Publicado: Mie Mar 06, 2013 6:55 pmAsunto: Reino de Irulen
Hola, dejo por aquí perdido este pequeño fragmento para que lo leais y si tenéis a bien darme vuestra opinión pues mejor que mejor...
Ocurrió en las poblaciones limítrofes del Condado. A través de zigzagueantes pendientes, un desenvuelto jinete conducía con maña su montura a golpe de rienda, sofrenando al animal en los momentos críticos y liberándolo cuando el terreno lo permitía. Dejaba atrás el vasto altiplano de Enquisas del que salía cubierto de polvo y con la garganta seca para lanzarse por sendas descendentes a los pies del monumental Richoán, el puente de mármol blanco que flanqueaba las bravas corrientes del Kolderry. El río se mostraba en aquel punto del todo indomable, muy lejos de la serenidad que exhibía al paso de la capital, próximo entonces a su desembocadura.
El plácido rumor de aquellas aguas salvíficas fue roto por impertinentes graznidos que le forzaron a alzar la vista y escrutar el cielo. Media docena de cuervos volaban anárquicos en dirección opuesta a la suya. Se resguardaban de la penumbra, pues el sol desaparecía ya por un poniente rojizo sucumbiendo tras los picos más altos. Estando al acecho la noche cerrada no esperaba cruzarse con nadie y menos con aquella dama.
-¡Bendiciones, hermana! –saludó cortés.
A escasos cinco pasos le daba la espalda una fémina de cabello lacio y esbelta figura que cubría con una túnica blanca ribeteada en terciopelo negro. No había duda: era una sacerdotisa de Prusa, Diosa de la Fortaleza, aquella que otorga vigor en el campo de batalla y colma a sus leales mermando la fuerza vital de los enemigos.
Su presencia allí era del todo inexplicable, pero fue el contorno de las formas que se intuían bajo el preceptivo atuendo lo que con más fuerza subyugó la atención del joven. Como soldado, acostumbraba custodiarlas cuando se veían obligadas a trasladarse de un lugar a otro y lo primero que le venía a la mente al pensar en siervas de “la Fuerte” eran señoras entradas en años, de cuerpos orondos estropeados por la inactividad y una alimentación excesiva. Nada que ver con aquella dicha de mujer.
Al tiempo de oír que se dirigían a ella se apartó precavida hasta casi rozar el petril y, girándose sobre sí misma, levantó su cara para reconocer quién le hablaba. Se descubrió entonces que el sensual cuerpo era correspondido con un rostro de belleza difícil de comparar. Rasgos finos y ojos negros como el tizón se enmarcaban bajo la diadema dorada de la Orden.
-A menos que seáis espíritu o enviada del cielo... ¿no es hora demasiado intempestiva para transitar por caminos...? ¿Y porqué se esconde quien os acompaña que no le veo?
-Sin duda no me encuentro donde desearía y no busque, pues no tengo más compañía que este peludo que a cuatro patas me sigue –dijo al fin, tras unos segundos de suspense y sin vacilar en la mirada. Una mirada poderosa que haría estremecer el interior de cualquier hombre. Él, que lo era, luchaba por sostenerla pero fracasaba. Se fijó, por ende, en el escaso equipaje que transportaba a lomos de un asno.
-¿Qué tirano sin corazón le obliga a viajar en desamparo?
-El azar, supongo. Acompañaba a dos soldados condales pero en las cabañas de Enquisas les aguardaba un correo con órdenes de volver a Palacio.
-Debió regresar con ellos... –reprochó el joven.
-Fue lo que me pidieron.
-O al menos aceptar el refugio de algún pastor honrado.
-Fue lo que les prometí –reconoció la religiosa-. Pero de hacerlo, habría demorado terriblemente mis planes.
-Intuyo por su decisión que son improrrogables.
-¡Y tanto! Me dirijo a la abadía de Malbela para asistir a la Fiesta de las Ofrendas que se celebra, como sabrá, dentro de dos jornadas. Quedándome en el altiplano a la espera de cruzar mi suerte con la de algún soldado corría el riesgo de no llegar ni a las recitaciones nocturnas. Por ello me arriesgué reanudando la marcha con el firme propósito de pernoctar en Sontopol –relató la sacerdotisa-. Sin duda en la ciudad he de encontrar quien asegure mi última etapa.
En opinión de cualquier persona sensata, y él se tenía por una, aquella no era ni de lejos razón de peso para ignorar tan a la ligera un proceder consuetudinario que impone a las servidoras de Prusa hacerse acompañar en todos sus desplazamientos. Sin mencionar que cruzar esos campos abiertos había sido una proeza poco aconsejable para una religiosa con deseos de conservar, no ya su castidad sino incluso su vida. Se trataba por tanto de una mujer con arrojo, sí, pero también sumamente indisciplinada. Como era de esperar, y aunque le costara reconocerlo, semejante combinación despertó un secreto interés en el jinete. Deseaba a toda costa descubrir más sobre un ser tan singular y qué mejor para tal propósito que continuar a su lado.
-Puesto que el destino ha querido unir nuestros itinerarios, me veo en la obligación de velar por su seguridad hasta Malbela –dándose cuenta al momento de que su ofrecimiento había sonado tal vez demasiado entusiasta-. Si no cuenta con otras preferencias –matizó.
-Será un privilegio estar bajo su protección... aun no conociendo el nombre de quien tan gentilmente se preocupaba por mi bienestar.
-Me pusieron Brunol, en recuerdo del mítico héroe de antaño –reveló.
-Lo hicieron inducidos por algún sueño profético –dijo ella con ánimo de alagar-. No le extrañará entonces que a mí me digan Prusina.
Le extrañaría de no ser aquel un nombre muy común entre las adoradoras de “la Fuerte”.
Hola de nuevo, esta es la continuación de lo que voy escribiendo. ¿Os gusta? ¿Qué cambiaríais para mejorarlo?
Efectivamente, si ya no contase con uno, la bella Prusina no hubiera tenido mayores problemas para encontrar escolta en Sontopol. Por la ciudad deambulaban numerosos hombres de armas. Su presencia, bien entrada la noche, se hacía especialmente patente vociferando desde el interior de tabernas y copando prostíbulos. Un ambiente que no atraía a Brunol cuya preocupación pasaba por buscar alojamiento para él y para su nueva acompañante en alguna apacible posada.
-¿Qué le parece ésta? -sugirió ella plantándose a la puerta de una.
"El pato de Sontopol" parecía un lugar idóneo en el que recobrar el ánimo. El fuego estaba encendido e irradiaba a la estancia un cálido confort sublimado por los olores procedentes de la cocina. Este cúmulo de sensaciones vivificó de lleno a un Brunol que no había disfrutado haste el momento de un descanso "civilizado", viéndose forzado a optar por los rigores de la intemperie.
-¡Salud a los presente! -deseó jovial Brunol a modo de presentación.
En el local, tres clientes en torno a una mesa consumían el tiempo con los dados. De pie y detrás de ellos, el posadero recriminaba la ambición de quien perdía y alababa el reisgo del que acertaba. La mujer de este, por contra, estaba en todos lados.
-Sean bienvenidos -dijo el posadero transformando su cara anodina con una amplia sonrisa-. Acomódense donde gusten... ¿por qué no aquí, junto a la lumbre?
La llegada de un soldado y una monja aquellos días de tanto trasiego debiera pasar de lo más inadvertida. Sin embargo uno y otro captaron enseguido y contra su voluntad las miradas inquisidoras de los allí reunidos. ¡Cómo para no hacerlo! Él era un joven de porte gallardo y varonil, de alto rango por sus méritos y todos jurarían que de alta alcurnia por nacimiento. Ella... ¿qué decir de ella, si más parecía novia en el altar que monja de convento? De no mediar semejante traba pasarían por una hermosa y envidiable pareja; esa era al menos la opinión unánime de los mirones.
Brunol convino con el posadero el estipendio de una noche, una cena frugal y una buena jarra de cerveza.
-En mi caso no tomaré nada -informó la dama-, me retiraré pronto, pero seré cortés y acompañaré a la mesa a mi adalid.
El posadero torció el gesto. ¡Una "prusina" que racanea en su dieta! Muy copiosa debió resultar su última ingesta -meditaba mientras se dirigía a la cocina algo molesto. Las exiguas raciones de los recién llegados pondrían de uñas a su mujer que, aparte de un carácter horrilble, guisaba de miedo y no gustaba de rebajarse en platos que no estuvieran a la altura de su fama.
Cuando se vieron solo retomaron con nuevos bríos la conversación donde la habían dejado.
-He de confesar que no fue una decisión sencilla -reconoció ella-, pero el deseo me nublo el juicio y me indujo a ignorar cualquier riesgo.
-Ni aunque fuera el más placentero y desahogado de los trayectos. No es sólo el peligro lo que debiera contener sus ansias aventureras... ¿qué me dice del protocolo? ¡Cientos de veces habré entonado en mis años de formación: "El soldado valiente abre camino a "la Fuerte" cuando...!
-Si me sobrepuse al miedo de sucumbir despedazada por la banda de Kuz -interrumpió Prusina- menos me habrían de detener viejos prejuicios, ¿no cree?
-¿Viejos prejuicios? ¡Sabias costumbres diría yo! Costumbres que agrandan la virtud y el buen nombre de quien las cumple y le libran de caer en males mayores. Observarlas debiera ser, por tanto, nuestra primera y principla tarea, antes incluso que preocuparse por el devenir de la propia existencia; permítame recordarle que la vida nos es regalada y el la Providencia quien la malogra, pero la honra que la embellece y es eterna depende por entero de nuestros actos. Ya conoce el dicho:"gana el tesoro verdadero y guárdate del perecedero".
Ella aguantaba estoica la amonestación e incluso pareció agradecerla.
-Palabras muy sabias que me sacan de mi error y también los colores. En nada me equivocaba al imaginarlo como hombre de talento y cumplidor... poco dado a quebrantar normas, vaya.
-¿Así me imaginaba? -preguntó Brunal intrigado-. ¿Tan nítido se trasluce el corazón a través del cristal de mis ojos como para que pueda leer en ellos?
-¡Oh, nada de eso...! Simplemente me he fijado en el gran número de condecoraciones que adornan su capa. No suele ser habitual en un "capa azul" tan joven y a buen seguro no las ha ganado por revelarse contra sus superiores. Con toda razón el asistir juntos a la Fiesta de Ofrendas será un merecido descanso para vos y, creedme, un verdadero orgullo para mí.
Por desgracia, y muy a su pesar, no eran los festejos su destino pues cumplía órdenes que se lo impedían, estando únicamente de paso por la comarca. Muchos serían los pretextos que se le hubiesen ocurrido para declinar aquella misión que tanto le alejaba de sus ocupaciones militares y de la caza que con deleite practicaba. Dos fueron, sin embargo, los motivos por los que no se echó atrás: no estar en su proceder pasar por remolón y recibir la orden del Capitán de la Guardia, a quien nunca negaría nada.
Prefirió guardar silencio sobre esta cuestión, al menos de momento, por no dar explicaciones y porque se acercaban con la comida.
Ultima edición por Ronda el Mar Abr 16, 2013 8:01 pm, editado 1 vez
Registrado: Feb 05, 2005 Mensajes: 7213 Ubicación: Ciudad de México, DF
Publicado: Lun Abr 15, 2013 3:47 pmAsunto:
Hola, Ronda; un placer tenerte en estos lares.
Ya leí ambos fragmentos, y me parecen bien en lo general, aunque en ocasiones siento que el lenguaje es demasiado rebuscado; supongo que lo hiciste así para dar una sensación de texto medievaloide (creo que es una historia de fantasía). También hay algunos errores de dedo (un "us" en lugar de "su", un "el" en lugar de "es" y cosas de esas); pero nada que una revisión detallada no pueda corregir rápidamente.
Otro aspecto que me parece extraño, es que se entra al tema del relato sin ningún preámbulo ni explicación previa de el tipo de sociedad, qué representa la orden de Prusa y detalles de ese tipo. Sé que es un recurso literario hacer esto, y después poco a poco ir develando los recovecos de la ambientación; supongo que eso es lo que tratas de hacer aquí.
Finalmente, hasta el momento no ha aparecido conflicto ni problema alguno. Si se trata de una obra larga, te puedes dar el lujo de hacer un preámbulo bastante amplio con poca acción, pero en un relato corto hay que plantear la situación casi desde el principio. Como no sé qué tipo de obra sea esta, no te diré que está bien o mal, pero hay que tomar en cuenta que las primeras páginas son fundamentales para capturar el interés del público; si pasa mucho tiempo sin que suceda nada significativo, muchas personas podrían abandonar la lectura.
Creo que es todo. Saludos, y sigue adelante con tu proyecto (recuerda que lo importante de una obra literaria es que te complazca lo que escribiste). _________________ El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza, y como no le gustó el resultado, lo hizo perfecto y omnipotente.
Hola leopar, decir primero que el placer es mío y agradecerte que hayas tenido la amabilidad de contestar.
He dado cuenta de algunos "errores de dedo" que he visto; me sorprende que hubiese tan pocos, soy muy despistada.
La historia sí tiene tintes de fantasía ambientada en época medieval, pero quizá me haya pasado al intentar remarcar ese efecto; en adelante espero contenerme un poco más.
Desde luego has puesto el dedo en la llaga con lo de la ausencia de acción. Era algo que me preocupaba de antemano, más aún cuando la narración pretende ser breve (dudo que llegue a las ochenta páginas), pero no se que hacer al respecto porque no me apetece nada empezar de cero con el argumento. Seguiré subiendo algunos fragmentos más con la itención de que me digáis si el error se atenúa un poco o es insalvable.
Discrepo contigo sin embargo en lo último qeu apuntas. En mi opinión, a quien complace el libro es al lector (o al menos debería). Siendo escritor se sufre, y mucho. jjeje. Es algo que desconocía hasta que me he puesto a ello. Y como a quien tiene que complacer es al lector te doy de nuevo las gracias por tus opiniones que me orientan si lo voy consiguiendo o no.
Un abrazo.
Puede publicar nuevos temas en este foro No puede responder a temas en este foro No puede editar sus mensajes en este foro No puede borrar sus mensajes en este foro No puede votar en encuestas en este foro