Entrevista: Jorge Baradit nos guía a través de su particular infierno ciberpunk, por Eugeni Guillem

¿Quién es Jorge Baradit? ¿Es diseñador gráfico, escritor, creador?

Siempre es complicado definirse, pero lo que busco es construir una estructura funcional, mental interior a partir de particularidades mezcladas en un sincretismo complejo, todo a partir de mi infancia. Mi muy asumida condición de americano me hace vivir en un estado intermedio cultural. Tengo una relación muy directa, a través de las instituciones culturales, con Europa, ya que nuestra cultura —la alta cultura— proviene de acá, pero también mi contexto es absolutamente americano, es decir, estoy muy involucrado con los temas indígenas, con culturas muy variadas y múltiples imaginerías, no sólo católica, luterana o protestante, sino que también muy influenciadas por la Tierra, la pachamama.

El pasado año viste publicada en España tu novela, “Ygdrasil”, y además ganaste ex aequo el Premio UPC de ciencia ficción con su precuela, la novela corta “Trinidad”…

Sí, eso fue impresionante. Fue un shock. Como saben, mi país es quizá el que más alejado de Europa está en todo el mundo y el hecho de que un americano ganara el que consideramos el premio más importante de ciencia ficción de habla castellana fue un terremoto en el fandom de mi país.

Dices que “Ygdrasil” más que un hijo fue un tumor que tuviste que extirpar…

Absolutamente. De niño era muy asustadizo: a los diez años mi principal temor era que se abriera el cielo y bajaran los ejércitos del Señor a aniquilar a la humanidad. Mis intereses eran las mitologías, la imaginería cristiana y la ciencia ficción, pero con la guerra fría aún vigente. Te puedes hacer una idea del enredo que tenia en la cabeza; imaginaba a Cristo con espadas radioactivas y misiles santificados… Con los años fui creando una estructura mental casi cancerígena, donde algunos tejidos se desarrollaban de maneras mutantes, absorbiendo conocimientos y entrelazándolos de formas extrañas. Entonces, cuando me puse a escribir, que es como dar a luz, yo sentía cómo se desgarraban trozos de tejido, cómo arreciaban océanos de datos de mi cerebro y pugnaban por salir. Finalmente, tuve una especie de menstruación por la boca, un nacimiento a través de los ojos. “Ygdrasil” es un hijo, una entidad viva.

“Ygdrasil” es una novela compleja. Utilizas términos propios de vuestra cultura quizá desconocidos para el resto del mundo. No es una lectura fácil. ¿Manual de instrucciones?

Yo lo veo muy parecido a lo que ocurre al visitar la Catedral del Mar de Barcelona: puedes entrar sabiendo lo que es un ábside, un crucero y el estilo gótico, o puedes entrar y maravillarte con las formas y con las sensaciones que te produce ese espacio oscuro lleno de colores. Te va a tocar. “Ygdrasil” te va a tocar tantas notas como teclas tengas tú. En realidad el libro es bastante fácil de seguir; la estructura narrativa es la más simple de todas: el viaje del héroe. Los datos que lo envuelven, sí, pueden resultar complejos pero recomiendo calma. Recomiendo que se disfrute como un descenso de cabeza y desnudo a través de un infierno filoso.

Siguiendo tu ejemplo, se puede dar el caso que al entrar en la catedral te sientas completamente abrumado. ¿Hay alguna contraindicación?

Mujeres embarazadas, tipos sensibles… No, es broma. “Ygdrasil” es un trip, un viaje en ácido non stop, con Pinhead como compañero de viaje. Es una mezcla de “Hellraiser” con “Neuromante”, mitología americana y Jodorowsky. De hecho, en Chile se considera “Ygdrasil” no sólo ciencia ficción; la novela se abrió a los mundos de la “alta cultura”, apareciendo en revistas de libros que nunca tocaron Asimov, Gibson o Dan Simmons, y comentada por críticos que nunca habían tomado un libro de ciencia ficción. Fue considerada como literatura pura y dura.

¿Cómo podemos superar el miedo a compararnos con la ciencia ficción anglosajona?

Yo no fui a buscar un modelo a Inglaterra o a los EE. UU. “Ygdrasil” nació del territorio: el libro se nutre, igual que mi cultura, de Europa pero también se nutre de la propia Tierra.
Se tiene que tener un espíritu punk. Se es punk a los quince, a los dieciséis o diecisiete, o lo puedes ser a los treinta o cincuenta, pero a esa edad te crees inmortal, no tienes miedo. Esto es una actitud muy punk rocker. Lo que tiene que hacer un creador real no es buscar modelos fuera, lo que tiene que hacer es introducirse tan profundo en él mismo y llegar tan adentro de su propio ser que, lo que sea que extraiga de ahí, va a ser original. Actuar sin temor, punk attitude. Si hay éxito, bien; si no lo hay, no importa: fuiste honesto. El principal valor hoy es ser honesto. Contigo. Con tu cultura. Con tu territorio.

¿Cuál es tu próximo proyecto?

Lo primero que tenia proyectado era escribir la novela de la precuela de “Ygdrasil”, previa a “Trinidad”, no por un afán harrypotteriano de producir una especie de franquicia tipo McDonald’s de la ciencia ficción, sino porque tenia la necesidad de contar íntegramente el mundo de “Ygdrasil”. Pero se me interpuso un proyecto bastante más nacional. Se trata de una ucronía del golpe militar de 1973 en Chile. Hubo un proyecto en el año 72, el “Proyecto Synco”, ideado por el inglés Stafford Beer, uno de los gurús de la cibernética del momento, y que fue invitado por Salvador Allende para que desarrollara un proyecto de ciberestado, un Internet antes de Internet, que iba a conectar todas las empresas estatales de Chile en una gran red de comunicaciones e informática que habría lanzado al país a ser un Silicon Valley antes de Silicon Valley.
Todo eso terminó con el golpe militar del 73. La intención de este libro es contar qué hubiera ocurrido si el golpe militar no se hubiera producido y el “Proyecto Synco” se hubiera convertido en una realidad. Se publica en noviembre y quizá acarree problemas, porque utilicé como personajes a nombres que en mi país aún son tabú, como Pinochet, Salvador Allende o la actual cúpula de la política chilena…

¿Cuáles son tus referentes?

Nunca he sido un lector monotemático, que es una de las cosas que critico al mundo del fandom. El fandom es endogámico: uno lee lo que escribe otro y ese otro lee lo que escribe uno. Al final todo termina pareciéndose y es como en los pueblos donde se casan los primos entre sí. Al final hay degeneración.
Mi cultura lectora no es amplia, pero sí es promiscua. Leo a Borges, Cortázar, Asimov. Puedo leer a William Gibson, como puedo leer a Franz Kafka. Mi cerebro siempre tiene la necesidad de visitar mundos desgarradores. Veo mucho cine oriental: Takeshi Kitano y Takashi Miike o Shinja Tsukamoto; me interesa mucho el trabajo del autor de “Nocilla Dream”, Agustín Fernández Mallo, y el de Álvaro Bisama, en Chile, que elaboran literaturas fronterizas, limítrofes.

¿Te atreves a aventurar hacia dónde van los tiros en la ciencia ficción?

El futuro ya llegó, todos lo saben. No llegaron los autos voladores, ni los viajes estelares, ni las colonias en Marte, pero no porque el futuro haya fracasado, sino porque la humanidad cambió su agenda simplemente, del Espacio a la administración de datos. La ciencia ficción, desde ese punto de vista, es literatura realista. Me gustaría que lo que nos ocurre hoy sea incorporado en lo que se escribe; una literatura donde la ciencia ficción fuera un ingrediente, no el género. Me gustaría que se exploraran más los mundos interiores más que sólo la fascinación por la forma y la máquina.

Dices que el futuro ya llegó, pero ¿qué cosa que no te esperabas ni imaginabas ha acabado sucediendo?

La ciencia ficción clásica hablaba del "desplazamiento", de viajar en cohetes o en autos voladores, sin embargo, ha sido todo al revés: el hombre se ha vuelto inmóvil y la información fluye hacia él y desde él. Eso no me lo hubiera esperado. Es el nuevo antropocentrismo.

Blog de Jorge Baradit
Página oficial de "Ygdrasil"

Eugeni Guillem
http://www.ovelleselectriques.blogspot.com/




Ygdrasil es una novela

Ygdrasil es una novela rompedora, inteligente, audaz y muy bien escrita. Es como un manga a lo pachamama, pero con un batido de referencias pop-esotéricas la mar de sugestivo. De lo mejor que he leído en los últimos años, en los que de verdad me ha costado bastante llegar a la pag. 50 de tantas y tantas novelas de autores supuestamente más nombrados. Lo más importante, sin embargo, es la potencialidad del narrador que hay detrás.