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Vuelta a las andadas...

 
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Autor Mensaje
Engorn
Alcaide
Alcaide



Registrado: Feb 08, 2005
Mensajes: 1592
Ubicación: La forja del universo
MensajePublicado: Vie Mar 17, 2006 4:13 pm    Asunto: Vuelta a las andadas... Responder citando

-¿Azul? -preguntó extrañado- ¿Es azul como el mar azul?
-Como de tu mirada nació mi ilusión -respondió el otro.
-¿Azul como una lágrima cuando hay perdón? -inquirió un tercero.
-Tan puro y tan azul que me ahogó el corazón -contestó el que había contestado antes.
-¿Y eso cómo lo sabes? -preguntó el que había preguntado primero.
-Porque yo estaba allí cuando ocurrió -respondió con una sonrisa maliciosa el que estaba siendo interrogado por los borrachos de la taberna, bajó del taburete, cogió su cubata y se alejó de la barra. Los tipos de la barra no lo siguieron con la vista y continuaron bebiendo y no pudieron ver como el individuo con el que habían estado conversando se reunía con otros tres hombres alrededor de una mesa del bar.
-No deberías ir por ahí contando las historias de la última resurrección de nuestro hermano- le dijo el que tenía pinta de más anciano, con barba blanca y que vestía ropa olgada- . No al menos en esta realidad.
-Dejale que haga lo que quiera, están borrachos y no se acordaran de ello- comentó el de piel más oscura.
-Precisamente por hacer lo que os dió la gana terminastéis de nuevo en La Forja -apuntó el tercero, que tenía pelo largo y bigote rubios.
-¿Creéis que Engorn lo habrá conseguido? -preguntó el que acababa de sentarse en la mesa.
-Todo es cuestión de que se le bajen los humos, eso lo sabes tú muy bien- le respondió el de pelo canoso- . Quizá si las cosas fueran bien... Pero mira que ponerse azul...



Ultima edición por Engorn el Jue May 31, 2007 8:31 pm, editado 1 vez
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Vlad_Temper
Alcaide
Alcaide



Registrado: Feb 07, 2005
Mensajes: 1852
Ubicación: Bokerovania
MensajePublicado: Mar Mar 21, 2006 7:35 pm    Asunto: Responder citando

Un enorme sillón tallado en madera oscura con motivos de calaveras, tapizado con seda negra bordada en plata, dominaba la pequeña habitación circular. A su alrededor, forrando las paredes de piedra, cientos de espejos de diversos tamaños y de marcos estilizados no devolvían más imagen que la de cientos de rostros borrosos, a medio definir. Ninguna puerta parecía abrirse en aquella habitación, ni ninguna otra vía de escape. Y en el suelo había grabado, en una sustancia de color óxido que hacía presentir un horrendo origen, un enorme pentagrama lleno de símbolos cabalístico.
De una de las cadenas que colgaban del techo descendió una serpiente enorme, de escamas brillantes y ojos fríos, que se retorcía segura y confiada, acercándose a aquel que ocupaba el sillón. Unas pálidas y huesudas manos acariciaron a la serpiente, mientras ésta rodeaba el mueble, y se apoyaba en las rodillas delgadas, cubiertas por una túnica negra. Emblemas de plata y jade recorrían el tejido. La serpiente ascendió poco a poco, hacia el rostro demasiado semejante al del ofidio. Nariz hendida, ojos brillantes, desnudo cráneo y reptiliana boca. De aquel rostro podría haber surgido una lengua bífida, o podría estar cubierto de escamas viscosas, y aquello, por adecuado, lo habría vuelto menos inquietante de lo que era.
De repente, uno de los rostros borrosos de los espejos se volvió nítido. El hombre torció los labios y entrecerró los ojos, descubriendo, una vez más, que quien se atrevía a amenazarlo había sido antaño alumno, súbdito y esclavo de su voluntad. Alzó su varita, y percibió el familiar sabor a latón y el tacto aceitoso de la magia mientras una zona del espacio delante suya comenzaba a fluctuar de forma imperceptible. Chispas de invisible luz octarina* confluían cada vez más rápido, antes de que un enorme fogonazo y un sonido de implosión llenasen el lugar que estaba contemplando aquel hombre. Antes de que se apagase el brillo, unas palabras fueron siseadas por el ocupante del sillón:
-Adeva Kavdra.
En seguida, un rayo de luz verdosa impactó en el recién llegado, haciéndole soltar la copa que sostenía. Se trataba de un enorme trofeo dorado, donde estaba grabada la inscripción: "Copa de las Casas. Vencedor Slytherin". Era el trasladador que llevaba a los aposentos secretos de Lord Voldemort, Aquel Que No Debe Ser Nombrado. Voldemort se alzó, dejando que la serpiente se acomodara en sus hombros, y se acercó al cuerpo que yacía en el suelo, aquel cuerpo cuyo rostro reflejaban los espejos. En apariencia joven, con el cabello rizado de color castaño, grandes ojos del color del alma de la ciénaga, gruesos labios, perilla desastrada, el visitante, de baja estatura, tenía la piel pálida como la muerte, desnudo de cintura para arriba, dejando ver una inscripción en su pecho:
Lucha tus batallas perdidas
pues nada has de perder
pues a veces es más importante luchar que ganar
pues algunas batallas perdidas pueden vencerse

El Poema del Guerrero de las Batallas Perdidas. Quien se encontraba en el suelo era Vlad Temper. Que abrió los ojos y se levantó, ante la incredulidad de Voldemort.
-Nadie sobrevive al hechizo de la muerte -dijo Voldemort.
Vlad Temper puso los ojos en blanco, con cansancio, y se molestó en quitarse el polvo de los vaqueros ante la indignada mirada del señor oscuro.
-Ya estoy muerto, ¿recuerda? -fue la respuesta de Vlad al incorporarse.
-Helios -fue la respuesta del oscuro señor, en lo que parecía un chillido.
La punta de Voldemort se iluminó con el poder nuclear del sol. Las pupilas de Vlad se contrajeron ante él, y sus ojos tomaron un verde venenoso. En su rostro tan sólo había pena, mientras que en el de Voldemort brillaba la cólera.
-Nunca comprendió mi naturaleza -dijo Vlad-. No es que el Sol dañe mi piel, es que hay una nube eterna en mi corazón que me impide ver más color que el gris en el cielo.
-¡Yo te enseñé la magia, desagradecido! -gritó Voldemort, mientras su varita se apagaba lentamente.
-Me enseñó las reglas de este mundo, pero yo he creado ya mis propias reglas, mis propios mundos...
Voldemort no comprendía totalmente aquellas palabras, pero no tuvo tiempo de preguntarse de qué se trataba, pues Vlad ya estaba extendiendo su puño cerrado a un lado. Y allí se materializó un bastón, un caduceo. Dos serpientes se enroscaban alrededor del mango, enfrentadas ante un sol de plata con un ojo y su lágrima grabados en él. Mientras, la parte inferior se afilaba, hasta convertirse en un lápiz.
-He visto la Gran Barrera, he conversado con Asthatoth, he volado con Pandora, he conocido un Rechicero, he poseído el Anillo, he volado a lomos de un dragón, he visto el destino de los elfos, y he salido Fuera. He atravesado la Metáfora, y la he vuelto a cruzar. Y me has decepcionado mucho.
-¡Insolente!
-La Muerte ha paseado conmigo tantas veces, que tu varita de Hada Madrina no puede hacerme ya ningún daño.
La varita de Voldemort ardió en su mano con un fuego octarino. El oscuro señor se agarró la mano dolorida.
-¿Vas a matarme?
-¿Yo? No, hay destinos más divertidos.

Al día siguiente, los mortífagos fueron convocados en un oscuro pantano de Nueva Orleans. Allí se presentaron, con sus máscaras de plata y sus mantos oscuros, esperando a encontrar a Voldemort en persona. Y allí estaba, pero distinto. Estaba arrodillado, con un collar de plata en el cuello, y enormes pulseras de plata, casi grilletes, en las muñecas. Su mueca era de plácida obediencia. Y a su lado, sosteniendo su extraño caduceo en una mano, y una espada de obsidiana rota en la otra; con sus dos alas extendidas, la izquierda negra, la derecha sepia; con el Poema del Guerrero de las Batallas Perdidas grabado en su pecho; con una sonrisa sardónica en el rostro; Vlad Temper, el vampiro.
-Los tiempos cambian, y yo estaba hasta las narices de esta criatura -dijo, señalando a Voldemort-. Ahora es mi esclavo, no por el conjuro imperius, sino por una magia más antigua y poderosa. Y por si lo preguntáis, ya no tiene más poder que un humano normal. Muggle, si lo preferís, pero yo no lo prefiero. Las cosas van a cambiar, van a ser más divertidas. Para comenzar el asesinar a Harry Potter no se ha convertido ya en nuestra prioridad. Volved a vuestros lugares, seguid vuestra vida normal, recibiréis instrucciones cuando sea necesario. Hasta entonces, olvidad esto.
Y todos lo olvidaron.
Y Vlad Temper se marchó, con Voldemort siguiéndole, dócil y obediente.
Y comenzó una nueva etapa de la Guerra.

_______________________
*Octarino: el octavo color del arcoiris, sólo visible para magos, brujas, gatos y criaturas extratemporales. Es el que aparece cuando la luz impacta contra un campo mágico potente. Algunos lo describen como un verde-violáceo. MÁS INFORMACIÓN: Leed a Terry Pratchett.


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Engorn
Alcaide
Alcaide



Registrado: Feb 08, 2005
Mensajes: 1592
Ubicación: La forja del universo
MensajePublicado: Mie Mar 29, 2006 8:52 pm    Asunto: Responder citando

Los ojos de Engorn se abrieron. Sintió desconcierto por primera vez desde hacía demasiado tiempo como para recordar que era aquello. Sintió su armadura ceñida a su cuerpo y las empuñaduras de Nemesis en ambas manos. Las miró y las vio de color carne, normales. Miró a ambos lados y buscó en su memoria. Aquella marca había sido destruida cien o doscientos años atrás, quizá más. ¿Que estaba pasando? Esuchó un clamor a su espalda. Miró y vió a un ejercito de almas preparado para la batalla, situadas detrás de los pocos fieles a Engorn que comandaban los ejercitos. Pero aquello también era imposible: Yali, su mejor camarada, hacia tiempo que había caido en combate, en aquel mismo lugar, el mismo día en el que Engorn destruyó aquella marca, una marca que de la que aún recordaba el nombre: el Cielo.
Las almas se agitaron y Engorn miró al frente. Ante él surgió un grupo de nueve individuos encarado a él, formado completamente por seres identicos a Engorn y Yali. Eran angeles, los portadores de la palabra de Dios, y el mismo Dios, su propio hermano.
-Miguel, Samuel, Raquel, Ismael, Él, Isabel, Ezequiel y Rafael -murmuró Engorn a medida que pasa la vista de uno a otro, de izquierda a derecha. Al principio Engorn y Yali habían pertenecido a aquel grupo y sus nombres habían sido Daniel y Gabriel respectivamente, y los dos hermanos desaparecidos de Engorn y Dios (Él), también habían pertenecido a aquel grupo de élite: Manuel y Fidel, Ra y Zeus tal y como prefería llamarlos Engorn.
Solo los cuatro hermanos eran del autentico linaje de los angeles, los demás eran meras copias de ellos, los Pilares de la Creación.
Pero todos ellos también estaban muertos, hechos desaparecer por su arma Nemesis.
Engorn no lo pensó dos veces y dió la orden. Hades y Yali hicieron avanzar al ejercito de almas. La victoria estaba ganada de antemano. Millones de almas, dos ángeles y la misma muerte contra nueve ángeles.
-¡Es ridículo que plantes cara! -le espetó Engorn a su hermano desde donde estaba mientras veía como las almas marchaban silenciosamente hacia el enemigo. Pero pronto descubrió que estaba equivocado. Con un simple movimiento Dios hizo que la mayor parte de las almas se convirtieran en polvo que fue arrastrado por el aire, y el resto, simplemente huyó- Veo que tienes recursos -dijo el Creador de la Muerte-, pero no serán suficientes.
Yali y Hades aún estaban con Engorn. Sabía que Hades, al igual que él, era inmortal. No se puede matar a la muerte, y él, Engorn, tenía aquella extraña capacidad de resucitar una y otra vez en el sitio donde había muerto, una ventaja con la que su hermano no contaba.
La situación no le resultaba extraña a Engorn, aquello ya lo había vivido antes, por lo que no le sorprendió. Sabía que era lo que iba a pasar de inmediato, y dejó que las cosas se sucediesen tal y como habían ocurrido siglos atrás.
-¿Y ahora qué, Daniel? -preguntó Dios- Estás solo, unicamente tienes a Hades.
Engorn miró a Yali, extrañado porque su hermano no lo hubiese nombrado. Después volvió a mirar a Dios que sonreía triunfal.
-No... -dijo Engorn y se avalanzó contra Yali agarrando con fuerza a Nemesis. Yali detuvo el primer golpe de la hoja negra del arma, pero Engorn hizo un rápido movimiento pasando el arma por su espalda y clavó la hoja de muerte en el costado de su, hasta ahora, compañero, el cual se desvaneció al instante- Traidor -murmuró Engorn antes de sentir como una fria hoja le atravesaba completamente, entrando por la espalda y saliendo por el vientre, y entonces el también se desvaneció.

De golpe Engorn despertó. Miró sus manos y seguían azules. Solo había sido un recuerdo, y le extraño, hacia mucho que no recordaba así.


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Finarfin
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Registrado: Feb 18, 2005
Mensajes: 523
Ubicación: En el comienzo. Antes del tiempo
MensajePublicado: Jue Abr 06, 2006 12:40 pm    Asunto: Responder citando

Splog

Cuan dulce sonido. Que placentero resulta la tranquilidad disfrutada tras el combate.

La bestia se sacudia en el suelo, intentaba levantarse, ante el claro impedimento de tener su cabeza a varios metros de su cuerpo.

"La cuestión es que el unico pecado que has cometido, no ha sido contra mi"

Clavó la espada en el pecho de la criatura a medio levantar, la cual, al contacto de la hoja, simplemente, empezó a desvanecerse.

[...]

Recogi mis cosas y me iba ya de allí, cuando entonces lo sentí. Perdón, mejora dicho lo supe. Alguien habia vuelto... y alguien iba a volver donde quiera que hubiera estado escondiendose durante este tiempo.

Enfundé la espada y me largue de aquel lugar


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Unbreakable

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Engorn
Alcaide
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Registrado: Feb 08, 2005
Mensajes: 1592
Ubicación: La forja del universo
MensajePublicado: Jue Abr 06, 2006 1:57 pm    Asunto: Responder citando

Warer corría como si le persiguiera el diablo. Un diablo que llevaba mucho tiempo persiguiendolo. Un diablo al que conocía como Samuel.
De prontó tropezó y cayó al suelo, apoyandose con las manos para amortiguar la caida.
Se levantó tan rápido como pudo, se quitó las piedrecillas que se le habían quedado en las manos frotandoselas con la chaqueta de militar y continuó corriendo.
No sabía que había pasado. Horas o minutos atrás había estado defendiendo la aldea a la que él y sus compañeros habían llegado de aquella especie de minotauros con hocico de cerdo, y ahora se encontraba corriendo en otro lugar extraño, y esta vez solo. Ni siquiera llevaba su rifle, ni el trozo de cristal que había cogido de la cantera, ni el amuleto del Hatcher. No, recordaba haber detruido aquel colgante con el hacha de aquella misma criatura. Solo tenía la ropa y miedo.
En su cabeza veía las imagenes de como los alambres de espino habían destrozado a Coril y de Adrian siendo fulminado por el ejercito de minotauros, el solo contra todos ellos.
Volvió a tropezar y repitió la operación de la vez anterior, y al levantarse lo vio... Un nuevo ser al que no conocía.
-¿Samuel? -preguntó, pero la criatura que tenía ante él lo miró extrañado y no respondió...


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