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Cosas mías, o la sonrisa del caimán...

 
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faustoea
Alcaide
Alcaide



Registrado: Apr 07, 2011
Mensajes: 1327
MensajePublicado: Sab Jun 23, 2012 8:11 pm    Asunto: Cosas mías, o la sonrisa del caimán... Responder citando

Pensamientos, narraciones, microrrelatos y cosas mías. En definitiva, una mirada fría que junta palabras con amago de historia, una, cautiva de un amago de calidez depredadora:...la sonrisa del caimán.


-- El destino de Adán I --

El final de la historia (Primera parte)


El hombre yacía desmadejado, boca arriba, sobre la hierba mojada. Abrió los ojos y empezó a salir de su mórbida quietud con un leve movimiento de piernas. Emitió un quejido aislado de dolor y quedó nuevamente inmóvil.

Su mirada apuntó a un cielo desfigurado por restos de nubarrones que empezaban a romperse. La tormenta languidecía mientras una fina cortina de lluvia caía sobre su rostro. Unas voces interrumpieron el silencio.

Volvió a intentar mover piernas y brazos con mayor determinación que al principio.

De pronto, paró, y rió débilmente hasta quedarse quieto.

Una voz, de alguien invisible tras él, pronunció con ira un saludo de victoria.

—¡Buenos días, escoria!

Abrió los ojos como platos y se estremeció levemente para, finalmente, suspirar. Incorporó medio cuerpo sobre sus codos con visible esfuerzo y volvió la cabeza. Y lo vio: un querubín que no haría mucho habría ganado sus alas lo miraba sonriente, agitado, mientras su dedo acariciaba el gatillo de su arma.

Aspiró suavemente el aire con expresión plácida y gesto de resignación. Luego habló pausadamente, casi en un susurro, mirando de nuevo al cielo:

—Cuentan…–musitó—que hubo un tiempo en que los míos dominaron el mundo…

Tronó un disparo, y su cuerpo se sacudió una sola vez, rebotando en el suelo, hasta quedar flácido y sin vida.


* * * * *


-- El destino de Adán II --

Herramientas (Segunda parte)


El padre Hacedor, que siempre ha sido y todo lo ve, me dio nombre. Me llamó Raghel, y soy uno de los Siete arcángeles de los que Él se sirve; los únicos que nos sentamos a su mesa. Ignoro porque me envió a mí a escrutar tan importantes acontecimientos, en lugar de Miguel, el primero de nosotros; o de Rafael, el más puro de los Siete, protector de todo ser perecedero que respira. Desconozco, pues no está en mi naturaleza entenderlo, porqué me privó de la vista infinita o del oído infalible en esta misión celestial y, en cambio, me ordenó observar, sin intervenir, desde la distancia protectora del cielo de ese mundo, oculto entre las nubes, la persecución del Último Hombre en este plano de existencia.


Yo, el kerubim (querubín) más joven de todos —hace muy poco gané mis alas—, proseguí con mis hermanos la persecución daquel humano. Llegamos ante un bosque é mis compañeros allí () desviaron a la derecha. Me detuve. La tormenta languidecía. Los fresnos del bosque de enfrente se me antojaron hermosos é un misterio la espesura. Su oscuridad me cautivó de inmediato, como un pálpito urgente que sólo admite ser obedecido. El impulso me atrapó é me llevó a abandonar el grupo, internándome solo en aquella arboleda dispuesto a cruçarla.


Las nubes de la tormenta, a mi alrededor, empezaban a desgastarse. Amanecía. Más allá de un aislado y pequeño bosque, los querubines se afanaban en encontrar al Hombre por tierra. Invisible a aquellos ángeles, lo vi: el Último Hombre, tendido en el prado, justo a orillas del bosquecillo, oculto oportunamente a la vista del coro de ángeles que se desplazaba por tierra, al otro lado de la fronda. La silueta inerte del que era el Último me conmovió en su quietud. La persecución del coro de querubines pareció ralentizarse y se alejó inexplicablemente de su objetivo, eludiendo entrar en el bosque. Aunque hubo uno, el más joven de ellos: Laoviah, El Que Alcanza Las Victorias, que no desvió su trayectoria y penetró la espesura.


Estaba cansado de tanto buscar. Mis alas de kerubim, aún frágiles, roçaban, golpeaban é se lastimaban contra ramas é arbustos; todavía non me había acostumbrado a moverme con ellas. Sin embargo, el bosquecillo era menos denso é enmarañado de lo que me pareció al principio, é logré cruçarlo poco aprés. Et ahí lo vi, tendido en la pradera que emergía tras la última hilera de fresnos. “El humano, por fin a mi alcance”, pensé. Me sentí pletórico é lo apunté inmediatamente con mi arma, saludándolo con un remiendo de ímpetu é desprecio, para señalarle mi presencia.


Vi a Laoviah, el querubín, apuntar al Hombre con su arma. Imaginé su satisfacción por ser él el que, en aquel preciso momento, pondría fin a la persecución. El Hombre giró la cabeza hacia éste y me pareció que le hablaba. Si fue así no pude oír lo que decía. Entonces Laoviah disparó y todo acabó. Bajé al claro de inmediato, a su encuentro, y el querubín me contó todo lo que según él había sucedido, y lo que “el humano” había dicho.


Mientras yo lo encañonaba, el humano me miró é susurró unas palabras que, non sé porqué, me hicieron estremecer: “Cuentan que hubo un tiempo en que los míos dominaron el mundo”. Non comprendí su significado. Eso me desconcertó, tanto como la extraña calma que transmitía su mirada perdida, como si yo no estuviera allí. Disparé é acabé con su miserable vida, como se nos había ordenado. Poco aprés, apareció ingrávido Raghel, uno de los Siete. Algo nervioso le relaté todo lo acontecido é él parecía escucharme muy atento. Luego recogió con inusitada delicadeça el cuerpo sin vida entre sus braços, lo acurrucó contra su pecho, é se lo llevó volando en una exhalación, desapareciendo de mi vista. Et, non sé porqué, en ese momento sentí piedad por mis actos y por aquel… Hombre ¡Non sé porqué!


* * * * *


-- El destino de Adán III --

El principio de todo (Tercera y última parte)



Más tarde.

Dos cuerpos; uno junto al otro. El cadáver del Hombre y, a su lado, otro cuerpo nuevo, finalizando su materialización.
Dos celestiales evaluándolos: el padre Hacedor, y yo, Raghel, a pocos pasos por detrás, ya con todos mis sentidos restituidos.

El cuerpo nuevo vibró. El nuevo y último arcángel abrió los ojos, imitando el engranaje de un mecanismo de precisión; y con igual precisión la vida inundó el cuerpo recién completado…
El flamante arcángel se incorporó, desorientado, y sus poderosas alas se desplegaron como un resorte; y así se mantuvieron durante unos segundos. Era la octava vez que lo intentaba, tantos intentos como seres humanos, pero la primera que alcanzaba su objetivo. Él miró el antiguo cuerpo, en el suelo, y lo tomó en sus brazos. “Fui un hombre”, reflexionó para sí con amargura. “Ocho veces”.
En su rostro se leía la tristeza. Sus nuevas alas anunciaban un nuevo cometido, en estado puro y descarnado.
Todos los demás ángeles: arcángeles, querubines, tronos, serafines…eran blancos. Él era rojo. Intuyó su importancia, a su pesar. Quiso asimilarlo, quiso blasfemar, comprender su singularidad ante los demás. Pero el fin lo era todo, y sólo él había logrado la transformación que el Hacedor predijo, eones atrás.

«Has nacido diferente, y en ti radica el sentido último de mi creación más importante». —Exclamó en voz alta el padre Hacedor, quien con ternura consolaba su nueva y más sustancial criatura.
La dulzura de aquellas palabras sólo contribuyó a hacerlo sentir incómodo con sus congéneres. Él tenía alas rojas, llameantes y con vida propia; impregnadas de lágrimas, olor y esencia de ocho vidas humanas sacrificadas; alas que lo obligaban a ser subjetivo, imperfecto y apasionado como...Se descubrió aún abrazado al antiguo cuerpo de ser humano, que empezaba a corromperse.

«Eres el Octavo arcángel. Te llamarás Lucero, hijo de la aurora, y conocido serás como El Adversario, para aquellos que están por venir y no comprenderán tu finalidad. Pues si yo soy el Alma que los hará ser, tú serás la Razón que los empujará a decidir». —Anunció el padre Hacedor.
Mientras sonreía, el Hacedor evaluó satisfecho a su nuevo arcángel: Lucero, El Adversario. Y vino el viento, y trajo consigo al otoño, o algo que se le asemeja en los páramos celestiales, y el aire se antojó por momentos rojo. El rojo de la nueva vida.

“¿Así que, he aquí cómo nace el libre albedrío?”, me pregunté, yo, Raghel, poco más allá.
Raghel, el príncipe celestial de la justicia, de la imparcialidad y de la armonía.
Elegido para narrar esta historia; sin criterio para decidir nada.

En la distancia, el padre Hacedor me observaba de soslayo.



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“Hay dos tipos de viajeros en la vida, aquellos que parten y aquellos que retornan, los primeros miran el mapa, los segundos miran al espejo…”

"Saberlo es fácil. Reconocerlo, es lo más difícil"

"La vida es un caos entre dos silencios"


Ultima edición por faustoea el Vie Feb 21, 2020 1:15 pm, editado 1 vez
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faustoea
Alcaide
Alcaide



Registrado: Apr 07, 2011
Mensajes: 1327
MensajePublicado: Mie Feb 19, 2020 9:00 pm    Asunto: Pink Lady Responder citando

-- Pink Lady --


Pink Lady. Cuando muerde la fruta es una niña otra vez. Limpia de impurezas su piel tersa, esmerándose, como si peinara una muñeca de la infancia, e hinca los dientes, con impudicia, en la superficie bermeja de la manzana; un simple Cruch y todo estalla. La pulpa húmeda y carnosa masajea su lengua y los escalofríos erizan el vello de la nuca en un acto reflejo. Es un amago de liberación, una brisa fresca que compite con la calidez de la luz del sol por la posesión de sus mejillas. Los jugos gotean dentro de las comisuras de los labios, y los dedos se afanan, como gusanos, recuperando con fruición las sobras. La papilla, ligeramente ácida, viaja a lo largo de su esófago y aterriza en los confines del estómago. El elixir completa así el círculo, y provoca un aleteo de mariposas en toda su magnitud: un sueño de hectáreas de Pink Lady que salpican la ladera; pero duda, casi se detiene. ¿Prisionera? ¡No! Corriendo a través de los campos, antes vedados, se siente cautiva del poder del manzanar. Al percibir el dulzor de la fruta caída, las hormigas y las abejas sucumben al canto de la manzana. Transfigurada, en aquel paraíso, se acuesta bajo el cálido paraguas de los árboles y restriega su espalda contra el suelo, instintivamente, para marcar su territorio.


“Tú mueres”. La brutal frase dispersa las abejas y las hormigas. Las manzanas se evaporan en el horizonte. El sol y la brisa se alejan de mí con velocidad fulminante, para fundirse en un punto negro, inalcanzable. Estoy nuevamente en la sala 13.

“Tú mueres”. El susurro me espabila, alarmada, y me incorporo en la litera.

Veo la manzana a medio comer en mi mano, y la verdad.

Ninguna palabra escapa de mi boca mientras permanezco sentada al acecho. Dejo incluso de respirar. No sé su nombre ni me importa. Sólo sé que la Pink Lady era suya, y yo la cogí.

Reacciona.

Otras dos figuras emergen de la penumbra y aferran mis brazos, inmovilizándome. La tercera, su líder, arrebata la manzana de mi mano y me restriega con furia la pulpa carnosa por la cara. Las semillas amargas tienen la precisión de un cuchillo de carne a lo largo de la cresta de mi mandíbula. Te han cogido por sorpresa. ¿Eh? La fría película del jugo comienza a endurecerse en la piel y el escozor de mis ojos aplaude con un bis.

La cabecilla sin-nombre persevera; aprieta la manzana bajo mi nariz y la empuja hacia arriba con extrema dureza, mientras balancea un cuchillo casero en su otra mano libre. Es una danza descompensada. Fuerza una prueba más de que la evaluación de Newton fue correcta. ¿Y esa voz? La amenaza persiste con la fuerza del impulso que se transmite a la litera, que acaba moviéndose; las dos cómplices se desequilibran y la ley de la manzana toma su decisión, liberándome de su tenaza. La conclusión de Newton se convierte en ventaja y te mantienes en pie. Aturdidas, las secuaces sin-nombre cesan unos momentos en su forcejeo. Error. ¿Quién está ahí?

Durante la lucha, la que dirige el asalto deja caer su arma, y el ruido del metal al golpear las baldosas me indica una oportunidad. Estiro mi brazo al límite, alcanzando un mango; el mango de cinta aislante del cuchillo, que se calienta en mi palma al cogerlo. Placer. Froto ligeramente con mi índice el largo filo dentado. Mi turno. Apenas son unos segundos. La líder sin-nombre vacila y, antes de que pueda reaccionar, empuño el cuchillo en su dirección. Un golpe rápido, limpio, corta su cuello como la piel de mi Pink Lady. Tambaleándose como una borracha se desploma sobre la litera, boca abajo. Su gaznate empieza a chorrear sangre, empapando el costado del colchón y la pared que hace de parapeto. Las otras dos se alejan de mí, amedrentadas, mientras las sirenas aúllan. Vuelven a ser meras sombras. Todas aúllan.

Se oyen pasos a la carrera. Los celadores irrumpen con una advertencia; apenas entiendo lo que dicen. Mis dedos se aflojan y el arma cae al suelo cuando me arrojan hacia adelante. La frente golpea contra el costado de la litera y aterrizo boca abajo contra el colchón húmedo de sangre. Su sabor cálido y salado se acumula en mis labios. Empiezo a comprender. Recuerda.

Con los ojos abiertos miro la manzana mordisqueada que se encuentra a sólo unos centímetros de mí. Su rostro, ya de un marrón claro, oxidado, parece una burla. La rodilla de un guardia presiona mi sien, y la visión se desvanece. Los dos celadores tiran de mis brazos hacia atrás y me inmovilizan con grilletes; y me enderezan ¿Soy una prisionera? No por mucho tiempo.

“¡Animal!”, el grito del carcelero me estalla en la oreja. Me conducen por un pasillo común de ventanas muy altas, empujada por los brazos, y una mujer mayor con bata rosa me saluda con la mano ¿Quién eres? Deberías saberlo. Somos.

Por el camino lo observo todo. El manzanar no está.

“¡Maldita loca! Pasará mucho tiempo antes de que consigas otra manzana”, y la voz me lanza al vacío. Tranquilízate. Me siento en el suelo acolchado de aquel agujero, con mi espalda contra la pared. La sangre seca se agrieta en las comisuras de mi boca. Lamiendo la costra emerge el gusto latente de manzana y la mezcla de dulce con salado cubre mi lengua. El sol vuelve a brillar. Noto como todo mi cuerpo tiembla y una sonrisa extraña, ajena, se adueña de mis mejillas.


¿Quién soy? Fui…No temas.
Me llamo Lady y pronto, muy pronto, cogeremos todas las manzanas que queramos.
Y se derramará sangre.



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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 2263
MensajePublicado: Jue Feb 27, 2020 7:35 pm    Asunto: Responder citando

Hace tiempo de mi última visita al Tierra de leyendas.
Soy tan clasicorro en mis lecturas (cuando leo): narración en tercera persona y en tiempo pasado, que me pilla con el pie cambiado esta historia turbulenta con final latente.
Esta nueva Eva va a generar una estirpe nueva para la humanidad. Pero será una estirpe peligrosa.

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