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busco un cuento corto que lei hace años.. por favor ayudenme

 
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Autor Mensaje
Mimosin
Peregrino
Peregrino



Registrado: Feb 27, 2018
Mensajes: 1
MensajePublicado: Mar Feb 27, 2018 9:28 pm    Asunto: busco un cuento corto que lei hace años.. por favor ayudenme Responder citando

Buenas. Creo recordar que era de Asimov o bien de Martin Gardner pero no lo recuerdo bien.
El tema era un individuo que vende su alma al diablo a cambio de tener todolo que desea y cuando muere el diablo loo encierra en una caja y le propone que tiene toda la eternidad para salir de ella y salvarse. Y lo consigue viajando atras en el tiempo...
Me gustaria volver a releer el relato.

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Rickard
Leyenda
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Registrado: Apr 19, 2005
Mensajes: 11434
Ubicación: Zaragoza (España)
MensajePublicado: Mie Feb 28, 2018 9:45 am    Asunto: Responder citando

No me suena pero al decir que puede ser de Asimov y que trata sobre el diablo puede que sea uno de los relatos que salen en esta antología suya (que no he leído):

Azazel

Isaac Asimov dedica aquí su pluma y su imaginación sin límites a la fantasía, y nos ofrece dieciocho fascinantes relatos que, sin duda, deleitarán a todos los aficionados al género, así como a los innumerables admiradores de este autor. Azazel es un demonio rojo de dos centímetros, dotado con una impetuosa personalidad y maravillosos poderes mágicos. El único problema de este singular ser es que posee poca comprensión de las cuestiones humanas y sus intervenciones producen situaciones sorprendentes. Relatos:
  • El demonio de dos centímetros (1988)
  • Una noche de canto (1982)
  • La sonrisa que pierde (1982)
  • Al vencedor (1982)
  • El sordo rumor (1982)
  • Salvando a la Humanidad (1982)
  • Una cuestión de principios (1984)
  • El mal que hace la bebida (1984)
  • Tiempo para escribir (1984)
  • Deslizarse sobre la nieve (1984)
  • La lógica es la lógica (1985)
  • Viaja más rápido (1985)
  • Los ojos del que mira (1986)
  • Más cosas en el cielo y en la Tierra (1986)
  • La estructura de la mente (1986)
  • Las peleas de primavera (1987)
  • Galatea (1987)
  • Vuelo de fantasía (1988)


_________________
- Por mucho que vuele, un cerdo siempre será un cerdo.
- Prefiero ser un cerdo a ser un fascista.

(Porco Rosso)
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Rickard
Leyenda
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Registrado: Apr 19, 2005
Mensajes: 11434
Ubicación: Zaragoza (España)
MensajePublicado: Mie Feb 28, 2018 9:56 am    Asunto: Responder citando

Y si no, también puede que se trate de un relato incluído en esta antología recopilada por Asimov y Martin H. Greenberg (no Gardner).

Historias de lo Oculto

Isaac Asimov, que es, sin duda alguna, uno de los mayores exponentes del racionalismo, asegura que los relatos de lo oculto que componen este libro cautivarán hasta a los más escépticos. Aquí tenemos páginas de H. G. Wells, Ray Bradbury, Sir Arthur Conan Doyle, Edith Wharton, Nathaniel Hawthorne, Edgar Allan Poe, Rudyard Kipling y otros muchos notables escritores. Desde lo curioso hasta lo macabro, estas historias abordan aspectos tales como la clarividencia, la precognición, el culto satánico, el espiritismo y los exorcismos. Prólogo y comentarios por Isaac Asimov Recopilación realizada por Isaac Asimov, Martin H. Greenberg, Charles G. Waugh Contiene los siguientes RELATOS:
  • «Bajo el bisturí» (Under the knife / Slip Under the Knife, 1896) de H. G. Wells
  • «Los hijos del Zodíaco» (Children of the Zodiac, 1891) de Rudyard Kipling
  • «La muchacha que encontraba cosas» (The Girl Who Found Things, 1973) de Henry Slesar
  • «La Banshee emigrante» (The emigrant Banshee, 1901) de Gertrude Henderson
  • «El joven Brown» (Young goodman Brown, 1835) de Nathaniel Hawthorne
  • «A través del cristal, a oscuras» (Through a glass, darkly, 1948) de Helen McCloy
  • «La cena boba» (Dumb supper, 1950) de Kris Neville
  • «El corazón delator» (The sell-sale heart, 1843) de Edgar Allan Poe
  • «La casa y el cerebro» (The House and the Brain, 1859) de Edward Bulwer-Lytton
  • «La mano del muerto» (The dead man?s hand, 1944) de Manly Wade Wellman
  • «La guadaña» (The scythe, 1943) de Ray Bradbury
  • «El gran experimento de Keinplatz» (The great Keinplatz experiment, 1885) de Arthur Conan Doyle
  • «¿Conocéis a Dave Wenzel?» (Do you know Dave Wenzel?, 1974) de Fritz Leiber
    • Premio Locus 1975 (Puesto: 13)
  • «Calor de agosto» (August heat, 1910) de W. F. Harvey
  • «Háblame de muerte» (Speak to me of death, 1937) de Cornell Woolrich
  • «La mujer que pensó que sabía leer» (The Woman Who Thought She Could Read 1959) de Avram Davidson
  • «Cita en el tiempo» (Tryst in Time, 1936) de C. L. Moore
  • «El manzano del coronel Blood» (The Blood Seedling, 1905) de John Hay
  • «El rastreador de personas perdidas y el sello cifrado de Salomón» (The Tracer of Lost Persons and the Seal of Solomon Cypher / Solomon?s Seal, 1906) de Robert W. Chambers
  • «La señorita Esperson» (Miss Esperson, 1962) de August Derleth
  • «El que podía ver» (Peeping Tom, 1954) de Judith Merril
  • «La imágen móvil» (The Moving Finger, 1901) de Edith Wharton

NOTA DEL BIBLIOTECARIO Kris Neville firmó su relato con el nombre de Henderson Starke. August Derleth firmó su relato con el nombre de Stephen Grendon.



Aquí la temática de cada relato:



Esta antología sí la tengo pero aún no la he leído así que más no te puedo ayudar. Wink


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- Por mucho que vuele, un cerdo siempre será un cerdo.
- Prefiero ser un cerdo a ser un fascista.

(Porco Rosso)
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Pasa
Terrateniente
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Registrado: Oct 25, 2007
Mensajes: 723
MensajePublicado: Mie Feb 28, 2018 11:09 am    Asunto: Responder citando

Creo que puede ser el cuento TRETA TRIDIMENSIONAL de Issac Asimov.
Lo tienes en el volumen 1 de sus cuentos completos.

TRETA TRIDIMENSIONAL
—Vamos, vamos —dijo Shapur con bastante cortesía, considerando que
se trataba de un demonio—. Está usted desperdiciando mi tiempo. Y el suyo
propio también, podría añadir, puesto que sólo le queda media hora.
Y su rabo se enroscó.
—¿No es desmaterialización? —preguntó caviloso Isidore Wellby.
—Ya le he dicho que no.
Por centésima vez, Wellby miró el bronce que le rodeaba por todas
partes sin solución de continuidad. El demonio se había permitido el impío
placer (¿de qué otra clase iba a ser?) de señalar que el piso, el techo y las
cuatro paredes carecían de rasgos diferenciales, y estaban formados todos
ellos por planchas de bronce de sesenta centímetros soldadas sin unión.
Era la última estancia cerrada, y Wellby disponía sólo de otra media
hora para salir de ella. El demonio le contemplaba con expresión de
concentrada anticipación.
Isidore Wellby había firmado diez años antes, que se cumplían aquel
día.
—Pagamos de antemano —insistió Shapur en tono persuasivo—. Diez
años de todo cuanto desee, dentro de lo razonable. Al final, pasará a ser un
demonio. Uno de los nuestros, con un nuevo nombre de demoníaca potencia
y todos los privilegios que eso incluye. Apenas se dará cuenta de que está
condenado. De todos modos, aunque no firme, tal vez acabe igual en el
fuego, por el simple curso de los acontecimientos. Nunca se sabe... Fíjese en
mí. No lo hago tan mal. Firmé, disfruté de mis diez años, y aquí estoy. No lo
hago tan mal.
—En ese caso, si puedo terminar por condenarme, ¿por qué se muestra
tan ansioso de que firme? —preguntó Wellby.
—No resulta fácil reclutar directivos para el infierno —respondió el
demonio con un franco encogimiento de hombros, que intensificó el débil
olor a bióxido sulfúrico que se advertía en el aire—. Todo el mundo especula
para llegar al cielo. Una pobre especulación, pero así es. Yo creo que usted
es demasiado sensible para eso. Pero entretanto nos encontramos con más
almas condenadas de las que somos capaces de atender y una creciente
penuria en el plano administrativo.
Wellby, que acababa de ser licenciado del ejército con muy poco entre
las manos, a excepción de una cojera y la carta de despedida de una
muchacha a la que en cierto modo amaba aún, se pinchó el dedo y suspiró.
Lógicamente, leyó primero el pequeño impreso. Tras la firma con su
sangre, se depositaría en su cuenta cierta cantidad de poder demoníaco. No
sabía en detalle cómo se manejaban aquellos poderes, ni siquiera la
naturaleza de los mismos. Sin embargo, vería colmados sus deseos de tal
modo que parecerían el producto de mecanismos perfectamente normales.
Desde luego, no se cumpliría ningún deseo que interfiriese con los
designios superiores y con los propósitos de la historia humana. Wellby
enarcó las cejas ante esta cláusula.
Shapur carraspeó.
—Una precaución que nos ha sido impuesta por... ¡ejem!... arriba. Sea
razonable. La limitación no le supondrá obstáculo alguno.
—Parece también una cláusula trampa.
—Algo de eso, sí. Después de todo, hemos de comprobar sus aptitudes
para el puesto. Como ve, se establece que, al finalizar sus diez años, habrá
de ejecutar una tarea para nosotros, una labor que sus poderes demoníacos
le harán perfectamente posible realizar. No le diremos aún la naturaleza de
esa tarea, pero dispondrá de diez años para estudiar sus poderes. Considere
toda la cuestión como un examen de ingreso.
—Y si no paso la prueba, ¿qué?
—En tal caso —respondió el demonio—, será usted una vulgar alma
condenada. —Y como al fin y al cabo era demonio, sus ojos fulguraron
humeantes ante la idea, y sus ganchudos dedos se retorcieron como si los
sintiera ya profundamente clavados en las partes vitales de su interlocutor.
No obstante, añadió con suavidad—: ¡Oh, vamos! La prueba será sencilla.
Preferimos tenerle como directivo que como un alma más en nuestras
manos.
A Wellby, sumido en melancólicos pensamientos sobre su inasequible
amada, le importaba muy poco por el momento lo que sucedería al cabo de
diez años. Firmó.
Los diez años pasaron rápidamente. Como el demonio había predicho,
Isidore Wellby se mostró razonable y las cosas marcharon bien. Aceptó un
trabajo y, como aparecía siempre en el momento adecuado y en el lugar
oportuno y siempre decía la palabra apropiada al hombre apropiado, alcanzó
pronto un puesto de gran autoridad.
Las inversiones que hacía resultaban invariablemente beneficiosas. Y lo más gratificante era que su chica volvió a él con el arrepentimiento más
sincero y la más satisfactoria adoración.
Su casamiento fue feliz y bendecido con cuatro criaturas, dos varones y
dos hembras, todos ellos inteligentes y con un comportamiento razonable. Al
final de los diez años, se hallaba en la cúspide de su autoridad, reputación y
riqueza, en tanto que su mujer, al madurar, se había vuelto todavía más
bella.
Y a los diez años (en el día justo, naturalmente) de establecer el pacto,
se despertó para encontrarse, no en su dormitorio, sino en una horrible
cámara de bronce de la más espantosa solidez, sin más compañía que la de
un ávido demonio.
—Todo lo que tiene que hacer es salir de aquí y se convertirá en uno de
los nuestros —le explicó Shapur—. Lo conseguirá con facilidad empleando
con lógica sus poderes demoníacos, siempre que sepa cómo manejarlos. A
estas alturas, debería saberlo.
—Mi mujer y mis pequeños se inquietarán mucho por mi desaparición —
dijo Wellby, con un comienzo de arrepentimiento.
—Hallarán su cadáver —manifestó el demonio en tono de consuelo—.
Habrá muerto al parecer de un ataque al corazón. Celebrarán unos funerales
magníficos. El sacerdote anunciará su subida al cielo, y nosotros no le
desilusionaremos, como tampoco a quienes le estén escuchando. Vamos,
Wellby, dispone usted de tiempo hasta el mediodía.
Wellby, que se había acorazado en su inconsciente durante los diez
años para este momento, se sintió menos asaltado por el pánico de lo que
podía haberlo estado. Miró inquisitivo a su alrededor.
—¿Está herméticamente cerrada esta habitación? ¿No hay aberturas
secretas?
—Ninguna en paredes, piso o techo —dijo el demonio con deleite
profesional ante su obra—. Ni tampoco en las intersecciones de cualquiera
de las superficies. ¿Va a renunciar?
—No, no. Deme tan sólo tiempo.
Wellby meditó intensamente. No había señal alguna de cierre en la
estancia. Sin embargo, se notaba como una corriente de aire. Tal vez
penetrase por desmaterialización a través de las paredes. Acaso también el
demonio había entrado así. Cabía en lo posible que él, Wellby, pudiera
desmaterializarse para salir. Lo preguntó.
El demonio le respondió con una risita entre sus dientes afilados.
—La desmaterialización no forma parte de sus poderes. Ni tampoco la
empleé yo para entrar.
—¿Está seguro?
—La cámara es de mi propia creación —manifestó petulante el
demonio—. La construí especialmente para usted.
—¿Y penetró desde el exterior?
—Así fue.
—¿Y yo también podría hacerlo con los poderes demoníacos que poseo?
—En efecto. Mire, seamos precisos. No puede moverse a través de la
materia, pero sí en cualquier dimensión, por un simple esfuerzo de su
voluntad. Arriba y abajo, a derecha e izquierda, oblicuamente, etcétera, mas
no atravesar la materia en modo alguno.
Wellby siguió cavilando, mientras Shapur le señalaba la suma e
inconmovible solidez de las paredes de bronce, del piso y del techo, y su
inquebrantable acabado.
A Wellby le pareció obvio que Shapur, por mucho que creyera en la
necesidad de reclutar directivos, estaba pura y simplemente conteniendo su
demoníaco placer ante la posibilidad de ver en sus garras una vulgar alma
condenada, para jugar con ella al gato y al ratón.
—Cuando menos —dijo Wellby, con afligido intento de aferrarse a la
filosofía—, me quedará el consuelo de pensar en los diez felices años de que
disfruté. Seguro que eso significará un alivio y un consuelo hasta para un
alma condenada en el infierno.
—En absoluto —denegó el demonio—. ¿Qué clase de infierno sería si se
permitiesen consolaciones? Todo cuanto uno obtiene en la Tierra por pacto
con el diablo, como en su caso (o el mío), es punto por punto lo mismo que
se habría logrado sin tal pacto, de haber trabajado con laboriosidad y plena
confianza en... arriba. Eso es lo que transforma tales convenios en algo tan
auténticamente demoníaco.
Y el demonio rió con una especie de regocijado aullido.
Wellby exclamó lleno de indignación:
—¿Quiere decir que mi mujer hubiese vuelto a mí aunque no hubiese
firmado el contrato?
—Cabe en lo posible —respondió Shapur—. Todo cuanto sucede es por
voluntad de... arriba. Ni siquiera nosotros podemos cambiar eso.
El pesar de aquel momento debió de agudizar los sentidos de Wellby,
pues fue entonces cuando se desvaneció, dejando la habitación vacía,
excepto por la presencia de un sorprendido demonio. Y la sorpresa de éste
se tomó furia cuando reparó en el contrato con Wellby que había estado
sosteniendo en su mano hasta aquel momento para la acción final, en un
sentido o en otro.
Diez años (día por día, claro) después de que Isidore Wellby hubiera
firmado su pacto con Shapur, el demonio penetró en su despacho y le dijo
con el mayor enojo:
—¡Mire aquí...!
Wellby alzó la vista de su trabajo, asombrado.
—¿Quién es usted?
—Sabe demasiado bien quién soy.
Y miró al hombre con ojos duros y penetrantes.
—En absoluto —respondió Wellby.
—Creo que dice la verdad, pero le refrescaré la memoria.
Y así lo hizo en el acto, detallando los acontecimientos de los últimos
diez años.
—¡Ah, sí! —dijo Wellby—. Puedo explicarlo, desde luego, ¿pero está
seguro de que no seremos interrumpidos?
—No, no lo seremos —respondió ceñudo el demonio.
—Bueno, pues me hallaba en aquella cámara cerrada de bronce y...
—No me interesa eso. Lo que quiero es saber...
—¡Por favor! Déjeme que lo cuente a mi modo.
El demonio contrajo las mandíbulas y exhaló tal cantidad de bióxido
sulfúrico que Wellby tosió y adoptó una expresión de sufrimiento.
—Si quisiera apartarse un poco... —rogó—. Gracias... Así, pues, me
hallaba en aquella cámara cerrada de bronce y recuerdo que usted me
exponía la ausencia de toda solución de continuidad en las cuatro pareces, el
piso y el techo. Y se me ocurrió preguntarme por qué especificaba eso. ¿Qué
más había, aparte de las paredes, el piso y el techo? Definía usted un
espacio tridimensional, completamente circunscrito. Y eso era, en efecto.
Tridimensional. La habitación no estaba incluida en la cuarta dimensión. No
existía de forma indefinida en el pasado. Dijo que la había creado para mí.
Pensé entonces que, si uno se trasladaba al pasado, llegaría a un punto en el
tiempo, en el que no existía la cámara y, por lo tanto, se hallaría fuera de la
misma. Más aún, usted había dicho que podía moverme en cualquier
dimensión, y el tiempo se considera sin la menor duda una dimensión. En
todo caso, tan pronto como decidí moverme hacia el pasado, me retrotraje a
tremenda velocidad, y de repente el bronce desapareció.
Shapur clamó acongojado.
—Ya me lo imagino. No podría haber escapado de otra manera. Es ese
contrato suyo lo que me preocupa. No se ha convertido en una vulgar alma
condenada. De acuerdo, eso forma parte del juego. Pero al menos debe ser uno de los nuestros, un ejecutivo. Para eso se le pagó. Si no lo entrego
abajo, me veré en un enorme lío.
Wellby se encogió de hombros.
—Lo siento por usted, desde luego, pero no puedo ayudarle. Debió de
haber creado la cámara de bronce inmediatamente después de que yo
estampara mi firma en el documento. Como no fue así, al salir de ella me
encontré justo en el momento en que establecíamos nuestro convenio. Allí
estaba usted de nuevo y allí estaba yo. Usted empujando el contrato hacia
mí, y una pluma con la que me había de pinchar el dedo. Sin duda, al
retroceder en el tiempo, el futuro se borró de mi recuerdo, pero no del todo
al parecer. Al tenderme usted el contrato, me sentí inquieto. No recordé el
futuro, pero me sentí inquieto. Por lo tanto, no firmé. Le devolví el contrato
en blanco.
Shapur rechinó los dientes.
—Debí darme cuenta. Si las reglas de la probabilidad afectasen a los
demonios, debiera de haberme desplazado con usted a este nuevo mundo
supuesto. Tal como han sucedido las cosas, todo cuanto me queda por decir
es que ha perdido los diez años felices que le abonamos. Es un consuelo. Y
ya le atraparemos al final. Otro consuelo.
—¿Ah, sí? —replicó Wellby—. ¿De modo que hay consolaciones en el
infierno? A través de los diez años que he vivido realmente, ignoré lo que
acaso hubiera obtenido. Pero ahora que me trae usted a la memoria el
recuerdo de «los diez años que pudieron haber sido», recuerdo también que
en la cámara de bronce me dijo que los convenios demoníacos no daban
nada que no se obtuviera mediante la laboriosidad y la confianza en...
arriba. He sido laborioso y he confiado.
Los ojos de Wellby se posaron sobre la fotografía de su bella esposa y
los cuatro hermosos hijos. Luego, paseó la vista por el lujoso despacho,
decorado con el mejor gusto.
—Puedo muy bien escapar por completo al infierno. También el decidir
esto se halla fuera de su poder —añadió.
Y el demonio, lanzando un horrible chillido, se desvaneció para siempre.

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Rickard
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Registrado: Apr 19, 2005
Mensajes: 11434
Ubicación: Zaragoza (España)
MensajePublicado: Mie Feb 28, 2018 11:16 am    Asunto: Responder citando

Pasa escribió:
Creo que puede ser el cuento TRETA TRIDIMENSIONAL de Issac Asimov.
Lo tienes en el volumen 1 de sus cuentos completos.

Sí, tiene toda la pinta de ser éste. Very Happy


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evaristo
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Mensajes: 3
MensajePublicado: Mar Jun 05, 2018 10:32 am    Asunto: Responder citando

Es una pena que tengas tan pocos datos, no me remiten a ninguno que haya leído.

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