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GSICKMINDS: Conferencias y talleres de seguridad y JavaScript en A Coruña

Barrapunto - 15 October 2014 - 8:04am
pobrecito hablador nos cuenta: «Un año más, GSICKMINDS reunirá a expertos a nivel internacional en A Coruña para unas conferencias sobre seguridad y JavaScript. En su sexto año presentan importantes novedades: el evento se celebrará de Miércoles a Viernes, se traslada al PALEXCO y por primera vez, podrás escoger entre charlas y talleres de seguridad o JavaScript. Habrá ponentes de compañías como Salesforce, Mozilla, Yahoo! y Microsoft entre otras. La asistencia a las conferencias es gratuita, mientras que la entrada a los talleres son 40 euros. Toda la información y reserva de entradas en GSICKMINDS.»

Vulnerabilidad en SSL 3.0

Barrapunto - 15 October 2014 - 7:58am
(vía Slashdot) A primera hora de ayer empezaron a publicarse rumores de una vulnerabilidad en el protocolo SSL 3.0 que se haría pública a lo largo del día. Por la tarde, Google publicaba This POODLE bites: exploiting the SSL 3.0 fallback, donde describía los detalles de la vulnerabilidad. Aunque SSL 3.0 está obsoleto, hay varias maneras de forzar a un navegador web que use este protocolo, puesto que la mayoría de ellos lo incorporan por temas de compatibilidad hacia atrás. No existe ninguna solución para evitar este ataque, excepto deshabilitar completamente SSL 3.0.

Dronecode

Barrapunto - 13 October 2014 - 10:23pm
(vía Slashdot) La Linux Fundation acaba de hacer público el lanzamiento del proyecto Dronecode, con la idea de unificar bajo una estructura común todos los proyectos de fuentes abiertas relaccionados con los drones y desarrollar una plataforma común y compartida para su uso en estos vehículos no tripulados. Alguno de los fabricantes junto con los que se ha fundado la plataforma son 3D Robotics, Baidu, Box, DroneDeploy, Intel, jDrones, Laser Navigation, Qualcomm, SkyWard, Squadrone System, Walkera y Yuneec.

Snowden nos recuerda que solamente el cifrado proporciona privacidad

Barrapunto - 13 October 2014 - 10:09pm
ignacio.agullo nos cuenta: «El semanario estadounidense The New Yorker, dentro de su festival anual, entrevista a Edward Snowden el 11 de octubre de 2014. Realizada a través de videoconferencia, la entrevista está públicamente accesible en directo y en diferido, y se hacen eco de la misma medios como TechCrunch y Slashdot. En esta entrevista, Snowden recuerda que los programas hostiles contra la privacidad son los que no soportan cifrado [de extremo a extremo]. Sus recomendaciones son librarse de Drobbox (que usa cifrado, pero sólo durante el tránsito de datos) y usar en su lugar SpiderOak, evitar los "servicios peligrosos" como Google y Facebook, y en los teléfonos inteligentes usar RedPhone y Silent Circle.»

Enigma 110

Por Román Ceano

Durante el año 1943 muchas redes de la Resistencia -y especialmente las de la capital francesa- habían sido infiltradas por miembros del hampa al servicio de los alemanes y consiguientemente desarticuladas. La brutal y sanguinaria tortura sistemática de los activistas capturados había proporcionado un gran conocimiento del modus operandi de esas redes. Por ejemplo, las grandes estaciones de tren de París, que habían sido un lugar de gran actividad para citas y entregas clandestinas, eran ahora un foco de atención especial para el Abwehr y la Gestapo. Bertrand transmitió a Dunderdale un mensaje en que proponía el día dos de Enero del año nuevo en la franja entre las 09:00 y las 09:30 en la basílica del Sacre Coeur en Montmartre, frente a la capilla dedicada a San Antonio de Padua. Su contacto debería llevar en la mano izquierda un ejemplar de la revista alemana Signal, la favorita de los colaboracionistas. Cuando Bertrand le dijera "Salve", él contestaría "Amen". Una vez completada la identificación, Bertrand haría entrega de un sobre cerrado con la dirección a la que entregar el aparato de radio.

El día dos de Enero de 1944 Bertand ascendió las cuestas de la colina de Montmartre una hora antes de la cita, para orientarse y hacer la contravigilancia. Trataba de parecer un turista que quería contemplar el amanecer sobre París desde uno de los más famosos belvederes de la capital. Era su misión número 101 y no podía evitar especulaciones como las que habría hecho Langer sobre si ése número sería un buen augurio. Tampoco estaba convencido de que la elección del lugar hubiera sido acertada, porque estaba utilizando un lugar sagrado para un propósito profano. Cuando entró, la basílica estaba casi vacía. Era un lugar tradicional de vela y era común que algunos fieles acudieran a pasar la noche rezando, pero ese día pocos lo habían hecho. Bertrand caminó hasta el altar central y se santigüó con reverencia. Lo repitió en varios lugares más, mezclando la simulación profesional del espía con la búsqueda sincera de benevolencia por parte de santos y vírgenes. Finalmente llegó frente a la estatua de San Antonio de Padua, tiró una moneda en el cepillo y se puso a rezar a cierta distancia con un rosario en la mano. Ese rosario le había sido entregado el día de su primera comunión y lo había usado como amuleto durante la Gran Guerra. El párroco que se lo regaló, le dijo que daba derecho al portador a una muerte dulce, porque como padre de la orden de la Santa Cruz él tenía el privilegio de conceder esa indulgencia.

Pasaron muchos minutos sin que nadie se acercara. Hacia las nueve y veinte, un hombre con un abrigo azul y una bufanda blanca se arrodilló frente al santo y empezó a orar con gran devoción. Tras unos minutos para que no se notara la coincidencia, Bertrand se levantó suavemente y caminó ensimismado hasta salir por una puerta lateral. Revisó rápidamente el exterior y al no ver nada sospecho volvió a entrar. Con la respetuosa parsimonia de un devoto, se acercó al hombre del abrigo y se arrodilló junto a él. Enseguida se dio cuenta de que el desconocido estaba mucho más pendiente de su entorno que de los rezos que supuestamente musitaba. Ambos se estudiaron en silencio hasta que Bertrand le dijo "Salve", a pesar de que no portaba la revista Signal ni en una mano ni en la otra. El otro lo miró y tras un silencio le preguntó "si venía de Clermont-Ferrand". Bertrand consideró esto suficiente y afirmó con la cabeza. El desconocido le dijo en voz baja que le siguiera y se levantó para marcharse. Bertrand lo siguió con apariencia tranquila mientras secretamente rezaba por su suerte a todas las imágenes religiosas que podía ver y también al Sagrado Corazón de Jesús, a quien está consagrada la basílica. Por un momento tuvo el convencimiento que se trataba de un agente de la Gestapo pero se sobrepuso al terror y siguió caminando.

Caminando con cien ojos se dirigieron a la puerta del viejo santuario de Saint Pierre de Montmartre, al otro lado de la calle pero con entrada por el lado opuesto de la manzana. Allí el hombre del abrigo se explicó en voz baja mientras miraba nerviosamente las calles vacías. Su nombre era Paul y acababa de sustituir a un tal "Ferdinand" que había caído en manos alemanas pocos días antes. El mensaje de Londres en que le avisaban de la llegada de Bertrand le había resultado muy difícil de descifrar y solo había logrado colegir el lugar y la fecha de la cita. Seguramente las contraseñas estaban indicadas en la parte del mensaje que no había leído. Le mostró el mensaje en cuestión escrito en un papel que sacó de una carpeta en que parecía haber muchos más. Necesitaría cuarenta y ocho horas para organizar la entrega. Sugería una nueva cita el día 5 de enero -dos días después- de ocho a ocho y media, nuevamente frente a la estatua de San Antonio de Padua. Bertrand asintió. Para su sorpresa Paul sacó una agenda y apuntó la cita en la página correspondiente al día 5. En todas las páginas de la agenda había escrita la palabra "polak" que significa "polaco" en ese idioma. Paul parecía muy nervioso y agitado. Tras guardar la agenda se despidió y se marchó en dirección a las escaleras junto al funicular. Bertrand tomó la dirección opuesta, hacia Lamarck por la calle de la Bonne. Hasta donde pudo ver, nadie le seguía.

Bastante antes del amanecer del segundo día Bertrand subía por la calle Lamarck para su nueva cita con Paul. La noche anterior había cenado con su mujer y su hermano -este último de visita clandestina en Francia con llegada y salida en submarino. Durante la sobremesa había comentado que tenía un presentimiento muy negro pero que no quería desfallecer. Esa ansiedad le había hecho llegar demasiado pronto y ahora se daba cuenta de que la tapadera del turista resultaba inverosímil a una hora tan intempestiva. Pasó una monja en bici y Bertrand pensó que iba a atender a un moribundo. Un cuervo negro volaba a poca distancia del suelo. Langer consideraba que los gatos negros daban buena o mala suerte según en qué dirección te los cruzabas y Bertrand trató de interpretar el augurio del cuervo con ese criterio pero no logró recordar qué dirección era la favorable. El cielo fue clareando y se cruzó con algunas personas dispersas. No había coches parados, personas en actitud sospechosa, ni ningún indicio negativo más allá de la sensación ominosa que le invadía. Uno de los transeúntes resultó ser un tendero, que procedió a levantar la puerta metálica de su establecimiento con una gran manivela. Eso hizo salir a Bertrand de su ensoñación. Se dirigió hacia la basílica tratando de concentrarse en la contravigilancia.

La proximidad de la Epifanía hacía que hubiera muchos más fieles en los bancos. Reconoció de la vez anterior a una señora de avanzada edad, que decidió no representaba ningún peligro. Realizó una cautelosa ronda y descubrió con pesar que el punto que había considerado ideal para controlar la zona de San Antonio de Padua sin ser visto tenía todos los bancos ocupados. Para su juicio profesional, el lugar en que se vio obligado a sentarse estaba demasiado cerca del santo y demasiado lejos de la puerta lateral. Una vez más se sobrepuso al instinto y esperó. No quería rezar para no perder la alerta y su mente viajó a la guía de la basílica que había adquirido para tener un plano del edificio. Montmartre era una corrupción de Mont des Martyrs, la colina de los mártires. El nombre era un recuerdo para Saint Denis y sus compañeros, decapitados con pequeñas hachas sin afilar para causarles el máximo dolor. Bertrand repitió las palabras que había leído en la guía y eran el lema de la basílica: "Señor, amo la belleza de tu casa, donde reside tu gloria." Nuevamente hizo un esfuerzo para sustraerse al misticismo pero el terror lo invadía y pensó en Jesús en el huerto de Getsemaní, esperando el tormento.

En ese momento los vio. Eran cuatro hombres que habían entrado por la puerta lateral contraria. Dos de ellos hablaban entre sí y uno de los dos salió de nuevo al exterior. No le habían mirado y decidió esperar. Empezaron a caminar por el deambulatorio como si quisieran dar la vuelta al ábside. Estarían un minuto y pico sin contacto visual con él. Midió mentalmente la distancia con la puerta y se concentró en no correr hasta estar en el exterior. Cuando los hombres desaparecieron de su vista, hizo el gesto de levantarse pero una mano sobre su hombro lo hundió de nuevo. El cuarto hombre le susurró desde su espalda que "era mejor que no se levantara." Los otros se acercaban a la carrera, dos de ellos enarbolando pistolas y el tercero con unas esposas unidas por una barra rígida. Mientras esperaba estupefacto que llegasen hasta él, Betrand lanzó un interrogante que parafraseaba a Jesucristo en la cruz: "Señor, ¿por qué me has hecho volver para que me capturen?". Lo sacaron esposado de la basílica por la puerta que creía que iba a usar para evadirse. Mientras el coche en que lo transportaban recorría las calles de París, Bertrand sentía una profunda soledad. Sentado entre dos esbirros, miraba a los ocupantes de los otros vehículos cuyo destino le era tan ajeno como el suyo a ellos.

El coche se dirigió al 101 de la avenida Henri-Martin y al llegar entró en el portal, cuyo portón se cerró tras él. Para un prisionero era importante saber la dirección a la que era trasladado, porque de eso dependía el tratamiento que iba a recibir. El 101 de Henry-Martin era la guarida de la banda de Christian Masuy, que actuaba como franquicia en París del Abwehr. Sus métodos de interrogatorio solían consistir en apaleamientos con cachiporras y sobre todo asfixias prolongadas en una bañera, técnica ésta de la que Masuy se consideraba un virtuoso. La mayor parte de resistentes caídos en las redadas habían pasado por la bañera de Masuy, que lograba confesiones mucho más operativas que la franquicia de la Gestapo dirigida por Heny Lafont, cuyos interrogatorios a base de látigos de acero, miembros dislocados y mutilaciones, eran más una muerte lenta que una verdadera encuesta. Ambas franquicias se financiaban -como se ha explicado en otro capítulo- mediante la compra venta de antigüedades y objetos de valor robados, de manera que la Gestapo y el Abwehr no solo no tenían ningún coste sino que sus miembros recibían sobresueldos.

Masuy en persona acudió a interrogar a Bertrand, en un lujoso despacho del segundo piso. No le conocía en persona, pero sí que estaba al tanto de todos los detalles de su biografía. Su verdadero nombre era Georges Delfanne, nacido en Bruselas en 1913 y desde muy joven militante violento de la ultraderecha belga. Con una vocación innata para combinar la política y la delincuencia, en los años 30 había montado una red para sacar judíos de Alemania a cambio de quedarse con todas sus posesiones. La policía alemana lo detuvo pero muy pronto logró salir libre. Emigró a Francia, donde fue detenido por espionaje a favor de los alemanes. Éstos lo liberaron tras la derrota francesa de 1940 y así pudo volver a París. Se introdujo en el negocio del saqueo de los pisos y mansiones de las familias que habían huido de la capital, pero añadiendo una gran mejora en la gestión que le permitió trabajar a gran escala en un negocio que hasta entonces había sido un minifundio de amateurs. Con gran habilidad supo buscar el padrinazgo del Abwehr, que le dio cobertura legal para sus desmanes, haciéndose valer a tiros cuando la ocasión lo requería. Se decía de él que nunca salía de casa sin llevar tres armas encima y que siempre era el primero en disparar. Su talentosa excelencia en el delito le llevó a acumular en cuatro años una fortuna que le convirtó en uno de los hombres más ricos de París, con mesa reservada en los mejores locales y permiso para aparcar sus lujosos coches frente a la puerta principal. Este título lo compartía con el de ser uno de los individuos más crueles de la capital, con un comportamiento que rozaba la patología psicótica. Su encantadora personalidad, su aguda inteligencia y su habilidad para la simulación le habían permtido infiltrarse en las redes de la Resistencia. Cuando las detenciones se habían consumado, él mismo torturaba durante días a sus compañeros de célula, sin distinguir edades ni sexos. A principios de 1944 hacía tiempo que ya era demasiado conocido para infiltrarse él mismo y por tanto delegaba ese aspecto de su actividad, pero en cambio seguía llevando personalmente los interrogatorios de cachiporra y bañera, por largos que fueran.

Masuy tenía un aspecto juvenil, iba bien afeitado y utilizaba ropa cara, aunque demasiado llamativa para resultar elegante. Cuando se presentó ante Bertrand llevaba una camisa escarlata, una corbata negra y un delantal de caucho, seguramente para no mojarse con las salpicaduras de la bañera. Dos esbirros registraron con brutalidad a Bertrand y fueron poniendo sobre una mesa lo que le encontraban encima, mientras Masuy lo examinaba comentando en tono burlón los detalles: "Tarjeta de indentidad falsa a nombre de George Baudin, permiso de trabajo falso con el mismo nombre, tarjeta de desmovilización falsa... Vaya! un permiso de conducir falsificado en Londres!". Además de los papeles falsos, encontraron una libreta de notas con anotaciones cifradas y una lista de frecuencias de radio usadas por la Gestapo. Bertrand no debería haber acudido a la cita con esos objetos encima pero era demasiado tarde para lamentarse. También encontraron un abono anual ferroviario, papel de váter en abundancia y una colección de vales de racionamiento, además de 20 000 francos en metálico que desaparecieron rápidamente en los bolsillos de los presentes. El que llevaba la voz cantante le dijo que estaba claro que viajaba mucho y con una identidad falsa, lo cual sumado a las anotaciones de la agenda y a la lista de frecuencias lo acreditaba como reo de espionaje para una potencia extranjera. Sería fusilado con toda seguridad, pero antes debería ayudar a la justicia. Por suerte para él estaba en manos del Abwehr, que era una organización de personas inteligentes. Si no colaboraba con ellos sería entregado a la Gestapo, que eran unos brutos asesinos que lo despedazarían vivo. Para que no se hiciera una idea equivocada sobre los "interrogatorios inteligentes" del Abwehr, y con la excusa de preguntarle si los conocía, hicieron pasar a tres hombres encadenados que apenas se tenían en pie a causa de las torturas que habían sufrido a manos de los que estaban en la sala. No los conocía pero pensó que quizás uno de ellos fuera el infortunado "Ferdinand". El hecho de que no estuviera Paul le hizo sospechar que éste era quien le había entregado.

A continuación empezó el interrogatorio, que era violento pero más con un estilo tercer grado policial que con las torturas medievales que seguramente seguirían. La intimidación incluía gritos, empujones y la continua presencia de pistolas apretadas contra su cabeza mientras los portadores de éstas crispaban sus caras como si fueran a disparar. Tras un tiempo de este tratamiento y con los interrogadores turnándose para no dejarle descansar, Bertrand sintió que desfallecía. Quizás ellos también lo notaron porque el griterío cesó y le dijeron que ahora iban a inyectarle una droga que le haría hablar pero que en caso que no lo hiciera, su siguiente parada sería la bañera, en la habitación de al lado.

Bertrand decidió que no tenía sentido seguir. La droga le daba un miedo especial porque perdería el control y no sabía hasta donde llegaría en su confesión. Tampoco estaba seguro de poder resistir la tortura, porque era un tópico entre los agentes que nadie podía y que derrumbarse era solo cuestión de tiempo. Con toda la solemnidad que pudo reunir comunicó que él era Gustave Bertrand, miembro del Deuxieme Bureau del gobierno de Vichy, obligado a pasar a la clandestinidad por la huida de sus jefes a Argel. Su confesión, hizo que el ambiente en la sala cambiara radicalmente. Masuy estaba muy contento de haber capturado una presa tan valiosa. Al parecer los alemanes habían circulado sus datos en 1940 y desde entonces lo estaban buscando como responsable de criptoanálisis del servicio secreto francés. Cuando se lo hicieron saber, Bertrand rebajó mucho la importancia de su trabajo antes de la guerra y desvió la atención hacia sus actuales tareas de enlace con los británicos para el gobierno de Vichy. Acertó plenamente porque Masuy enseguida imaginó el poder que le daría controlar un agente doble que intoxicara para los alemanes a los más altos mandos del SIS. Bertrand le avisó que si eso era lo que quería hacer era importante que lo dejara en libertad cuando antes, ya que los británicos eran muy precavidos y la mínima sospecha de que había sido capturado causaría que lo considerasen enemigo. Como primera medida fueron a buscar a Mary, la esposa de Bertrand, a la dirección que éste les dio y la llevaron "a un lugar seguro".

Masuy no tenía autoridad para liberar a Bertrand y decidió trasladarlo al Hotel Continental, sede del Tribunal de Excepción, para que se encargara del caso la verdadera Abwher, de la que él era solo un empleado extranjero. Ese traslado era una buena noticia para Betrand, porque significaba que de momento no habría bañera.

Mientras esperaban el coche para el traslado, apareció un viejo conocido de Bertrand. En la primavera de 1940, cuando Bélgica expulsó a todo el personal de la embajada alemana en Bruselas, los que no tenían cobertura diplomática habían sido evacuados a través de Francia en un vagón de tren. La policía francesa había interceptado el vagón en Lille, sospechando que muchos de los pasajeros eran agentes de los servicios secretos alemanes. Habían recibido órdenes de interrogarlos uno por uno, y detener a los sospechosos para juzgarlos por espionaje. Bertrand había acudido desde París, enviado por Rivet para supervisar la operación y tratar de reclutar a algunos de ellos. Uno de los que estaba recibiendo el interrogatorio más intensivo y que más probabilidades tenía de acabar en el calabozo o fusilado, era Otto Brandl. Había sido el responsable del Abwehr en Bélgica, pero a pesar de su alto rango en el mundo secreto carecía de un cargo diplomático equivalente que le protegiera. Bertrand lo sacó de las manos de la policía y se excusó por el tratamiento de delincuente que le habían dado. Le dijo que él también era un miembro de la inteligencia militar y que por mucho que el azar los hubiera puesto en bandos distintos, debían respetarse. Aunque Brandl no aceptó trabajar para los franceses, Bertrand dejó que se fuera libre como muestra de fair-play. El alemán quedó muy impresionado y cuando se despedían le prometió que si en el futuro se volvían a encontrar se tratarían como caballeros. Cuando en el porche del 101 de la avenida Henri-Martin, Bertrand vio la cara de Otto Brandl sonriéndole, se alegró de haber pedido a los esbirros de Masuy que le dejaran conservar su rosario, porque solo la Providencia podía estar detrás de ese encuentro. Mientras explicaba su historia a Paillole en Londres, éste no pudo dejar de sonreír internamente viendo el giro místico de Bertrand. Pero fuera el azar o fuera alguna de las deidades sobrenaturales a que Bertrand se había encomendado en el Sacre Coeur, lo cierto es que el encuentro incrementaba mucho sus posibilidades de supervivencia. Brandl era el responsable de supervisar a Masuy en nombre del Abwehr. Más aún, él era quien lo había reclutado y quien lo había salvado de ser fusilado en una cárcel francesa, acudiendo rápidamente a liberarlo tras el Armisiticio. En cierto sentido Masuy le debía la vida a Bertrand, lo cual embarullaba mucho el relato sobre los designios de la Providencia. Hicieron el trayecto hasta el Continental sentados en el asiento de atrás y Bertrand reiteró su oferta de trabajar para los alemanes siempre que fuera contra los ingleses, nunca contra Francia.

Bertrand conocía muy bien el exterior del Continental porque había hecho muchas vigilancias clandestinas, primero para intentar contactar con Lemoine o al menos saber qué estaba explicando y después como parte de un plan británico para ametrallar con un avión a una banda de música que desfilaba cada mañana por los Campos Elíseos y que se alojaba en el hotel. Le dieron una habitación lujosa, con un baño con agua caliente, toallas y jabón. El camarero le comunicó que si quería recibir el tratamiento de lujo que había tenido "Mr. Lemoine" debía pagarle a él por adelantado. Bertrand contestó hoscamente que le habían robado todo su dinero, por lo que recibió la ración estándar consistente en unos bocadillos pringosos y media botella de vino a granel. Despreció los bocadillos pero se bebió de un sorbo el vino. Algo más tarde un edecán se presentó en la habitación y solicitó audiencia con toda ceremonia para el responsable del Abwehr en París, el general Rudolf. Bertrand aceptó con la misma pompa. Tras una nueva espera, Oberst Rudolf entró y se cuadró tras un taconazo, saludando en voz alta al "Comandante Bertrand". La solicitud de éste de colaborar iba a ser estudiada en una reunión que tendría lugar durante la cena y hasta que no hubiera decisión debía permanecer allí. Antes de irse cambió el tono y con una voz que heló la sangre del francés le dijo que habían pedido informes a toda la organización y que si una sola cosa de lo que había dicho resultaba falsa, sería entregado a la Gestapo antes de fusilar lo que quedara de él tras los interrogatorios. Luego se fue y Bertrand se quedó solo a rumiar sus terrores.

Las siguientes horas se le hicieron eternas. Es probable que a Paillole se las resumiera en pocas frases, pero en sus memorias les dedica muchas páginas. Tras la marcha de Rudolf, estuvo un rato escuchando los movimientos del centinela que vigilaba su puerta. Por la ventana llegaban los cantos de la guarnición. Reconoció algunos himnos militares mezclados con música navideña y versiones etílicas de Lily Marlen que desprendían una tristeza abismal. No podía apartar su mente de lo que pasaría si los polacos o Lemoine habían hablado. Eran dos temas sobre los que había especulado durante meses, interrogado discretamente por Dunderdale. Ahora su vida dependía de la respuesta y la perspectiva no era halagüeña. Lemoine era un hedonista cobarde y los polacos, por duros que fueran, tenían el límite de todo ser humano. Rudolf le había hecho traer una cena más decente que incluía una nueva dosis de vino, esta vez de excelente calidad, como los que debía haber tomado Lemoine. Bajo los efectos del vino, se sentó en una mullida butaca y al poco cayó en una agitada duermevela. Soñó que estaba en primera línea de batalla, en los Dardanelos, en Bélgica, en Bulgaria... siempre rodeado de muertos con los cuerpos horriblemente mutilados, con las fosas nasales oliendo a muertos podridos y los pies hundidos en ennegrecida carne corrupta. Un ruido espantoso fue subiendo de volumen hasta que se despertó a la engañosa confortabilidad de la habitación. El silencio que agradeció al despertarse se fue tornando una obsesión a medida que pasaba el tiempo. Las campanas de una iglesia cercana hacían que pasara aún más lento y el reloj de pulsera que le habían dejado se lo mostraba congelado. La madrugada avanzaba sin que nadie se presentara a comunicarle su destino. La cena de Rudolf debía haber degenerado en una fiesta. Decidió acostarse en la cama vestido para no recibir su sentencia en calzoncillos. Cayó otra vez en una tensa duermevela y se fue hundiendo en ella a medida que los sueños se hacían cada vez más reales. Se despertó atado a un poste de fusilamiento. Los soldados manipulaban sus fusiles mecánicamente mientras él se esforzaba en recibir a la muerte con la dignidad de un oficial muriendo por su país, la frente alta y la mirada desafiante. Se fijó en que el sable del sargento que daba las órdenes era igual que los que utilizaban sus superiores en el campo de batalla para lanzar las cargas de infantería. Los soldados dispararon y él estaba muerto. Colgando del poste, veía al sargento que se acercaba a darle el tiro de gracia con su pistola. Cuando ya estaba muy cerca, un terror desesperado hizo que se liberara de sus ataduras, saltara al cuello del sargento y lo destrozara con una ferocidad tan terrible que el horror lo trasladó de nuevo a la habitación del hotel. Eran las seis de la mañana y clareaba. Los ruidos de la calle le hicieron sentir otra vez la soledad que había vivido en el coche, cuando circulaba por París en dirección a la guarida de Masuy. Para la ciudad que despertaba solo era un día más. El servicio del hotel no había olvidado su negativa a pagar "extras" y por todo desayuno un guardia malcarado le trajo una taza de café "ersatz".

A las diez oyó unos pasos rápidos por el pasillo, la puerta se abrió con estrépito y entraron Otto Brandl y Masuy. Lucían amplias sonrisas y querían estrechar su mano una y otra vez, felicitándole. El General Rudolf estaba de acuerdo en que Bertrand trabajara para ellos y podían empezar inmediatamente. Triunfantes, bajaron a la calle los tres como grandes amigos. Al llegar a la acera, Brandl pidió a Bertrand que le acompañara un momento. Doblaron la esquina y entraron en el lujoso Mercedes del alemán. Como supervisor de todos los bureaus militares, había amasado también una gran fortuna. Quería decirle a Bertrand que ahora estaban en paces. Le había salvado la vida para devolverle el favor pero dejaba a su criterio trabajar o no para "ellos". A él eso no le importaba nada. Se dieron la mano con fuerza y se despidieron para siempre.

Masuy estaba de un humor inmejorable y al parecer se había tomado el día libre. En su coche personal fueron al 101 de Henri -Martin a recoger el abrigo y las pertenencias de Bertrand (excepto los 20 000 Francos que ni aparecieron ni preguntó por ellos). Luego el chófer los condujo al domicilio particular de Masuy, un suntuoso palacete en Neuilly, propiedad de un multimillonario judío de origen rumano, deportado a Alemania y a esas alturas probablemente muerto. Era una vivienda fastuosa, con dos plantas más un piso para el numeroso servicio y rodeada de un amplio jardín. Allí encontró a Mary, su mujer, que había sido llevada el día anterior tras algunas peripecias. Un Masuy exultante los condujo a una habitación regia, con un cuarto de baño de uso exclusivo. Allí estaba su equipaje, llevado por Mary que, con la excusa de ir a recogerlo al alojamiento del matrimonio, había destruido la información comprometedora que contenía. Eso salvó la red de Bertrand en París de la destrucción e impidió que éste fuera incriminado por mentir cuando afirmaba que el único motivo de su visita a París era recoger el emisor de radio.

Los Bertrand pasaron un día muy agradable como huéspedes de los Masuy, que les mostraron la mansión y su lujoso mobiliario. Sobre los muebles había armas de muchos tipos y calibres que todos simulaban no ver. La mujer de Masuy y el servicio estaban muy contentos de tener por fin unos invitados a la altura, acostumbrados a recibir a todo tipo de rufianes y asesinos. Bertrand no era un gran señor como Lemoine pero podía comportarse de una forma bastante aproximada, dejando que le quitaran el abrigo o le cedieran el paso, como si fuera lo más natural.

Masuy se ausentó por la tarde pero volvió para una cena de gala a la que asistieron las dos hijas del matrimonio, de 3 y 10 años respectivamente. Bertrand y su mujer volvieron a exhibir su educación exquisita y su costumbre de comer con servicio, inclinándose al lado correcto para que los sirvieran o haciendo el gesto correcto para pedir vino. La mujer de Masuy estaba abrumada por contar con tan buena compañía y muy agradecida a su marido de que sus hijas pudieran ver a alguien comiendo sin eructos, palabrotas y los líos con los cubiertos que se solían hacer los invitados habituales. La conversación versó sobre los problemas entre el Abwehr y la Gestapo. La Gestapo no debería actuar fuera de territorio alemán, pero a base de conspiraciones y enchufismos había obtenido el favor de Hitler para trabajar en todos los territorios ocupados por Alemania. La Abwehr trabajaba con Masuy porque de esa forma evitaba el control de la Gestapo. El principal problema que veía Masuy era que la Gestapo reclamaba a Bertrand con insistencia y el poder de la Abwehr era cada vez más escaso dentro de la jerarquía nazi. Debían ser precavidos y moverse con discreción.

La velada terminó con los dos hombres solos, intercambiando confidencias mientras bebían el exquisito cognac que salía de una vieja botella, frente a las llamas que bailaban en una elegante chimenea de mármol. Masuy explicó los secretos de la bañera con gran delectación. La víctima debía estar desnuda para visualizar su indefensión, pero el interrogador no debía confiarse y tenía que sujetarla bien porque los movimientos instintivos ante el ahogo podían ser muy violentos. Lo crucial era crear un crescendo psicológico para que el temor al siguiente paso matara la esperanza creada por estar resistiendo el actual. Para conseguir el efecto creciente, al principio se hundía en la bañera solo la cabeza de la víctima, pero poco a poco se la iba empujando dentro, hasta que en caso de que no hablara terminaba dentro doblada y sumergida de forma que apenas podía respirar incluso si nadie la sujetaba. Durante los cambios de posición, era bueno dejar que la víctima se recuperara, ayudándola a secarse e incluso dándole café o haciendo algunas bromas para que se relajara. Uno de sus trucos personales era no cambiar el agua, de manera que cuando había series largas de interrogatorios, ésta iba quedando cada vez más sucia de lo cual se excusaba cínicamente, echando la culpa a las víctimas anteriores por su poca educación.

Al día siguiente Bertrand y Masuy salieron hacia Vichy a primera hora de la mañana, acompañados de un esbirro y de Wiegand, el mismo agente del Abwehr que había orquestado la caída de Lemoine. Al entrar en el coche, Mausy mostró las varias armas que llevaba encima y le dijo a Bertrand que no se preocupara porque iban bien pertrechados. El trayecto hasta Vichy les llevó todo el día a causa del clima infernal. Al llegar, se alojaron en el hotel Lilas sin registrarse en recepción. Wiegand los abandonó diciendo que pasaría la noche en el Astoria. A la mañana siguiente, Bertrand cifró un mensaje para Dunderdale, salió a la calle sin vigilancia y lo entregó en un buzón clandestino para que fuera transmitido desde Clermont-Ferrand. Intentó utilizar expresiones extrañas para sugerir que estaba detenido y que no lo había redactado él. En el texto pedía una nueva cita para recibir el emisor, si bien afirmaba que le llevaría tiempo preparar su regreso a París. En realidad partió hacia París una hora después, tras acudir a la cita concertada con Masuy y Wiegand en la estación de tren. El regreso fue otro suplicio, pues el coche que habían traído era un modelo barato para no llamar la atención y se averió varias veces. Masuy, Bertrand y Wiegand tuvieron que empujarlo bajo el aguanieve mientras el esbirro lo intentaba arrancar. Dejaron a Wiegand en el hotel Lutecia -sede del Abwehr- y volvieron a casa, a refugiarse en la confortabilidad de las alfombras y la calefacción central del palacete de Neuilly. Allí les esperaba una cierta alarma por el retraso y otra cena de gala.

Por la mañana, Masuy cedió a los ruegos de Bertrand y permitió que él y su mujer se alojaran en un hotel del centro. Cuando estuvieron instalados, le llamaron para darle el teléfono por si tenía urgencia en contactar con ellos. Era sábado y Bertrand se pasó el resto del fin de semana haciendo contravigilancia en los alrededores de su alojamiento sin detectar ninguna presencia sospechosa.

Masuy fue a buscarle el lunes a primera hora conduciendo un lujoso descapotable. Le condujo hasta el Boi de Boulogne para discutir las condiciones de la colaboración de Bertrand. Manifestó estar un muy cansado físicamente por haberse pasado la noche en blanco torturando a varias víctimas muy tozudas. Pensaba acostarse a continuación pero antes quería dejar zanjado el tema. Lo primero que debía hacer Bertrand era entregar toda su red y a cambio podía quedarse la mitad de los fondos de que disponía ésta. También debía denunciar a todos los oficiales del Deuxieme Bureau que se hubieran quedado en Francia. A continuación podrían empezar con los trabajos serios que incluían intoxicaciones a gran escala para Londres y París. Debía entregar sus códigos de cifra para que pudieran enviar los mensajes sin necesidad de que él saliera de París. Viviría en un palacete más pequeño que el de Masuy pero cerca del de éste y también con "calefacción y servicio". Bertrand estaba muy agradecido por la forma como su amigo lo había salvado de la Gestapo y le había permitido obtener un puesto de combate en el que luchar tanto contra Inglaterra como contra los traidores de Argel, a la vez que se procuraba una vejez confortable. Viajaría con su mujer a Vichy como si estuviera en una misión normal y procedería a tranquilizar a sus contactos, que se hallaban inquietos ante su extraño comportamiento de los últimos días. Cuando estuviera seguro de que todo estaba tranquilo y ninguno de sus agentes estaba oculto en los pisos francos de seguridad, se podría proceder a las detenciones. Proponía una cita para el jueves al mediodía en el bar de la estación de tren de Vichy. Si fallaba esta primera cita, proponía una segunda para las siete de la tarde en el mismo lugar. Masuy expresó algunas dudas pero Bertrand le emplazó a juzgarle el jueves cuando se encontraran en Vichy. Masuy estuvo de acuerdo y se excusó en el cansancio para no acompañarle al centro otra vez. Lo dejó en una parada de metro y cuando Bertrand se sacaba el sombrero para saludar, Masuy le detuvo el gesto con estas palabras: "Déjatelo puesto, soy yo quien te saluda con respeto". Esa tarde, Mary compró la planta más cara de la floristería más cara (un gran cactus de 2 000 Francos) para mademoiselle Masuy, así como unos cuadernos de dibujo para las niñas, y lo arregló todo para que se lo hicieran llegar a la mañana siguiente al palacete de Neuilly.

El martes 11 de Enero de 1944, el matrimonio Bertrand tomó en la gare de Lyon el tren de las ocho y cinco de la mañana hacia Vichy. Nadie fue a despedirles y si los vigilaban era de forma tan discreta que no supieron darse cuenta. Al llegar se instalaron en un hotel frente a la estación, utilizando los papeles falsos que les había proporcionado Masuy. Bertrand se pasó todo el día con sus contactos pero en lugar de tranquilizarlos les pidió que alertaran a toda su red del peligro que corrían. También dio información de redes que no conocía pero que sabía que estaban infiltradas porque Masuy se había jactado de ello. Nombró como sucesor a su segundo -Lucien- y le entregó sus claves personales para que fuera el enlace con Londres. Finalmente redactó, cifró y envió a Clermont Ferrand un largo telegrama a Dunderdale pidiendo la exfiltración inmediata a Inglaterra para él y su mujer. Rogando a la providencia que no hubiera ningún traidor entre los que ahora sabían de su regreso a las filas francesas, se retiró al hotel a esperar la noche. En cuanto cayó la oscuridad, desapareció de Vichy y pasó otra vez a la clandestinidad en la zona de Clermont-Ferrand, cien kilómetros al sur. El jueves Masuy esperó en vano todo el día en la estación, vigilado de lejos por varios patriotas que se reían en silencio de su estupefacción. Bertrand había querido organizar su asesinato durante la espera, pero había sido disuadido por Lucien que consideró que no era el momento ni el lugar para disponer del gangster.

Las semanas siguientes fueron una pesadilla terrible para Bertrand. El admirable temple mostrado en París desapareció y un pánico irrefrenable lo atenazaba a todas horas. Cualquier gesto extraño de un transeúnte o cualquier ruido en la noche, lo ponían en un estado de hiperalerta histérica que era en sí mismo un peligro. Moviéndose de piso franco en piso franco, solo la entereza de su mujer lo salvó en más de una ocasión, cuando se acercaban a un control y ella lo apartaba viendo que temblaba de pies a cabeza. Sus contactos esporádicos con la organización le confirmaban que los alemanes y sobre todo Masuy, lo buscaban desesperadamente. Afortunadamente para Bertrand, por esas fechas Canaris, el director de la Abwehr, cayó en desgracia con Hitler y éste disolvió la organización de un plumazo. Con sus protectores a la baja, Masuy tuvo que preocuparse de que Lafont -su rival de la calle Lauriston protegido por la Gestapo- no lo eliminase y eso debió limitar su dedicación a la venganza de quien se había reído en su cara con ese desparpajo. La BBC radió un mensaje personal que significaba que el matrimonio estaba en Londres, para que la búsqueda cesara. En realidad seguía en Francia y la exfiltración no sería posible hasta que Bertrand recuperara la capacidad para viajar con identidad falsa sin derrumbarse.

Poco a poco se fue tranquilizando. Adquirió ropa diferente, se dejó bigote, cambió su peinado, se acostumbró a llevar gafas y cultivó una gesticulación algo excéntrica. Con todos estos cambios creó un personaje totalmente nuevo, al que dotó de unos papeles falsificados algo precarios pero suficientes para un control callejero. Para demostrarse a sí mismo que había superado el pánico, realizó varios viajes a Vichy, paseando por la calle a cara descubierta con su extraña identidad.

Dunderdale no aprobaba estos excesos y quería que saliera de Francia cuanto antes. El 27 de Abril Bertrand acudió a una primera cita frente a la estación de Nimes pero el contacto no apareció. Unos días después falló otra cita en Orleans porque el grupo que le esperaba era tan numeroso que Bertrand pensó que eran agentes de la Gestapo y abandonó el lugar sin darse a conocer. Los vuelos de los Lysanders solo operaban con la luna negra y al perder esa cita tuvo que esperar tres semanas a la siguiente ventana. Tras un intento fallido porque el Lysander había sido derribado por los alemanes, logró embarcar en el que le había conducido hasta la presencia de Paillole.

Tras haber oído su larga historia, Paillole le preguntó específicamente si en algún momento había sido interrogado sobre Enigma y los polacos. Bertrand le confirmó que no. Masuy había aludido una vez a la seguridad del cifrado alemán como uno de los temas sobre los que Bertrand debía informar, pero sin darle mayor importancia. También le habían dicho que Hans Thilo-Smith había "confesado todo", pero sin entrar en ningún tema concreto de su confesión. Contra todo pronóstico, parecía que los polacos no habían cedido a la tortura, que Lemoine tampoco había llamado la atención sobre el tema y que la Abwehr había sido incapaz de hacer las preguntas correctas. Para terminar la entrevista, Paillole felicitó a Bertrand por su astucia y su valor. Al salir, comunicó a Menzies que Bertrand no era un agente doble y que los alemanes seguían creyendo en la inviolabilidad de Enigma. A la mañana siguiente, fue al hotel de Bertrand y en privado -sin los micrófonos ocultos de la víspera- le dio algunos consejos sobre cómo contar su historia tanto a los ingleses como a los gaullistas que habían acabado con Rivet. Bertrand tenía mucha curiosidad por saber qué día sería el desembarco, pero Paillole no contestó a sus preguntas. El desayuno de Paillole y Bertrand tuvo lugar la mañana del domingo 4 de junio de 1944 y el desembarco estaba previsto para el día siguiente. A pesar de sus promesas a Paillole de respetar su opinión, es más que probable que Menzies recibiera una trascripción independiente del relato de Bertrand a partir de la escucha realizada. Decretó que Bertrand estaba limpio pero debía ser vigilado de forma continua hasta que el desembarco empezase.

En Bletchley Park todo estaba preparado. Todos los departamentos habían sido reforzados y el personal en la mansión alcanzó la cifra record de 7 000 personas. Para proteger la fase naval de la operación, se había instalado una estación de escucha en la propia mansión con equipos nuevos, grandes antenas y las mejores operadoras. De esta manera los mensajes podrían ser descifrados de manera inmediata tras su intercepción. Hinsley, a cargo del operativo, había garantizado un tope de media hora desde la recepción hasta el momento en que estuviera en manos de los oficiales de inteligencia. Se esperaba que los Lobos Grises salieran de sus guaridas para librar su última batalla contra la flota que transportaba la fuerza de invasión. Para la fase posterior al desembarco, varias docenas de camiones SLU como los que habían operado contra el Africa Korps acompañarían a las tropas en cuanto hubiese una cabeza de playa mínimamente segura. Los oficiales autorizados tendrían a su disposición información en tiempo real de todo su sector. Estaciones Y móviles trabajarían con los emisores de baja potencia siguiendo también la práctica establecida en África.

El Colossus II estaba en funcionamiento desde su fecha de entrega, el jueves anterior. Para evitar el traslado desde Dollis Hill, Flowers y su equipo habían decidido montarlo directamente en el Bloque F, en Bletchley. Esto había creado muchas más dificultades de las previstas y no estaba claro que se hubiera ahorrado tiempo. Lejos de sus talleres y con equipamiento limitado, los ingenieros del Post Office habían tenido que pasar muchas horas luchando contra las corrientes parásitas, los excesos locales de voltaje y los fenómenos ondulatorios, en inferioridad de condiciones. Las entradas y salidas de la mansión, así como los viajes de ida y vuelta a la sede central, causaban grandes retrasos por los largos trámites de identificación, los registros y los cambios de conductor. La última noche resultó frenética. Calzados con botas de agua porque un escape había inundado el local, los ingenieros habían soldado resistores a granel para acabar con una anomalía especialmente persistente. Con grandes ojeras, entregaron el aparato a su hora. Además de las ventajas ya explicadas, el Colossus II incorporaba un circuito diseñado por Harry Fenson que permitía realizar el rectangling. La velocidad cinco veces mayor del nuevo modelo, trinchaba las claves de la línea Medusa con asombrosa celeridad. A última hora se cambió el punto de lanzamiento de una unidad de paracaidistas porque un mensaje de Medusa reveló que una división Panzer había sido trasladada allí. En palabras del responsable de inteligencia de Eisenhower, "nunca un ejército había tenido tanta información sobre su enemigo antes de entrar en batalla".

La lista de personas que sabían que el desembarco sería el lunes se controlaba cuidadosamente y se iba ampliando paso a paso siguiendo un plan muy exacto. La noche del domingo varios turnos de Wrens fueron informadas de que en ese mismo momento los aviones con las primeras oleadas de paracaidistas estaban despegando. Al cabo de un rato llegó un desmentido porque el desembarco se había suspendido ante la previsión de la llegada de una borrasca atlántica algunos días más tarde. Los informes de Ultra sobre los planes alemanes indicaban que hacía falta una ventana de cinco días para desembarcar tropas suficientes para hacer frente a las divisiones alemanas, que arremeterían una vez el engaño del segundo desembarco se hiciera evidente. Sin la garantía de cinco días de playas sin oleaje la operación era una temeridad suicida. El problema era que en aplicación del protocolo de seguridad ahora las Wrens no podían salir de Bletchley Park. Les dijeron que pasaran la noche como pudieran porque su turno se alargaría hasta que se produjera el desembarco o se suspendiera definitivamente. Al día siguiente a media mañana fueron informadas de que los meteorólogos habían cambiado de opinión y el plan seguía adelante aunque con un retraso de 24 horas. Esa noche despegarían los aviones y al día siguiente se asaltarían las playas.

Uno de los últimos en saber lo que pasaba fue Bill Bundy. Sus mandos americanos no le dijeron nada y al parecer el domingo no estaba en Bletchley Park porque no se apercibió de la multitud de Wrens bloqueadas dentro. El lunes por la tarde había una fiesta a la que asistieron muchos jefes de departamento y los criptoanalistas veteranos. Bundy debía ser de los pocos que no sabían nada y sus compañeros de fiesta disimularon muy bien porque no sospechó. Bebieron y festejaron durante toda la velada, haciendo Martinis con sherry en lugar del vermouth italiano. Cuando llegó la hora de que los que tenían turno se incorporaran, a Bundy le sorprendió la cantidad de personas que estaban de guardia esa noche. Comprendió que pasaba algo raro cuando vio a Milner-Barry, director del Cobertizo 6, de pie supervisando la gente que entraba. No dijo nada y se dirigió a su puesto. A las tres de la madrugada, empezaron a llegar mensajes alemanes a docenas. La mayoría eran reportes de guarniciones a lo largo de la costa normanda informando del aterrizaje de paracaidistas aliados. Algunas unidades estaban siendo atacadas y pedían refuerzos. En cierto sentido, Bundy se enteró del desembarco aliado porque se lo dijeron los alemanes.

Continuará...

 

(C) Román Ceano. Todos los derechos reservados.

 

Enigma 109

Por Román Ceano

La vida personal de los habitantes de Bletchley Park tenía también una parte pública y una secreta. Por razones diversas muchas parejas ocultaban su relación y se citaban a escondidas en lugares discretos, sobre todo en Londres durante los permisos de fin de semana. Un motivo muy común para este comportamiento era que no estaban permitidas las relaciones afectivas entre personal del mismo departamento. Llegaron a realizarse matrimonios clandestinos que no fueron revelados a los superiores hasta después de la guerra. Otro buen motivo era la homosexualidad de muchos criptoanalistas, sobretodo los provenientes de la universidad. La tercera razón era que muchos estaban casados y tenían una familia esperando en la vida civil.

El celo en la ocultación no alcanzaba el nivel utilizado para los secretos militares y una red de rumores, sospechas y confidencias animaba la vida social. El ambiente desesperado de los primeros meses de la guerra -cuando la derrota era más que probable- se había ido aligerando a medida que la balanza se decantaba hacia Inglaterra. En la primavera de 1944 esa descompresión hizo que la vida en Bletchley Park a ratos derivara desde el drama épico original hacia la comedia romántica o el melodrama sentimental.

El episodio más sonado fue el romance entre la veinteañera Christine Brooke-Rose y el coronel estadounidense Telford Taylor, quince años mayor. No solo ambos estaban casados sino que el marido de ella trabajaba también en Bletchley Park -aunque en una sección diferente. Taylor no era un militar de carrera, sino un prestigioso abogado que antes de la guerra había trabajado para varias agencias del gobierno. Estaba en Bletchley Park para gestionar la relación de alto nivel entre los servicios de ambos lados del Atlántico. Él había sido uno de los redactores de los tratados secretos de colaboración entre EEUU y el Reino Unido. Pertenecía al patriciado de la Costa Este al igual que Bundy, y exhibía el mismo patrón de comportamiento; calidez de trato y una refinada educación, pero sin la languidez decadente de los aristócratas ingleses. Brooke-Rose era una mujer atractiva y muy cosmopolita a pesar de su juventud, que trabajaba en el Cobertizo 3 como traductora de los varios idiomas que hablaba con fluidez.

Se conocieron cuando ella fue asignada a explicar a Taylor la rutina de su cobertizo. Congeniaron y resultó que sus puestos de trabajo estaban muy cerca uno del otro por lo que se encontraban constantemente en los cambios de turno o en las pausas. Una vez la relación hubo empezado, se citaban secretamente en Londres sin que al principio trascendiera nada al submundo de cotilleos de los pubs y las cenas en los hoteles. Al cabo de algunas semanas, el marido de ella fue ingresado en un hospital por neumonía. Quizás eso hizo que bajaran un poco la guardia porque fue precisamente en ese momento que los corrillos de rumores empezaron a señalar a la pareja. La cosa fue creciendo hasta que no se hablaba de nada más. Antes de que se enterara por terceros, en cuanto su marido salió del hospital, Brooke-Rose se lo confesó todo. Él le dijo que no se preocupara y en cuanto volvió a Bletchley Park fue a estrechar la mano a Taylor. Esto hizo mucha gracia al americano que probablemente esperaba más un puñetazo que un comportamiento tan británico.

La infantería de Bletchley Park -las Wrens- también vivía la primavera de 1944 como una liberación momentánea de las tensiones dramáticas de la guerra. Muchas habían entablado relaciones románticas con soldados estadounidenses estacionados en los campamentos. Ambas partes de la pareja tenían muy poco tiempo libre por lo que estas relaciones tenían un fuerte componente epistolar. No todas eran relaciones sentimentales, abundaban los grupos de amigos que incluían Wrens y soldados americanos, que se comunicaban mediante notas para salir todos juntos.

En los campamentos solían organizarse bailes donde tocaban prestigiosas orquestas traídas desde los EEUU. El propio Glenn Miller estaba de gira non-stop por Inglaterra, protagonizando conciertos de éxito multitudinario. Cuando éstos se celebraban cerca de Bletchley, la organización encargada de gestionar los autobuses montaba un servicio para las Wrens que enlazaba sus lugares de residencia con el campamento americano correspondiente. Se constató que en los viajes de vuelta los vehículos iban casi vacíos porque la mayoría de chicas no regresaba a casa una vez terminado el evento.

A medida que avanzó la primavera este ambiente festivo empezó a enfriarse. El estado mayor de Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas que iban a asaltar la costa francesa, planificaba meticulosamente la gigantesca operación y las unidades acampadas empezaron a recibir borradores de su plan de batalla. Los soldados rasos eran ajenos a estas comunicaciones pero sabían que la hora se acercaba porque notaban el cambio de comportamiento en los oficiales.

A pesar de la mutación radical en la experiencia de la guerra que habían causado la tecnología moderna -infinitamente más mortífera- y el tamaño descomunal de las nuevas batallas, persistía en los militares de carrera -sobre todo en los británicos- la voluntad de considerarse parte de una tradición. El cruce del canal de la Mancha tenía una larga historia y evocaba las gestas legendarias de personajes shakespirianos como el Príncipe Negro, Eduardo III o Enrique V. La última vez que se había realizado con éxito duradero -aunque en dirección contraria- había sido en 1066, cuando Guillermo el Bastardo, Duque de Normandía, llamado a partir de entonces "Guillermo el Conquistador", derrotó en la ladera de la colina de Senlac al ejército sajón de los hermanos Haroldo, Gyrth y Leofwine Godwinson.

Pero la erudición militar en las salas de oficiales no podía compararse a la que desplegaban los universitarios reclutados por el servicio secreto. Para ellos el verdadero referente era el cruce del Jhelum por Alejandro Magno dos milenios atrás. Tras cruzar el Indo y penetrar en el Punjab, los macedonios encontraron al ejército de Purushottama Rajà, parapetado tras un caudaloso río que bautizaron Hydaspes. Era una fuerza poderosa que contaba con carros de arqueros, infantería pesada y más de cien elefantes. Durante algunos días buscaron un vado practicable, pero Purushottama siempre llegaba antes y los bloqueaba desde la otra orilla. Un cierto día, finalmente pareció que Alejandro se había decidido por un punto concreto y que intentaría el cruce con oposición, una maniobra que había practicado muchas veces, aunque nunca en un río de esas dimensiones. La noche anterior a la batalla, los macedonios alimentaron grandes hogueras, y velaron las armas de la forma más ruidosa posible. El amanecer reveló la verdad a Purushottama. Las hogueras y el ruido habían sido parte de un engaño. Corriente arriba y en su propio lado del río, pudo ver las falanges formadas con la caballería de los Alegres Compañeros trotando en el flanco derecho.

Los alemanes desde luego no tenían elefantes en Francia pero sí las temidas divisiones Panzer, incluyendo algunas pertenecientes al Waffen SS y formadas por jóvenes veteranos adoctrinados para el martirio desde la infancia. Eran unidades con larga experiencia de combate en el frente ruso y si caían sobre las fuerzas de desembarco aliadas antes de que éstas contasen con suficiente tanques, las aplastarían. Los aliados estaban desarrollando un elaborado plan para atraer a los blindados alemanes al lugar equivocado y tener así tiempo de desplegar sus propias divisiones acorazadas antes de que éstos llegaran al punto de desembarco.

El papel de Krateros en el Jhelum lo desempeñaba el general Patton. Tenía a su mando el Primer Grupo de Ejércitos que amenazaba con cruzar en la zona de Calais, el punto más estrecho del Canal de la Mancha. Patton acababa de volver después de su suspensión y no encontraba ninguna gracia a la broma que le habían hecho. Su mando era un ejército imaginario de soldados inexistentes, tanques hinchables y camiones de madera sin ruedas. En vez de hogueras, se utilizaban emisiones radiofónicas. Una unidad de comunicaciones recorría incansablemente los desolados campamentos llenos de tiendas vacías, intercambiando mensajes con el estado mayor del Grupo utilizando un repertorio completo de indicativos.

Además de por sus propias fotos aéreas y por la goniometría, los alemanes estaban siendo intoxicados de una tercera forma. Todos los agentes que tenían en Inglaterra eran en realidad agentes dobles que trabajaban contra ellos. Su principal red -la Organización Arabal- estaba dirigida sobre el terreno por el agente Alarico con el código del Abwehr V-mann 319. De él dependían 27 confidentes que había ido reclutando laboriosamente. Estos incluían funcionarios, marinos, pilotos de líneas aéreas extranjeras, etc... Alarico disponía incluso de un sargento del ejército estadounidense y de un contacto en Buffalo (NY), en el territorio continental de los EEUU.

Alarico era Joan Pujol García -Garbo para el MI5- y ninguno de sus confidentes existía. Él y su controlador Tomas Harris habían creado una trama de personajes inventados a los que daban vida de la forma como hoy en día se hace en las series de televisión. El Abwehr retransmitía las aventuras de la pintoresca red a las más altas instancias alemanas que esperaban ávidos los nuevos episodios que enviaba Pujol tecleando morse con premura, como si lo hiciera clandestinamente. En 1944, tras varios años de práctica, la pareja Pujol-Harris alcanzó el cénit de su creatividad. Sus personajes dedicaron muchos esfuerzos a averiguar los planes aliados para la temporada de 1944 y recogieron múltiples indicios que apuntaban todos en la misma dirección: un gran peligro se cernía sobre el Muro Atlántico ya que George S. Patton, el más temible general americano, había sido puesto al mando de una fuerza colosal que muy pronto desembarcaría incontenible en las playas de Calais.

Bletchley Park monitorizaba las reacciones alemanas al engaño ayudando a enfatizar más aquellos detalles que resultaban verosímiles y desmintiendo o matizando lo que resultaba chocante para la audiencia. Tal como el foco del alto mando aliado se había desplazado desde Italia hasta el norte de Francia, los recursos de Bletchley Park dedicados al enlace Brema (Roma-Berlín) se habían reasignado al enlace Medusa (Paris-Berlín). La configuración de ruedas de Abril de Medusa resultó muy indigesta tanto para los métodos manuales como para los Dragones porque utilizaba las nuevas limitaciones de autoclave. Unos meses antes, habría sido imposible descifrar nada pero gracias a Colossus y a la estadística bayesiana de Turing, resultó poco menos que trivial. Los criptoanalistas tomaron un mensaje de la línea Brema que suponían había sido transmitido también por Medusa. Mitch y Good programaron el Colossus para que comparara el perfil estadístico de ese mensaje con cada uno de los transmitidos a través de Medusa. Así se obtuvo "el más probable" que se asumió era el correcto. Del texto plano y el cifrado se pudo deducir el pineado de las ruedas, abriendo Medusa para los quince días que duraba una configuración. La evidencia estadística obtenida de los mensajes de esos quince días hizo que no hubiera problemas con Medusa nunca más.

La rotura de Medusa, permitió monitorizar de forma muy exacta la posición y el estado de preparación de cada unidad. El alto estado mayor alemán quería informes completos muy frecuentes que hacían las delicias de los planificadores aliados del desembarco. Además de estos datos objetivos, se obtenía una radiografía de las expectativas y estado de ánimo de las fuerzas de ocupación que debían defender Francia.

Si -supuestamente- los aliados iban a invadir con Patton, Hitler decidió oponer su general más popular y temido. Así regresó de las sombras en que le había sumido la batalla de Medenine el general Erwin Rommel. El mando alemán en Francia estaba mal definido y tenía muchas superposiciones pero sobre el papel Rommel comandaba las tropas que estaban cerca de la costa, las que debían rechazar el asalto. Desde el primer momento le llamaron la atención las playas de Normandía y su similitud con las de Salerno, pero las pruebas en favor de Calais eran tan abrumadoras que tuvo que admitir que era solo una corazonada. A pesar de eso, nunca dejó de visitarlas y de ordenar a las guarniciones de esa zona que mejoraran los atrincheramientos.

El problema de Rommel era que el resto de generales no sabían lo que les esperaba y no creían lo que él les decía. Cuando insistía en estacionar tropas en Normandía, le contestaban que lo razonable era poner las divisiones Panzer en un punto del interior desde el que tuvieran acceso rápido tanto a la zona de Calais como a Normandía. La movilidad era la base de la doctrina militar alemana y daba una flexibilidad que permitía evitar el debate entre las dos zonas de desembarco. Lo razonable era crear una gran fuerza acorazada y estacionarla en Amiens-Abbeville desde donde podría contraatacar en las dos direcciones. Rommel se desgañitaba advirtiendo que en cuando comenzase el ataque nada podría moverse de día sin ser aniquilado. Su experiencia en África de las cortinas de artillería, los bombardeos de alfombra tácticos y el ataque aéreo de precisión no era compartida por los que habían servido en Rusia. Quizás debería haber nombrado como había tenido que ser retirado en camilla durante la batalla de Halam Halfa por la impresión que le causó el diluvio de fuego aliado. Rommel visualizaba la batalla como la resistencia de bolsas aisladas sometidas a un castigo brutal día y noche. Por ello quería situar sus fuerzas en las playas de desembarco, donde esa resistencia bastaría para vencer.

El debate entre los generales continuó toda la primavera sin que Rommel consiguiera imponer su criterio. Las divisiones Panzer se situaron más cerca de la costa que en la idea inicial pero tendrían un largo camino que recorrer cualquiera que fuera el punto de desembarco. Hitler ordenó que los tanques no se movieran sin su permiso, para evitar que los generales se asustaran por cualquier tontería y los llevaran al lugar equivocado. No soportaba la espera y eso le convertía en el único alemán que deseaba que se produjera el desembarco cuanto antes. Era una situación parecida a la de 1940 pero ahora era él quien estaba a merced de la iniciativa del adversario.

Toda la información procedente de Ultra apuntaba a que los alemanes se estaban creyendo el engaño, pero Menzies -el responsable del SIS- no estaba tranquilo. Como oficial de inteligencia estaba obligado a desconfiar y la fuente Ultra, a pesar de su éxito aparente, tenía algunas sombras sospechosas. Langer y el resto de miembros polacos de Cadix habían sido detenidos un año y medio atrás, y era difícil creer que ninguno de ellos hubiera hablado tras todo ese tiempo en manos de sus torturadores. Lo que en el caso de los polacos era pura especulación, en el caso de Lemoine era una evidencia. Llevaba un año y medio en el hotel Continental de París, la sede el tribunal de Excepción, pero estaba en el piso reservado a los prisioneros que colaboraban. Lo más probable era que hubiese contado todos sus secretos si es que no había cambiado de bando. Muchos de sus agentes habían sido detenidos o habían desaparecido. Algunos reportes decían que Hans Thilo-Smith había sido fusilado tras confesar todo. Su hermano -un exitoso general- había sido destituido súbitamente y no había rastro de él. El propio Bertrand había estado en manos de la Gestapo, siendo liberado en circunstancias muy extrañas. No podía descartarse que fuera un agente doble.

Menzies daba rienda suelta a su paranoia y pensaba que la única razón por la que los alemanes seguían utilizando Enigma era que querían intoxicar a los ingleses. Quizás las divisiones Panzer estaban ocultas en Normandía, esperando el desembarco mientras equipos de señales radiaban con sus indicativos desde localizaciones simuladas. Al fin y al cabo eso es lo que hacían los miembros del cuerpo de señales asignados al imaginario Primer Grupo de Ejércitos del general Patton.

Tras varios meses de esfuerzos para atraer a Bertrand a Inglaterra e interrogarlo, el 3 de Junio, un Lysander aterrizó con él y su mujer a bordo en un aeropuerto cerca de Cambridge. Estos pequeños aeroplanos realizaban gran cantidad de misiones de infiltración y exfiltración en la Francia ocupada. La obsesión de Churchill por crear en el Continente el tipo de resistencia que había ayudado a Wellington en la Península, no había dado grandes frutos operativos pero sí algunos éxitos parciales. Los vuelos de los Lysander permitían entrar y salir de la clandestinidad de manera sorprendentemente fácil. En el caso de Bertrand había costado varios meses exfiltrarlo, supuestamente porque la Gestapo lo buscaba con furia. A Menzies no le gustaba la coincidencia de que la exfiltración hubiera sido posible precisamente dos días antes del comienzo de la invasión. No se podía descartar que los alemanes lo enviaran a averiguar el lugar y la fecha del desembarco o, peor aún, a asegurarse de que los ingleses se habían creído la intoxicación.

Menzies había encargado a Paul Paillole, el responsable del contraespionaje del gobierno de Vichy que había montado la red secreta a la que había pertenecido Cadix, que averiguara la verdad. Los servicios secretos ingleses habían aceptado desde el principio tanto su sinceridad como la de Rivet y los habían evacuado tras la invasión de la llamada Zona Libre, en noviembre de 1942. En las turbulentas negociaciones para crear la estructura del proto-estado francés al que los aliados deberían entregar el territorio liberado, siempre habían apoyado a ambos contra el ataque de los gaullistas. Estos habían creado un gobierno en el exilio en Londres y se negaban a aceptar en él a quien no les gustaba. Rivet y Paillole fueron calumniados como Vichyistas, como monárquicos o incluso como filo-británicos. El SIS convenció al estado mayor de Eisenhower para que forzara a De Gaulle, y Koenig -el héroe de Bir Hakeim- también intercedió por ellos. Finalmente Paillole y Rivet fueron aceptados en el nuevo servicio secreto francés, aunque solo el primero tendría mando operativo. Los británicos quedaron encantados y a principios de mayo Paillole se convirtió en el oficial de enlace del proto-gobierno galo ante el alto mando aliado. Fue el único francés con acceso pleno a todos los secretos de desembarco y el primero en conocer la fecha y el lugar en que tendría lugar.

Es pues comprensible que Menzies confiara a Paillole el interrogatorio de Bertrand. No solo era una persona de la entera confianza de los británicos sino que además había sido compañero de Bertrand antes de la guerra y su superior en el departamento de "Trabajos Rurales". Él y Dunderdale se habían reunido con Paillole varias veces para darle vueltas a las paranoicas hipótesis que suscitaba la extraña falta de diligencia del Abwehr. El día antes de la llegada de Bertrand a territorio británico tuvieron una reunión final, solos en el despacho de Menzies. Éste habló a Paillole con voz tranquila y afable pero trasluciendo una gran agitación interior. Le dijo que tanto Bletchley Park como el MI 6 -las dos ramas del SIS- estaban reportando que los alemanes no sospechaban nada ni de Ultra ni de la intoxicación de Garbo. Él mismo no se cansaba de confirmarlo a todos los generales, políticos y miembros de servicios secreto que le preguntaban. Pero en realidad ambos sabían como profesionales de inteligencia que Ultra era la fuente de toda la certeza. Ultra se confirmaba a sí misma, y la seguridad de que los alemanes no conocían su vulnerabilidad procedía de que transmitían cosas que los ingleses creían ciertas. Y las creían ciertas porque pensaban que los alemanes no sabían nada de Bletchley Park. Por otro lado, el secreto que envolvía tanto el desembarco como la propia fuente impedía cualquier comprobación. Menzies creía que Bertrand era un valiente y "un gran francés" pero su historia era extraña y sospechosa. A Paillole correspondía ser el juez, y la conclusión a la que llegara sería la que prevalecería para el SIS y para el estado mayor aliado.

Tras el aterrizaje del Lysander, Gustave Bertrand y su esposa Mary, fueron llevados a Londres, a un edificio cercano al parque de Saint James, donde los recibió calurosamente Wilfred "Biffy" Dunderdale, responsable del SIS para el enlace con los servicios franceses y por ello el contacto de Bertrand desde siempre. No se veían en persona desde su accidentado encuentro en Lisboa pero habían estado intercambiado mensajes cifrados de manera continua. Dunderdale -llamado "Bill" por Bertrand- lo llevó a su alojamiento en el hotel Saint Ermins, en la calle Caxton. En la zona entre el parque St James y el Támesis tenían su sede la mayoría de servicios secretos británicos y desde los años 30, y el hotel era utilizado por el SIS para alojar agentes o personas de interés que debían ser mantenidas bajo vigilancia.

Una vez el matrimonio hubo deshecho los tres kilos de equipaje que como máximo se permitían en los Lysander, Dunderdale les ofreció un pequeño banquete en uno de los lujosos clubs al otro lado del parque. Allí acudió a saludarlos Menzies, con la probable intención de formarse una opinión sobre la lealtad de Bertrand. Por la tarde, Dunderdale sugirió que ella fuera a descansar al hotel porque su marido debía reportarse a Paul Paillole, su superior natural. Puesto que los franceses no reconocían la ocupación, las actividades de Bertrand en el Hexágono se consideraban contraespionaje.

La entrevista tuvo lugar en Alliance House, a pocos metros del hotel Saint Hermine. Dunderdale acompañó a Bertrand hasta la sala donde esperaba Paillole, se excusó y los dejó solos. Paillole estaba embargado por la ansiedad de tener que decidir qué cantidad de duda razonable le podía conceder a su camarada, con la vida de miles de soldados -y quizás el propio curso de la historia- en juego. Mientras se abrazaban y saludaban efusivamente, se fue tranquilizando. Bertrand exudaba felicidad y todo su ser resplandecía. Miraba a Paillole al fondo de los ojos, "como si quisiera verter su alma en la de él". Su impaciencia por explicarse se parecía infinitamente más al ansia de participar a un amigo de las cuitas personales acontecidas durante la separación, que al deseo de un agente doble de empezar deprisa para no perder la concentración necesaria para mentir.

Bertrand había traído de Francia un informe por escrito de sus actividades y se lo había entregado a Dunderdale por la mañana. La imprudencia de viajar clandestinamente con una confesión completa en el equipaje incrementó las sospechas inglesas sobre él. Quizás ese documento estaba escrito bajo inspiración alemana tal como los mensajes de Garbo eran producto de ideas emanadas del Comité XX del MI5. Paillole tenía sobre la mesa el informe pero le pidió a Bertrand que le contara sus aventuras de palabra, algo que éste hizo recreándose hasta en los detalles más nimios.

Primero comentaron la triste suerte de los polacos. Bertrand estaba algo molesto con Rivet -el responsable del Deuxieme Bureau- por no haberlos evacuado. Tanto Rivet como varios oficiales de alto rango, habían despegado en tres aviones desde el aeropuerto de Istres, muy cerca de Cadix, para huir de los alemanes. En esos aviones había muchas plazas libres pero los polacos, Bertrand y su mujer habían sido abandonados a su suerte. Tras separarse de ellos en las circunstancias explicadas en el capítulo correspondiente, Bertrand había seguido de lejos sus peripecias. Enterado de la captura de Langer por los alemanes, intentó ayudarle elaborando un plan de fuga en cuya preparación gastó una fortuna. El plan fracasó porque Langer y su compañero de cautiverio fueron deportados a Alemania antes de que se pudiera llevar a cabo.

Tras la invasión alemana de la Zona Libre, Bertrand se instaló con su mujer a las afueras de Cannes como parte de la red Kleber, formada por los oficiales del Deuxieme Bureau que habían pasado a la clandestinidad. La Costa Azul fue ocupada por Italia con lo que la presión era mucho menor que en las zonas de ocupación alemana. Bertrand viajó frecuentemente a París y Vichy, donde contaba con una red de agentes y confidentes. Su mujer cifraba los mensajes que eran enviados a Clermont-Ferrand, donde operaba la estación de radio clandestina de Kleber puesto que Bertrand había dejado su radio oculta en Cadix. Cuando los alemanes ocuparon Italia tras la caída de Mussolini, sustituyeron también a los italianos como ocupantes del sur de Francia y el ambiente en Cannes se espesó mucho. La red Kleber buscó un nuevo alojamiento para el matrimonio en Brioude, cerca de Clermont-Ferrand. Resultó un traslado muy oportuno porque el mismo día en que partieron se presentó la Gestapo en su domicilio a preguntar por ellos.

Bertrand estuvo unos meses inactivo, esperando que su pista se enfriara y recuperándose del desgaste que produce la exposición continua al peligro. Hacía casi cuatro años que vivía en la clandestinidad y las explosiones de adrenalina que sufría en los controles mientras sus papeles falsos eran examinados cuidadosamente, se sumaban a la fatiga causada por el permanente estado de alerta. Se había reído de Langer y su creencia en los signos del Más Allá, pero la tensión nerviosa a veces le impulsaba a él también hacia la superstición, aunque fuera disfrazada de misticismo católico.

A finales de 1943, decidió volver a la acción y prepararse para la fase final de la guerra. Por fin el imperio alemán se tambaleaba y era el momento de golpearlo con fuerza. Decidió que necesitaba volver a comunicarse directamente con Inglaterra, sin utilizar la estación de Clermont-Ferrand como intermediaria. Envió mensajes pidiendo un aparato de radio tanto a Rivet que estaba en Argel, como a Londres. Desde Argel no recibió respuesta pero en cambio Dunderdale -que desde hacía meses estaba intentando convencer a Bertrand para que saliera de Francia - contestó en pocos días a través del complicado canal indirecto. De forma inmediata se pondría a disposición de Bertrand un emisor del mismo modelo que el que se le había suministrado en Lisboa y que había dado un rendimiento tan bueno en Cadix. Le sería entregado en París y el SIS dejaba a su criterio la elección del lugar y la fecha de la entrega.

 

(C) Román Ceano. Todos los derechos reservados.

 

IX edición del concurso universitario de software libre

Barrapunto - 9 October 2014 - 9:21am
cusl nos cuenta: «Ya está abierto el plazo de inscripción para la IX edición del Concurso Universitario de Software Libre que comprende el curso académico 2014/15. Dicho plazo permanecerá abierto desde el día 1 hasta el 31 de Octubre de 2014. Pueden inscribirse estudiantes de bachillerato, ciclos de grado medio y superior; y universitarios (incluido grado, máster y doctorado) del ámbito estatal español. El objetivo principal del Concurso Universitario de Software Libre es fomentar la creación y contribuir a la consolidación de la comunidad del Software Libre en la Universidad.

Disponible nuevo núcleo Linux 3.17

Barrapunto - 6 October 2014 - 12:25pm
Un pobrecito hablador nos cuenta: «Se acaba de anunciar la disponibilidad del núcleo Linux 3.17.Entre las novedades a destacar cabe reseñar: mejoras en el driver libre para tarjetas gráficas AMD, que soporta GPUs Radeon R9 290, mejoras en el driver libre para tarjetas gráficas Nvidia, soporte para el hardware Intel Cherry Trail, soporte para los controles de la XBox One, ACPI 5.1, mejoras en el soporte de hardware ARM, nuevo hardware ARM soportado - Rockchip RK3288 SoC, Allwinner A23 SoC, Allwinner A31 Hummingbird, Tegra30 Apalis, Gumstix Pepper AM335x, AM437x TI - ,sincronización DMA-BUF entre dispositivos. Puede consultarse La lista con todos los cambios de la versión. También está disponible una lista con las novedades que se podrían incorporar en la versión 3.18

XIII Xornadas Libres

Barrapunto - 6 October 2014 - 8:18am
Pablo Castro nos cuenta: «Los próximos días 8, 9 y 10 de Octubre vuelven a Coruña las XIII Xornadas Libres del Grupo de Programadores y Usuarios de Linux (GPUL), más concretamente a la Facultad de Informática de la UDC. Apoyados por viejos alumnos de la facultad, socios de GPUL, empresas del sector y asociaciones comprometidas con el mundo libre, las Xornadas transcurrirán durante tres días centrándose en la difusión del hardware, software y la cultura libre en general. Se impartirán talleres de lo más variado, desde introducción a Arduino o control de versiones con Git, hasta edición en Wikipedia gracias a la colaboración de Wikimedia España, pasando por una iniciación al desarrollo de aplicaciones web con MongoDB y Python entre otros. Charlas sobre Javascript, Groovy On Grails, herramientas libres para mejorar la calidad del código, ownCloud o KDE redondearán el evento. Todo en un ambiente universitario, enfocado a estudiantes y profesionales del sector con actividades desde niveles introductorios hasta avanzados. La inscripción es totalmente gratuita, tanto para charlas como para talleres y ya está abierta. El aforo es limitado por lo que se dará preferencia a las personas inscritas. Dicha inscripción se puede realizar a través de la web oficial del evento.»

Protección y localización remota de equipos

Barrapunto - 6 October 2014 - 8:11am
Un pobrecito hablador nos cuenta: «Busco software para desplegar en portátiles, tablets y teléfonos móviles que ofrezca funcionalidades similares a Prey, Cerberus o software similar, que ofrezca localización del dispositivo, bloqueo y/o borrado, encriptación remota, etc. Un requisito imprescindible es que el software de la parte servidora del servicio se pueda adquirir e instalar en máquinas bajo el control 100% de técnicos de mi organización.¿Alguien conoce algo como lo que busco? De momento, mis búsquedas en google han sido infructuosas.Gracias a todos!» ¿Alguna alternativa para este tipo de tareas que sea software libre?

Taiga: Gestor de proyectos agiles

Barrapunto - 2 October 2014 - 3:40pm
pobrecito hablador nos cuenta: «Se ha publicado Taiga, un gestor de proyectos ágiles libre. Está desarrollado por la empresa española Kaleidos, que da la opción de utilizarlo como servicio en su propia infraestructura o descargarse el código fuente de su repositorio en github y desplegarlo en servidores propios. Está construido usando Python, Django, Postgresql para el backend y Angular-JS para el frontend. La licencia con la cual se ha publicado es la Affero GPL

Marinaleda acogerá del 10 al 12 de octubre la reunión anual del Hackmeet

Barrapunto - 1 October 2014 - 1:26pm
pobrecito hablador nos cuenta: «Marinaleda acogerá la edición de 2014 del Hackmeeting, una reunión anual de hackers y activistas sociales que se celebra desde el año 2000. El encuentro tendrá lugar en el pueblo sevillano el fin de semana del 10 al 12 de octubre. El local del sindicato será la sede central del encuentro en el que habrá charlas, talleres, presentaciones de libros o demostraciones en torno a las tecnologías libres y su uso social

Firechat: luchando contra la censura en Hong Kong

Barrapunto - 1 October 2014 - 10:00am
Un pobrecito hablador nos cuenta: «Mientras el gobierno chino establece un férreo control sobre Internet y los medios locales, una aplicación permite chatear sin conexión a Internet, algo que los manifestantes están usando para propagar su mensaje pro-democracia. Se trata de Firechat, aplicación de mensajería por proximidad que hace uso de la tecnología Mesh de Open Garden. Así cualquier móvil android o iOS puede usar a otros como pasarela para extender la red de mensajería incluso cuando no tiene conectividad o cuando solo alguno de ellos dispone de Internet. http://www.ubuntizando.com/2014/09/29/mensajeria-a nonima-descentralizada-y-sin-internet-con-firechat / http://www.theguardian.com/world/2014/sep/29/firec hat-messaging-app-powering-hong-kong-protests»

Microsoft Asimov: Telemetría remota para Windows 9

Barrapunto - 30 September 2014 - 3:22pm
(vía Slashdot) Parece ser que Microsoft quiere monitorizar el uso que los usuarios hacen del sistema en Windows 9. El conjunto de herramientas que permite la recolección de esta información en tiempo real recibe el nombre de Asimov. Será interesante ver que cuentan sobre el tema en la presentación que tendrá lugar hoy de Windows, en especial por las implicaciones para la privacidad de los usuarios que tiene este conjunto de herramientas, por mucho que se diga que los datos son convenientemente tratados para que no pueda conocerse el usuario que los crea. Curiosamente, estas herramientas fueron desarrolladas por el equipo de Xbox, con lo cual, Microsoft ha estado recogiendo datos de uso de las consolas durante bastante tiempo

Según Google: 'OAuth2.0 bueno, IMAP caca!'

Barrapunto - 29 September 2014 - 5:37pm
Desde el pasado 15 de Julio de 2014, Google considera que los accesos a Gmail a través de los protocolos IMAP o SMTP son potencialmente inseguros, aunque se hagan sobre SSL, y que la "forma correcta (TM)" de autenticarse es utilizar el protocolo OAuth 2.0. Por ello, los usuarios que utilicen clientes de correo de escritorio (como Outlook, Thunderbird, mutt, fetchmail...) o clientes móviles no desarrollados por Google recibirán un mensaje de error.

2ª edición de cursos online de hardware libre: Arduino avanzado y Raspbe

Barrapunto - 25 September 2014 - 11:30pm
javacasm nos cuenta: «Del 17 de Octubre al 21 de Diciembre tendremos la 2 edición del curso de Arduino avanzado, en modalidad online, organizado por la OSL y el CEVUG de la Universidad de Granada, son 120 horas en las que aprenderemos desde programación avanzada hasta cómo ampliar nuestro querido Arduino. También del 27 de Octubre al 16 de Enero tendremos la 2 edición del curso online sobre Raspberry Pi Básico, organizado también por la OSL y el CEVUG. Serán 50 horas en las que aprenderemos desde cómo instalar el sistema operativo de una Raspberry hasta cómo añadirle componentes externos y montajes electrónicos, pasando por cómo programarla. Hablaremos también de distribuciones especializadas como Coder.»

Vulnerabilidad explotable remotamente en bash

Barrapunto - 24 September 2014 - 10:25pm
Por raro que parezca hay una vulnerabilidad en bash que puede ser explotada remotamente en ciertos escenarios (CVE-2014-6271). Más información en el blog de seguridad de Red Hat y en el anuncio de seguridad de Debian. Ambas distribuciones disponen ya de actualización. Más comentarios en Slashdot o en Hacker News.

Volver a adquirir fundamentos programación orientada a objetos

Barrapunto - 24 September 2014 - 10:07pm
Un pobrecito hablador nos cuenta: Llega septiembre y cambias de proyecto. Durante los últimos años has estado apagando fuegos, así que no hay tiempo de diseño y para "ahorrar tiempo" te saltas todas las buenas prácticas porque tu jefe está más contento incluso si al día siguiente tienes que hacer otra ñapa. En el nuevo proyecto todo es más normal, pero tienes malas prácticas y óxido encima y lo que necesitas es repasar cómo hacer buenos diseños, y repasar todos los conceptos de la programación orientada a objetos: herencia, polimorfismo, la ley estricta de demeter y todas esas cosas. ¿Algún buen libro o recurso? El consejo de cambiar de empresa para no hacer ñapas y trabajar más a gusto ya lo conozco

Emmabuntus revive a esos Pcs que estan listos para ir a su destruccion

Barrapunto - 24 September 2014 - 10:05pm
Patrick_Emmabuntus nos cuenta: «En estos momentos en los que la cuestión del reciclaje de los desechos electrónicos está tomando una importancia capital, hay una asociación que colabora con Emmaüs que ya ha abordado el problema. Luego de constatar que el reciclaje de los viejos equipos informáticos estaba muy lejos de ser satisfactorio, y que a pesar de que algunas personas todavía no tienen acceso a la era digital, definitivamente había que hacer algo. Y, es de esta observación que nació el Colectivo Emmabuntüs, una contracción de Emmaüs y Ubuntu (GNU/Linux), que ofrece no sólo un SO o sistema operativo libre y funcional, sino también la máquina que va con el, y todo ello por un precio más que accesible. Ver artículo completo.»

Robots piloto y robots conductores, ¿qué preferís?

Barrapunto - 23 September 2014 - 12:42pm
pobrecito hablador nos cuenta: «Leo en Microsiervos un artículo sobre un robot capaz de "pilotar" correctamente un simulador de avión y me vienen a la cabeza las noticias que se publican últimamente sobre los coches autónomos. Opino que técnicamente sería mucho más fácil hacer un avión autónomo que un coche, pues es el coche debe lidiar con muchísimas más variables que un avión (peatones, animales, objetos y vehículos que se cruzan, estado de la carretera y de la señales, estado de la circulación, rutas más favorables...). Pero también me inclino a pensar que preferiríamos antes ser pasajeros de un coche autónomo a un avión autónomo, no sé porqué. ¿Qué opináis vosotros? ¿Qué veis más cercano? ¿Conocéis de experimentos con aviones autónomos?»