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Juego de Cuentos Encadenados - 2a parte
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dafd
Cacique
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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2138
MensajePublicado: Vie Nov 27, 2009 11:27 am    Asunto: Responder citando

Dicen que los adverbios matizan a los adjetivos pero eso no es más que un concepto, una elucubración de la ciencia gramática. La sensibilidad actúa de otro modo.
En la práctica, nada mediatiza la fuerza con que el calificativo expresa una propiedad. Cuando irrumpe el adjetivo, no hay velo adverbial que proteja del deslumbramiento. Parece como si los matices desaparecieran, de puro ofuscados, contra esa llama refulgente del atributo.
Yo soy mesa, una de esas que hace algo más que cumplir en fiestas y reuniones familiares. Soporte de pitanzas, nacimientos y repartos, no obstante tal protagonismo, el resto del tiempo me toman por aparcamiento de cosas.
Ahí me encuentro yo, apetitoso tema de conversación. La cosa no falla. Y es que, a pesar de mi tamaño considerable, recibo todo tipo de traqueteo. Que si grande, chica, gorda, endeble, firme, adecuada, ¡absurda!, y así.
En principio hacen por moderar las observaciones con adverbios. Pero todo ese esfuerzo es vano. Al calificativo, una vez pronunciado, aunque vaya agobiado bajo una carretada de modificadores, se le escucha aislado. De tal manera es así, que los oyentes, que lo cogen del aire, le alivian esa carga de matices bien pronto y toman el adjetivo desplumándolo de toda la adverbiada, escoriándola con bisturí. Entonces, en un cortocircuito dialéctico, se escucha la opuesta contestación, pero alumbrada con menos adobo, más desnuda de gradaciones.
Al final, no sabría cómo soy si atendiera a todas las voces contradictorias. Por eso he decidido no olvidar los matices. Ellos no son prescindibles pues tienden puentes entre significados antitéticos.

MATICES

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Registrado: Oct 30, 2007
Mensajes: 256
Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Lun Nov 30, 2009 5:33 pm    Asunto: Responder citando

Solo fue un sueño. Si duró poco o mucho con lo abstracto de su forma me es difícil saberlo. Aún hoy recuerdo otros muchos sueños. Algunos confieso que fueron forzados consciente de hacer trampa en un leve fantaseo. Otros en cambio, llegaron sin buscarlos mezclados con recuerdos, y es por ello, que aún hoy me cuesta comprenderlos. Pero sin duda de entre todos, del primero al último de ellos, este que menciono y comparto ahora fue el más hermoso y el más bello. Era de día. Pero no cualquier día, claro. Tan claro que el cielo permaneció despejado. Y aún así hasta donde yo veía, la nieve cubría los tejados. Nieve blanca. Ignorante de la gama de colores que la rodeaba: Tejas rojas; hierba verde; un Sol naranja y fuerte, tan hermoso agresivo y resistente, que competía con el que una vez soñó Van Gogh en su noche estrellada, en lo alto, al oriente; mirlos negros; rosas azules; e incluso una incolora agua naciendo en mi sueño a partir de una fuente, que iba amoldándose, a la vez que bañando, a cada tono a su paso hasta convertirse en torrente. El torrente se hacía arrollo, y sobre este flotaba imponente, un barco de vela antiguo, hispano, y amarrado… no a puerto, sino a un cordel dorado que atravesaba el cuadro hasta llegar a mi mano haciéndolo parecer una mascota obediente. El mar al fondo azul marino. Abrí la mano, solté el cordel, y el barco partió decidido a la caza de aquel sol que la primera vez al verlo, tanto me había sorprendido, y que ahora, se bañaba en el mar dejando matices en el cielo tan espectaculares, que aún hoy intento imitar y no doy con la forma. No lo consigo. Pero cierro los ojos y ahí están. No los olvido.

HISPANO

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dafd
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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2138
MensajePublicado: Mar Dic 01, 2009 8:35 pm    Asunto: Responder citando

Veloz, sí. Veloz y espontáneo. Así era el tío. Al volante del T15, no dudaba en exprimir toda su potencia al máximo por aquellas carreteras o, más bien, caminos. Rompió muchas veces la mecánica por causa de cantos o baches y, por supuesto, accidentes. Demasiados riesgos. Al final sucedió lo que temíamos. Se salió de la vía y aquel ligero Hispano Suiza voló, pero no al modo del cisne, sino como una piedra. De aquella, el hombre no se salvó.
Nadie puede negar que tiene manías. Él, desde luego, tampoco. A veces un simple corcho de botella, otras, el olor a pólvora o la anecdótica caída de un viejo en el hielo catalizan los recuerdos, pero es peor. Gracias a ellos perviven nuestros muertos, y eso es motivo de dicha. Con ellos resucitan también las vilezas o las miserias con que los disgustamos, lo que no lo es.
Somos personajes de nosotros mismos pero no creamos el guión, pues no es posible reescribirlo. Una película que nos tortura y emociona, una sesión continua a la que renunciar está más allá de nuestra voluntad. Eso es el pasado.
Por eso tengo cierto malestar cuando me acuerdo de mi tío. No dejo de olvidar que fui yo quien manipuló la dirección del auto el día en que se mató.
He de reconocer que me dura poco el escrúpulo, bañándome en el balneario de su palacio. El cual heredé, junto con el resto de su fortuna.


FORTUNA



Ultima edición por dafd el Lun Ene 11, 2010 6:03 pm, editado 1 vez
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Registrado: Oct 30, 2007
Mensajes: 256
Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Jue Dic 03, 2009 12:57 am    Asunto: Responder citando

Sonido de tango como banda sonora. Acordeón y maestro fundidos en uno. La voz desgarrada acompaña con las mismas ganas, con la misma pasión, amor, sentimiento y alma, que lo viene haciendo cada mañana desde hace tanto como tiempo hace que se le exige al tango. Ese callejero y grato que te para los pies y te despierta algo. Paradoja la de la estatua que se mantiene quieta, aun estando inquieta, a la espera de esa misma moneda que no todos llevan. El mendigo sucio. El de la botella. El carterista pillo, que sabe limpiar sin tener cepillo. El de los zapatos, que te sientas, te atiende, y te cuenta algo. El de lo barato, que ni sabes ni quieres de dónde lo ha sacado. El de la mirada perdida, que ni pide, ni quiere, ni sabe, ni tiene. Taxis en negro y amarillo, con chóferes que se apean y hablan de nada o de fútbol fumando un pitillo. La Rambla abre una nueva mañana, careciendo de puertas, a los turistas. Cada uno en su puesto, buscando a su modo, un pedazo de esa, su pequeña fortuna. E intentando al tiempo no ser molestos para todos esos, los otros, que forman un todo al que llaman el resto.

BOTELLA

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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2138
MensajePublicado: Jue Dic 03, 2009 6:35 pm    Asunto: Responder citando

"Dime tú, hermano, que habitas lejos, más allá del rincón que abarco. ¿Qué somos los seres vivos como tú o como yo para este inmenso cosmos? ¿Una insignificante masa, que aparece por generación? Nuestra alma, nuestros estudios, nuestros esfuerzos, ¿no conmueven ni en la más leve medida los movimientos de los astros? ¿Es que no tenemos más que nuestra materia para influir? De algo ha de valer la fuerza del pensamiento entero de una civilización en su auge.
¿La trayectoria de nuestras vidas carece de repercusiones en el eterno movimiento de las esferas? Revélamelo con tu sabiduría de futuro. Descúbreme algo que me guste ¿Cuánto pesa una vida?, ¿cuánto pesa mi tiempo, tu tiempo? ¿Nada? No puede ser, me niego".

El astronauta arrojó, con su propio brazo hacia las estrellas, la pequeña baliza. En su interior alojó la nota que llevaba esas palabras. Observó cómo aquella pequeña botella de náufrago se alejaba de él. Cuando hubo tomado cierta altura, entró en funcionamiento el microcohete, lo que la propulsó a mayor velocidad. Tal vez lograra alejarse, no se molestó en efectuar los cálculos. Luego, el hombre giró media vuelta y se sentó a mirar. el módulo de escape era un pecio inservible, incapaz para comunicar o para sacarle de aquel asteroide minúsculo. Y el oxígeno de su traje no tardaría en agotarse, pero no importaba.
Ante él, una luna de roca eclipsaba la mole ardiente de aquella estrella extrasolar. Dentro de un par de horas saldría del cono de sombra y se acabaría todo.


COSMOS



Ultima edición por dafd el Vie Dic 04, 2009 12:44 pm, editado 1 vez
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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Vie Dic 04, 2009 11:40 am    Asunto: Responder citando

Una pregunta nace, aparece y parece que se hubiese creado a sí misma a partir de la nada. ¡El universo mismo! Reducido a una frase espontánea de antimateria, que ahora es materia, y que se encuentra formada por palabras, simples y llanas. Y aunque se cree y se ve sola, es porque no sabe que con ella también ha nacido una respuesta que a partir de ahora, en alguna parte esperará paciente a ser pronunciada por la persona idónea, por la adecuada. El Arturo preciso para esa espada. Y es que toda moneda que muestra una, tiene oculta, inseparable, su segunda cara. Incluso lo bueno y lo malo se encuentran por igual equilibrados. El Yin y el Yan bambolean en este Cosmos a uno y otro lado como dos niños traviesos en un balancín jugando. ¿Qué sería eso de “lo bueno” si no existiese lo malo? ¿Cómo valoro que estoy bien ahora si antes mal no lo he pasado? Es cierto que lo duro te hace más fuerte, y tanto. También que el consentido apenas siquiera crece, en su torre, aislado. Que sabe más el que sabe que hay mucho que aún no sabe, con los pies en la tierra desconociendo, ignorante, que el erudito que cree que no todo el mundo, sí, todo el mundo, tiene algo que poder enseñarle. ¡Ay de los que van de sobrados! ¡Ojo si eres hoy de los muy afortunados, y en el balancín consigues verlo todo desde lo alto! Y si las cosas a día de hoy no han cuajado, no desesperes. La vida nos pone a prueba, y solo aprueban, los pacientes, los aplicados. ¿Es así cómo quieres recordarte mañana en esa película que formará tu pasado? ¿Les dirás a tus nietos que te andabas quejando? No hay mal que mil años dure, ni preso que no ría, aunque solo sea un día, en su celda y en su cárcel. Las cosas son, ni más ni menos. Nosotros las magnificamos o las desmerecemos. En el comercio nada vale más de lo que se paga por ello, y extrapolado a la vida, deberíamos entendernos más para desembolsar menos.

El joven alumno de primero de economía atendía, y pensaba que a aquel profesor canoso y de brazo esmirriado con tiza en la mano, no debía quedarle ya mucho para el retiro deseado. Vista su respuesta a una pregunta de cálculo.

LLANAS

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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2138
MensajePublicado: Dom Dic 06, 2009 2:29 am    Asunto: Responder citando

-Vamos, deprisa.
Los dos homicidas abandonaron el cuerpo de la mujer en el suelo, sobre un charco de sangre. No dudaron sobre el camino que seguir. Buscaron acogerse a la hospitalidad de Pedro Sarmiento, Conde de Salinas, quien los recibió con los brazos abiertos.
Por la mañana, un merino de la villa de Miranda fue a prender a los asesinos, pero lo que se encontró fue a toda la casa del señor de Sarmiento en pie de guerra. Y aun recibió humillaciones por hacer cumplir la ley. Por ello desistió de intentarlo.
La gente de Miranda mandó petición a la ciudad de Burgos para que frenara el atropello a que el Conde de Salinas la tenía sometida. En el recado, los indignados vecinos daban toda clase de queja. Los poderosos protestaban de la inutilidad de sus esfuerzos por ocupar oficios municipales: "Pedro hace dar a sus criados las justicias y gobernaciones de la villa, y si alguna persona cabal ocupa el puesto, el de Salinas procura de toda manera imaginable echarle a perder". Los humildes clamaban por que se les maltrataba a golpes y humillaciones, o se les robaba a impuestos lo poco que sacaban por su trabajo.
-Los asesinos ejercen de merinos y alcaldes, los ladrones de pesquisidores. Los oficiales, todos, son una partida de malvados que pretenden su satisfacción y crueldad. No habrá paz hasta que no se eche a ese malhechor de Pedro Sarmiento- añadió el procurador mirandés de propia cosecha. Pero no se quedó ahí, pues muchas cosas dependían de su persistencia: -¿Qué nos queda por hacer? ¿Inclinarnos ante la arbitrariedad? ¿Es eso lo que la ciudad de Burgos determina?
»Ahora mismo su criado Bolandia se ha encerrado en la Torre de la Iglesia de Santa María de Miranda. Y si nadie le tuerce el camino, acabará despojando a Burgos del señorío mirandés.
Las palabras del heraldo resonaron, entre ecos de piedra, en los oídos del concejo que lo escuchaba. No se había considerado, para la ocasión, la intimidad de una sala de juntas, sino que se abrió sesión a cielo abierto, en las Llanas, para que todos oyeran. El regimiento en pleno, alarmado por las noticias, se veía obligado a tomar una resolución contundente. Pero una cosa era hacer frente a un conde más o menos poderoso y otra muy distinta enfrentarse a un alto cargo de la corte como lo era este Sarmiento. Por ello dirigieron su ruego al propio rey. Y éste encomendó la misión a su corregidor.
Organizada la milicia, salieron con toda presteza hacia la villa mirandesa. Pusieron cerco a la iglesia, que los revoltosos habían convertido en su fortaleza particular desde la que ofender a la población, y se entabló lucha para tomarla. La balanza de la victoria fue favorable a los de Burgos. Una vez ganada la plaza se ordenó su derribo y la detención de los rebeldes. El jefe de estos protestó por la violencia que se les hacía.
-Yo, don Lope Sánchez de Bolandia, criado del ilustre Conde de Salinas, reclamamos trato acorde a nuestra condición.
-Tú, tú y tú, y otros cuantos, ahora mismo, -el implacable corregidor, líder de los vencedores, ignorando al de Bolandia, señaló con el dedo a los reos de muerte, escogidos de entre los vencidos, y luego volvióse a los burgaleses para dar la orden-, colgadlos del pescuezo. Y después, a la picota con ellos.
Lope, incrédulo por la actitud sorda del jefe de la hueste burgalesa, estalló indignado por la afrenta: -¿Estás loco? a ti sí que te colgarán del cuello como te atrevas a tocarnos un pelo. -Saliéndose de la disciplina, avanzó dando voces: -mi señor es alto funcionario real. Cuentas con que yo mismo te daré a mis perros por aperitivo.
Alli no se movia una mosca.
-Eso que dices ya no vale nada. -le contestó el adalid de los de Burgos que, haciendo desplante al otro, se agachó y tomó una china del suelo- Tu señor ya ha perdido la confianza de nuestro rey Juan. Tu Pedro Sarmiento no es dueño ni siquiera de esta pequeña piedra que sostengo. -Entonces se incorporó nuevamente, envarándose a todo lo largo que era, y continuó de esta forma: -Ponce es mi nombre, y Su Majestad me nombró corregidor. -Elevó la vista, en silencio, hacia todos los reunidos, vencidos y victoriosos, villanos y gentes del alfoz. Luego, alzando la voz prosiguió-. Y te digo que tú y tu señor destruís el reino con vuestras rapiñas y prendimientos, otrosí de otros delitos muy graves, que no viene al caso pronunciar, contra nuestro muy noble monarca. Ya estamos hartos. ¡Vosotros!, coged de una vez a esos, y a la horca con ellos.
La ejecución se cumplió, y fueron colgados para servir de ejemplo contra la impunidad de que gozaron en sus tropelías.
-Qué bueno es este hombre que nos manda el rey. Se ve que nuestro señor, don Juan, vela por nosotros y, por fin, va a librarnos de esa sanguijuela del Conde de Salinas.- le comentó, ilusionado, uno de la milicia a un alcalde de Burgos, a cuya altura se había puesto, en el viaje de vuelta de la mesnada municipal a la capital del Arlanzón.
-No digas bobadas. Todos ellos son iguales. Tanto me da el corregidor como el Sarmiento y los suyos. -El joven lo miró sorprendido, pero el alcalde, sin hacer caso de la incredulidad del chico, añadió aún-, ¿Y el rey? Nos ha abandonado a los pies de esta gentuza que hace y deshace a su antojo, sin ley ni fuero. Y te digo una cosa -volvió la mirada al muchacho-, por que ahora el de Salinas anda en tratos con la testa que lleva la corona navarra, de lo que nuestro Juan recibe harto perjuicio. Que si no, el monarca castellano nos dejaría en la estacada. Todos estos grandes señores lo único que quieren es mandar ejércitos para asustarnos, para plegarnos a ellos, y así seguir haciendo de su albedrío nuestra norma. Yo estaría feliz sólo si nos libráramos de todos estos nobles, que se entremeten, sin venir a cuento, para chupar de nuestro esfuerzo. Pero ese sueño no se lo creerían ni en los viejos tiempos de hermandades.

>>>SPOILER<<<

AFRENTA

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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Dom Dic 06, 2009 3:09 pm    Asunto: Responder citando

A mitad de la disputa sintió un pinchazo. ¿Y si se había equivocado al retarlo? Un lujo demasiado caro a demás de innecesario, pues ya era tarde para enmendarlo. Los mandobles de sus espadas seguían sonando en lo alto. Chirriando el metal y bañando el sudor sus frentes bajo el sol abrazador de aquel día de verano. Nunca antes vio nada igual. Desde luego si estaba cansado sabía disimularlo. Acertaba cada acometida, sus ofensivas eran en balde, y sus viles jugadas de viejo guerrero, esta vez de nada servían. ¿De dónde habría salido aquel muchacho? Después de tanto tiempo esperándolo, aquel rival a su altura había llegado como el verdadero amor, justo cuando menos lo andaba buscando. No era mal momento, solo inesperado. Un mandoble más y nada. El muy condenado se movía con descaro. Era ágil, había saltado hacia atrás para subirse a una roca y con la posición ganada, como un torero tras la última estocada, lo había desarmado. Con menudo molino había topado.
Fue entonces cuando sus brazos cayeron hacia atrás de repente doblando inesperadamente su peso. Su adrenalina había sido la primera en abandonarle visto el desenlace de los acontecimientos. El cansancio acumulado que hasta ese momento no había notado, se hizo fuerte entonces para apoderarse de él a partir de sus hombros, y hasta dejarse sentir, uno a uno, en cada dedo de sus frías manos. Parecía querer, desear, estar planeando, arrancarle a la fuerza ambos brazos. Su barbilla se rindió hacia arriba, se elevó para ofrecer a su rival su cuello. La única parte de su magullado cuerpo a la que no cubría ni su armadura ni la vergüenza.
-Aparta ese cuello desnudo de mi vista. No será tan rápido, ni tan sencillo. Te dolerá, sí, pero primero te he de herir por dentro. Llorarás, amigo mío. Esa será mi victoria. Después ya veré… ya se me ocurrirá, que hago con esa vida que tanto te agobia.
A partir de ahí, el peso de un cuerpo que ya se sabía muerto, tuvo que compartir pesar con un miedo a la afrenta que decidiera imponerle.
Y en el irremediable silencio que siguió a sus palabras, un eco en su mente no dejaba de palpitar cada vez con más fuerza, con más rabia: <<Tú lo provocaste. Y los jóvenes de hoy son incluso más crueles que los guerreros de antes>>.

MOLINO

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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2138
MensajePublicado: Mie Dic 09, 2009 1:26 am    Asunto: Responder citando

-¿Tú crees que nos ve?
-No digas bobadas. Nadie puede.
-Pero nos mira, y lo hace muy derecho. Va a descubrir el disfraz
El hombre aquel se giró, subió al caballo y se alejó al paso. De vez en cuando volvía sus ojos, levantando la sospecha de reconocimiento en el más melindroso de los dos gigantes.
-Tú eleva los brazos, que él te crea molino.
-Tengo para mí, que a ese maldito manco no lo engañamos.
-Bueno, y qué. Si sabe algo, ¿qué dirá? ¿Que gigantes ve, donde el resto molinos halla? Cerrará el pico, si no quiere pasar por loco.
-Cuando el no vernos sí que es de loco o ciego. El que menos ve, más respeto inspira.
-Ellos lo prefieren así. Alaban la locura y viven locos. Y el cuerdo, por que lo es, entra en el negocio o recibe garrote.

LOCURA

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Mensajes: 256
Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Mar Dic 15, 2009 1:25 am    Asunto: Responder citando

Una sola senda, un único camino, que todos recto seguían convencidos, de que ese era y solo ese, el mejor recorrido . Pero él era distinto, diferente y atrevido. Un buen día decidido, optó por coger un desvío. Creyó encontrar un atajo. Se giró una última vez y gritó al cielo, al mundo, ¡al carajo! Ya aburrido, reivindicó un derecho que sabía suyo, el de reinventar su vida y a partir de entonces, solo él tirar de las riendas del que era e iba a ser, su futuro y su destino.
-Pobre chico perturbado -oyó desde entonces decir a todo aquel que pasaba por su lado.
-Se salió del camino, y mirad como le ha ido. Vaya pintas, vaya harapos. Da más pena que otra cosa y aún así… ¿nos ha sonreído?
-¿Qué os hace pensar que debo daros pena? –se atrevió a contestar con la mirada tranquila, sabedor de tener la barriga llena-. ¿Son mis ropas solamente las que tanto os atormentan? ¿Sabéis a caso que ese tiempo que todos buscan y no encuentran, yo ya lo he hallado? ¿Que ese atardecer soñado, ya lo he contemplado? Y no una única vez… ¿Habéis descubierto ya que el que tiene dos siempre quiere tres?
-¿Me estáis diciendo que compartiríais conmigo una de esas dos monedas que tenéis enfrente?
-Si de verdad la necesitáis podéis cogerla. No hay nada que pueda comprar con ella, que me satisfaga más que saber que os he ayudado en vuestra pesadumbre, de haberla.
El burgués de turno se agachó, sin apenas sopesarlo, e incluso se permitió elegir cuál de los dos doblones estaba menos gastado, lo tomó para sí, lo ojeó, y lo hizo bailar en el aire tras golpearlo con su pulgar antes de volver a atraparlo y guardarlo.
-Vámonos de aquí, ya hemos perdido demasiado tiempo. Dejémosle con su locura –le indicó a su compañero, mientras hacía una pequeña reverencia al muchacho agarrando con su mano el ala de su sombrero.
Su binomio matutino, no pudo sino sorprenderse al ver que el muchacho una vez más, les había sonreído. ¿Sería en serio, de verdad, que el mundo que tan poco le gustaba lucía distinto desde fuera del camino?

SOMBRERO



Ultima edición por imothep el Vie Dic 25, 2009 5:37 pm, editado 1 vez
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MensajePublicado: Jue Dic 17, 2009 11:43 pm    Asunto: Responder citando

-Yo creí que era suyo -dijo el hombre mayor tras haber hecho amago de recogerlo del húmedo suelo. Intención que corrigió antes de iniciarla por que se le adelantó el muchacho de vistoso atuendo. Muy adornado de escudos, de lo que se le infería mucha alcurnia.
-Y suyo es. -El joven contestó jugando con el sombrero recién salvado del barro.
-¿Pues y a qué esperamos para que yo lo recupere? -preguntó el más viejo.
El otro se encogió de hombros y continuó con sus malabares sombreriles.
-¿Me está tomando el pelo? -se impacientó el destocado.
E idéntica respuesta en gestos obtuvo.
-Caballero no sois -concluyó finalmente el mayor, abandonando, impotente, el campo.
-Eso... lo diréis por vos.
Inmediatamente se hizo el silencio. El joven había proferido claramente una provocación.
-¿Y qué haréis para demostrarlo? ¿Os batiréis conmigo, que doblo los... veintipocos años vuestros?
-Yo sólo entiendo un lenguaje, señor. En él me educaron y con él hago mi provecho.
-Querrás decir que le sacas provecho. Un verdadero caballero no recurre a argucias.
-Exacta descripción de lo que está haciendo. Un verdadero caballero no retrasa las decisiones que afectan a su honor.
La gente cuchicheaba sobre la palidez del hombre mayor y señalaba la apostura del más joven. Del mutismo con que acogió, en principio, la cháchara del segundo había pasado a admirar su indumentaria, sus movimientos vistosos, sus miradas de complicidad hacia el público. El dueño del sombrero, en cambio, iba de negro, sin adorno. Largo y soso de piernas, los brazos no le acompañaban expresivamente como hacían los de su oponente.
-Y bien, ¿qué decís? -el descarado joven pellizcaba el cubrecabezas de la discordia, como si lo espulgara por prevención.
-Que os quedéis con mi sombrero -gruñó el mayor con los ojos fuera de sitio de puro rencor e impotencia.
-Pensadlo bien. Si afirmáis que es vuestro, me estaréis concediendo también vuestra honra.
El hombre mayor sólo había salido a dar un paseo vespertino. Y un mal golpe de aire le arrebató de su cabeza el gorro. Ahora el contratiempo se le estaba complicando peligrosamente.
-¿Mi honra? Desde luego, caballero. Como gustéis. Yo os la regalo toda, o al menos la que halléis en mí. Soy pobre, ladrón y, encima, cornudo reconocido; y de muchos padres, a ver si me entiende. Así que vayámonos cada mochuelo a su olivo. Usted con su honra doblada, o mermada, por la mía, que no sé yo y, en cuanto a mí, pues sin más ni menos que antes de este comercio.
Muchachito. ¿Ya te vas? -el de traje negro paró al joven pendenciero que, satisfecho, se marchaba todo hinchado. -Este discurso, entiéndeme, lo largué por no manchar la tarde de sangre corchete. Algo sospeché, el oficio, verás. Pero tú de la Santa Hermandad estás tan lejos como servidor, y hoy me ha dado por enseñarte. Por que sí, ya ves. Nadie te lo dijo antes, ahora lo haré yo: donde las dan, las toman. -El individuo, a pesar de las trazas que llevaba, se movió hacia el joven como un rayo. Algo brilló en su mano antes de que se estrellara contra el pecho del chico, quien cayó muerto.
-Creías que te saldría de balde. Aquí te quedas, con tu honor y con el mío. Yo me llevaré el sombrero y tu vida.
La gente trató de abalanzarse sobre el asesino pero, perro viejo en estas lides, se zafó, desapareciendo en la noche mojada.

BALDE

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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Lun Dic 21, 2009 9:55 pm    Asunto: Responder citando

Queda aquí recogido tal fue, lo sucedido no hace tanto en un paraje lejano. Entre colosales montañas residió una vez, un pueblo como pocos hubo antes a uno u otro lado del gran océano salado. De riqueza inigualable. No tanto en lo material, como en lo concerniente a sus almas imperturbables. Igualdad, equidad, comprensión, disciplina… paciente, fue siempre del primero al último de sus hombres, mujeres y gentes. Y una profecía. La de que todo sin más, tal como lo conocían, se acabaría un buen día. El clima siempre fue regular, y no precisamente porque unas veces estuviera bien y otras tantas lo estuviese mal. Sino porque las estaciones se cumplían. Y el 21 de Diciembre, con la llegada del invierno, veces más veces menos, siempre llovía. Y así fue como un buen día, un buen año nada bueno, la profecía que todos conocían se daría por cumplida.
Un balde de oro tan dorado como sagrado, y tan antiguo como el mismísimo pasado de aquel pueblo, que sólo, únicamente, aquel día ante todos era mostrado. Sacado de su templo para ser adorado. La tradición decía que el último varón que ese año hubiese recogido su cosecha, retrasando así su tributo a los dioses, sería el designado para sacar el balde llegada la fecha. El radiante debería permanecer al fresco desde la primera a la última hora de aquel estival primer día. Esperando con su boca abierta al agua de lluvia que seguro, poca o mucha, al final caería. Y tras dar por cumplida su función en aquel, su momento, debía ser hasta su sitio devuelto, de agua lleno, y a la espera de un nuevo invierno.
Como es de imaginar, cada invierno el contenido era mayor en su seno. Se incrementaba su peso en proporción a algo nuevo, algo a lo que tras decidirlo llamaron miedo. Y todo a causa de la profecía, en la que algunos intentaban no creer y aun así, creían. “El invierno en que rebose, ese varón, ese hombre, deberá abandonar el pueblo hasta más allá de las montañas. Adentrarse en lo desconocido sin temor a ser muerto. Deberá y encontrará una nueva verdad para todos, y a su regreso nadie dudará. Su mensaje habrá de ser llamado lo cierto”.
Hoy se cumple un año más de su marcha. Su pueblo aún lo espera. Pero fatídica desgracia, pues lejos de casa, se olvidó de quién era.

COMPRENSIÓN.

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MensajePublicado: Mie Dic 23, 2009 10:48 pm    Asunto: Responder citando

Tras dar un beso a la pequeña, en su cunita, Héctor aceleró el paso pues llegaba tarde a la oficina. Las escaleras pasaban volando bajo sus pies, cuando sintió un terrible frío en su brazo derecho. Después todo se oscureció.
Despertó en la habitación del hospital. Los médicos no le supieron decir ningún porqué. Incluso le mandaron a casa. En ello cometieron el más grave error.
Días después, llevaba el coche, y un peatón despistado se le cruzó por delante. Héctor, en vez de aminorar la marcha se propuso esquivarlo, virando el vehículo para ello. Pero su mano derecha no le obedeció. Hubo de frenar en seco para evitar el atropello. Se miró la mano aturdido. La notaba dormida, pero esos inofensivos dedos acababan de amarrar con fuerza el volante.
Otro día, en la cocina cortando cebollas junto a su mujer, trató de apuñalarla en un momento en que ella le daba la espalda. Héctor notó, previamente, aquel adormilamiento del brazo. Gracias a ello sus reflejos estuvieron sobreaviso, y logró evitarle a su esposa una cuchillada segura, retirándose a tiempo de ella. La mano no se plegó a su requerimiento de soltar el cubierto. Tenía voluntad propia.
Lo pensó en ese instante, pero no acudió al médico. El susto que tenía le anuló. Fue, aún con el cuchillo en mano, a buscar refugio en su sillón favorito. Le entró una somnolencia muy pesada, y quedó dormido.
Era tarde cuando despertó. Se lo miró pensativo, no obstante el brazo parecía estar normal. Los sucesos inauditos del mediodía no parecían tan aterradores sin los síntomas.
El bebé rompió a llorar, y no había nadie más en casa. Seguramente era la hora de la merienda. Lo preparó todo. Luego, tomó al niño y le aplicó el biberón. Héctor estaba todavía saliendo de la reparadora siesta y sus reflejos se encontraban aún abotargados. De pronto, sintió el brazo dormido.

"El tribunal lo condenaba por homicidio de su propio hijo.
-¿Quiere declarar algo? -le preguntaban.
-Pido comprensión al tribunal. No fui yo, todo lo hizo mi brazo derecho."
Aquellos sueños lo mortificaban. La sala del juicio, el fiscal exigiendo contar la verdad, todo lo que pasó. Y, entonces, él se veía obligado a recordar. "Sostenía a su hijo y le alimentaba". A continuación, revivía aquella experiencia traumática que terminaba siempre en la muerte del pequeño. La mano... Aquella mano lo había matado, no él.
Llevaba huyendo ya dos semanas. Durante ese tiempo no dudó en adentrarse en lo más salvaje de las montañas buscando en el silencio remedio a los gritos de sus pesadillas. La soledad, sin embargo, no supuso ninguna cura. Todo lo contrario, los sueños tan vívidos y repetidos torturaban su razón.
Unas vías de tren le dieron una idea. No pretendía morir pero no temía sacrificar su vida. Se preparó para ello. De noche, nadie le vería arrimado al raíl. El tren acudió a la cita y amputó el brazo maldito.
Por fin eso le liberaría, pensó. Mas cuando, debilitado se arrodilló en la nieve, vio con horror que del muñón le brotó otro brazo, en un enloquecido proceso que apenas duró unos minutos. Después, volvía a poseer dos extremidades superiores.
Unos días más tarde, tuvo un mareo que le hizo perder el conocimiento. Antes de desmayarse, sintió un paralizante frío en su brazo izquierdo.

BRAZO

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MensajePublicado: Vie Dic 25, 2009 5:23 pm    Asunto: Responder citando

Diego, ese era su nombre. Y llevaba ahorrando durante Dios sabe cuánto, para comprarle al fin un brazo biónico a su padre. Años atrás no había nada parecido en el mercado, pero las cosas habían cambiado de manera exponencial en los últimos tres o cuatro. Quién sabe de que serían capaces los de la siguiente generación, pero con lo que había sobraba para igualar las prestaciones del humano habido una vez, y al que ahora remplazaba.
Había juntado una buena suma, una suficiente como para comprar el brazo que su padre se merecía. No aquel de cartel de: “me rompo rápido” camuflado de "barato", del final de la estantería.
Aún miraba atrás y se acordaba de cómo él había dedicado largas tardes, y con ellas tan impagables como incontables horas, a enseñarle en general, todo lo que sabía. Y ahora, en presente, se asomaba al abismo que separaba quien fue, de la persona en la que se había convertido tras el desdichado incidente en el que había perdido más que un miembro, una parte de sí mismo.
Pero en fin, eso era otro tiempo. Oscuro, de yuyu, un puñado amputable de recuerdos. Con el brazo todo cambiaría, vaya si cambiaría…
Maldito dominó que es la vida, que no deja tirar una ficha si no caen, una a una primero, todas las que la antecedían. Su falta de brazo, su ausencia, pues pese a todo en ocasiones aún notaba su presencia, le había cambiado la vida. Se llevó consigo sus ganas de todo, a la vez que infectaba -y fue lo peor de lo malo-, a su Familia de tristeza, desgana, apatía.
Su mujer cayó en las pastillas. Él intentaba reír a veces, pero bien podía practicar, porque ya no le salía. Y a Diego, aquel ambiente de casa de muerto, lo llevó a caer en el juego. Acogedor como nido de halcón este le hizo un sitio en su seno. Creyó él que solo por un tiempo. El pobre, pensó salir sin saber, que como un queso gruyere, la espiral de adicción tiene sus huecos.
Lo gastó. Su dinero voló en los tableros. No todo, claro, su padre para él era mucho, demasiado. No lo hubiese gastado de no tener un plan-B ya pensado. Conoció a un cualquiera, un borracho. Al tipo de hombre que solía moverse y pegaba, como pincelada negra en un cuadro dedicado a la noche, por aquellos barrios que parecía que ya sin remedio, frecuentaba el joven Diego.
-Puedo conseguirte uno a mitad de precio –le dijo-. Es realmente bueno. Puedes verlo. Y lo mejor es que con esa mitad del dinero que te sobra puedes apostar y doblar tus ganancias. ¡Vamos!, ¿Qué hay que pensar? Haces negocio amigo. ¡Todos ganamos! Tu ganas, tu padre gana, y bueno, he de reconocer que yo también sacó algo –expuso tocándose el pecho el sinvergüenza, como un gorila afeminado al tiempo que torcía la cara.
15 años, esa fue la condena. El brazo había sido usado en varios asesinatos y robos… claro. Después de pasado todo, pudo oír nítida y clara la voz que había susurrado en su conciencia antes de nada, previa a que la pesadilla comenzara. Parecía que de tanto buscarla, había encontrado al brazo la pega. Sus huellas lo delataron al intentar cruzar la frontera. Menudas vacaciones, desde luego por hotel, su padre no tenía pensado un pasillo moteado de celdas. Pero sin papel alguno con que poder demostrar que ese brazo que llevaba, siendo de él, no lo era, Diego lo había mandado a la cárcel. Y todo por jugar una más, de verdad, solo una tirada y se iba, a la ruleta.

NIDO

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MensajePublicado: Mie Dic 30, 2009 1:27 am    Asunto: Responder citando

-Díganme, señores, si no es incómodo andar de esta manera -exortó el tipo aquel, chato y de kilométrico perímetro, manos que parecían pies, y pies que pezuñas. Un bigote, que iba para brocha, y ambos ojos, en permanente peligro de despeño, determinando una cara, o desafuero, muy poco terminada, que infundía lástima a cualquier pintor dejársela pasar sin un último remate, terminaban de caracterizar la singularidad.
-No entiendo -continuaba exponiendo al juez y al fiscal, ya aburridos- casi nada de lo que veo. Me echaron de chaval al nido, que de puro espabilado no fui bebé, y qué iba a hacer. No conocí padre, ni madre, ni nada. Ahora, maldad conmigo, tampoco, oigan. Que me han contado cada cosa que... Pero iba yo a decir del mucho atrojar y poco trabajar que sí, que es verdad. Pero yo muy honrado, sólo robaba lo que iba a comer, pues otra cosa es "esquepulular"...
-¿Cómo? -pregunta el juez
-Señoría, el hombre querrá decir especular. Ya he tenido mis buenas sesiones de él.
-Y ya le ha cogido el aire, ¿verdad?
-Hombre yo... -abrió los brazos el fiscal.
-Ya le daré traductores de jerga la próxima vez, que me ha retrasado por "incomprensibilidad de los testigos" varios procesos. Pero siga, siga el acusado. Que ya veo que vamos a echar la tarde en esto -se resignó su señoría.
-Pues, ¿no les da ya lástima tenerme ante los ojos tan destripado? Les explico: una vez, por hacer un favor, le digo a un fulano el "plin"...
-¡Pin, demonio! -el fiscal sonrió beatíficamente al juez.
-Eso, pin. De aquello salí deslenguado. Una lengua de no sé qué me colocaron donde debía estar la mía.
-Claro, por delito de descubrir secretos la lengua suya cumple la condena y, mientras, usted queda libre.
-Libre y sin mi lengua, querrá decir. Que aquí todos opinan sobre las prendas de los demás por que van "sobraos". Usted podrá decir esto y aquello. Seguro que tendrá muchas lenguas para elegir cada mañana. Que es rico y nada en abundancia Pero yo...
-Siga usted y no abriré la boca para ofenderle.
-Una vez metí la zarpa en una cajita, que no era mía, y se me enganchó al dedo...
-No me lo diga. -Le cortó el juez, -una cuerda de atar longanizas.
-Y el maldito dedo fue a su celda, triste y lloroso, y a mi me encasquetaron por aquel, este otro "sintédigo".
-Sintético -corrigió el juez, arrugando la frente en dirección al fiscal.
-Y ahora, por dar una mala patada a un arbolejo de un palmo, me quieren mandar a la sombra una pierna, y entera. Si con un pie ya bastaría, digo. O un dedo de él, el puntero.
-Muy gracioso. Pues sepa una cosa. Yo no le veo muy triste por todos esos trozos de humanidad que purgan sus méritos. Mendiga lástima pero usted es el primero que se la niega.
-Eso, encima que mi cuerpo es el sufridor de todos ustedes tengo que oír esto. Lo único bueno de este despiece es que adelgazo, bueno, me adelgazan. Así, no me hace falta menudear tanto en mi oficio y alargo los descansos. No me dirá que un tipo con todo en su sitio tendrá la misma hambre que uno despiernado.
-Le diré -repuso el fiscal en un arranque de sinceridad- que hay tanta diferencia entre pie desdedado y cuerpo despiernado como la que va de despojar el peral de un mengano a desgraciar el adorno arbóreo de cierto don, muy don.
-O sea, que di en el árbol de un pájaro de altos vuelos.
-Muy altos.


HAMBRE



Ultima edición por dafd el Mie Ene 27, 2010 1:22 pm, editado 3 veces
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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Mie Dic 30, 2009 2:36 am    Asunto: Responder citando

-Hay que ver con que Zipi se topó nuestro Zape –opinaba el barbudo del pueblo, desde un banco sentado, observando, discreto.
-Desde luego y que lo digas. El hambre con las ganas de comer se han juntado –apuntó con su bastón su viejo amigo, el Eugenio.
-Hambrientos son, sí, ambos dos –repuso de nuevo, con un castellano muy suyo, el hombre poseedor de más pelos que estudios en la canosa cabeza que ponía fin a su octogenario cuerpo-. Pero también son enfermos. Bulímicos que se sacian cogiendo más de lo que necesitan, de entre todo lo que no es de ellos.
-¿Hambrientos? ¡Más listos que el hambre! dirás, pues ellos venden lo que les sobra y de ese modo es que amasan dinero. Jamás vi a ninguno de los dos “devolviendo”.
-¿Qué amasan dinero? Igual que otras veces te he dicho que la tenías, siento decirte que ahora no llevas razón en eso, mi querido Eugenio. Ese dinero, no lo guardan, se lo gastan al vuelo. Y quitando algún pantalón, quizás un reloj, y dos o tres blusas, la mayor parte lo desembolsan en cosas que ni tan siquiera usan. Ahí radica el vómito de estos famélicos enfermos, en el derroche extremo.
-Pero, ¿es irónico verdad? Pues los miras, los ves, y a pesar de todo, con su Zipi o sin él, con dinero o sin él, nuestro Zape no deja de ser, un simple muerto de hambre con un futuro bien incierto.

RELOJ

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MensajePublicado: Lun Ene 04, 2010 9:42 pm    Asunto: Responder citando

Érase una vez unas manos secas y encallecidas por el mucho trabajo y la poca holganza. Trataban de meter el clavillo para trabar el sobretodo. Demasiada pequeñez para tal hechura de dedos. Otras manos, más finas, pero no menos ajadas, se entremetieron en la pelea y, operando con precisión, donde las otras un fracaso, éstas el triunfo lleváronse. Las más grandes abrazaron a las chicas.
Él era siervo de un señor, uno más o menos. Aquel día de invierno el hombre tenía que pagar, en trabajo, el impuesto debido al dueño del feudo.
Llamaron a la puerta de la casa con gran puntualidad. Era el mayordomo del duque a cargo de la administración del señorío, que venía a llevarse al hombre.
-Venga, ya es la hora -gruñó, una vez le abrieron.
-Sólo trabajará hasta la hora novena -advirtió, al malcarado recién llegado, la mujer, quien añadió -eso dice la carta de poblamiento acordada y firmada por tu señor.
El oficial respondió encogiéndose de hombros desinteresado.
Se despidieron, y él abandonó el calor del hogar para unirse a la cuadrilla de pecheros, encabezada por el cazurro mayordomo.
Le trajeron a su esposo, por la tarde, casi sin vida. Había caído desde lo alto de la muralla y se había roto por dentro. Misteriosamente nadie vio cómo pudo ocurrir, simplemente había aparecido estrellado ya en el suelo. La desgracia sucedió mucho después de la hora nona.
No era la primera vez que pasaban estas cosas. Las campanas no advertían la hora del día con precisión y los hombres, exaustos por una jornada alargada, cometían errores que pagaban caro. Ella lo sabía y trataba de encontrar un remedio. En cuanto a su esposo, harto ya de la injusta sisa de tiempo, se había significado por protestarla. Hasta hacía poco nunca había encontrado respaldo a su denuncia por el temor que despertaba el duque. Pero ante la contumacia de los hechos, últimamente algo estaba cambiando. Y es que el repique de aviso nunca se equivocaba por defecto, y la gente ya empezaba a murmurar descontenta.
Ella era la hija de un famoso platero. Aprendió el arte del padre, y su destreza causaba asombro. Las joyas que creaba eran de muy menudo tamaño, mas de gran sutileza por diseño así como por ejecución.
En un viaje a un remoto país montañoso conoció el extraño trabajo de sus orfebres. Estos llevaban lustros tratando de construir una máquina que midiera el tiempo. Sin embargo, ninguno daba con la solución para que el artilugio mantuviera el andar. Hacían y hacían mecanismos cada vez más perfectos que, invariablemente, terminaban por pararse. Se creían muy arrimados al premio, pero, en realidad, no atisbaban el alma del problema.
Ella, desde muy jovencita, ya desbordaba por su coraje. Así que, fascinada por la idea de medir el tiempo con una joya, a nadie sorprendió su decisión de quedarse en aquel lugar, sola, de aprendiz. Cuando volvió a casa, se propuso dar continuidad al afán de sus maestros y no claudicar en el empeño hasta verlo cumplido. Aquello fue antes de conocer a su marido. Cuando casó, como dote, aportó sus herramientas, los raros engranajes, y otros mecanismos innombrables en los que se volcaba.
Los años pasaron, mas nunca abandonó el proyecto de su juventud. De vez en cuando, si tenía un hueco, subía a la habitación para continuar, incansable, la labor. Fundía piezas, dibujaba nuevos diseños... Nunca se dio por vencida. Y él, en todo momento, la animaba con palabras y hechos.
En cierta ocasión, ella tuvo un sueño muy extraño. Se le aparecía el espíritu de los plateros que le decía: "El tiempo está en todo. Está, sobre todo, en la vida". Lo compartió con su marido por si la ayudaba a interpretarlo, mas tampoco él le encontró sentido. Aquellas enigmáticas palabras se repitieron en su cabeza desde entonces. Un eco desde el final de un túnel que no acertaba a transitar. Y es que, a pesar de poner todas sus fuerzas en ello, no había logrado dar con el camino. Lo que estaba construyendo, o intentándolo al menos, era esa máquina que medía los segundos, los minutos, las horas. Los joyeros del país entre montañas lo llamaban reloj. Un artilugio sumamente complejo, el desafío mayor para el mejor platero. De todas formas, si ella no desfalleció, también fue, en parte, por él, quien jamás perdió la seguridad de que lo lograría. -Cuando lo consigas, -decía su esposo -el tiempo será, por fin, de todos. No sólo del duque y sus campaneros.

No hubo manera de sacarlo de aquel desvanecimiento a consecuencia del accidente en la muralla. Parecía muerto, mas el corazón palpitaba y el pecho se movía. Aquella larga agonía tuvo su reflejo en la salud de la mujer. Apenas quería comer ni beber. Los hijos, ya mayores, se ocuparon de las tareas diarias y, asimismo, procuraban por el bienestar de su madre.
Un mes después del accidente, ella había llegado a un estado de debilidad preocupante. Aquel día era fiesta, y la casa se llenó de gente deseosa de prestar su apoyo. Como cada noche, la mujer se dispuso a pasarla en vela. Los familiares y los hijos trataron de impedirlo. Fue inútil. Al menos, no la dejaron sola. A la mañana siguiente, antes de la salida del Sol, un ruido los asustó. Nunca lo oyeron antes. Era parecido a la percusión de un pequeño martillo. Rítmico, obstinado, idéntico. Subieron a ver qué pasaba. La máquina de horas estaba funcionando. Sus incontables ruedas dentadas se movían a la orden de aquel ruido, tic-tac, que era como el latido de un corazón. Cuando bajaron, el hombre había muerto.


MARTILLO



Ultima edición por dafd el Vie Feb 12, 2010 10:35 am, editado 3 veces
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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Mar Ene 05, 2010 2:23 pm    Asunto: Responder citando

Piensa uno en el viejo Oriente, y vienen, más que pocas diría siempre, imágenes a la mente de hombres sabios, pensadores, guerras a la par por honor y por amores, una ristra de valientes, con no menos imperios y emperadores.
Hay que ver como es la Historia, lo selecta que se vuelve. Eran muchos los que habían, mas triste y raquítico el mísero número que entre sus páginas hoy se mantienen.
A alguno sorprenderá lo que digo, pero por entonces, ¿qué batalla fue esa en la que al caballo no se le puso primero estribo? ¿Cuál la guerra o encrucijada a la que el samurai acudió sin su armadura ni espada? ¿Hubo acaso una tediosa travesía, sin su plato de comida al final del día? ¿Cómo lucía tan fresco el héroe de mañana, sino gracias a la vigilancia nocturna del centinela mientras éste dormía en la madrugada?
Luchadores hubo muchos, ganadores quizás menos, ¿pero qué habría sido de ellos sin saber de tantos otros, todos estos, como fueron por ejemplo: cocineros, soldados rasos y como no, sin el trabajo del herrero? Ayudando a tanto héroe como hormigas, sin tener ellos ayuda, a convertirse en quienes fueron.
Su nombre hoy ya se ha perdido y aún así, miro atrás y lo imagino. Es por ello que podría llamarlo, con respeto, el longevo Kenshi Jiro.
El aprendió su oficio de su padre, y su padre de su abuelo, y su abuelo, de un viejo vecino con legado, mas de hijos huérfano. Hasta entonces en su familia todos fueron alfareros. Ahí comenzó la leyenda de las Tachi de Kenshi.
Día tras día, y tras calentar el acero, sobre el yunque golpeó su martillo, una vez tras otra, con cierta cadencia sin dudarlo entretenido. Agarrado a su empuñadura, abrazándola con su mano, atinaba al incandescente, martillándolo plano y luego doblando. Lámina a lámina, con cuidado, el fracaso en su cometido evitando. Dio lo mejor de sí en un tiempo en el que no todo era el dinero, convirtiendo en todo un arte el oficio de su abuelo.
El único capaz de hacer cada espada única, sin ser muchas las que hacía, las mimaba tanto o más que un buen padre a cada una de sus hijas. Siendo así, al volver a verlas, que las veía, sin dudarlo emocionado todas ellas reconocía.
Oriente entero terminó rendido ante él. O más bien, ante su nombre. O quizás, diría mejor, ante sus espadas de renombre. En un tiempo en el que no se prodigaban las marcas, sus Tachi se cotizaban al alza. Había incluso quien pensaban, que el bando que más portara durante la batalla, tenía de antemano la victoria asegurada.
Y hoy, ya nadie recuerda a Kenshi. Ese artesano humilde, que de tanto golpe repetido, ironías del destino, quedó sordo de un oído al dañar su yunque y su martillo.

ORIENTE

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MensajePublicado: Sab Ene 09, 2010 4:51 pm    Asunto: Responder citando

Lágrimas, sufrimiento, fuego, hambre, muerte. A dondequiera la mirada alcanzase todo era ruina. Los campos quemados, los silos vacíos, silencio en los corrales. La mísera aldea, olvidada por los prebostes del imperio, se difuminaba en la niebla invernal. En pocos meses sus pobladores sucumbirían de inanición, si es que no por enfermedad. Antes, los más fuertes, habrían abandonado el pueblo en busca de un destino incierto. Nadie quedaría para recordar el paso de aquellos demonios venidos de oriente.
El adalid del pueblo invasor tomó a su hijo y se lo llevó a la cima de una colina.
-Mira, -decía el padre- las tierras que nos rodean. Son las cadenas que sujetan a los hombres del sur. Ellos matan y se matan, inventan la ley o se esclavizan a otros hombres, se humillan o tiranizan, y todo lo hacen siempre por ellas.
-Qué tontos -respondió el muchacho.
-Nosotros no tenemos nada parecido.
-¿Y para qué lo querríamos? -el hijo también parecía abstraído, mas no en la indeterminación del paisaje, sino en la contemplación de su propia tienda, de la que una cabeza de rubicunda mujer asomaba con miedo.
El padre observó la miríada de hombres y mujeres en marcha, su pueblo inundando las fértiles llanuras de aquel país desconocido. Una marea humana de jinetes de piel tostada y cabellos negros, de oscuros ojos que el viento hiere en las praderas.
-No pertenecemos a ninguna tierra y no podemos llamar a ninguna el hogar. La única patria que conocemos, y a ella seremos fieles, es nuestro propio linaje. Hijo, conserva en la memoria esto que te enseño: tu gente avanzando, junta, prieta como una sola persona. La verdadera patria, la ves ahí, delante de ti. Es la raza. Tenlo siempre en la cabeza. Y sé implaclable con cuanto la ponga en peligro. Incúlcaselo a tus hijos y que estos lo procuren en los suyos. Que este principio se convierta en alma de nuestra casta por los siglos de los siglos.
El muchacho, tras escuchar a su padre, supo lo que tenía que hacer con su esposa extranjera. Se palpó el cuchillo con pesar mientras observaba a la mujer rubia, quien volvió a zambullir la cabeza en la tienda, su tienda.

CASTA

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Registrado: Oct 30, 2007
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Ubicación: Un Planeta llamado Tierra
MensajePublicado: Dom Ene 10, 2010 4:31 pm    Asunto: Responder citando

Allá, bien lejos, en el extremo opuesto de la Vía Láctea, un planeta enorme… o diminuto, según con qué o cuál se lo comparase, se encontraba habitado si no por humanos, sí al menos por seres a los que en la Tierra se los consideraría lo suficientemente civilizados.
Lugar de costumbres varias, vicios poco o nada originales, y prejuicios un tanto especiales.
Supongo que como bacterias, los roles surgen donde quiera que haya vida. El gracioso, el listo, e incluso el psicópata homicida se entremezclan en la maraña de seres vivientes, de entre los llamados más inteligentes allá donde los hubiera, o hubiese. Del mismo modo que parece que, para que una sociedad sea cual fuere, avance, unos han de estar siempre por encima de otros si no menos listos, desde luego sí con menos suerte.
Curioso el hecho de que haya que acudir tan lejos, nada menos que hasta el otro extremo de esta espiral luminosa, para ver a blancos y negros, amarillos, rojos, o meros morenos, viviendo por igual y ostentando sin más los mismos derechos. Lastimablemente, a pesar de ello surge también siempre, aquí, allí o más allá, en este ese o aquel por igual, la necesidad de trazar una línea muy humana, pese a estar de humanidad, plenamente desparasitada, que por beneficio de unos pocos nunca debe ser cruzada por los que no ostentan la casta adecuada.
Lo que aquí hizo el color, allí el tamaño de las manos diferenció. De ese modo, manos grandes y pequeñas dos bandos claramente formaron. ¡Ridículo, ¿no?! Habría que ver la cara de ellos de haberles hablado del racismo humano.
Cada generación una guerra, y con ella un bando que se imponía. Eran tiempos de manos pequeñas. Y los manos grandes, estaba claro, por su virtud y en opinión de los gobernantes debían ser la de obra desde ahora en adelante. Todo lujo estaba diseñado para manos chicas, desde los teclados de los telecomunicadores de largas distancias, a los mandos de los transportes interplanetarios urbanos. Marginados todos por el tamaño de sus manos.
Erika manos largas no estaba de acuerdo con todo aquello; normal, como para estarlo estando en el bando con menos derechos, que no diestros. Era hija de sirvienta en la casa de un buen hombre. Desde niña jugó en los patios con el hijo del patrón, Simón, ese era su nombre.
Jugaron, crecieron, y sin andarse -ni yo andarme- con rodeos, el uno del otro se enamoraron. Era de locos, lo lógico huir, y huyeron. Escaparon hasta todo lo lejos que les llevaron sus cuerpos y su poco dinero.
6 meses después, suficientes en aquel rincón lejano, una niña nació hermosa como todas a los ojos de sus padres. Y… no podía ser. Tal vez solo fuese pronto para saber que sería de sus manos.
Un año después ya estaba claro. No eran grandes pero, tampoco pequeñas. Eran medianas, cosa rara, y aun así perfectas.
-¿Así que si se juntan manos grandes y pequeñas, esto es lo que pasa? ¿Todos medias tendrán? –preguntó retórico Simón intentándose aclarar.
-Con los años, cuando todos los sepan y entiendan, nunca jamás habrá otra guerra –deseó en voz alta Erika con anhelo.
Al parecer, el mestizaje en un nuevo planeta surgía, se imponía y triunfaba, gracias aquella cría de sonrisa dulce a la que sus padres, embargados de alegría, decidieron poner por nombre el escueto de María.

PATRÓN

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Registrado: Jun 05, 2007
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MensajePublicado: Vie Ene 15, 2010 9:47 pm    Asunto: Responder citando

Qué ingenuidad. Qué linda simpleza. Cuanto más observo a los hombres, menos creo en mí, ja, ja. Tan poco suspicaces y míralos, ahí siguen. Ya verán, ya.
Mientras tanto, ellos compran, evalúan, analizan, piensan. Todo lo hacen para conseguir una meta o varias. Cada uno crea su propio ideal de vida y se pelea por hacerlo realidad. Unos, el de la riqueza a toda costa; otros, igual, pero con más o menos escrúpulo. Los hay que encuentran su estímulo en una recompensa tras la muerte, mientras a otros no se les da ni mucho ni poco por ello. Reyes, hombres de estado, políticos, mercaderes, agricultores quieren hacer algo con su tiempo para lograr un fin. Bueno, como si no quisieran invertir su vida en ningún proyecto, o no pensaran en absoluto, es lo mismo. Un inmenso ejército de hormiguitas, o cigarras, andando, quietas, muertas, vivas, tratando de ser felices, de crear su paraíso aquí.
Para cualquier paso que den en ese sentido, antes han tenido que recabar los datos, medirlos, valorarlos. Y este es el punto débil de todo el armazón. Usan medidas, confían en unos conceptos pequeñitos que llaman unidades, y con ellos se proponen describir el mundo. De hecho, lo conocen a través de la medida.
Aquí es donde entra en utilidad mi invento que, después de setenta años encerrado en casa, trabajando sin descanso en él, ya he logrado que funcione. Y vaya si lo hace. Qué sucedería si no hubiera ningún patrón de medida, si no existiesen referencias. No es ningún delirio de vejez. La máquina findemundo que he inventado distorsiona la realidad hasta hacerla inmedible. Así, un metro ya no cubrirá siempre la misma distancia, el kilogramo algunas veces pesará menos y otras menos aún. El segundo dejará de ser fiable. Ya no valdrá contar horas o días pues el esfuerzo sería vano. Se podría dar el caso de que un mismo tipejo tuviera, en un momento, el equivalente a dos años y, seguido, a ciento veinte. Lo que todavía ignoro es qué resultará distorsionado, si el tiempo mismo o la unidad de medida. En caso de que sea el primero, ja, ja, ja, la cosa derivará en un desastre mayúsculo. Pues si el personal excede de la longevidad habitual en vida humana, hecatombe al canto. Lógicamente, una persona que, de repente, cuente con doscientos cincuenta años, malamente sobrevivirá. Habrá de morir forzosamente de vejez súbita. Una mortandad impredecible y repartida aleatoriamente. Ahora bien, lo que tengo archicomprobado es que yo, mientras, viviré en mi burbujita a salvo de tanta tribulación.
Seguro que, para afrontar el problema, lo inmediato por lo que empezarán será por tratar de establecer nuevos módulos que sustituyan al sistema métrico. Pero na, na, no va a ser posible pues la naturaleza será formalmente inmensurable. Les dará qué pensar vivir en un mundo irreducible a nada seguro. Qué deducir de lo que es cambiante siempre.
No habrá datos fiables ni, por tanto, decisiones atinadas. Y en cuanto a las metas, el objetivo de cada individuo, su felicidad, los sueños, me temo que, sin una adecuada valoración de los recursos, se frustarán. Unas veces por exceso, otras por lo contrario.
Sólo una persona, yo, verá realizado su fin. Que será.... Esto... No me lo había planteado, pero... Ya está. Mi plan, mi deseo último: un mundo ecológico. Que toda esa gente vuelva a la caverna, al animismo. Solo así acabará la polución, y, de paso, que con ella también termine la contaminación de ideas, ciencias, tecnologías, creencias y demás nieblas que me abruman. Todos a tomar cada árbol por un espíritu, el rayo por la ira de algún dios, y la maldad por uno más de los comportamientos posibles, indistinguibles de otros. Pero, ahora que caigo, qué hipócrita soy. En realidad lo que quiero es que se haga mi voluntad, disfrutar de mi poder. Al fin y al cabo mi máquina subvertidora de la realidad únicamente obedece a su inventor, que soy yo. Les pediré dinero y metros cuadrados, muchos metros. Ah, pero si ya no valdrán las medidas. Bueno, pues nada. Entonces se acabó. A buscar otra meta. Ya sé: que caigan en el marasmo a donde me condujeron. Eso es lo que realmente ansío. Me echaron sin más, pues me desquitaré por ello. La venganza es otro buen objetivo. Un metro-kilo, una miserable unidad precipitó mi despido. El doce cilindros que diseñé se empeñó en rendir cuarenta y nueve kgm de par máximo, cuando los directivos de la empresa YÑD, para la que trabajaba, pretendían cincuenta. Qué más les daba uno más o menos, si ya tenían muchos. Quedarse sin alguno no se hubiera notado.
La radio sonó en ese momento. "Presidente de la famosa contructora de automóviles de lujo YÑD, ha hundido a la compañía por error al apretar el botón de autodestrucción en vez del que acelera la cadena de montaje".
Pero y ahora qué hago yo. Necesito otro deseo. Pero cuál. Y si se me ocurre alguno, ¿me dará tiempo a construir la máquina que lo realice? Con noventa años cumplidos hace un mes, no creo. Mejor me dedico a echar migas a las palomas en un banco de la plaza.

-Señor, déjeme un poco de sitio, que ahí a su lado le queda algo de hueco -una señora se dirigió al prodigioso ingeniero e inventor de la máquina findemundo. -Qué majas las palomas, ¿verdad? -insisitió la mujer. El ingeniero la miró sin mucha convicción.
-Mejor que las personas -respondió.
-No diga esas cosas, hombre. Mire, yo, de niña, vivía en ca de mis tíos, que los padres me los mataron por la política, y... Verá cómo después de contárselo se queda más contento. Pues como le decía...
La tarde pasaba tranquila entre paseantes, niños ruidosos, zanjas... El sol cogía de la mano a las sombras e iba tirando de ellas poco a poco y el averío, impaciente, hubo de buscar otro rincón, defraudado por la falta de celo que ponía el hombre en repartir alpiste. Y es que el inventor, atendiendo a la mujer, terminó por olvidarse de los pajaritos.

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Ultima edición por dafd el Sab Ene 16, 2010 2:21 am, editado 1 vez
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mrsPitt
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Registrado: Mar 02, 2005
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Ubicación: En el bosque, pervirtiendo a unos pobres sátiros
MensajePublicado: Sab Ene 16, 2010 12:37 am    Asunto: Responder citando

La empresa quebró, no es fácil vender sueños rotos.


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