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EL CARRUSEL DE ESPEJOS por Meliot

 
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Meliot
Gurú
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Registrado: Jun 08, 2005
Mensajes: 3828
Ubicación: Semuret y Helmántica
MensajePublicado: Vie Abr 07, 2006 6:03 pm    Asunto: EL CARRUSEL DE ESPEJOS por Meliot Responder citando

Hola, sigo el ejemplo de mis compañeros srider y dStrangis y cuelgo aquí el relato con el que participé en el concurso de la editorial Punto de Lectura en la página web www.cafedeartistas.com. Como allí no se anima a comentarlo nadie... Espero vuestras opiniones y críticas, adelante:

El Carrusel de Espejos

Aquella tarde todavía era verano, así que, siendo domingo y sin nada mejor que hacer, mi mujer y yo decidimos pasar la tarde de asueto en la feria.
¡Cuánta gente! Creo que pensé. Sin embargo, no recordaba el espectáculo que se desarrollaba ante mis ojos. Una enorme noria, la más grande que había visto nunca, giraba y giraba, meciendo con su suave arrullo las barquillas en las que las parejas disfrutaban de las vistas de la ciudad. Miles de luces de colores y sirenas se sucedían una tras otra, en un interminable e insoportable soniquete. Los carruseles se movían, los pobres y viejos caballitos de cartón piedra, maltratados por los díscolos infantes. El eterno entrechocar de los ingobernables autos de choque, me sobresaltó en un par de ocasiones, hasta que escuché el timbre que señalizaba el fin del viaje, nuevas fichas eran introducidas en las tripas metálicas de los artilugios para saciar su apetito. Los impenitentes tenderetes con globos, junto a otros que fabricaban nubes rosadas de algodón de azúcar, manzanas caramelizadas y almendras garrapiñadas. Y que, no nos engañemos, de pequeños sólo comíamos el caramelo y dejábamos la fruta.
Continuamos paseando, huyendo del atronador y potente discurso de los charlatanes de las tómbolas, después de aligerar el contenido de mi cartera y no conseguir ni el más minúsculo de los premios. Los críos revoloteaban, lloriqueando, caprichosos, a sus padres, que dejaran sus billetes en pago del monigote de moda que se les había antojado. Allá al fondo, se vislumbraba la carpa de un circo, con sus fieras, payasos con narices rojas y zapatones, malabaristas y equilibristas. Ensayaban sus respectivos números, mientras las fieras les observaban adormiladas y aburridas desde sus jaulas.
Todavía no había decidido cuál era mi entretenimiento adecuado, seguimos dando vueltas en torno al recinto de la feria. Por poco se nos pasa por alto, pero medio apartada del resto, una atracción que no había visto antes, me llamó la atención.
Un carrusel distinto a cualquier otro. Un laberinto de espejos y cristal que giraba sobre sí mismo. Decidido, y a pesar de las reticencias de mi mujer fui con la intención de subirme.
El feriante me indicó la entrada y se cobró el billete que costaba. Noté el áspero tacto de la encallecida mano cuando le había deslizado el dinero en el interior de su palma. Tras observar una enigmática sonrisa en su cara, me dirigí hacia lo que parecía mi izquierda, descubrí que un espejo me engañaba. Avancé por el camino culebreante de paneles. Los primeros, me encauzaron y me dejaron el paso franco al frente, devolviéndome mi imagen cada uno de ellos. En el siguiente recodo, encontré delante de mí mi propio rostro circunspecto. No había salida, debía retroceder. Desanduve mis pasos, buscando por dónde tenía que dirigirme, la atracción se me estaba empezando a antojar angustiosa.
Logré hallar un pasillo por el que no recordaba haber pasado antes. Me interné en él y, tras toparme con una bifurcación, decidí ir hacia delante. Enseguida me arrepentí, ya que mis narices chocaron contra una dura lámina transparente. El carrusel de espejos me había engañado. Dolorido, me froté el apéndice nasal. Me senté en el suelo sintético y pensé, para aclarar mis ideas, pues el golpe me había dejado atontado.
Recuperado y confiado, giré hacia la derecha y decenas de copias mías me observaron. No me sentía cómodo, gotas de sudor recorrían mi frente y quería encontrar la salida cuanto antes. No debía dejarme dominar por los nervios, sin embargo, la claustrofobia y el pánico hicieron de las suyas, creciendo a cada minuto que pasaba dentro.
Nuevos errores e ilusiones me confundieron. Desorientado, no sabía por dónde continuar, cuando vi, a unos metros de mí, la luz del día que comenzaba a morir.
Corrí desaforado hacia allí, ansioso por escapar de aquella trampa llena de espejismos. Mas, mis anhelos se vieron frustrados. Escuché un chirriante ruido y los plafones que me mostraban la huida, cambiaron de posición, cerrándome todo vestigio de libertad. Se movían, ése era el misterio, los cristales y espejos se desplazaban al antojo del dueño, para dificultar el tránsito en el interior de la atracción.
La angustia se manifestó en mi estómago y vomité.
Una vez repuesto, atravesé la nueva intersección contigua. No volví a aparecer al otro lado.
Me encontraba atrapado en la superficie bidimensional de un espejo de feria que unos segundos antes no estaba. Intenté rebelarme contra mi encierro, pero fue inútil, el cristal y el azogue me retenían y no me permitían marchar. No comprendía por qué, yo no había hecho nada malo. El único error que había cometido en aquella tarde había sido subirme a aquel maldito carrusel.
Lloré, ¿qué sería de mí? ¿qué pensaría mi esposa? Toda mi vida, encarcelada en un espejo sucio y feo. Pronto, aprendí que, donde estaba no necesitaba nada, ni alimentos, ni comida, ni afecto. Me saciaba con mi propia imagen, con eso me bastaba para aguantar un día más. Viajamos de un lugar a otro, de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad. Un día, un visitante me aseguró que en otra época él había habitado dentro del espejo y que no me resistiera, que me dejara llevar por su fuerza, que mis energías vendrían de aquellos que me miraban y así sería más feliz. Posibilidades de deshacer el encanto, ninguna. Un único, pero difícil resquicio, sería romper el espejo, aunque con el riesgo de morir yo también. Seguí el consejo y me sometí a la energía del lugar donde estaba atrapado de por vida.
Desde entonces, me convertí en la mayor atracción de la feria. Buen negocio el que había hecho el malvado feriante. Nunca logré saber qué le ocurrió a mi mujer. Supongo que todavía seguirá buscándome, desesperada.
Mi existencia se limita a ser visitado como un mono enjaulado. Veo las risas y los flashes de los turistas, me señalan y se llevan mis imágenes a sus casas.
Aguardo y espero, confiando en que el hechizo se rompa y tú, querido lector, ocupes mi lugar.


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elrikes
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Registrado: Jan 11, 2006
Mensajes: 114
MensajePublicado: Vie Abr 07, 2006 7:28 pm    Asunto: Podría mejorar Responder citando

No me ha convencido el uso de los adjetivos. El relato empieza con un tono muy de tu a tu a lo que le siguen adjetivos como díscolos, ingobernables, o sustantivos como infantes y frases del estilo: "nuevas fichas eran introducidas en las tripas metálicas de los artilugios para saciar su apetito" que le dan un toque de "lucimiento" que el relato no necesita. Un relato de este estilo debe ser muy visual, con comparaciones sencillas per acertadas que transmitan realmente qué sucede en un parque de atracciones.

Y un par de apreciaciones de inicio: En primera linea del relato se repite la palabra tarde y en la segunda, eso de ¡Cuanta gente! Creo que pensé: O lo pensé o no lo pense pero el creo que da una sensación de ¿había gente o no había gente?

Pienso que con unos cuantos toques el relato puede mejorar mucho.

Hasta pronto.

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Meliot
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Registrado: Jun 08, 2005
Mensajes: 3828
Ubicación: Semuret y Helmántica
MensajePublicado: Sab Abr 08, 2006 10:16 am    Asunto: Responder citando

De acuerdo, se tendrán en cuenta tus comentarios para un futura (en breve) revisión. Gracias.

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