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Largas Noches en Serb

 
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Utgard
Cacique
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Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 2280
MensajePublicado: Vie Ago 04, 2006 5:03 pm    Asunto: Largas Noches en Serb Responder citando

Capitulo 1 - Prólogo

Sembia, reino de ciudades mercantiles, tierra de la riqueza y del deseo codicioso, tierra de fértiles llanuras, buenas granjas y puertos concurridos, tierra de nobleza, tierra de oportunidades... tierra de traiciones.

Alturiak, la Garra del Invierno, el año empezaba frío. Las granjas paradas debido a la congelación de los campos. Los puertos silenciosos, ya que pocos eran los barcos que se atrevían a adentrarse en el mar, la previsión o quizás el miedo a las placas heladas, hacía que los mercaderes optaran por un transporte más seguro, aunque menos rápido.
Esta no era una buena época para el comercio, únicamente en las grandes capitales se podía apreciar el constante ajetreo de la gente, los negocios fluían, las bolsas de oro, repletas de monedas, sonaban al andar, las posadas, calientes y secas, estaban llenas de comerciantes y buscadores de nuevas emociones, en la calle, como de costumbre, gente, negocios, tratos y rateros.
Esta era una época dónde los pequeños mercaderes aprovechaban la ausencia de los nobles de las ciudades para comerciar sin tantas restricciones impuestas. Y es que muchos de los nobles acostumbraban a partir a Cormyr en estas fechas, allí, se celebraba el Gran Festival de Invierno, una fiesta anual donde, por tradición, los señores locales planifican el año, hacen y renuevan alianzas y envían regalos en señal de buena voluntad.

Pero no, no son las grandes ciudades las que nos interesan; ni la cormyreana Daerloon, ni la gran Selgaunt, ni siquiera la capital, Ordulin. Al sur de los Picos del Trueno se encuentra la pequeña ciudad de Serb, un lugar tranquilo, ciudad de paso. Será allí donde los caminos de nuestros protagonistas inevitablemente se cruzarán, sea por azar, destino o por voluntad de los mismos dioses.


1372 CV, Año de la Magia Salvaje


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Utgard de Cormyr, 56º Mago de la Orden Cyberdarkiana
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Utgard
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Registrado: Feb 07, 2005
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MensajePublicado: Sab Sep 02, 2006 3:47 pm    Asunto: Responder citando

Capítulo 2 – Cruce de caminos

Algo había en el rostro de ese condenado mercader que hizo dudar a Dabidokun. Aún así, compró ese viejo mapa del norte de Sembia que le ofrecía el poco fiable comerciante. El tiempo era oro y los recursos escasos, así que no tubo más remedio que aventurarse a comprar ese trozo de papel que bien podría ser su salvador.
Dabidokun había escuchado rumores, chismorreos que le hicieron centrarse en la ciudad de Serb. Un grupo de viajeros se había cruzado con un extraño hombre de ojos rasgados en su vuelta de Serb. Uno de ellos aseguraba haberle visto bien esos diminutos y alargados ojos bajo su negra capucha. Al escuchar esos rumores, Dabidokun, sin pensarlo dos veces, atraído por una creciente curiosidad, decidió ir en busca de ese hombre, que bien podría tratarse de alguien procedente de su lejano país de origen. Sería maravilloso poder recibir nuevas sobre sus ya, prácticamente, olvidadas tierras.

Dabidokun llevaba varios días viajando en una vieja carreta que transportaba abrigos de piel desde Daerloon a Ordulin. El dueño del carruaje se había ofrecido a llevarlo, a cambio de un pequeño pago, a Serb, ya que su ruta a través del Puesto del Alba pasaría justo por esa pequeña ciudad. A él no le importaban esos extraños rasgos extranjeros del joven aventurero siempre y cuando hubiesen piezas de plata por el medio. Pero esa semana la mirada de Tymora no estaba puesta sobre la cabeza de Dabidokun; llegados a Kulta, la caravana tuvo que desviarse de su ruta directa para recoger algún material en Huddagh y Selgaunt, así que Dabidokun se despidió de sus acompañantes, decidió comprar un mapa a un mercader ambulante y se aventuró a pie hacia su destino.

Ahora, se encontraba perdido en una encrucijada, había llegado a la conclusión de que ese mapa, al igual que su proveedor, era totalmente falso y absolutamente inútil.


(---)


Suzán Naomir ya había perdido la cuenta del número de días que llevaba persiguiendo a aquel misterioso extranjero. Aceptar un trabajo como este en pleno invierno siempre resultaba duro. Tenía los huesos entumecidos por el intenso frío, un frío tan punzante que se calaba hasta lo más hondo de su cuerpo y se clavaba en sus músculos como si de un millar de agujas se tratase. No soportaba más ese tiempo, odiaba ese frío.

Una familia rica de Suzail había contratado sus servicios como caza recompensas. Debía dar caza a un hombre errante, del cual sólo conocía una leve, aunque suficiente, descripción física. Su presa; un hombre del lejano este, su cometido; recuperar un valioso medallón robado. Una vez estuviera frente al hombre en cuestión, no le sería demasiado complicado obtener lo que quería, su largo pelo negro y sus ojos de color verde eran una buena arma, a ese hombre le costaría resistirse a los juegos sensuales de la mercenaria.
Suzán aún no había decidido que hacer con el hombre un vez recuperado el colgante, dejarlo con vida o darle el descanso eterno era decisión suya.

Suzán estaba a punto de tomar el último desvío y en pocas horas llegaría a la ciudad de Serb, era allí dónde le habían conducido las pistas, era allí dónde esperaba, deseaba, encontrar a su hombre. Entonces se detuvo de repente, un viajero se encontraba parado en mitad de la encrucijada. Eso no era nada extraño ya que aquel era un camino de paso, una ruta de mercaderes, lo que realmente sorprendió a la siempre atenta guerrera fueron las extravagantes vestimentas de ese tipo. Una extraña tela de colores rojo y negro cubría su cuerpo y no parecía tener nada para protegerse del frío, únicamente una especie de delgado pañuelo rojo cubría su cabeza y su cara.

El desconocido se dio la vuelta y la saludó eufóricamente levantando una de sus manos. De repente la expresión de Suzán cambió, aquel hombre... Aquel hombre tenía esos malditos ojos que la habían hecho llegar tan y tan lejos!!


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Utgard de Cormyr, 56º Mago de la Orden Cyberdarkiana
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Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 2280
MensajePublicado: Jue Sep 14, 2006 3:25 pm    Asunto: Responder citando

Al fin una hoguera en esta oscura y larga noche, pensó el joven bárbaro. Y es que las duras jornadas a través de los Picos del Trueno habían dejado exhausto al fornido guerrero. El frío nunca había sido un problema para Galdharar Mir, puesto que su sangre nómada provenía de una tribu bárbara del norte, un pueblo que habitaba más allá de la Columna del Mundo. Pero las provisiones... esto ya era otra cosa, cruzar esa maldita cordillera le había tomado más tiempo del previsto. Las fuertes tormentas de nieve y las poderosos capas de hielo en la roca, dificultaban el avance de Galdharar, pero su increíble resistencia y su gran capacidad de supervivencia hicieron que el bondadoso guerrero le ganara, al menos por esta vez, la dura batalla a las montañas.
Solo, cansado, sin provisiones... se encontraba en las faldas de los Picos del Trueno, sin saber cuantas jornadas de viaje quedaban hasta encontrar un pueblo donde descansar y poder anotar todas las vivencias y experiencias del último tramo de viaje. Debía comer algo, pero Galdharar sabía que incluso para el más experto cazador, se hacía realmente complicado obtener la cena en esas condiciones, el frío invierno era demasiado cruel en la montaña.
Pero su expresión cambió al divisar una pequeña hoguera en mitad del bosque. Galdharar estuvo a punto de irrumpir en el improvisado campamento cuando vio esas diminutas criaturas agazapadas en las sombras. Sin pensarlo dos veces se escondió detrás de un árbol y analizó la situación; alguien dormía plácidamente al lado del crepitante fuego. El guerrero se pasó la mano por la cara, presionado ligeramente la palma por sus ojos, ahora debería ser capaz de apartar el cansancio y el sueño que querían apoderarse de él. Esas asquerosas criaturas ya las había visto antes, saqueando campamentos y atacando caravanas. Kobolts, unos seres despreciables, sádicos, cobardes. Empuñando unas pequeñas espadas vigilaban los alrededores del campamento. Dos de ellos removían una mochila en busca, seguramente, de oro y comida, mientras otro se acercaba ligeramente al campista empuñando una daga, seguramente no pasarían demasiados segundos hasta que esa sucia daga cortara el cuello del indefenso campista.


(---)


Un ligero ruido despertó al enano de barba negra. La primera imagen que vio al despertar fue de auténtica pesadilla; un par de ojos rojos le examinaban de cerca, demasiado de cerca. Esos dos puntitos brillaban con un fulgor rojizo en la oscuridad de la noche. El ser al cual pertenecían esos ojos empuñaba una daga, al instante Jamril supo que esta era una situación embarazosa, si al menos esa daga no estuviera tan cerca de su barba...


¿Por qué demonios tuve que acampar aquí? Jamril Battleheart maldijo la decisión que tomó el día anterior. La ciudad de Serb se hallaba a pocos kilómetros de su campamento, aún así decidió quedarse una noche más al raso. ¡¡Por las barbas de Clangeddin!! ¡¡Justo ahora que empezaba su merecido descanso!!
Jamril había estado varios meses en Cormyr, mejorando el arte de la herrería. Después de tantos y tantos días de intenso trabajo, había decidido hacer un pequeño viaje, con suerte, durante el transcurso del viaje, encontraría algún enano versado en el arte de la forja que le instruyese y ayudara a perfeccionar sus técnicas.
¿Podré algún día llegar a montar esa herrería? Pensó el enano.


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Registrado: Jan 13, 2006
Mensajes: 1328
Ubicación: En la parra
MensajePublicado: Vie Sep 15, 2006 9:51 am    Asunto: Responder citando

Suzán Naomir - Capítulo 2 - Cruce de Caminos

Nada más ver los extraños ojos de aquel joven Suzán supo que era el hombre que buscaba. La primera reacción fue echar mano a la daga que llevaba en la parte trasera del cinturón. Pero aunque algo contuvo su brazo, apretó fuertemente la empuñadura hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
Había una expresión de alivio y de alegría en aquellos profundos ojos rasgados. Algo que era totalmente inusual. Ella estaba acostumbrada a ver miedo en los ojos de sus víctimas, sorpresa, ira, indignación o simplemente resignación. Pero nunca se había topado con alguien que se alegrase de ser descubierto.
Pero aún había algo más; algo que no acertaba a colocar en su sitio, una idea que pugnaba por salir de su escondrijo. Tenía una extraña sensación que hacía que su pulso se acelerase y sus pupilas se dilatasen de deseo.
Con la respiración aún agitada se aproximó hacia el cruce de caminos. El joven oriental, pues aun con el rostro oculto no podía esconder su insultante juventud ni su procedencia, hacía gestos amistosos de saludo, sin intentar llevar sus manos a las armas. No obstante Suzán estaba alerta, con una buena dosis de adrenalina rugiendo como un torrente por su sangre; sentía latir el corazón en sus sienes.
El muchacho se acercó peligrosamente, invadiendo el espacio vital, la barrera íntima de la mujer. Suzán cerró los ojos, se sintió amenazada, peligrosa y excitantemente amenazada. Decidió esperar antes de cortarle el cuello y recuperar el medallón.
A pesar de todo siguió empuñando su daga, sin desenfundarla, sin amenazar. Sólo era precaución, instinto de superviviente. Esta vez le estaba costando frenar su sed de sangre y su hambre de calor.

-Hola, me llamo Suzán -susurró con voz ronca-. ¿Necesitas ayuda?


------------------
Suzán se dispone a esuchar lo que el extraño oriental exponga. Está alerta, agitada y algo indecisa.
Master, necesito que me digas si así voy bien encaminado respecto a la manera de actuar.
Arrow Todo correcto (simplemente modifico el color de las anotaciones)


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Deavid
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Ubicación: Ontinyent (Valencia)
MensajePublicado: Vie Sep 15, 2006 11:25 am    Asunto: Responder citando

Dabidokun - Capítulo 2 - Cruce de Caminos

Después de haberse perdido durante un buen rato intentando llegar a pie a la ciudad de Serb, Dabidokun empezó a desesperarse. La paciencia y la perseverancia, pero estando en medio de la nada, la desesperación tenía las de ganar.

Pasaron varias carretas e intentó hacerlas parar, pero éstas no parecía agradarles demasiado su aspecto y sus rasgos de extranjero, ya que ninguna se dignaba a parar. De repente, algo extraño sucedió. Dabidokun se dio la vuelta y al comprobar que era, vio una mujer que se había detenido no muy lejos de él. Agitó el brazo fuertemente, saludando, mientras la mujer se le quedó mirando.
«Este es el momento», pensaba Dabidokun mientras se dirigía con paso decidido hacia ella.

—Hola, me llamo Suzán —susurró con voz ronca—. ¿Necesitas ayuda?
—Así es —apresuró a contestar Dabidokun—. Llevo horas intentando llegar a Serb, pero no hay forma con este mapa que me han vendido. ¡Qué dinero tan mal gastado!... —hizo una pausa para reflexionar, los nervios le estaban gastando ora vez una mala pasada— Bueno, lo que necesito es que alguien me indique cómo llegar hasta la cuidad, o tal vez queráis acompañarme hasta allá...

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Dabidokun está bastante nervioso, la euforia del instante le impide centrarse en lo que está haciendo en estos momentos.

He redactado la parte que falta de mi personaje hasta coincidir con el encuentro, supongo que no pasa nada o incluso mejor, por redactar esta parte.

También, he puesto en cursiva la parte donde se cruza exactamente con el mensaje de STB, para saber que eso pertenece a algo anterior.

Por cierto, estoy usando los carácteres de guión largo y las comillas americanas. Si alguien más quiere usarlas lo mejor es que las copie de mi mensaje — «»

Arrow Ok


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Loren
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MensajePublicado: Vie Sep 15, 2006 2:05 pm    Asunto: Responder citando

Galdharar Mir - Capítulo 2 – Cruce de Caminos

Habiendo dejado todas sus pertenencias innecesarias para una refriega al borde de su campamento, el guerrero sabía que no tenía mucho tiempo para actuar. Su escudo estaba apoyado en un tronco, allá en el campamento, pero su espada con una llama azul en la empuñadura iba siempre con él. A pesar de que acababa de despertar y el sueño aún estaba un poco patente en él, contó mentalmente a los oponentes. Aquel campista estaba en problemas. Y no había mucho tiempo.

Emitiendo un grito de guerra propio de su antiguo clan, desenvainó la espada bastarda y se lanzó entre los árboles hacia el centro del campamento, contra la amenaza directa, haciendo ruido para asustar a las criaturas intentando acertar por el camino al primer kobold que se le cruzara por delante.

Era una cuestión de supervivencia y compañerismo. Las leyes del camino.


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Ubicación: En la parra
MensajePublicado: Lun Sep 18, 2006 3:23 pm    Asunto: Responder citando

Suzan Naomir. Capítulo 2 - Cruce de caminos (continuación).


Cita:
—Hola, me llamo Suzán —susurró con voz ronca—. ¿Necesitas ayuda?
—Así es —apresuró a contestar Dabidokun—. Llevo horas intentando llegar a Serb, pero no hay forma con este mapa que me han vendido. ¡Qué dinero tan mal gastado!... —hizo una pausa para reflexionar, los nervios le estaban gastando ora vez una mala pasada— Bueno, lo que necesito es que alguien me indique cómo llegar hasta la cuidad, o tal vez queráis acompañarme hasta allá...


Suzán tardó varios segundos en responder. Sus ojos permanecieron fijos en la franca mirada del muchacho. Trataba de dominar su respiración y los agitados latidos del corazón.
Finalmente soltó la empuñadura de la daga y ruborizándose al pensar las pocas horas que faltaban hasta el anochecer respondió.
-Te acompañaré. Voy camino de Serb y no me vendrá mal alguien con quien charlar esta noche.
Tomó una determinación. Sólo una noche. Y regresaría con el medallón a cobrar la parte de la recompensa pendiente de la entrega.
-Es por allí -añadió, y comenzó a caminar de nuevo en la dirección que había señalado.
Ni siquiera miró a ver si el misterioso oriental seguía sus pasos. No quería que percibiese sus mejillas acaloradas y sus labios resecos.

Suzán pretende conducir al muchacho hacia Serb. Tiene muchas dudas ya que es el objetivo claro de su misión.
Arrow Así pues os dirigís hacia Serb


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Kapu
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Ubicación: Valle de las Sombras
MensajePublicado: Mie Sep 20, 2006 4:18 pm    Asunto: Responder citando

Jamril Battleheart - Capítulo 2 - Cruce de Caminos

La sangre galopaba veloz por su cuerpo debido al constante bombeo de su acelerado corazón, su pensamiento intentaba ir aún más rápido, pensando en la mejor forma de conservar sus barbas en crecimiento. Con los ojos fijos en los de su contrario, sin que ninguno de los dos moviera un músculo, esperando la reacción del otro, Jamril decidió actuar antes de que fuera demasiado tarde y trato de anticiparse a aquel ser de piel escamosa intentado agarrar la muñeca con la que el agresor sujetaba la amenazante daga.


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Utgard
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Registrado: Feb 07, 2005
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MensajePublicado: Vie Sep 22, 2006 4:09 pm    Asunto: Responder citando

La verdad es que esa no era la mejor posada de Sembia, pero al menos dormían en una cómoda cama, les servían comida caliente y les ofrecían un buen vino.
Nathrae Ildrar observaba cómo los primeros rayos de sol iluminaban las blancas y frías calles de Serb. Le gustaba mirar por esa ventana, sentada en el marco, con los pies, aún descalzos, apoyados encima de su cama. A esas horas de la mañana las calles estaban muy tranquilas, la nieve y el hielo lo cubrían todo, formando unas bellas figuras dónde antes había calles, tiendas, bancos y plantas. La ciudad se iba despertando poco a poco, las primeras personas salían a la calle para quitar la nieve acumulada en las puertas de sus hogares y establecimientos. Pero aunque ese paisaje le maravillara, Nathrae sabía que solo podía admirarlo durante unos pocos minutos, antes de que el sol reflejado en la blanca nieve empezara a hacer daño a sus delicados ojos azules.
Pero esta mañana era todo diferente, todo parecía ir más despacio de lo normal, la posada estaba especialmente silenciosa, ni un alma había aparecido aún en la calle e incluso el sol parecía despertarse con lentitud. Que sensación más agradable, paz y tranquilidad, que hermosas baladas sugería el blanco paisaje.

Al otro lado de la habitación, tumbado en su cama, Leysinn aún dormía. Había estado despierto hasta altas horas de la noche repasando sus apuntes y leyendo sus tomos. Sería injusto levantarlo tan temprano.
Hacía ya más de tres semanas que Nathrae viajaba al lado de Leysinn, pero la verdad es que sabía muy poco sobre él. Leysinn era un mago, un elfo de Eternoska que viajaba lejos de sus tierras en busca de conocimiento. Aunque eran muchas las noches que habían pasado junto al fuego de sus hogueras, Leysinn no le había hablado demasiado sobre él. Realmente Leysinn no era muy hablador. Pero aunque sus objetivos fueran distintos, su camino era el mismo, y así sería hasta el momento de su despedida.


(---)


Leysinn no tenía un destino claro, puesto que guiado por unos oscuros sueños se dirigía sin un rumbo fijo hacia el este.
Esos sueños… se trataba de terribles pesadillas sin sentido alguno que le hacían despertar en mitad de la noche, empapado de un sudor frío. Aunque Leysinn raramente dormía, esos sueños eran tan intensos que incluso, sumergido en la ensoñación, las proféticas visiones llegaban a su mente. ¿Qué lectura debía darles? Leysinn era conciente de lo extraños que eran sus sueños. Ocasionalmente, los elfos tienen sueños, pero esto no es un suceso que se produzca con frecuencia, y la mayor parte de las veces ocurre tan solo cuando duermen realmente. ¿Y si era Shar, la Amante de la Noche, la que lo estaba guiando?

Una noche, durante una de sus pesadillas, apareció una extraña figura de ojos azules. Aunque se trataba de una simple silueta, alguien sin rostro alguno, esos brillantes ojos azules le calmaron y le dieron tranquilidad. Cuando la silueta le tendió una de sus manos, el mago se agarró a ella, fue entonces cuando despertó. Por primera vez desde que esos sueños le visitaban noche tras noche, Leysinn no se levantó sudado ni intranquilo, su corazón latía con total normalidad. Al fijar la vista hacia la hoguera vio a una bella chica de largo y brillante pelo negro sentada junto a ella, calentando sus frágiles manos. Al alzar la mirada, Leysinn pudo comprobar que aquella elfa tenía unos preciosos e impactantes ojos azules.
Fue entonces cuando Leysinn decidió seguir su viaje junto a ella, a la espera de que sus sueños le revelasen algo más. Pero no fue así, desde esa noche Leysinn no volvió a soñar…
Esos ojos azules, había algo en ellos que llamaba la atención del solitario mago, esos ojos…


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Utgard de Cormyr, 56º Mago de la Orden Cyberdarkiana
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Nyarlathotep
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Registrado: Feb 09, 2005
Mensajes: 1862
Ubicación: Barcelona
MensajePublicado: Lun Sep 25, 2006 7:07 pm    Asunto: Responder citando

Leysinn - Capítulo 2 - Cruce de Caminos

El mago elfo despertó, como solia hacerlo, cuando el primer rayo de la insolente luz rompió la profundidad de la noche; sin embargo, siguió respirando acompasadamente como si aún durmiera, completamente quieto. Aprovechaba aquellas solitarias horas del amanecer para reflexionar sobre su camino y objetivos.

La situación lo desconcertaba. No estaba acostumbrado a los imprevistos; todo tenia que funcionar exactamente como estaba planeado, todo debia encajar como piezas de relojeria, para que su mente estuviera satisfecha. No, el desorden no era para Leysinn, para quien incluso el mero hecho de dormir estaba regido por una serie de reglas autoimpuestas de duración y profundidad. Pero poco podia hacer para remediar aquella situación; solo esperar, confiar en una nueva revelación, un nuevo indicio del camino que, al parecer, alguien habia decidido que recurriera.

Percibió, con su agudo oído, el despertar de su compañera, y dejó que creyera que él seguia dormido. Le convenia dedicar aún un rato mas a la meditación en la ilusión de soledad que su simulacro le permetia. Que papel le convenia interpretar para con la elfa? deberia tratar de seducirla? o simplemente confraternizar con ella para asegurarse un valioso aliado? Oh, que frio podia llegar a ser a veces, pensó Leysinn, ligeramente molesto. En todo caso, era innegable que la elfa podia resultar un interesante acompañante. Compartían, al parecer, cierta afición por la erudicción, segun dedujo de sus breves conversaciones. Un elfo solar y uno lunar bajo el mismo techo; que curiosa coincidencia; tamaña disparidad podia ser, por si misma, una señal, y por eso mismo importante. Por suerte, Leysinn no prestaba demasiada atencion a las pretenciones de superioridad de los elfos dorados; para él, importaban otros factores, pero el final era el mismo; basandose en ellos, discriminaba o no a todo el mundo.

Al cabo de un rato, Leysinn "despertó". Fingió parpadear para acostumbrarse a la luz solar que inundaba la habitación, acentuada por el brillo de la nieve en los tejados.
Nathrae le sonrió, indicandole que se aproximara a la ventana; Leysinn lo hizo, moviendose pesadamente, entumecidos sus musculos por el frio y la inmovilidad, y apoyó la mano sobre el cristal.

- Buenos dias, Nathrae. Pareces especialmente contenta esta mañana - Leysinn la llamó por su nombre; hasta entonces se limitaba a llamarla "elfa" o, simplemente, "bardo". Confiaba en que ella notaria aquella pequeña concesión y la interpretaria como un intento de acercamiento -. Es por el frio? lo aprecio sobremanera; el calor resulta contraproducente para la actividad intelectual. De todos modos... que pensabas hacer hoy?


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Cyram
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Registrado: Feb 02, 2005
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Ubicación: El País de Neirloth
MensajePublicado: Dom Oct 01, 2006 12:37 am    Asunto: Responder citando

Nathrae Ildrar - Capítulo 2 - Cruce de Caminos


Nathrae, contenta de que su compañero se hubiera despertado solo en vez de motivado por algún movimiento más alto de lo normal que pudiera haber perturbado su sueño sonrió cálidamente al verle acercarse. No sabía muy bien de donde salía ni hacia donde iba realmente. Lo que si sabía es que habían conectado de una forma muy especial.

- Buenos dias, Nathrae. Pareces especialmente contenta esta mañana. Es por el frio? lo aprecio sobremanera; el calor resulta contraproducente para la actividad intelectual. De todos modos... que pensabas hacer hoy?

- Buen día tengas tu, Leysinn. - Contestó ella a la vez que se retiraba un mechón de pelo rebelde que no hacía más que caerle sobre el rostro. - La verdad es que estoy de buen humor tanto por el bonito amanecer como por ese fenómeno tan maravilloso como me resulta la nieve en sí. Me parece que invita al buen humor y a la serenidad de quien la contempla. ¿No lo habías visto nunca así? - Pensativa, se miró atentamente al casi imperceptible reflejo de la ventana haciendo que su expresión, inicialmente feliz, se viese ligeramente en sombrecido por una expresión de desazón. Esperando que su compañero no hubiese visto nada, volvió a sonreir arrebatadoramente y apoyó su rostro en las rodillas para mirar con sus ojos almendrados al mago. - Había pensado bajar a tomar algo al salón de comidas del mesón y después dar un paseo por el mercado a ver si puedo comprar unas cuantas cosas. Entre otras, un cuchillo nuevo. Tengo cierta costumbre de comprar uno a cada ciudad que voy.
Pensativa otro instante, pareció recordar algo.
- Oh, pero tu dime si tienes interés en hacer algo en concreto e intentaremos adaptarlo a las pocas horas de luz que tenemos por estas fechas.



En el caso de que podamos salir a la calle me aseguro antes de hacerlo de que cojo cualquier arma o elemento que pueda hacerme falta. Siempre por si pasa cualquier cosa de camino.
Arrow Si, soys libres de salir a la calle si lo deseais


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Utgard
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MensajePublicado: Mar Oct 03, 2006 9:33 am    Asunto: Responder citando

Cont. Galdharar Mir y Jamril Battleheart

El bravo guerrero irrumpió al campamento descargando un grito de muerte. Los Kobolds, sorprendidos ante semejante ataque, solo tuvieron tiempo para ver como la espada del desconocido atravesaba en dos el diminuto cuerpo de uno de sus camaradas. Aún así, el rostro desencajado de las criaturas no duró demasiado, acostumbradas al pillaje, a las luchas entre tribus y a las huidas de emergencia pronto se organizaron de nuevo. Pero esos segundos de bloqueo y confusión fueron suficientes para el siempre atento Jamril. Con un movimiento veloz, el enano agarró con firmeza el brazo del Kobold que sujetaba la oxidada daga, y este, viéndose ahora bajo inferioridad usó sus largas y afiladas uñas para arañar profundamente a su captor. El dolor fue intenso pero aún así el enano, consciente de que su vida estaba en juego, no aflojó ni un solo músculo de su brazo izquierdo.

Ahora era tiempo para analizar la situación; el enano forcejeaba con una de las criaturas, seguro que no le costaría demasiado deshacerse de ella, él se encontraba rodeado de cuatro Kobolds, con sus pequeñas espadas apuntando hacia él, ahora la prioridad era su defensa. Galdharar podía hacerlo, debía acabar con los cuatro.
El bárbaro se desplazaba lentamente, dándose la vuelta constantemente, controlando las criaturas que estaban en su espalda, la mirada no estaba fija en ninguna de las armas en concreto, las espadas no le preocupaban, eran los Kobolds quienes las empuñaban, si mantenía la atención ninguna de ellas conseguiría siquiera rozarle. Pero no era tan fácil, de repente dos de ellos tomaron la iniciativa, Galdharar pudo bloquear el acero del Kobold que atacó por el flanco izquierdo, pero la criatura que embistió por su espalda logró un certero golpe, hincando su espada en la pierna del humano. Galdharar reprimió su dolor y degolló al osado.

Ahora era el guerrero quien se hallaba en problemas, en esta ocasión le tocaba a él echarle una mano. Jamril miró al Kobold que tenía preso, sonrió y estalló su fuerte puño en la cara de aquel ser. El Kobold cayó inconsciente al suelo. Rápidamente el enano se dispuso a recoger su hacha del suelo mientras sonriendo decía: - La presa que se convierte en cazador, ha llegado la hora de matar Kobolds.

Uno menos, pensó Galdharar. Sintiendo ahora su espalda protegida el guerrero se lanzó sin miedo contra el Kobold que tenía enfrente. Éste interpuso su espada en la trayectoria de la del guerrero, pero la fuerza del humano era tal que hizo volar la suya por los aires. El monstruo quedó tumbado en el suelo sin vida. Sumido totalmente en la batalla, el bárbaro empaló al siguiente Kobold sin que ese pudiese reaccionar.

Estando sus camaradas fuera de combate, el último Kobold salió corriendo, adentrándose en la oscuridad del bosque, buscando la protección de las sombras. Terminó en el suelo con un hacha clavada en la espalda.

Fue entonces cuando, por primera vez, el enano cruzó una mirada con el bárbaro. En sus ojos había agradecimiento y satisfacción.


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Loren
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MensajePublicado: Sab Oct 14, 2006 11:06 am    Asunto: Responder citando

Galdharar Mir - Capítulo 2 – Cruce de Caminos

Con la respiración levemente agitada, Galdharar repasó con la mirada el estado en que había quedado el campamento. Observó los cadáveres por si alguno se movía. Era una carnicería a la que ya estuvo acostumbrado, por lo que no supuso mayor observación.

Entonces miró al enano que le había cubierto las espaldas. Expresó con su mirada la misma que ahora mostraba su nuevo compañero.

--¿Estáis bien? Parece que os hallábais metido hasta el cuello en problemas. ¿Qué hacía una panda de incursores kobolds asaltando a alguien como vos en estos parajes? La verdad es que me resulta extraño ese tipo de comportamiento en estas criaturas --dijo agachándose y limpiando su espada manchada en un montón de hierbas.

Se incoporó y miró amistosamente al enano.

--Mi nombre es Galdharar Mir, ¿y el vuestro?


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Utgard
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MensajePublicado: Mie Nov 08, 2006 4:16 pm    Asunto: Re: Largas Noches en Serb Responder citando

Capítulo 3 – Soledad

Por extraño que pudiera parecer, en esa fría mañana el sonido matutino que desprende la ciudad al despertar no llegaba a la cálida habitación de la posada, parecía como si los habitantes de Serb hubiesen acordado, por ese día, empezar sus vidas unas horas más tarde. Los leñadores no saldrían a talar tan pronto, los cazadores buscarían sus presas y montarían sus trampas al cabo de unas horas y la gente dejaría que el sol del mediodía fundiese la escarcha que bloqueaba las puertas de sus casas. De no ser por la agradable presencia de los primeros rayos de sol, Nathrae Ildrar hubiese pensado que aún se encontraban en mitad de la noche. Ni una pala quitando nieve, ni un plato roto en la posada, ni el olor del desayuno, ni el relinchar de los caballos, nada, solo silencio y tranquilidad. ¿Es que acaso al pueblo se le había olvidado levantarse hoy?
Esta sensación producía placer en Nathrae, aprovecharía para dar un agradable paseo por el pueblo sin el ajetreo que produce la gente al poner en marcha sus negocios, al limpiar la calle o al ir a tomar su primera copa de vino a la taberna.
Nathrae abandonó extrañada la habitación, le había comunicado a Leysinn su idea de salir, le había dicho que se verían abajo, en el comedor, a la hora del desayuno, pero Leysinn no contestó, simplemente se levantó apresurado a mirar por la ventana. Su rostro mostraba preocupación.

Si el silencio en que se veía sumido el pueblo era ya de por si algo sorprendente, más lo fue la tranquilidad que habitaba en la posada. Esta estaba en absoluto silencio y ningún sonido llegaba desde el piso inferior. El único ruido que percibía la elfa era el crujir de la madera bajo sus pies al bajar por la oscura escalera. «Oscura», pensó la joven bardo, «seguramente aún no deben haber abierto los ventanales del salón».

El Descanso de Serb, aunque no demasiado grande si era una posada muy acogedora. Apenas una decena de mesas y la barra desde donde el posadero servia sus jarras de cerveza completaban su salón principal. Las escaleras comunicaban el salón con el piso superior, donde se hallaba el conjunto de habitaciones. Pero lo que hacia de esta posada algo especial era la enorme chimenea que había en el centro de la estancia. Una chimenea que, en las épocas de intenso frío, siempre permanecía encendida desde que el primer gallo cantaba hasta las altas horas de la madrugada.
Pero esa mañana el agradable calor del fuego no salió a recibir a Nathrae. Este no había sido encendido aún y el salón estaba tan helado como el piso superior.
Cuando la elfa irrumpió en la sala se quedó completamente paralizada, su corazón latía a un ritmo descontrolado y el miedo y el horror se apoderaron de ella. Sus ojos no podían creer lo que estaban presenciando, una visión aterradora más próxima a un pesadilla que a la propia realidad, porque allí estaban, de pie, sujetando unos pequeños troncos el posadero y su mujer, completamente inmóviles, grises, vacíos, allí estaban los dos, convertidos en piedra.


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Cyram
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Ubicación: El País de Neirloth
MensajePublicado: Mie Nov 08, 2006 4:53 pm    Asunto: Responder citando

Nathrae Ildrar - Capítulo 3 – Soledad

Asustada, Nathrae bajó con el máximo sigilo posible hasta el salón de la posada. Aquello le recordaba vívidamente a los hechizos que se practicaban en la escuela de magia de su ciudad drow cuando era niña. Maldijo por lo bajo, ya que aquella forma de manipular el saber arcano nunca le gustó. Prefirió desde siempre lo que más tarde terminaría aprendiendo, a un nivel muy básico, de los elfos con los que había vivido una gran parte de su vida en la superficie. --- Ahora mismo los estoy echando mucho de menos, la verdad --- Pensó aterrada mientras afilaba su mirada de elfa en cualquier rincón oscuro donde pudiera estar escondido el agresor.

Poco a poco se fue acercando hasta la figura del posadero y su mujer, y tras tocarlos con una cuchara de palo que había allí al lado, constató que todo aquello era fruto de una magia diabólica. Ningún frío extremo podría haberlos congelado de esa forma, claramente estaban convertidos en piedra. El quid de la cuestión consistía en averiguar qué es lo que había impulsado al asesino a realizar aquella acción brutal y, lo que era más importante, si todos los que habían estado en las habitaciones habían sufrido el mismo destino que los dueños del mesón.
Subiendo de nuevo las escaleras se acercó a una de las puertas del pasillo y llamó con los nudillos provocando un ruido sordo en el pasillo de madera y piedra. Tras dos llamadas sin éxito volvió a intentarlo esperando que quien estuviera dentro no contestase por tener un profundo y placentero sueño y no porque éste se hubiese tornado en pesadilla eternamente dentro de una dura cáscara de fría roca.
En su mente... la idea de que toda aquella ciudad había sido convertida en piedra cobraba cada vez mayor realismo al analizar el silencio que parecía recubrirla. Preocupada pues por la razón de que ellos no habían sido maldecidos y quién podría haber sido tan poderoso como para poder haber lanzado aquel hechizo a todo un burgo, volvió a llamar otra vez a la habitación.


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