Entrevista a José Antonio Suarez

ENTREVISTA CON JOSÉ ANTONIO SUÁREZ PARA SEDICE.COM, por Jaime Santamaría

En sedice.com se abrió en su día un hilo al respecto de la Ciencia Ficción Española. Quedó claro que el panorama patrio ofrece toda una retahíla de buenos autores y mejores obras. La conclusión fue clara, es innegable que existe pasta aquí adentro, y como prueba de ello fue que se pusieron encima del tapete títulos ya clásicos para todo buen aficionado. Entre los muchos mensajes que perseguían una enumeración ideal, definitiva o referente, alguien citó a José Antonio Suárez y su “Nuxlum” (2000, Espiral), ganadora del premio Ignotus; un thriller que narra las desventuras de media docena de colonos aislados en un lejano planeta, en el que hechos extraños, aparentemente inexplicables, acabarán turbando radicalmente sus vidas.

Quien apuntó este nombre hizo bien. Suárez, que este año 2007 estrena dos space operas, aunque con distinto enfoque cada una, ya pertenece por méritos propios al panorama habitual, con ocho novelas a sus espaldas, editadas todas ellas en lo que va de primera década de siglo; ha contado con el apoyo de las editoriales pequeñas y medianas, que están haciendo grande a la ciencia ficción en español y, en sus textos, está demostrando que evoluciona con paso firme camino de encaramarse como un curtido escritor. Sus thrillers, sin fuegos artificiales, pero con una creciente calidad, están ahí para entretenernos y ser espejo reflector de hacia dónde se dirige parte de la ficción científica actual, sin poder eludir beber de otros canales que le han robado protagonismo al fantástico pero, por qué no decirlo, le dan también lustre.
José Antonio Suárez (Albacete, 1963) publicó su primer relato, “Fallo crítico”, en la antología Visiones 97, de la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción. Más historias cortas suyas han aparecido en las revistas Ciberpaís, Asimov, Artifex y Solaris, entre otras. Sin embargo, lo que ha consolidado a este apellido en el plantel de escritores son sus novelas, muchas de las cuales han sido tratadas en varios hilos abiertos en esta Comunidad de lectores y escritores. Pero... no hay mejor manera de indagar un poco en la figura de este autor que charlando con él y dejándole que se exprese al respecto de temas que seguro nos interesan a todos. Preguntas obligadas, otras de rigor y por último... divagaciones varias. Éste es, sin más ambages, el protagonista que nos ocupa.

José Antonio, de dónde sales. Tu curriculum es muy escueto. ¿Qué más nos puedes contar que sea confesable? En tu vida civil, ¿por dónde andas?

No creo que sea un currículo escueto. Inicié mis publicaciones en 1997, con un relato aparecido en la antología Visiones de la asociación española de fantasía y ciencia ficción, aunque con anterioridad a esa fecha también había divulgado algunos trabajos en forma electrónica. Internet no estaba por entonces tan saturado y era más fácil que te leyeran. Fue una experiencia positiva, pero la gente no valora aquello que obtiene gratis, así que busqué otras fórmulas de publicación. Juan José Aroz fue el primero que me publicó una novela, en una época que daba poca cancha a los españoles. Luego publiqué con Equipo Sirius, Edebé, Por la tangente, Parnaso y Ábaco. En total, ocho novelas, un número que modestamente, creo que no está mal. No me gano la vida con ello, obviamente, y los novelistas que pueden vivir de eso en España se pueden contar con los dedos de la mano; tienen que complementar sus ingresos con colaboraciones en prensa, conferencias, talleres literarios u otra ocupación, que es la que realmente da de comer, como en mi caso, que trabajo en la Administración de Justicia. Mi profesión me deja las tardes libres y gracias a ello puedo mantener un ritmo constante de escritura, pero no todos tienen tanta suerte, y más de uno han tenido que dejar de escribir, porque su empleo no se lo permitía.

Respecto a la pregunta anterior, por escueto me refería al aporte de datos personales tuyos dados a conocer hasta ahora, porque referente a tu producción literaria no puede calificarse con nada menos que de envidiable; tanto que ha dado pie a que en sedice.com queramos saber de ti. Retomando, pues, el hilo de nuestra conversación, tu afición por la ciencia ficción, ¿cómo surgió? Cuales son tus totems. Esa pasión se extiende al fantástico en general. ¿En tu entorno más cercano tienes con quien compartir esta pasión o en ocasiones te sientes en una burbuja, como nos pasa a muchos que superan los treinta y... te expandes en tus escritos, foreos, lecturas?

A ver: soy un lector de ciencia ficción; la fantasía, por lo menos la fantasía que se edita actualmente, me interesa poco, aunque de vez en cuando me encuentro con sorpresas, como Jonathan Strange y el señor Norrell, que por lo menos no sigue una plantilla. En cuanto a la CF, Philip K. Dick, Frederick Pohl o Robert Silverberg son autores muy buenos cuya lectura recomiendo, pero no me inicié con ellos. Aunque no recuerdo cuál fue la primera novela que me enganchó, quizá la trilogía de las fundaciones de Asimov (la original, no las continuaciones) tuviese mucho que ver en ello.
Los lectores de ciencia ficción no abundan, aunque también te digo que la gente que me conoce no me mira de forma rara ni nada de eso, aunque más de uno sí me ha dicho que por qué no escribo algo que no sea ciencia ficción. En realidad ya lo he escrito, pero no tuve suerte con la publicación, y ahora, al cabo de los años, he vuelto a releer esas novelas de narrativa que tenía en un cajón y he reconocido que no son buenas. Quizá la CF sea lo mejor que sé escribir, aunque no me cierro a explorar otros caminos.

Extendiendo un poco lo anterior, eres escritor, luego, ante todo lector. ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas, la evolución, lo que nunca abandonarás, y lo que lees habitualmente?

Bueno, como primeras lecturas, aparte de los libros de Asimov, están Arthur C. Clarke, Heinlein o Fredric Brown (“Universo de locos” es una novela que si no te consigue enganchar a la CF, es posible que ninguna lo haga). Actualmente picoteo de todo un poco, pero he bajado mucho el ritmo de lectura.

Ante el exceso de producción y edición, yo me pregunto ¿nos gusta escribir por alguna razón en especial? ¿Lectura es sinónimo de cultura?

Yo pienso que escribimos por pura terquedad, o como una forma de rebelarnos al mundo y decirle que haremos lo que nos dé la real gana, no importa el empeño que ponga en ignorarnos. Escribimos porque nos apetece, nos gusta, no para hacernos ricos y famosos. Y contestando a tu segunda pregunta, la lectura es condición necesaria, pero no suficiente, para ser culto, porque no creo que un lector de franquicias de la Dragonlance se pueda considerar culto por muchos libros de mil páginas que haya leído, sino un lector en formación, que tendrá por sus propios medios que ir adquiriendo experiencia y avanzar en sus lecturas. Digamos que el mal que aflige a la fantasía actual es su tendencia a rendir pleitesía a obras de probada rentabilidad comercial (Harry Potter, El señor de los anillos), alargando hasta el infinito las sagas: antes se conformaban con trilogías, pero ahora… ¿dónde está el límite? Las editoriales descubrieron hace tiempo que el lector medio de fantasía es conservador, y cuando descubre algo que le gusta, quiere más de lo mismo. Y se lo dan. No me parece que eso sea bueno, porque en definitiva, así se crea un mercado de literatura derivada, en la que la originalidad brilla por su ausencia, y los autores se limitan a seguir fórmulas manidas pero rentables, algo parecido a lo que sucede con el cine americano: patrones repetidos hasta la saciedad, porque explorar otras alternativas es comercialmente arriesgado.

Se nota tu gusto por la actualidad, la ciencia, el espacio. ¿Cuáles son tus fuentes? ¿Vas a ellas o te inspiras en tus lecturas?

Vivimos en un mundo tan dinámico que las noticias sobre ciencia y tecnología saltan día a día; no es necesario que tú vayas a ellas; ellas acuden a tu encuentro, y si lees atentamente, una parte del trabajo ya lo tienes hecho. Soy de los que consideran que para escribir ciencia ficción, primero tiene que gustarte la ciencia, algo que suena a perogrullada, pero que no es cuestión pacífica en el fandom. Un sector crítico sostiene que la ciencia es un obstáculo para la aceptación del género por el gran público, y que habría que realizar una labor de “poda” o depuración de contenidos, para que la gente no se asuste cuando lea conceptos que no entiende. No comparto esta postura, pues minusvalora la ciencia como parte de nuestra cultura y rebajar contenidos a una novela supone degradarla para hacerla masticable y fácilmente digerible. Es un camino que a la larga acabaría con la propia ciencia ficción, con las señas de identidad que le dan personalidad.

El Ignotus te ha supuesto, sobre todo, un referente, un hito, además de un justo reconocimiento. ¿Le vas a estar en deuda siempre, o eres de los que pasa página?

He escrito mejores novelas después de “Nuxlum”, pero los lectores parece que sólo se acuerdan de la que recibió el premio. La cuestión no es que yo pase página, sino si pasa página el lector o siempre se queda mirando la misma. Esto me recuerda el caso de “Lágrimas de luz”, novela que Rafael Marín escribió en su juventud, y que sus lectores citan una y otra vez como su obra maestra. Me imagino el fastidio del autor por el hecho de que sólo se acuerden de esa obra, ignorando las posteriores escritas por un autor más maduro y preparado literariamente. Bueno, algo así me sucede a mí con “Nuxlum”. Digamos que los lectores van un poco a piñón fijo, o leen pocas novedades, o qué se yo, esperan a los saldos para comprar, y entonces dicen ¡pero qué pedazo de novela, ¡qué maravilla!, y empiezan a hablar de ella en los foros, ya demasiado tarde, porque el ciclo comercial del libro ha terminado.

En 2001, la editorial madrileña Equipo Sirius le publica su segunda novela, El despertar de Nuxlum, en un volumen que incluye la reedición de la anterior. La trama, de un gran dinamismo, discurre por derroteros diferentes, en el marco de un conflicto entre la Tierra y sus colonias.

Al leer tus obras uno no puede dejar de entrever a través de los siempre diligentes personajes, que el autor domina, continuas opiniones al respecto de uno u otro tema. ¿Son las máscaras que utilizas para hablar al mundo o mezclas todo en tu mortero y te haces eco de tu alrededor?

Veamos; no es que yo tenga varias opiniones sobre un mismo tema, sino que, a la hora de desarrollarlo, me gusta exponer todos los puntos de vista implicados, a través de los personajes. Sería triste que todos ellos tuviesen la misma visión y hablasen igual, ¿no? Eso sólo sería atribuible a un fallo del escritor. Para darles personalidad, es lógico dotarles de pensamientos diferentes, que a veces pueden ser antagónicos, como en el caso de “Peregrinos de Marte”, una novela que expuse desde los puntos de vista de dos personajes que no pueden ser más opuestos, y que literariamente, dan mucho juego.

La colección Espiral vuelve a contar con Suárez en 2003, publicándole Peregrinos de Marte, expuesta desde los puntos de vista divergentes de Nerea y León, a cargo de una colonia científica en Marte, que, para subsistir, deben hacer de cuidadores de turistas multimillonarios. La novela quedó finalista en los premios Ignotus del año siguiente.

En tus novelas se aprecia un desencanto progresivo. ¿No crees en el género humano? ¿Cómo es posible que en ocasiones creas posible tales escenarios en un mundo que se ciñe por la rentabilidad económica y el atropello de fronteras?

Supongo que con la edad, nos vamos volviendo más pesimistas, quizá porque disponemos de más información que cuando teníamos veinte años y veíamos el mundo desde un punto de vista idealista. No hemos encontrado todavía un sistema político-social que funcione bien: el comunismo fracasó, porque anteponía el Estado al ser humano; el capitalismo, si no cambia pronto, fracasará, porque antepone el dinero al ser humano. Si algún día llegamos a las estrellas, será porque hay algo en ellas que nos interesa explotar. En la Luna ya se ha descubierto, y es cuestión de tiempo que lleguemos ahí y construyamos factorías para la producción del combustible nuclear que utilizarán las centrales de fusión del futuro. Jugué con la idea de la colonización en “Peregrinos de Marte”, en la que, tras acontecimientos dramáticos que no revelaré ahora, la humanidad llega al planeta rojo y, en su propio interés, comienza a transformarlo.

¿Qué tiene y no tiene la cifi actual respecto de la elaborada en el siglo xx?

No creo que haya habido puntos de fractura que nos indiquen que ha habido un antes y un después. La ciencia ficción se ha ido adaptando a los tiempos; vivimos en una época en la que el telón de acero ha caído, pero sin embargo no es un mundo más seguro: la amenaza de una guerra nuclear ha sido sustituida por la amenaza del terrorismo, y eso se traduce en la literatura actual, porque la realidad impregna la ficción; aunque a veces también se recorra el camino inverso. Los grandes de la CF clásica han desaparecido o están a punto de hacerlo, y parece que los autores actuales no suenan tanto como Asimov, Clarke o Heinlein, pero eso es porque hay muchos más, y la competencia es mayor, con lo cual, destacar también es más difícil.

¿Como has llegado a decidir ser escritor? ¿Qué te empujó a ello?

Decides serlo porque te gusta la lectura hasta tal punto que deseas compartir ese disfrute, pero desde el otro lado, el del creador. No me empujó nada, al contrario, mi padre no miraba con buenos ojos esa actividad, porque creía que iba a dejar mis estudios y mi trabajo para dedicarme a escribir a tiempo completo. Bueno, ni entonces estaba tan loco para eso ni lo estoy ahora, pero lo que quería decir es que he recibido pocos incentivos. Escribir es una actividad gratificante; intentar publicar lo escrito ya no lo es tanto, en realidad es bastante desagradable por la frustración que acumulas, hasta que alguien confía por primera vez en ti y te publica un libro.

Muchos escritores se han quedado por el camino porque no han sido pacientes ni constantes, o quizá porque no confiaban en sí mismos. Y si tú no apuestas por ti, ¿cómo pretendes que lo haga un extraño que no te conoce?

Bueno, de momento no hay una carrera reglada que te dé la licenciatura de escritor, así que los novelistas tenemos que ir formándonos por nuestros propios medios. Estudié Derecho, una carrera de letras, que aunque no es Filología, te da una formación académica que luego resulta muy útil; pero creo que la principal herramienta para entender la escritura es leer, leer mucho, y disfrutar con ello. Después tienes que practicar, y equivocarte, y aprender de todo el proceso. Es una labor que requiere años y normalmente no se obtienen resultados inmediatos; e incluso cuando los obtienes, tienes que lidiar con la reacción del mercado, de algunos críticos o medios que se comportan como si no existieses, el conocido ninguneo, y otras tácticas que, en una sociedad competitiva como la que vivimos, son lamentablemente inevitables.

¿Usas un método?

El principal método es marcarte una disciplina de trabajo: tienes que escribir todos los días, de modo que cuando no lo hagas, te sientas culpable. En cuanto a la técnica, yo la divido en dos fases: en la primera, tomo notas acerca del argumento, los personajes y las diversas tramas; me documento sobre el tema a tratar, cambio cosas aquí y allá, y cuando la idea está madura y sé adónde quiero llegar, lo cual puede llevarme entre unos pocos meses y más de un año, me pongo a escribir la novela. Esta segunda fase puede durar entre nueve o quince meses, o incluso más, dependiendo de numerosos factores.

¿Que nos puedes contar de tu experiencia en la relación del editor con el escritor? ¿Has tenido margen de maniobra?

Hasta ahora, las novelas que he publicado han aparecido tal como las concebí inicialmente; no suelen pedirme muchos cambios, excepto una vez, que tuve que hacer más retoques, pero fueron acertados, el editor tenía razón y hay que saber reconocer los fallos. En un par de ocasiones he rechazado la publicación de novelas, por distintos motivos: en la primera, el editor pretendía reducir la extensión de forma drástica, para ajustarse al formato de una colección de bolsillo, sin indicarme cuáles eran los pasajes por los que tenía que meter la tijera, sólo el número de páginas que había que eliminar. Rechacé, y, curiosamente, unos meses después, la editorial cerró (que conste que yo no tuve nada que ver). En otra, el editor quería introducir cambios estructurales que, de haberlos aceptado, habrían transformado la novela en algo que no era lo que yo quería. Pero fuera de estos dos casos puntuales, mis editores han respetado las novelas en la forma en que las he concebido, y las correcciones han sido únicamente de índole técnica.

Tus obras son muy visuales. ¿Te inspiras en el cine? ¿Eres de los que criticas la amalgama o consideras que pueden fusionarse y utilizarse en beneficio propio? ¿No crees que muchas novelas sean casi guiones?

El cine y la televisión son factores que indudablemente influyen, forman parte de nuestra cultura audiovisual, y lo queramos o no, también impregnan la actividad literaria. Eso no quiere decir que me inspire en el cine para escribir, pero qué duda cabe que una persona no puede ser impermeable al exterior. El cine prima la imagen sobre la palabra. En la literatura, la palabra es la reina indiscutible; pero la palabra transmite sensaciones, imágenes que el lector crea en su mente, de modo que la literatura también es un lenguaje visual, proyecta las imágenes en nuestro interior, siendo mucho más interactivo que el cine, pues requiere de la complicidad y la colaboración activa del lector.

Biología, militarismo, entornos virtuales. ¿Hasta cuándo estos temas?
¿Dónde queda la religión, el ser humano y sus pasiones, la especulación?
¿Existe realmente una tendencia o también coincides en el agotamiento de todos los temas y una involución en los argumentos?

Acerca del agotamiento, creo que en efecto, se está produciendo, pero no en la Ciencia Ficción, sino en toda la literatura. Sobre ese asunto versa una de mis novelas, “Nada nuevo bajo el Sol”: en un futuro próximo, un superordenador posee la totalidad del conocimiento humano, y es capaz de comparar una obra nueva con las ya existentes, y decidir si es original, de modo que las obras nuevas que no pasen ese control no pueden ser publicadas. ¿Nos dirigimos hacia ese futuro? ¿Hemos agotado ya el caudal creativo humano, y aún no nos hemos dado cuenta? Se ha dicho que todo lo que se puede decir, ya ha sido dicho, y que únicamente nos queda narrarlo de un modo que parezca diferente. No tengo respuesta a tal interrogante, pero sí es cierto es que cada vez resulta más difícil ser original, que obras presentes nos recuerdan a las pasadas, y que a estas altura ya no se puede descubrir el Mediterráneo.

Nada nuevo bajo el sol, publicada en 2006 en el sello «Por la tangente», pretende responder a la pregunta: ¿se puede ser original en el siglo XXI? ¿Es ilimitado el caudal de la creatividad humana, o el cauce está prácticamente seco, y solo nos queda chapotear en el lodo? En un futuro muy cercano nos aguarda la respuesta.

En nuestra conversación han salido a colación varios de tus títulos más significativos, y a ellos también hace referencia el artículo introductorio, por lo que quisiera que nos detuviéramos un poco en tus dos últimos estrenos, que seguro el tiempo convertirá en clásicos dentro de tu producción.

En “Cristales de fuego” la Confederación de seres humanos debe compartir cartel con varias razas a la hora de dividirse el pastel de los mundos colonizables. Ya sólo con esa premisa se nota un giro al salirte de esa ficción realista que te caracteriza, antítesis con la que tus obras nos ofrecen un acercamiento especulativo hacia un futuro... posible. Aquí, sin embargo, has creado con palabras un... curioso cómic. Recientemente una reseña que leí sobre esta novela jugaba con especular que quizá la hayas escrito tiempo atrás. ¿Es cierto?

”Cristales de fuego” se inscribe dentro del universo de la Confederación, de la que forma parte “Rebelión en Telura” (publicada por Edebé en 2002). De hecho, “Cristales de fuego” transcurre veinte años después de los acontecimientos narrados en aquella primera novela, y aunque los personajes y la trama son diferentes e independientes, comparten algunos detalles comunes de escenario. Es un tipo de novelas que me relaja y divierte, tengo que respetar pocas reglas, y quizá por ese motivo esta novela se halla a medio camino entre la fantasía y la ciencia ficción. “Cristales de fuego” es una space opera gamberra, narrada en primera persona (como “Rebelión en Telura”) aunque con un tono ácido. Yo no trazaría comparaciones entre ella y Almas mortales, porque no tienen nada que ver, y el único detalle en común es que han aparecido en el mercado casi al mismo tiempo. Tampoco es cierto que “Cristales de fuego” sea una novela antigua que tuviese en un cajón, pues sólo transcurrieron cuatro años entre que acabé “Cristales de fuego” y finalicé “Almas mortales”. “Sombras en Titán” está escrita entre estas dos novelas, aunque “Cristales de fuego” se publicó después debido a varios retrasos en el plan inicial de la editorial.

Rebelión en Telura, publicada en 2002 por Edebé, se aleja de sus anteriores obras para narrar en clave irónica, y con numerosos guiños de humor a la space opera clásica, las aventuras de dos pilotos de un carguero espacial, que deben aceptar encargos denigrantes para poder pagar la hipoteca de su nave.

Cambio de temática regularmente, porque sería muy aburrido escribir siempre sobre lo mismo. Imagínate que, animado por el éxito de “Nuxlum”, me hubiera dedicado a escribir una interminable saga de novelas ambientadas en el mismo escenario. No, no quiero hacer eso. Hubo gente que quedó decepcionada cuando dije que no habría una tercera parte de “Nuxlum”. Bueno, lo dije entonces y lo ratifico ahora. Entiendo que algunos escritores se sientan cómodos con sus propios universos literarios y ambienten todas sus historias en ellos; es un vicio que caracteriza a la fantasía comercial que se publica ahora, pero creo que hay que abrir la ventana de vez en cuando para que entre aire fresco. No solo en beneficio de los lectores, sino también del autor.

En 2006, publica en Equipo Sirius Sombras en Titán, novela que mezcla el misterio, los conflictos personales y la exploración de un entorno alienígena, con el trasfondo de una guerra fría entre los Estados Unidos y la Federacion Europea, que amenaza el precario equilibrio Mundial

Sales de una narración de CF clásica para crear y explorar una auténtica aventura espacial. Parece parida para un puro entretenimiento, que no es poco, pero donde se detecta una interesante carga crítica en ella al respecto de las guerras modernas y sus intereses creados. No abandonas, pues, lo que detecto en ti: un tema te llama la atención y creas una historia de ficción en torno a ella. Casi se podría decir que cada libro tuyo es el desarrollo de un tema o de un asunto concreto. ¿Es cierto esto? Acción, viajes por doquier y un final muy del género ¿Por qué ”Cristales de fuego” es tan... pirotécnica?

“Cristales de fuego” toma parte de sus ideas básicas de la invasión de Kuwait, un asunto que, visto con cierta perspectiva, a mí me sigue pareciendo muy turbio. Se dice que los Estados Unidos son la primera democracia del mundo y los garantes de la libertad universal, pero hicieron muy poco para convertir a Irak en un país libre, y no dudaron en armar hasta los dientes a un asesino para que hiciera de dique de contención frente al tenebroso régimen de los Ayatolás iraníes. Cuando a los americanos les ha interesado apoyar a un dictador, lo han hecho. Si deja de servir a sus intereses, se lo quitan de en medio. Eso es lo que ha pasado con Saddam. Quizá éste no fue tan estúpido y decidió invadir Kuwait porque pensaba que su principal aliado le apoyaría. Si queréis descubrir qué relación tiene todo esto con la novela, lo siento, tendréis que leerla.

“Cristales de fuego” se aparta en temática y construcción de las precedentes por los motivos a que antes he aludido; y sí, es pirotécnica, exagerada, y con un sentido del humor particularmente mordaz.

Cristales de fuego, publicada en 2007 por la editorial El Parnaso, es una ácida novela que se desarrolla en un futuro remoto; el humor mordaz es compañero de viaje del lector, en un recorrido que le llevará a visitar los lugares más lejanos de la galaxia. El destino de la humanidad depende de un programador informático venido a menos y de un escritor de franquicias reencarnado en el cuerpo de un tapir, merced a la venganza de uno de sus fans. Con estos antecedentes, ¿quién nos salvará de nuestros salvadores?

¿Un tapir que habla? ¿Alienígenas de variadas formas? ¿Cómo te has sentido elaborando estos personajes?

Me lo he pasado muy bien. Ver en la portada del libro a un tapir con un cigarrillo en la boca sugiere inmediatamente que se trata de una obra de fantasía. Bueno, yo creo que es mucho más. Cada tipo de alienígena representa algún rasgo de la personalidad humana: la paranoia, en el caso de los tleneci, la avaricia en los goffon o los drillines. La estupidez en el caso de…. Cleo (bueno, Cleo no es alienígena).

Tu último título es “Almas mortales”. He manifestado públicamente que la considero una obra que destila todo lo bueno del bagaje acumulado hasta ahora en tus novelas anteriores. Retornas al Sistema Solar.¿El terreno donde auténticamente te sientes más a gusto?

Está ambientada en el Sistema Solar porque pretendía escribir una novela que fuese científicamente creíble, y para situarla en Vega o en Sirio habría tenido que introducir elementos que, aunque forman parte del corpus de la CF, como los agujeros de gusano o el viaje hiperlumínico, son logros tecnológicos que todavía están muchos siglos en el futuro, si es que alguna vez los conseguimos y no hay obstáculos físicos que los hagan imposibles.

Almas mortales, publicada en 2007 por la editorial Ábaco, nos presenta un futuro en el que la humanidad, escindida en dos, se enfrenta consigo misma en un conflicto que amenaza su propia supervivencia. Se trata de una obra de tonos épicos que muestra nuestra realidad en el espejo deformado del futuro, un tour de force trepidante que no concede respiro al lector.

Es una novela adulta, con muchos personajes (llama la atención lo bien que manejas y resuelves tanta historia secundaria) cuyas personalidades desarrollas a través de sus acciones y diálogos.
¿Te ha costado invertir más esfuerzo para elaborar esta novela o, quizá, las historias fluyen más complejas de manera natural en ti?

Me costó bastante elaborar las diferentes tramas y hacer que encajasen, pero dejo todos estos problemas a la fase de elaboración del argumento, cuando no hay nada decidido y ninguna línea de novela escrita. Lo más difícil de todo es traspasar ese punto, tener claro adónde quieres llegar y qué camino tienes que seguir. Una vez conseguido, escribir la novela es relativamente sencillo.

Se trata de otra aventura espacial, si buscamos un término habitual en el género, pero, ¿acaso no piensas que se trata de un thriller que tendría que figurar junto a muchos otros títulos que lucen comerciales subtítulos de best seller sin necesidad de tener que ir a buscarlo a las estanterías especializadas?

No creo que sea otra aventura espacial. “Cristales de fuego” sí lo es, pero en “Almas mortales” quería conseguir algo distinto, que aportase más al lector, que le hiciese reflexionar, en definitiva, que pensase que eso podría suceder algún día, si no lo evitamos. Ojalá se venda muy bien y aparezca algún día en la lista de superventas de Qué Leer, pero soy realista y tengo los pies en el suelo.

De nuevo aplicas la ciencia en tus textos, de manera muy ágil y didáctica. Te reafirmas en lo que nos cuentas al respecto de no renunciar a ello en tus escritos si quieren llevar el calificativo de ciencia ficción. ¿Realmente esto es un lastre para no figurar entre otros títulos del llamado mainstream? ¿Por qué Robin Cook, por citar uno que no sea Michael Crichton, no sufre esta barrera para poder entrar en
cualquier casa? Quién leyera en su día “Parque Jurásico” descubriría un auténtico tratado científico sobre clonación.

Ese tipo de novelas de best seller se basan en una ciencia que ya existe, y ambientan sus historias en el presente, o como mucho, unos pocos años en el futuro. Su perfil especulativo suele ser pobre y a veces pretenden descubrirnos la rueda. A un lector de narrativa general, eso no le supone ningún problema, pero el lector especializado disfruta bastante menos con ese tipo de novelas, dirigidas a un público que en términos generales es poco exigente o no le interesa la ciencia.

Si algún día la Luna o Marte son colonizados, ¿por qué apuestas: realmente serán una traslación de la vida en la Tierra o bien desarrollarán una personalidad propia, como los habitantes del Marte que describes, inclusive con desarrollo físico y genético propio que los transforme en humanoides?

Marte es un lugar tan peligroso y hostil que ni el peor desierto de la Tierra se le puede comparar. Para sobrevivir en él, no bastaría transformarlo; tendríamos que transformarnos nosotros mismos. La radiación, las bajas temperaturas o la falta de presión son obstáculos difíciles de sortear, aunque no imposibles. La humanidad tiene una capacidad inventiva sorprendente para encontrar soluciones a problemas aparentemente insalvables. Si tenemos que cambiar para sobrevivir, quizá también cambiemos en la forma de pensar, en nuestras prioridades, en nuestra forma de ver el mundo, que podría ser la actual, o no, por lo que el conflicto estaría servido entre dos especies humanas obligadas a coexistir.

Destacan, sobre los muchos personajes que encontramos, los que se erigen en figuras determinantes; los héroes modernos. Aquellos que en la sombra deciden abandonar todo e ir contracorriente, contra el poder y la jerarquía. ¿Son estos los que han venido a sustituir a los caballeros de capa y espada y a llenar el hueco dejado por la ausencia de líderes sociales? ¿Tiene la culpa de ello ese capitalismo feroz por el que te lamentas donde el dinero se superpone al hombre?

Más que héroes, trato de crear personajes envueltos en sucesos que no pueden controlar: personas ordinarias envueltas en acontecimientos extraordinarios. Sebastián o Anica, por ejemplo, poseen sus particulares claroscuros, contradicciones internas que no los muestran como héroes clásicos, sino como personas falibles que, en general, quieren un mundo mejor, aunque los medios para alcanzar ese objetivo difieren, y cada una reacciona de modo distinto ante los mismos hechos.

¿Consideras a la guerra como una expresión violenta inherente al ser humano? Todos los imperios a lo largo de la historia han fundamentado su poder en el militarismo; si nuestra expansión espacial se asemeja a eso, ¿quizá el órgano de gobierno deberá ser una dictadura militar? Star Trek, con toda su benignidad y filosofía futura no puede esconder que se apoye en una preponderancia del espectro militar. ¿Puede que la clase científica se oponga a ellos y dirija realmente nuestro futuro?

La guerra es inherente al ser humano, está integrada en nuestro software genético, en el cerebro reptiliano, que rige los instintos de territorialidad y agresividad. No recuerdo si fue Sagan el primero que comparó al cerebro con las capas de una cebolla: el neocórtex rige los procesos superiores del intelecto, es la capa más externa; si profundizamos un poco, llegamos al sistema límbico, que rige la afectividad, las emociones, heredado de nuestro pasado de mamíferos. Por último, el cerebro reptiliano ocuparía el corazón de la cebolla, la capa más profunda, aquella que está ahí agazapada y pugna por salir a la zona consciente. Sería interesante que en el futuro, el ser humano pudiera reestructurarse a sí mismo y se liberase de esa herencia heredada de los reptiles, que tanto ha condicionado nuestra historia.
No creo que la clase científica pueda oponerse a los militares y gobernarnos, pero aunque así ocurriera, sería otro tipo de dictadura, una tecnocracia, en la que a mí no me gustaría vivir. En el futuro de “Almas mortales” planean algunas consideraciones de ese tipo, como el problema de la superpoblación. ¿Qué puede hacer el Estado para solucionarlo? Limitar la natalidad, podemos decir, pero ¿cómo? ¿Cómo puede un gobierno democrático deshacerse del exceso de población y frenar la tasa de nacimientos? Los tecnócratas tendrían fácil resolver ese dilema: si hay un conflicto entre el individuo y la especie, hay que favorecer a la especie. Pero ese tipo de soluciones conducen al totalitarismo, y una vez que se sigue ese camino, es muy difícil salir de él.

¿Qué haces ahora? ¿Vas a cambiar de registro?

Recientemente terminé una novela de ciencia ficción, que ya tengo apalabrada para su publicación, y que, si nada se tuerce, verá la luz en 2008. Ahora me encuentro en proceso de escritura de una novela que no es del género, y sí, supone un cambio acerca de mis trabajos precedentes, pero es pronto para decir qué consecuencias tendrá, si es que tiene alguna.

¿Unas palabras para sedice.com, por favor?

Tras el cierre de Cyberdark, la gente estaba histérica: ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Dónde podremos seguir con nuestras tertulias? ¡Es el fin! No lo fue. Antes de Cyberdark ya existían los foros, y eran muy activos; pero Internet va cambiando, y las formas de comunicación tienen que irse adaptando. En el caso de Sedice, sus creadores tomaron el testigo y desarrollaron con increíble rapidez un portal que no tiene nada que envidiar a su antecesor, y que está en continuo desarrollo, como la biblioteca, un ambicioso proyecto que poco a poco va creciendo, y que con la ayuda de los usuarios, conseguirá ser un referente y una guía para el lector, como lo fue la biblioteca de Cyberdark.
Ganas e ilusión no os faltan.

Ha sido un auténtico placer departir con este hombre que sueña con el futuro, algo nada fácil cuando pretende convertírnoslo en ficción creíble, y descubrir a un hombre cercano y un escritor avalado por títulos que han recibido el refrendo de los lectores. En estos momentos, Suárez nos ha colocado una novela encima de la mesa, “Almas mortales”, que extrae lo mejor de un recorrido templado, seguro, y que me atrevo a declarar marca el final de una etapa en su carrera como escritor de ciencia ficción y el inicio de otra nueva y brillante también llena de memorables títulos. Todo un reto.
José Antonio Suárez seguirá estando ahí, escondido en los foros, en su mesa de trabajo, y en las estanterías sorprendiéndonos con nuevas historias cual juglar estelar. Y que sea por mucho tiempo.

(R) Jaime Santamaría (Lánark), julio de 2007.
http://www.escenafinal.com