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Capitulo 5 - Nunca perdonar, nunca olvidar (relato)

 
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Kioskito
Peregrino
Peregrino



Registrado: Feb 02, 2008
Mensajes: 23
Ubicación: Castel Caladan
MensajePublicado: Sab Mar 01, 2008 2:29 pm    Asunto: Capitulo 5 - Nunca perdonar, nunca olvidar (relato) Responder citando

CAPÍTULO V



Múltiples focos de lucha se habían desatado en el interior, algunos tópteros intentaban despegar y eran arrasados antes de elevarse.
Indar corría junto a su grupo, al llegar a la entrada del arsenal anularon la seguridad y penetraron furtivamente. Adentro, algunos no salían de su asombro y no comprendía los gritos a su alrededor, ya las bombas comenzaban a estallar y a hacer estragos, mientras, Muyaidn y Kashra se alejaban por el corredor hasta una escalerilla que descendía hasta las bombas, seguidos por Indar y otros dos.
Kashra, un especialista en bombas entrenado por los traficantes, desenrosco una para programar la detonación, faltaban algunos empalmes para anular las claves cuando fue sorprendido por un guardia Harkonnen, este tardó un segundo en darse cuenta de lo que hacía con los gatillos, abrió incrédulamente los ojos y apunto su arma, pesadamente cayo de espaldas al ser impactado por un dardo en su nuca; el disparo ya atraía la atención de los demás, Muyaidn activó un pentaescudo y se prepararon para huir por el estrecho corredor o morir.
Escapando por los corredores, resbalando y respondiendo al fuego desde el suelo, Indar derribó a dos impactando en sus piernas, entre gritos y borbotones de sangre estos dispararon sobre ellos como si fueran un pelotón de fusilamiento, y él, era su blanco principal. No iba ha entregar su agua y ellos no los iban ha dejar salir vivos. Más soldados se sumaban. Muyaidn fue el primero en caer y luego todos los demás.
Él estando aún de pie, esbozo una breve sonrisa, ya no alcanzaría a Othir, su mano apretó su crys contra su pecho.
-No tomamos prisioneros, lo siento. -dijo uno y disparo una andanada cercenando su brazo izquierdo y parte del hombro, algunas balas penetraban su destiltraje sin dar en ninguna arteria, alcanzó a ver el fulgor de la explosión, se formó una bola de fuego que avanzaba velozmente hacia el arsenal. Luego de la explosión todo el suelo vibró y cedió con el peso de las estructuras, devastando casi todo el fuerte.
El grupo de Kodrat intentaba comunicarse con el de Othir cuando una luz cegadora se elevo hacia el cielo. La estática asalto el auricular y un débil murmullo llegó por el parlante: -Habla Gebed... ertos... todos muertos, que Shai-Hulud los...

Tras ellos se posaban dos naves lentamente.

En lo alto del espaciopuerto aterrizaban dos cruceros de la Cofradía. De ellos comenzaron a manar soldados Harkonnen que se vieron sorprendidos por el fragor de la batalla. Una vibración acometió al puerto. Observaron el derruido y humeante fuerte y todos los soldados trataron de volver desesperados a los cruceros. Había muertos pisoteados bajo ellos, algunos que se debatían moribundos... pero seguían corriendo hacia las naves, ignorando los chillidos de dolor. Las naves despegaron y les dejaron a merced del caos que allí reinaba.
El grupo de Kodrat esperaba a la entrada del espaciopuerto, y recibieron los últimos gemidos agónicos de sus compañeros.
-Que Shai-Hulud vaya con ellos...-dijo Kodrat e hizo señas de que se prepararan para una incursión.
Subieron con el sigilo típico de los Fremen unas escaleras que llevaban a lo más alto del puerto. Cuando se toparon con la informe masa Harkonnen se replegaron de nuevo bajo las escaleras.
Esperaron pacientemente hasta que dos incautos Harkonnen bajaron estrepitosamente la escalera. Los Fremen se abalanzaron sobre ellos y los soldados Harkonnen pasaron a ser polvo de Arrakis.
Se volvieron a esconder bajo las escaleras, rezando a Shai-Hulud que no supieran su paradero.

La sangre Harkonnen fluía libre por las escaleras... de vuelta al desierto. Los pequeños hacedores tendrían un festín. Un festín en el que ningún Fremen se rebajaría a participar. La sangre empapaba al grupo de Fremen que ascendía degollando a contracorriente. Pero la mente de Kodrat no estaba en el combate. Se dio cuenta de que había sabido que sus compañeros habían de morir, y aún así los había enviado... ¿por egoísmo? ¿por orgullo? El caso es que como instrumento para vengar a sus compañeros había sacrificado a más compañeros... ¿quién los vengaría a ellos? si el culpable de su muerte era el propio Kodrat, ¿tendría luego que dejarse caer sobre su cuchillo?
Esta idea le agradó, pues si lo que le había dicho la Sayyadina era cierto... eso era exactamente lo que estaba haciendo.
Un Harkonnen recibió una puñalada en el estómago, salpicando con su sangre la frente de Kodrat...
Pero aún así, eso no compensaba la muerte de sus compañeros. Habían muerto como héroes, matando a muchos Harkonnen. Era un intercambio justo, pero ¿no podría haberse hecho de otro modo? de nuevo su impulsividad le había empujado a actuar sin reflexionar.
El crys de Kodrat describió un arco que decapitó a un Harkonnen y degolló a otro...
El ataque podría haberse preparado mejor... pero ahora todo estaba hecho, y solo podía seguir aumentando la cuenta de los Harkonnen, cuyo número parecía no tener fin... Había que encontrar otro camino.


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