Reseña: Náufragos, de Emilio Morote - por Enric Herce

Atrevido, burlón, divertido, malcarado y de ideas revolucionarias, nadie puede negar que Emilio Morote Esquivel es un autor que no deja indiferente. Y como les pasa a muchos de esos genios a los que suele irse la pinza de vez en cuando, sus obras reflejan historias y argumentos deliciosos y únicos.

Náufragos


Autor: Emilio Morote Esquivel
Editorial / Colección: Castellarte
Género: Terror, Misterio
Edicion: Rústica
Año Publicación: 2006
Ilustrador:
Traductor:
Diseño o fotografía de portada: Ignacio de la Rubia
ISBN: 84-933354-3-6
Idioma: Español


Premio Herralde, 2002, Fase final.
Premio Mario Vargas LLosa, 2002, Fase final.
Sinopsis:
En Náufragos la realidad se rompe. Quiebra. No de otra manera puede explicarse la esencia de una obra que ha sido escrita para inquietar. A su autor le gusta decir que Náufragos es "la radiografía de una pesadilla"; más que eso, Náufragos es el reflejo de nuestros temores: ¿Qué pasaría si nuestra existencia entrara en una espiral de dolor y locura? La soledad no siempre es buena, pero a veces es preferible que nadie se fije en uno.

Esa es la lección que aprenderá Áspero, el protagonista de esta novela, un agudo relato de terror psicológico que se hunde, despacio pero sin pausa, en una vertiginosa espiral donde el caos sustituye cualquier noción de orden.
Un hombre escribe una carta que dirige a sí mismo. Es un hecho en apariencia simple, pero encierra tantas consecuencias que nadie que no haya leído Náufragos puede preverlas. En esta historia nada es lo que parece, y un hecho en apariencia nimio puede traer consecuencias insospechadas. Náufragos se lee de un tirón, porque no podemos evitar la curiosidad que embarga tras la lectura de sus primeras páginas. ¿Qué está pasando aquí? ¿Quiénes son los misteriosos comunicantes del protagonista? ¿Dónde va a parar la gente desaparecida en la ciudad? La respuesta, en Náufragos.



Muchos conoceréis a Emilio Morote Esquivel por haber leído sus radicales opiniones en los foros de esta página y de alguna otra, también por su tesón e insistencia a la hora de promocionar sus obras así como por sus formas abruptas y directas. Los menos, habréis leído alguno de sus libros.
Náufragos es según su propio autor «la radiografía de una pesadilla», yo me atrevería a añadir que se trata también de «un descenso a los infiernos» en el que se hace más patente que nunca aquello de que «el hombre es un lobo para el hombre».
La primera de las dos partes en que se estructura la obra, dos partes de un todo que cobran sentido a través de la otra, recibe por título Señales y nos remite directamente a «La trilogía de Nueva York» de Paul Auster. Si en aquella los nombres de los personajes hacían referencia a colores, aquí lo hacen a texturas.
Áspero es un hombre solitario, prematuramente jubilado por una enfermedad mental, que decide paliar el aburrimiento escribiéndose cartas a sí mismo. Su pequeño, anodino mundo, se tambaleará cuando la primera de sus misivas llegué con signos evidentes de haber sido manipulada tanto en contenido como en aspecto. Este será el punto de partida de una búsqueda, en apariencia inofensiva, que como sucede en Auster terminará por arrastrar consigo a nuestro protagonista, obsesionándolo, convirtiéndose en razón de ser de su existencia y finalmente en un peligro que amenaza con engullirlo.
Son numerosos los interrogantes que deja abiertos Señales y que encontrarán respuesta en Náufragos, la segunda parte de la novela. En Náufragos se nos relata una historia en apariencia independiente de la de Áspero, pasando de una narración en tercera persona a una en primera a cargo de su protagonista, Lucio Aldaba. Lucio trabaja de guardia jurado de unos grandes almacenes en los que últimamente vienen produciéndose extraños robos nocturnos en la sección textil. Su resolución, intrínsecamente ligada a la desaparición temporal de Fernando, encargado de la limpieza del lugar, conducirá irremisiblemente a Lucio hasta «el abismo».
En este segundo tramo siguen presentes las influencias austerianas, y en concreto a su única distopía «El país de las últimas cosas», aunque la verdadera esencia de esta parte haya que buscarla, a mi juicio, en Kafka y sus personajes K. o Georg Bendemann de «El castillo» y «El proceso», seres perdidos y atrapados en una cadena de sinrazón.
¿Qué es «el abismo»? Tal vez el infierno en la tierra, un lugar donde nunca se pone el sol y las nociones de tiempo y espacio siguen sus propias reglas. Un terrible escenario donde la crueldad no conoce límites y en el que la casta de los «veteranos» impone su ley a los «míseros». Unos «veteranos» que aun sometidos a condiciones de vida misérrimas parecen tener una gran influencia y capacidad de maniobra sobre el mundo «real». Quizá, y lo que todavía resultaría más alarmante, «el abismo» no sea más que un lugar cualquiera de nuestro planeta con condiciones ambientales extremas, uno de tantos donde el hombre termina convirtiéndose en el peor enemigo de sus congéneres, y en el cual, la desgracia ajena ayuda a sobrellevar las miserias propias. Un lugar en el que cualquiera de nosotros puede terminar atrapado.
La novela está escrita con una pulcritud encomiable. Con precisión de cirujano, sin adornos innecesarios ni descripciones prescindibles, Emilio desgrana en tan solo 175 páginas, todo un logro para la tendencia a la paja superflua que sufre la literatura actual, una historia compleja, y lo consigue mediante un lenguaje directo que no le impide tratar con cariño y hasta con ternura a unos personajes creíbles con los que el lector empatiza sin esfuerzo.
Han sido los foros de este portal los que me han permitido descubrir la obra de este autor, «Lágrimas privadas» y «Cuentos nocturnos» esperan en la pila, los mismos que han sido testigos de esos mensajes desafortunados que impedirán a algunos, víctimas de sus prejuicios y del no saber separar al autor/personaje de su obra, disfrutar de una novela hipnótica y turbadora.
Al fin y al cabo, todos somos náufragos, incluido Emilio Morote Esquivel.

Firmado: Enric Herce




Conozco algunos escritores

Conozco algunos escritores que tras haberlos tratado epistolarmente me iría encantado de copas con ellos, parecen gente excelente. Pero que no me pidan que lea sus obras, la vida es breve.
Con Emilio Morote quizás no me fuera de de copas. La posibilidad de que acabáramos en alguna pelea y me rompieran las gafas me parece (quizás equivocadamente) grande, tras leer el tono de muchos de sus mensajes. Pero voy a seguir leyéndole. Me gusta lo que de él he leído, me gusta que tenga un mundo propio y me parece estupenda su busca de la sobriedad y la precisión a cualquier precio.

Sí, bueno no andas errado

Sí, bueno no andas errado en eso de que podíamos salir a hostias, porque a mí en vivo se me cojen ganas de partirme la cara, lo que pasa es que como peso noventa kilos y suelo hacer pesas, la gente, sobre todo cuando van de uno en uno, se lo suelen pensar; de todos modos, provocar una reacción es mejor que reaccionar ante una provocación; no sé muy bien lo que quiere decir esto pero suena bien. Un saludo y gracias por tu comentario

Mmmmh esto de los

Mmmmh esto de los comentarios anónimos llega a ser desesperante. Estaría bien que los usuarios que no tengan cuenta de portada, recordad que es independiente de la de los foros, al menos que firmen en el mismo mensaje para que todos sepamos quién dice qué.



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