Hellmann lejos de la cabina de mandos, pegado a la mirilla del periscopio como si le fuera la vida en ello. Cuando separó el rostro, el capitán se encontró con su mirada asustada, con el sudor aplastando contra la frente sus cabellos rubios. Aquel tipo era de los que algunos llamarían un lobo de mar, un eterno nómada de las olas, de los que pasaban más tiempo con la sal en los labios que con los pies en la tierra firme. Estaba claro que la tensión de su curtido semblante no auguraba nada bueno. Omen gruñó, se dirigió hacia él y lo apartó de un empellón. Aferró los mandos, reguló las lentes. La imagen del exterior comenzó a aclararse. Vio otra vez el cielo azul, familiar y cálido, ése que habían perdido de vista días atrás; sintió una punzada de melancolía. Bajo él, en calma chicha, el enorme mar de salsa de tomate.

Pero algo se movía en el horizonte. Un destello plateado bajo el sol de mediodía, cuya forma no tardó en reconocer. Omen soltó una blasfemia y renegó de todos los ancestros que pudo.

Como una suerte de Moby Dick de metal, con los dientes afilados dispuestos para el ataque, el gigantesco tenedor avanzaba hacia ellos

*********************************************************

Sed indulgentes conmigo, que llevo ya 7 horas en el curro Razz.

Propongo para la próxima: un jugador de hockey en una tienda de porcelana china.


_________________
Lo llorarás, pero eres fuerte. Edúcalo bien. Enséñale a crecer en una dimensión que le calce. Encúbrelo. Y cuenta luego a los demás que, aunque pretendió la vida entera ser un héroe, una vez hubo conseguido la muerte le gustó más ser un hombre.
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FranOntanaya
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Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 2496
Ubicación: Por ahí
MensajePublicado: Vie Mar 07, 2008 5:27 pm    Asunto: Responder citando

Saludos. Smile

Está muy bien. Con las ideas tan raras que se proponen, a mí ya me parece increible que consigáis enlazarlas. Laughing

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Dafer0
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Registrado: Feb 05, 2008
Mensajes: 66
MensajePublicado: Jue Mar 13, 2008 6:25 am    Asunto: Responder citando

A mi tambien me sorprende como ponemos esos personajes en esos lugares tan raros. Aunque no se por que se tardaron un mes en responder a lo del submarino, ojala participen todos, asi mejoraria mucho el post.
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Neathara
Alcaide
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Registrado: Oct 01, 2007
Mensajes: 1827
Ubicación: En Don-Hostia
MensajePublicado: Jue Abr 10, 2008 5:14 pm    Asunto: Responder citando

Es un poco cutre, pero es que lo he hecho en diez minutos y en el curro, con todo el mundo interrumpiendo, así que...no me lancéis tomates Very Happy

DE CÓMO DOLLY TEMPLE RECIBIÓ EL MEJOR REGALO DE SU VIDA

La asociación de pensamientos que llevó a Julius Temple a acordarse de que aquel día era el Día de la Madre tras recibir el golpe de un stick de hockey en el plexo solar que le dejaría sin respiración durante cinco larguísimos minutos, sigue siendo un misterio hoy día. Pero qué duda cabe de que, fuera cual fuera la razón de tan repentino recordatorio, acudió muy oportunamente, puesto que el campo de entrenamiento de hockey estaba apenas a cinco minutos en coche de la tienda de porcelana china del Shockwave Mall, tienda que además iba a cerrar en treinta minutos escasos si no se apresuraba lo suficiente. Reprimió un ligero estremecimiento cuando pensó en cuál sería la reacción de Mamá si volvía a olvidarse de su día especial.

De modo que ni siquiera perdió el tiempo en cambiarse de ropa. Dejó su stick encima del banquillo, ante la colérica mirada del entrenador Stracciatelli y salió del campo con una exhalación. Tenía el coche en el taller, pero conseguiría desplazarse más rápido gracias a los patines. Haciendo caso omiso de las expresiones incrédulas de la gente con la que se cruzó de camino al Mall, intentó hacer inventario mental de la colección de porcelanas de Mamá. Después de quince años de comprar aquellas horribles estatuillas de animalitos juguetones, no había muchas especies que le faltasen, ya fueran perritos de todas las razas, tipos y tamaños, gatitos, pollitos, cerditos, gatitos y patitos, gallinitas, ositos, ranitas y demás especies entronizadas para la eternidad en el anaquel de la salita de estar. Pero dado el interminable muestrario de la tienda, que Julius había frecuentado muy a su pesar cuando acompañaba a su madre, estaba seguro de que habría algún tipo de especie a faltar de la colección.
“¿Una boa constrictor?”
Iba tan sumido en estos pensamientos, que casi pasa de largo ante la puerta de la tienda. Realizando un elegante giro con sus patines, por si acaso había alguna chica guapa cerca, Julius atravesó la puerta a toda mecha, haciendo un barrido visual por las innumerables estanterías que abarrotaban el lugar.
Frenó en seco.
Sus ojos veían perfectamente, pero la información tardó varios segundos en alcanzar a su perplejo cerebro. Simplemente, no conseguía dar crédito.
Porque alineados a la perfección en pulcras y coquetas hileras, había m¡ríadas y miríadas de miembros masculinos esculpidos en porcelana, dispuestos en posición de firmes como unos juerguistas pompeyanos preparándose para la orgía.
La dependienta le miraba con curiosidad.
- ¿Puedo ayudarle, caballero?
Julius se sentía a punto de desmayar.
- ¿Dónde están todos...todos los animales de porcelana?
- Ah, eso. El dueño decidió que el negocio no resultaba rentable y decidió especializarse en otro tipo de género.
- Pero ¿cómo...cómo...?
- ¿No quiere ver nuestro catálogo? Tenemos de todos los tamaños, tipos y colores. Hay mucha gente que ha descubierto que la porcelana es muy superior a otros materiales más convencionales. Y además, como podrá comprobar, nuestros productos son de la mejor calidad...
Julius no la escuchaba. Miraba el reloj. En cinco minutos, todas las tiendas de la zona cerrarían. En media hora, debía presentarse en casa de Mamá para comer, duchado y cambiado.
Exhaló un gemido.
- Está bien, maldita sea. Enséñeme ese catálogo.

-------------------
Para lo siguiente: Un sacerdote anciano en una convención de Star Trek


_________________
La Serpiente Uroboros
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Mandy
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Mensajes: 4538
Ubicación: Irún
MensajePublicado: Jue Abr 10, 2008 5:21 pm    Asunto: Responder citando

Very Happy Very Happy Very Happy Hola Neathara: Very Happy Very Happy Very Happy

Un relato gracioso y curioso. Me gusta.
Very Happy Very Happy Very Happy Tieneis talento. Very Happy Very Happy Very Happy


_________________
Soy Géminis, de personalidad dual.
http://mitologia-medealvcor.blogspot.com
http://creadores-de-mitos.blogspot.com
http://elreinodelosrelatoscortos.blogspot.com
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Neathara
Alcaide
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Registrado: Oct 01, 2007
Mensajes: 1827
Ubicación: En Don-Hostia
MensajePublicado: Vie Abr 11, 2008 10:05 am    Asunto: Responder citando

Muchas gracias Mandy...eres un solete Very Happy.

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La Serpiente Uroboros
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Dafer0
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Registrado: Feb 05, 2008
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MensajePublicado: Mie Abr 16, 2008 3:45 am    Asunto: Responder citando

je je, y al final le gustaba el "regalo" a su madre ¿no? xD
Como esto anda medio muerto, voy a seguirle al juego.
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UN ANTIGUO SACERDOTE EN UNA CONVENCION DE STAR TREK.

Le fue difícil reconocer el planeta donde había perdido su nave muchos años antes, pero ahí estaba, aunque esta vez eran más construcciones y nacía más vida verde. De entre los árboles, nacían espectaculares, carteles y anuncios que compartían ocho letras en común: “Star Trek”

Se froto los ojos antes de entrar al edificio, todas las razas de aliens se le hacían familiares, entre el cos play, los pasillos, las figuras, los pósters, los DVDs de la ultima temporada... todo esto le resultaba curioso al sacerdote que desde hacia rato se paseaba entre los fanáticos con orejas puntiagudas y trajes metálicos mientras susurraba "mi colección, ¿donde deje mi colección?"

Arrastrando su sotana, preguntaba a quien se le cruzaba si no había visto una maleta de color negro, dejada ahí años antes. Se le clavaban miradas calidas desde los anaqueles repletos de discos de star trek.

Lo paso bien, le ovalaron su cos play perfecto y en menos de lo que pensó, ya había hecho un par de amigos, subido al karaoke, ganado un aplauso y platicado sobre las series de Star trek. - tengo toda la colección- decía- solo que se perdió en este sitio hace tiempo y quiero recuperarla.

Nunca pensó en las consecuencia de lo que su olvido había hecho. Aun así, el viejo sacerdote sonreía por dentro... En su planeta natal, tenia que olvidarse de las convenciones y los posters, no estaba bien visto que un pastor de su religión se paseara por esos lugares. Le gustaba tanto las series de ciencia ficción, que no lo pensó dos veces antes de alistarse a los misioneros del espacio: "Por que nuestro dios esta en todos los planetas" decía el lema. No lo pensó dos veces y se fue.

Bailaba con dos criaturas azuladas cuando recordó donde había dejado la maleta negra. Fue velozmente, mientras rezaba por que siguiera ahí, y entro al sótano donde recordó su despegue de emergencia la última vez.
Antes no estaba el edificio, pero los viejos cajones donde guardo sus cosas seguían ahí. Revolvió papeles, no encontró nada, se rindió y fue con los demás para ver el acto de inauguración de la nueva sala “Scott 2”.

En una especie de altar, vio su portafolio negro, y debajo de el, protegidos con vidrio dorado, su amada colección completa de Star trek. No tardo en comprender y tomo su nave para irse resignado. - Es increíble como mi tele, mi DVD y la colección completa de las aventuras de Scotty cambiaran la cultura de este planeta...- entonces, respiro profundo, preparo la nave para el regreso a la tierra y fue a rezarle a cristo a su país. Los demás misioneros le preguntaron como le fue en su divina misión. - bien, ya saben como hacer publicidad - contesto el sacerdote- ahora hay que mandar a alguien que les enseñe quien fue Jesús.

Siguiente: Una pareja de zombies bailando para ganar un concurso. jeje.

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erhimion
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MensajePublicado: Mie Abr 23, 2008 6:53 pm    Asunto: Responder citando

Creo que mi capacidad de síntesis a la hora de hacer un relato ha vuelto a fallar. Encima ha quedado algo cutre, pero allá va:

Cuanta sabiduría se encierra en esa máxima popular según la cual la vida es el único don por el que el ser humano, caprichoso y vil por naturaleza, no dudará ni un momento en luchar hasta el último aliento de sus fuerzas para mantenerlo, aunque sea por un mínimo instante; por más reveses que uno haya encajado, incluso aquellos cuyo solo pensamiento pondría los pelos de punta al temperamento más templado, insinúese la sola posibilidad de ver llegada nuestra hora, y tengan por seguro que correremos a agarrarnos al primer clavo ardiente que nos permita seguir, aunque sea por un minuto, en este monumento al sinsentido en que hemos convertido la existencia.

Yo, que por un tiempo he habitado ese mundo de oscuridad , y que durante mi paso por la vida sólo había experimentado unas pocas emociones dignas de hacerla soportable, soy un triste testigo de ello. Los hechos que me propongo narrar, saltaron a la luz pública debido a sus terribles y escandalosas connotaciones hace escasamente unos meses, de modo que no creo que represente interés alguno para el lector, a no ser por el testimonio de la torturadora consciencia de mi paso por el otro mundo.

Acababa de entrar a prestar mis servicios en uno de esos hangares con que el ministerio de defensa había decidido infestar todo el continente. Construcciones rectangulares levantadas al amparo de espesos bosques, en las que se llevaban a cabo experimentos de carácter biológico que contravenían todas las convenciones realizadas hasta el momento en lo referente a normativas de guerra. Nos engreíamos de tener a los mejores científicos del mundo a nuestro servicio, y entre ellos, a uno de los más eminentes en cuanto a contagios víricos se refiere: El doctor Marcus Klausmer, Había desarrollado una nueva cepa capaz de exterminar amplias franjas de la población que se viese expuesta a sus efectos, de innegable utilidad en caso de confrontación bélica. Nuestro trabajo era colocar las cápsulas que lo contenían en cabezas de proyectil encargados de propagarlos.

Uno de los motivos por el que los hangares se mantenían ocultos a la vista de los inspectores es que todo el mundo sabía que una exposición prologada a las emanaciones de los tanques, a pesar de los uniformes especiales que nos protegían, y por más seguros que éstos fueran, resultaban altamente nocivos para ciertos tejidos humanos, y se había llegado insinuar que sus consecuencias podían tener un alcance mucho más siniestro del que se insinuaba. Naturalmente esto último eran sólo habladurías.

Una mañana, el ensordecedor ulular de las sirenas de emergencia testimonió la existencia de una grieta de tamaño microscópico en uno de los tanques en que burbujeaba el caldo de cultivo de los microorganismos. A simple vista, se diría que en el Hangar Nº 18 del MD no había ocurrido nada fuera de la rutina diaria, pero todos los que estábamos allí sabíamos que durante unos segundos habíamos inhalado uno de los gases s más nocivos diseñados por la humanidad para exterminarse a sí misma.

Las consecuencias no se dejaron esperar. Todos fuimos trasladados al hospital militar más cercano. Los mandos, conscientes del escándalo, habían ordenado ocultar por todos los medios la situación. Para cuando llegamos al hospital, la mayoría de los que nos encontrábamos en el módulo del escape éramos presa de violentas convulsiones. Nuestra piel se vio invadida por purulentos desgarrones que estallaban en fuertes hemorragias al menor contacto con las propias prendas, de suerte que al cabo de unas interminables horas, todos sin excepción emprendimos el viaje a lo que llamamos mejor vida, aunque en el escaso tiempo en que he caminado por sus regiones, nada he podido presagiar que dicha región supere en nada a la nuestra.

Esto no habría sido especialmente trágico para mí de no ser porque, entre los desafortunados viajeros se hallaba la que desde pocos meses atrás hacía más confortable mi vida: Mi esposa Amanda.

Ahora bien, ya he dicho que al servicio de la guerra se hallaba uno de los más eminentes –y locos, todo hay que decirlo– científicos del planeta. Nadie sabía que aparte de exprimir su intelecto al servicio de la muerte, lo había empezado hacer también para arrebatarle a ésta lo que tantas veces le había otorgado. Es decir, que trabajaba secretamente en la producción de un mejunje capaz de resucitar a los muertos. El anhelo de cualquier grupo militar: Imagínense un ejército de soldados que no pueden ser derrotados porque ya están muertos, pues él estaba a punto de lograrlo. Ni que decir tiene que a nuestro Hervert West se le presentó una oportunidad de oro para llevar a la práctica su experimento.

Así que una fría mañana de invierno abrí los ojos bajo la blanca luz de la morgue del hospital. Junto a mí estaban todos los trabajadores del módulo “Beta” del H18, y como no, mi querida Amanda. Si antes de morir la vida no había sido simplemente soportable, ahora se había convertido en la más penosa de las experiencias. Donde antes había unos músculos jóvenes y fuertes, ahora sólo se tensaban unos miembros ateridos por el rigor mortis, incapaces de realizar cualquier movimiento si no era por medio de terribles sufrimientos. Cualquier movimiento representaba un doloroso esfuerzo, y era horrible ver la antiguamente tersa piel de mi esposa convertida en aquel amasijo de desgarrones y purulentas ampollas.

Y como la desgracia nunca aparece sola, y las dimensiones del escándalo lo hacían casi irremediable, quiso la providenica que un resquicio del destino pusiera la información en manos de un perspicaz reportero de una de los mayores canales de TV continentales, que se había olido el asunto desde el mismo momento del desastroso escape. Como es natural, cuando la realidad del escándalo salió a la luz, el mundo estalló en un pandemonioum de protestas e histerismos que colocaron al ejército en un estado mediático casi insostenible. Porque todo el mundo pudo asistir atónito a las imágenes inéditas de un ejército de redivivos deambulando como sonámbulos en un recinto secretamente custodiado por cientos de soldados armados. Y he aquí, queridos lectores, el principio de la humillante situación a la que ahora nos veis expuestos: En un país en el que la televisión tiene más poder que cualquier otra institución, y cualquier asunto de estado es analizado concienzudamente en sus platós, un hábil directivo del mencionado canal ideó la posibilidad de que una sola pareja se libraría de su regreso al mundo de las tinieblas, decisión a la que se había visto a claudicar el MD ante las presión de la mayoría de las naciones del planeta. A saber: a las autoridades del canal televisivo decidieron que especialistas rehabilitadotes se encargarían de devolver la vida a nuestros ateridos músculos, mediante un estricto programa de entrenamiento. Nuestros progresos serían probados debidamente en una sesión de baile ante la audiencia planetaria, cuyos miembros, mediante llamada telefónica, podrían erigirse en jueces y verdugos de este lamentable ejército de desventurados salvando a una sola pareja entre todas las cincuenta y dos que se habían formado.

A día de hoy Amanda y yo hemos superado victoriosamente todas las fases del programa. Sólo dos parejas nos hemos librado de ser devueltos al olvido. Nuestros movimientos han mejorado con el programa rehabilitador, y el canal televisivo ha cosechado audiencias inauditas a día de hoy en los anales de la televisión. Desde aquí apelamos a la compasión de los habitantes de todo el planeta para que con sus votos nos permitan volver a pasear por las hermosas avenidas de este mundo, y quién sabe, tal vez algún día, si la pericia de nuestros científicos lo permite, poder pasar desapercibidos entre la feliz marea de seres desgraciados que es la humanidad.

Perdón por la extensión.
Próxima propuesta:
Un caballero medieval en un remoto planete

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jUANFER123
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Ubicación: Yo? Soñando, pues toda la vida es sueño y los sueños... sueños son
MensajePublicado: Mar May 06, 2008 8:23 pm    Asunto: Responder citando

¡Zas! Y la espada surcó el aire mientras el líquido rojo manaba a borbotones de la extraña criatura a la que Bland se tuvo que enfrentar por el amor de una joven doncella fria y distante. Se internó más y más en la húmeda y oscura caverna mientras las voces del exterior empezaban a remitir. Sin duda creerían que estaba muerto. Pero ahí seguía en pie, sólo por la fuerza de su orgullo. Siguió, siguió y siguió, peor nunca llegaba. A lo lejos vio un pequeño estanque de agua turbia. Ahí estaba su tesoro. Se dirigió atropelladamente a por el preciado líquido. Cuando llegó, lo hizo sin aliento y sudando copiosamente, pues la armadura pesaba más de lo que aparentaba. Era de hierro, heredada de su padre, que a su vez heredó su padre... Siempre le había salvado de los problemas y por eso no se la quitaba ni para descansar. Se acuclilló y bebió hasta saciarse. Cuando dejó de beber, comprobó que no sentía sus labios, y que sus guantes tenían un recubrimiento de escarcha. Se asustó y cayó hacia el agua. Su preciada agua. Su preciada doncella. Empezó a caery a caer pues, no podía nadar hacia la superficie, su armadura pesaba demasiado. Su armadura, siempre eficaz contra todo. Empezó a sentir frio. Mucho frio. Cerró los ojos.

Cuando despertó, se encontraba maniatado en una camilla. El aire estaba muy viciado. Todo a su alrededor brilaba. Se encontraba en una sala blanca. Paredes blancas, mesas blancas. No llevaba puesta su armadura, ni su espada colgaba de su regazo. Había personas a su alrededor; muchas personas. Algunas se andaban sin saber donde moverse, otros miraban a todos lados, y al más mínimo movimiento, se sobresaltaban. Pero la mayoría de la gente parecía normal. Se acercó una persona a Bland, le miró con pena y le inyectó a través de una jeringuilla una sustancia clara, muy clara. Empezó a sentir frio y se durmió.

La verdad es que no se si esto vale, pero ahí lo pongo
Siguiente: El Papa en el infierno


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Piojo maaaaan¡¡¡¡
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Darinok
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Ubicación: Los Madriles
MensajePublicado: Mar May 06, 2008 11:05 pm    Asunto: Responder citando

Intentaré hacerlo fuera de un tono humorístico... si es que puedo xD

Cita:
Y aquí me encuentro yo. Yo, quien había predicado la palabra del seór durante tantos años. Yo, quien había acatado sin dudar los mandatos del todopoderoso. Yo, quien había condenado tantas y tantas atrocidades cometidos por mis iguales y a la vez, yo, que tanto perdón había impartido por la Tierra. Las sagradas escrituras hablan de este lugar, pero ni se aproximan a la realidad. El azufre y los océanos de llamas se quedan cortos una vez pisas la tierra del ángel caido, la tierra de la que el propio caín fue expulsado. Los cantos de pajarillos y los murmullos de los niños han sido sustituídos por gritos de almas ardiendo en el infierno, gritos de socorro, de arrepentimiento, aullidos de lo que, según piensa mi imaginación, seres abominables mitad lobos mitad demonios. Pero... ¿dónde estoy exactamente? Esto no puede ser el infierno, yo no puedo estar en ese lugar... ¡No debo estar en este lugar! Pero... he de tranquilizarme. Mi imaginación se ha disparado. Eso es, todo esto es fruto de mi imaginación. Toda mi vida predicando contra el mal ha hecho que mi cerebro haga esto. Pero... todo parece tan real. Siento el calor, huelo el azufre, oigo los gritos. Aun así, todo esto no puede estar pasando. Simplemente no es posible. El Señor no dejaría que su representante más próximo en la Tierra acabase en un lugar como este. Enton... ¡Ah! ¡¿Qué ocurre?! Me... me estoy quemando. Noto como mi carne empieza a arder, noto como mi piel empieza a separarse de los músculos cayendo en tiras calcinadas a mi alreedor. Pero no hay suelo bajo mis pies, estoy en el océano de llamas. ¡Hay unas cadenas alrededor de mis piernas! Pero el dolor no es físico, me duele en el cerebro... ¡Aaaaahg! El dolor es insoportable. Huelo mis músculos calcinados, huelo la sangre y oigo como se quema. ¡Por el amor de Dios! Noto como mis músculos se carbonizan dejando paso al hueso. Este dolor es insoportable. ¡¿Cuál es la razón de mi castigo?! ¡Oh todopoderoso! ¿Qué he hecho yo para recibir semejante tortura?... Noto como estallan mis globos oculares debdo al calor. Se deslizan como gelatina por mis mejillas. No veo nada... pero a la vez si veo. Veo como mi cuerpo es pasto de las llamas. Me oigo gritar, siento el dolor penetrando en mi cuero. Las llamas ya han llegado a mi estómago y mis pulmones. Dejo de respirar, ¡pero no muero! Esta tortura no acabará hasta que mis huesos se hayan convertido en carbón. Grito, pero nada sale ya de mis labios deshechos, consumidos por las llamas. Noto como el fuego sube por mi garganta, dejando solo polvo y ceniza a su paso. ¡¡Aaaah!! Mi cerebro empieza consumirse. Se deshidrata rápidamente. Empieza a resquebrajarse, a transformarse en una especie de masa informe con textura de cuero. El único consuelo es que por fin todo esto acabará...

Y aquí me encuentro yo. Yo, quien había predicado la palabra del seór durante tantos años. Yo, quien había acatado sin dudar los mandatos del todopoderoso. Yo, quien había condenado tantas y tantas atrocidades cometidos por mis iguales...


Espero os haya gustado, o por lo menos no os haya disgustado Wink

Si guiente: Un informático en un convención de neurocirugía

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Dafer0
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Registrado: Feb 05, 2008
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MensajePublicado: Mie May 14, 2008 7:31 am    Asunto: Responder citando

El sol de la tarde caía y con el los 67 kilos y 2 gramos del rector. Cuando los hombres en bata blanca se volvieron para verlo, el rector se retorcía horriblemente encima del podio, ignorando la mirada incrédula de todos los médicos y alumnos de la universidad. Algunos le dieron primeros auxilios, un par llamo a la ambulancia, otros, esperaban alguna noticia suya mientras pasaba la semana en el hospital. Después, todos los estudiantes escucharon el desenlace del rector en la cama del hospital con una amplia sonrisa. Y Alejandro siguió pensando, siguió intentando averiguar una repuesta, ¿que había hecho mal?, el informático solo seguía recordando en su cama... y pensar que todo estaba bien, cuando días atrás, el y su esposa disolvían dudas con un guardia de seguridad, afuera del salón de conferencias, en la universidad donde darían a conocer su creación.

Disculpe, oficial- pregunto una mujer pelirroja, llevaba una maleta en un brazo y un hombre cuarentón en el otro- ¿En esta puerta es la conferencia de neurocirugía?

El guardia les respondía que si, que los médicos estaban ocupados y no podía dejar entrar a nadie sin autorización. El vigilante pregunto por el portafolio.

-¡Ah!- respondió Mónica con una sonrisa- Es un software que programamos... espero probarlo aquí.-
-Revolucionara la forma de entender la mente- añadió su esposo-No hemos llegado muy tarde, ¿verdad oficial?

El vigilante devolvió la sonrisa y les preguntó si tenían credencial para pasar, ella saco un papel de la maleta mientras se excusaba.

- No, pero... Alex y yo somos grandes amigo del rector, el doctor Villaluz, y me ayudo para poder venir a participar en su conferencia, dará a conocer nuestro software, aunque esta en fase beta, ya es bastante seguro.

No dio más explicaciones, la firma del rector en el papel lo confirmaba y ambos se esfumaron por la puerta, y Alejandro la besaba tiernamente.

- Me alegra que el señor Villa luz nos haya dado una oportunidad cielo.
- Si, pero, esta vez será la ultima vez que nos pasemos por aquí.- contestó el, atravesando el pasillo tenue y azulado.
-¿Por que?- pregunto ella.
- Por que, eh decidido cortar mi relación, laboral con Villa luz. Es que, pasaba demasiado tiempo trabajando con el, y por fin me eh dado cuenta con quiero pasar el resto de mi tiempo... hoy dejare mi negocio con el rector para estar mas tiempo contigo.- respondió.
-Al menos, nos dio esta oportunidad. Veras que los alumnos les gustara nuestra intervención en la conferencia.

Apenas paso una hora cuando Mónica y su esposo, tenían comiendo de su mano a cada uno de los estudiantes de neurocirugía, enfrente de una pantalla azulada. Todos estaban sentados, arriba, y enfrente del podio, en una especie de rock silencioso, viendo las siluetas azules desenvolverse en su tema.

- Y entonces- cuestionaba un alumno desde arriba del salón- con ese software, ¿es posible "escanear" la mente humana, como si se tratara de un disco?
-Algo así- Decía la informática mientras tecleaba la portátil- lo que hace, es explorar los recuerdos y la información almacenada en el cerebro, tratándolos como si fueran "archivos". Esto gracias a que el programa trata al cerebro como una "Unidad biológica". Una canción recordada en este órgano se interpretaría como un archivo de música en mi laptop. El proceso es inalámbrico, indoloro y en tiempo real.

-"Necesito un voluntario"- expreso Alejandro, al terminar de configurar la PC y la silla giratoria en medio del podio. Los murmullos aumentaron-

-¿Que?, ¿no hay ningún valiente?- interrogo el informático. Mónica resistió la tentación de llamar al rector, sabia que el iría.

Villa luz reflexionaba, los futuros médicos debatían entre susurros y la esposa de Alejandro configuraba el ordenador.

"Estoy seguro que no les agrada mucho la idea de "invadir" su mente y exhibirla a sus compañeros. No teman, su cerebro solo enviara información que quieran mostrar, archivos "públicos". Es decir...
- Recuerdos que su mente no sienta angustia o miedo por exhibir...- completo Mónica.- silencio total, y ella continuó- "Miren, lo probare conmigo".

-Primero, se debe dormir al paciente a tratar... sin duda, ya notaran sus posibles beneficios para la psicología y su ciencia, la neurología. Lo que veremos en la pantalla, será exactamente igual a como lo vieron los ojos de mi esposa cuando vivió ese momento.

"Beneficios, ciencia, neurología"- escribían varios alumnos.

El le dio a ella una cápsula rosada, la dormiría un par de minutos, y así fue en cuanto la trago. Mónica dormía en la silla cuando, en la pantalla azulada, aparecieron miles de carpetas. El tecleo algo familiar: "DIA-boda-2:00PM-6:00PM"

La nostalgia se apodero del podio, Villaluz, soportaba algo en silencio. El azul tenue fue reemplazado por la imagen de Alejandro, acercándose a la "cámara", en medio de una iglesia y un pastor a al lado, bendiciéndolos, frente un pastel con algo escrito: "Alex y Mónica". Como música de fondo, campanas y "vivan los novios"... la pantalla se volvió azulada de vuelta, los jóvenes reclamaron pero Alejandro sonreía.

Ahora que Mónica despertaba, el estaba feliz y con ganas de volver a llamar un voluntario. Esta vez, Mónica hizo el llamado.

Fue una mirada de terror que atravesó el podio, cuando Villa luz, el regordete Rector, se acercaba a la portátil, y se recostaba en la silla. Mónica le dio el químico rosado y Villa luz comenzó a dormir rápida y profundamente. El informático apenas se podía mover, Alejandro dio un grito impulsivo que hizo eco en todo el anfiteatro*... "¡Espera...!
Y su respiración se entrecortaba, hasta que pidió dar terminada la sesión... el pretexto que se le ocurrió en ese minuto, fue la mala configuración del programa... un error, excuso el. Aunque ella no noto nada extraño, el quiso dar por terminada la sesión.

¡No!- se escuchaba desde los alumnos,- ¡Sigan adelante!- reclamos y abucheos, engendrados desde la profundidad de la curiosidad insatisfecha.

Ella insistió, y no vio errores, Alejandro empezaba a ponerse nervioso, y la presión lo obligo a continuar, siempre y cuando, el operara, de nueva cuenta, el ordenador portátil.

Era como caminar descalzo por un campo minado, cientos de carpetas dispersas por la mente del rector, cientos de movimientos descontrolados por la mano en el ratón, estaban ahí, información flotando en el azul, y ahora, solo tenia que elegir una que no revelara los detalles de su relación con el viejo rector, sus viejos negocios, su vieja amistad, y sus viejas noches apasionadas, el viejo amor prohibido que profesaban, y que esa noche había decidido acabar y mandar al olvido al doctor villa luz. Todos empezaban a impacientarse.

Débilmente, el informático selecciono una carpeta, igual a las demás, y la abrió lentamente, cuidando de que no le estallara en la cara.

Las imágenes cubrieron de vida la pantalla, y de pronto, la expectación se convirtió en un cuchillo clavado en el pecho de los estudiantes, de los médicos.

Era la "lente", demasiado acercada a la de un hombre cincuentón, Villa luz se reflejaba en sus ojos, con una mirada que involucraba más que amistad.

Desde la portátil, Alejandro también sintió ese cuchillo quemándolo por dentro, no lo creía, Villa luz lo había estado engañando con otro hombre, sintió horror, asco, pero fue peor cuando cambio la imagen, ahora, el rector besaba a una mujer bastante joven, la reconoció, Mónica estaba pegada frente a la "cámara", con sus ojos cerrados. Apenas tuvo fuerza para ver la siguiente, era Mónica en ropa interior, en una alcoba bastante familiar, el hogar de los informáticos... su casa. Mónica también se sintió, al ver que Villa luz jugaba con hombres y mujeres por igual.

-No sabia como explicarlo, creí poder decírtelo antes...- susurro Mónica y el sol de la tarde caía.

-Trágame tierra...- pensaba Alejandro- No, mejor, trágatela a ella... Por que maldición, por que...- traicionar, jugar, engañar... escribían mentalmente algunos alumnos...

Se quito el cuchillo de la angustia, pues ya lo había agobiado por tantos meses, y busco alguna opción en el teclado, un comando, un ataque de ira reflejado en la pantalla, lo encontró... el menú de borrado se desplegó en varias carpetas vitales, Alejandro, encontró una opción...el rector comenzaba a despertar de su letargo y comenzaba a reincorporarse lentamente hasta que, se escucho un grito ahogado, y Alejandro hizo clic en formatear unidad biológica.

El informático siguió durmiendo en su cama hasta que, un guardia carcelario, cerró su celda con llave.

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Disculpen si me extendi mucho, je.
propongo: un sujeto en traje de astronauta barriendo la calle.

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Dafer0
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Registrado: Feb 05, 2008
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MensajePublicado: Dom Jun 08, 2008 11:46 pm    Asunto: Responder citando

Darinok escribió:
Intentaré hacerlo fuera de un tono humorístico... si es que puedo xD



Ahh, ójala lu hubieras hecho en tono humorístico, jeje.

¿Qué?, ¿nadie se anima a seguirle?

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erhimion
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MensajePublicado: Mie Jun 11, 2008 5:53 pm    Asunto: Responder citando

Ahí va otra brasa.

En la penumbra de un salón de una hermosa casa, una anciana contaba historias a un muchacho y una muchachita, los cuales, a su vez, seguían con curiosidad al hombre que se afanaba en limpiar la acera de hojas caídas de los árboles de su propio jardín.
Lo que son las cosas ––dijo la anciana, con un deje de resignación y tristeza en la voz, observando las últimas luces del día colándose por el balcón abierto––. Aunque os parezca mentira, hubo un tiempo no muy lejano, chicos, en que los viajes espaciales y todo lo referente a ellas no eran sino ilusiones más propias de la literatura que de otra cosa. Le llamaban Ciencia Ficción. El viaje estelar no era sino una entelequia, una ilusión en la mente de los científicos más optimistas, y de algún que otro escritor visionario capaz de plasmar en papel todo aquello que su imaginación le permitía idear. Por supuesto, estos últimos nunca fueron tomados en serio, y los primeros eran demasiado escépticos para pensar que una nave tripulada pudiese desplazarse a lo largo y ancho de la galaxia en un lapso de tiempo que permitiese ir y volver a la tripulación sin necesidad de utilizar a hibernación como mecanismo de supervivencia. Aunque parezca que fue ayer, la astronomía se hallaba en pañales, en su primera fase, como quien dice, y todos los logros humanos habían sido poner el pie en la luna y el envío de sondas a planetas por aquel entonces imposibles de colonizar por tripulaciones humanas. Pero la ciencia había empezado a soltar lastre, y un descubrimiento seguía a otro a tal velocidad, que nadie podía imaginar que uno de aquellos escépticos un día iba a conseguir que una nave fuese capaz de viajar a algunas de las estrellas más cercanas en un tiempo que permitiese al hombre ir y volver sin necesidad de malgastar toda su existencia en el viaje. Entonces el cielo nocturno solamente era una sábana negra plagada de puntitos plateados dignos de ser admirados en las noches despejadas, y a nadie se hubiera pasado por la cabeza que un día un hombre iba a poner un pie en uno de aquellos lejanos mundos luminosos.
Pero ese día llegó.
Fue uno de los científicos de la Agencia que dio con la fórmula que permitía la de propulsión necesaria para hacer posible el viaje. Y no me pregunéis en qué consistía, porque no lo sé. Una vez todo estuvo preparado, la Agencia Espacial encargada de las investigaciones se dispuso a seleccionar a los profesionales más aptos para llevar a cabo la empresa. Gente con las condiciones necesarias para afrontar un viaje de ida y vuelta de unos tres años de duración. El destino era Eridano, una estrella moribunda lo suficientemente próxima para hacer posible el viaje. Si esperáis un poco la veremos en cuanto se ponga el sol ¿Os imagináis lo que significó para la humanidad, que nunca había pasado de la luna, la posibilidad de colonizar nuevos mundos? Todas las especulaciones de los escritores y teóricos se habían vuelto realidad de la noche a la mañana. Al fin el hombre iba a enfrentarse con aquello que había constituido su mayor desafío desde que el primer ser humano que caminó sobre la tierra alzó la vista al cielo en una noche despejada.
El resto ya lo sabéis. Uno de los elegidos fue vuestro abuelo. Entonces contaba unos 30 años. No os podéis imaginar lo que me costó hacerme a la idea de que íbamos a estar cerca de 5 largos años sin vernos; y que quizás nunca volveríamos a vernos ––os digo que era la primera expedición––. Pero todo salió bien. Antes de lo previsto estaban de vuelta en la tierra. No sé qué fenómeno galáctico permitió incrementar la velocidad crucero del trasbordador.
Durante mucho tiempo, la tripulación del trasbordador Argos ––así se llamaba (vuestro abuelo, una mujer japonesa y otro ruso)–– sufrió un baño de multitudes: fueron recibidos como auténticos monarcas, se les concedieron medallas y honores en todos los países del mundo; fueron protagonistas de programas televisivos y publicaciones científicas. Durante mucho tiempo fueron las personas más relevantes de la tierra. Pero el tiempo pasa muy rápido, y a uno le cuesta desprenderse de aquello para lo que sacrificó su vida. Aunque a los 60 un hombre sigue siendo joven, para la astronaútica no lo es tanto. Hace unos meses que vuestro abuelo es un jubilado de esos que llaman de oro, pero ya veis que le cuesta asimilarlo. Y ahí lo tenéis, chicos, limpiando la acera vestido de astronauta. Sabe que ya no volverá a pisar esos mundos distantes, por eso desde entonces no ha dejado el uniforme con que viajó a Eridano. No penséis que se ha vuelto loco, pero es que en su día fue uno de los hombres más importantes del planeta, cuando la vida era posible sólo en la tierra, y no ha asimilado que ya nadie lo recuerde.

Siguiente propuesta: Una patinadora pofesional saltando al vacío desde el Empire State.

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