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El sentimiento de lo fantástico (Julio Cortázar)

 
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juanma
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Registrado: Jan 03, 2007
Mensajes: 499
MensajePublicado: Mie Mar 21, 2012 2:07 pm    Asunto: El sentimiento de lo fantástico (Julio Cortázar) Responder citando

No sabía muy bien dónde colgar esto (lo mismo hasta se ha visto ya por aquí). Es de una conferencia de Julio Cortázar en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas. No he localizado la fecha.

Arrow Los que no conozcan el cuento La noche boca arriba que se salten el párrafo correspondiente porque lo destripa enterito.


Yo he sido siempre y primordialmente considerado como un prosista. La poesía es un poco mi juego secreto, la guardo casi enteramente para mí y me conmueve que esta noche dos personas diferentes hayan aludido a lo que yo he podido hacer en el campo de la poesía. (...) he pensado que me gustaría hablarles concretamente de literatura, de una forma de literatura: el cuento fantástico.

Yo he escrito una cantidad probablemente excesiva de cuentos, de los cuales la inmensa mayoría son cuentos de tipo fantástico. El problema, como siempre, está en saber qué es lo fantástico. Es inútil ir al diccionario, yo no me molestaría en hacerlo, habrá una definición, que será aparentemente impecable, pero una vez que la hayamos leído los elementos imponderables de lo fantástico, tanto en la literatura como en la realidad, se escaparán de esa definición.

Ya no sé quién dijo, una vez, hablando de la posible definición de la poesía, que la poesía es eso que se queda afuera, cuando hemos terminado de definir la poesía. Creo que esa misma definición podría aplicarse a lo fantástico, de modo que, en vez de buscar una definición preceptiva de lo que es lo fantástico, en la literatura o fuera de ella, yo pienso que es mejor que cada uno de ustedes, como lo hago yo mismo, consulte su propio mundo interior, sus propias vivencias, y se plantee personalmente el problema de esas situaciones, de esas irrupciones, de esas llamadas coincidencias en que de golpe nuestra inteligencia y nuestra sensibilidad tienen la impresión de que las leyes, a que obedecemos habitualmente, no se cumplen del todo o se están cumpliendo de una manera parcial, o están dando su lugar a una excepción.

Ese sentimiento de lo fantástico, como me gusta llamarle, porque creo que es sobre todo un sentimiento e incluso un poco visceral, ese sentimiento me acompaña a mí desde el comienzo de mi vida, desde muy pequeño, antes, mucho antes de comenzar a escribir, me negué a aceptar la realidad tal como pretendían imponérmela y explicármela mis padres y mis maestros. Yo vi siempre el mundo de una manera distinta, sentí siempre, que entre dos cosas que parecen perfectamente delimitadas y separadas, hay intersticios por los cuales, para mí al menos, pasaba, se colaba, un elemento, que no podía explicarse con leyes, que no podía explicarse con lógica, que no podía explicarse con la inteligencia razonante.

Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando, caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí, donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico. Eso no es ninguna cosa excepcional, para gente dotada de sensibilidad para lo fantástico, ese sentimiento, ese extrañamiento, está ahí, a cada paso, vuelvo a decirlo, en cualquier momento y consiste sobre todo en el hecho de que las pautas de la lógica, de la causalidad del tiempo, del espacio, todo lo que nuestra inteligencia acepta desde Aristóteles como inamovible, seguro y tranquilizado se ve bruscamente sacudido, como conmovido, por una especie de, de viento interior, que los desplaza y que los hace cambiar.

Un gran poeta francés de comienzos de este siglo, Alfred Jarry, el autor de tantas novelas y poemas muy hermosos, dijo una vez, que lo que a él le interesaba verdaderamente no eran las leyes, sino las excepciones de las leyes; cuando había una excepción, para él había una realidad misteriosa y fantástica que valía la pena explorar, y toda su obra, toda su poesía, todo su trabajo interior, estuvo siempre encaminado a buscar, no las tres cosas legisladas por la lógica aristotélica, sino las excepciones por las cuales podía pasar, podía colarse lo misterioso, lo fantástico, y todo eso no crean ustedes que tiene nada de sobrenatural, de mágico, o de esotérico; insisto en que por el contrario, ese sentimiento es tan natural para algunas personas, en este caso pienso en mí mismo o pienso en Jarry a quien acabo de citar, y pienso en general en todos los poetas; ese sentimiento de estar inmerso en un misterio continuo, del cual el mundo que estamos viviendo en este instante es solamente una parte, ese sentimiento no tiene nada de sobrenatural, ni nada de extraordinario, precisamente cuando se lo acepta como lo he hecho yo, con humildad, con naturalidad, es entonces cuando se lo capta, se lo recibe multiplicadamente cada vez con más fuerza; yo diría, aunque esto pueda escandalizar a espíritus positivos o positivistas, yo diría que disciplinas como la ciencia o como la filosofía están en los umbrales de la explicación de la realidad, pero no han explicado toda la realidad, a medida que se avanza en el campo filosófico o en el científico, los misterios se van multiplicando, en nuestra vida interior es exactamente lo mismo.

Si quieren un ejemplo para salir un poco de este terreno un tanto abstracto, piensen solamente en eso que utilizamos continuamente y que es nuestra memoria. Cualquier tratado de psicología nos va a dar una definición de la memoria, nos va a dar las leyes de la memoria, nos va a dar los mecanismos de funcionamiento de la memoria. Y bien, yo sostengo que la memoria es uno de esos umbrales frente a los cuales se detiene la ciencia, porque no puede explicar su misterio esencial, esa memoria que nos define como hombres, porque sin ella seríamos como plantas o piedras; en primer lugar, no sé si alguna vez se les ocurrió pensarlo, pero esa memoria es doble; tenemos dos memorias, una que es activa, de la cual podemos servirnos en cualquier circunstancia práctica y otra que es una memoria pasiva, que hace lo que le da la gana: sobre la cual no tenemos ningún control.

Jorge Luis Borges escribió un cuento que se llama “Funes el memorioso”, es un cuento fantástico, en el sentido de que el personaje Funes, a diferencia de todos nosotros, es un hombre que posee una memoria que no ha olvidado nada, y cada vez que Funes ha mirado un árbol a lo largo de su vida, su memoria ha guardado el recuerdo de cada una de las hojas de ese árbol, de cada una de las irisaciones de las gotas de agua en el mar, la acumulación de todas las sensaciones y de todas las experiencias de la vida están presentes en la memoria de ese hombre. Curiosamente en nuestro caso es posible, es posible que todos nosotros seamos como Funes, pero esa acumulación en la memoria de todas nuestras experiencias pertenecen a la memoria pasiva, y esa memoria solamente nos entrega lo que ella quiere.

Para completar el ejemplo si cualquiera de ustedes piensa en el número de teléfono de su casa, su memoria activa le da ese número, nadie lo ha olvidado, pero si en este momento, a los que de ustedes les guste la música de cámara, les pregunto cómo es el tema del andante del cuarteto 427 de Mozart, es evidente que, a menos de ser un músico profesional, ninguno de ustedes ni yo podemos silbar ese tema y, sin embargo, si nos gusta la música y conocemos la obra de Mozart, bastará que alguien ponga el disco con ese cuarteto y apenas surja el tema nuestra memoria lo continuará. Comprenderemos en ese instante que lo conocíamos, conocemos ese tema porque lo hemos escuchado muchas veces, pero activamente, positivamente, no podemos extraerlo de ese fondo, donde quizá como Funes, tenemos guardado todo lo que hemos visto, oído, vivido.

Lo fantástico y lo misterioso no son solamente las grandes imaginaciones del cine, de la literatura, los cuentos y las novelas. Está presente en nosotros mismos, en eso que es nuestra psiquis y que ni la ciencia, ni la filosofía consiguen explicar más que de una manera primaria y rudimentaria.

Ahora bien, si de ahí, ya en una forma un poco más concreta, nos pasamos a la literatura, yo creo que ustedes están en general de acuerdo que el cuento, como género literario, es un poco la casa, la habitación de lo fantástico. Hay novelas con elementos fantásticos, pero son siempre un tanto subsidiarios, el cuento en cambio, como un fenómeno bastante inexplicable, en todo caso para mí, le ofrece una casa a lo fantástico; lo fantástico encuentra la posibilidad de instalarse en un cuento y eso quedó demostrado para siempre en la obra de un hombre que es el creador del cuento moderno y que se llamó Edgar Allan Poe. A partir del día en que Poe escribió la serie genial de su cuento fantástico, esa casa de lo fantástico, que es el cuento, se multiplicó en las literaturas de todo el mundo y además sucedió una cosa muy curiosa y es que América Latina, que no parecía particularmente preparada para el cuento fantástico, ha resultado ser una de las zonas culturales del planeta, donde el cuento fantástico ha alcanzado sus exponentes, algunos de sus exponentes más altos. Piensen, los que se preocupan en especial de literatura, piensen en el panorama de un país como Francia, Italia o España, el cuento fantástico no existe o existe muy poco y no interesa, ni a autores, ni a lectores; mientras que, en América Latina, sobre todo en algunos países del cono sur: en el Uruguay , en la Argentina... ha habido esa presencia de lo fantástico que los escritores han traducido a través del cuento. Cómo es posible que en un plazo de treinta años el Uruguay y la Argentina hayan dado tres de los mayores cuentistas de literatura fantástica de la literatura moderna. Estoy naturalmente citando a Horacio Quiroga, a Jorge Luis Borges y al uruguayo Felisberto Hernández, todavía, injustamente, mucho menos conocido.

En la literatura lo fantástico encuentra su vehículo y su casa natural en el cuento y entonces, a mí personalmente no me sorprende, que habiendo vivido siempre con la sensación de que entre lo fantástico y lo real no había límites precisos, cuando empecé a escribir cuentos ellos fueran de una manera casi natural, yo diría casi fatal, cuentos fantásticos.

(...) Elijo para demostrar lo fantástico uno de mis cuentos, La noche boca arriba, y cuya historia, resumida muy sintéticamente, es la de un hombre que sale de su casa en la ciudad de París, una mañana, en una motocicleta y va a su trabajo, observando, mientras conduce su moto, los altos edificios de concreto, las casas, los semáforos y en un momento dado equivoca una luz de semáforo y tiene un accidente y se destroza un brazo, pierde el sentido y al salir del desmayo, lo han llevado al hospital, lo han vendado y está en una cama, ese hombre tiene fiebre y tiene tiempo, tendrá mucho tiempo, muchas semanas para pensar, está en un estado de sopor, como consecuencia del accidente y de los medicamentos que le han dado; entonces se adormece y tiene un sueño; sueña curiosamente que es un indio mexicano de la época de los aztecas, que está perdido entre las ciénagas y se siente perseguido por una tribu enemiga, justamente los aztecas que practicaban aquello que se llamaba la guerra florida y que consistía en capturar enemigos para sacrificarlos en el altar de los dioses.

Todos hemos tenido y tenemos pesadillas así. Siente que los enemigos se acercan en la noche y en el momento de la máxima angustia se despierta y se encuentra en su cama de hospital y respira entonces aliviado, porque comprende que ha estado soñando, pero en el momento en que se duerme la pesadilla continúa, como pasa a veces y entonces, aunque él huye y lucha es finalmente capturado por sus enemigos, que lo atan y lo arrastran hacia la gran pirámide, en lo alto de la cual están ardiendo las hogueras del sacrificio y lo está esperando el sacerdote con el puñal de piedra para abrirle el pecho y quitarle el corazón. Mientras lo suben por la escalera, en esa última desesperación, el hombre hace un esfuerzo por evitar la pesadilla, por despertarse y lo consigue; vuelve a despertarse otra vez en su cama de hospital, pero la impresión de la pesadilla ha sido tan intensa, tan fuerte y el sopor que lo envuelve es tan grande, que poco a poco, a pesar de que él quisiera quedarse del lado de la vigilia, del lado de la seguridad, se hunde nuevamente en la pesadilla y siente que nada ha cambiado. En el minuto final tiene la revelación. Eso no era una pesadilla, eso era la realidad; el verdadero sueño era el otro. Él era un pobre indio, que soñó con una extraña, impensable ciudad de edificios de concreto, de luces que no eran antorchas, y de un extraño vehículo, misterioso, en el cual se desplazaba, por una calle.

Si les he contado muy mal este cuento es porque me parece que refleja suficientemente la inversión de valores, la polarización de valores, que tiene para mí lo fantástico y, quisiera decirles además, que esta noción de lo fantástico no se da solamente en la literatura, sino que se proyecta de una manera perfectamente natural en mi vida propia.

Terminaré este pequeño recuento de anécdotas con algo que me ha sucedido hace aproximadamente un año. Ocho años atrás escribí un cuento fantástico que se llama “Instrucciones para John Howell”, no les voy a contar el cuento; la situación central es la de un hombre que va al teatro y asiste al primer acto de una comedia, más o menos banal, que no le interesa demasiado; en el intervalo entre el primero y el segundo acto dos personas lo invitan a seguirlos y lo llevan a los camerinos, y antes de que él pueda darse cuenta de lo que está sucediendo, le ponen una peluca, le ponen unos anteojos y le dicen que en el segundo acto él va a representar el papel del actor que había visto antes y que se llama John Howell en la pieza.

“Usted será John Howell”. Él quiere protestar y preguntar qué clase de broma estúpida es esa, pero se da cuenta en el momento de que hay una amenaza latente, de que si él se resiste puede pasarle algo muy grave, pueden matarlo. Antes de darse cuenta de nada escucha que le dicen “salga a escena, improvise, haga lo que quiera, el juego es así”, y lo empujan y él se encuentra ante el público... No les voy a contar el final del cuento, que es fantástico, pero sí lo que sucedió después.

El año pasado recibí desde Nueva York una carta firmada por una persona que se llama John Howell. Esa persona me decía lo siguiente: “Yo me llamo John Howell, soy un estudiante de la universidad de Columbia, y me ha sucedido esto; yo había leído varios libros suyos, que me habían gustado, que me habían interesado, a tal punto que estuve en París hace dos años y por timidez no me animé a buscarlo y hablar con usted. En el hotel escribí un cuento en el cual usted es el protagonista, es decir que, como París me ha gustado mucho, y usted vive en París, me pareció un homenaje, una prueba de amistad, aunque no nos conociéramos, hacerlo intervenir a usted como personaje. Luego, volví a N.Y, me encontré con un amigo que tiene un conjunto de teatro de aficionados y me invitó a participar en una representación; yo no soy actor, decía John, y no tenía muchas ganas de hacer eso, pero mi amigo insistió porque había otro actor enfermo. Insistió y entonces yo me aprendí el papel en dos o tres días y me divertí bastante. En ese momento entré en una librería y encontré un libro de cuentos suyos donde había un cuento que se llamaba “Instrucciones para John Howell”. ¿Cómo puede usted explicarme esto, agregaba, cómo es posible que usted haya escrito un cuento sobre alguien que se llama John Howell, que también entra de alguna manera un poco forzado en el teatro, y yo, John Howell, he escrito en París un cuento sobre alguien que se llama Julio Cortázar.

Yo los dejo a ustedes con esta pequeña apertura, sobre el misterio y lo fantástico, para que cada uno apele a su propia imaginación y a su propia reflexión y desde luego, a partir de este minuto estoy dispuesto a dialogar y a contestar, como pueda, las preguntas que me hagan.

FIN

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Arriezu
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Registrado: Apr 14, 2005
Mensajes: 441
MensajePublicado: Mie Mar 21, 2012 6:47 pm    Asunto: Responder citando

A parte del discurso sobre el genéro fantástico, la historia de John Howell me pone los pelos de punta y me recuerda a «Sobre héroes y tumbas» de Sabato donde bien enmarcarda aparece la leyenda «LAS CASUALIDADES NO EXISTEN», y se me vuelven a poner los pelos de punta.

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Meiroi
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Registrado: Jun 22, 2009
Mensajes: 531
Ubicación: Saliendo de la bruma para llegar a la niebla
MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 1:52 pm    Asunto: Responder citando

Esa es la mayor virtud de Cortázar. Hacer que las situaciones más sencillas acaben poniéndonos los pelos de punta. Como ningún otro escritor, el supo ver siempre el elemento fantástico en la trama de la cotidianeidad. Lo explica de maravilla él mismo en el texto. Porque eso es lo inquietante de la fantasía que los creadores de mundos no saben ver. Echar la fantasía fuera de nosotros, hacerla reina de otros seres y otros hombres es farragoso y cuesta, pero hacerla patente en cada esquina de nuestro propio mundo, de cada momento de nuestra vida, es algo que solo los genios de la palabra pueden conseguir. Y además logrando que seamos capaces de ver por nosotros mismos esa fantasía diaria. Propongo una cosa, contar nuestra propia experiencia fantástica, tal y como hacia Cortázar en su discurso.
Empiezo.
Hace muchos años, estando en el instituto, soñé una noche con una extraña casa en la que me encontraba rodeada de personas desconocidas para mí. En uno de los momentos salía a una especie de descansillo descubierto por donde trascurrían las escaleras del edificio. Parecía ser un edificio antiguo, con escaleras de madera, dominado por un gran patio central. En una de las paredes que daban a las escaleras se encontraba una extraña fuente, con su grifo de bronce sobre una pila de porcelana. En el sueño tenía sed y curiosidad por lo que abrí el grifo. El agua salia turbía y alguien exclamaba: "¡Parece gris!". No se si el sueño continuaba o no pues esto es todo lo que recuerdo de él; como se ve nada extraordinario. Lo extraño es que no lo olvidase al despertar y me acompañase durante tanto tiempo. Muchos años después (bueno, no tantos), en el conservatorio donde estudiaba violín se organizó un viaje para visitar la Viena de Mozart. Una de las excursiones del viaje se dirigía a Salzburgo, la ciudad natal de Mozart. Allí fuimos todos y, como buenas ovejitas turistas, visitamos la casa donde nació el genio. La casa, como es de suponer, era antigua, con un patio central del cual subían unas escaleras de madera que daban a los diversos pisos. En el piso acondicionado como museo, donde se cree que nació Mozart, había una fuente en el descansillo, con un grifo de bronce reluciente sobre una pileta de mármol. Mis compañeros de viaje, a los cuales conocía desde hacía unos pocos años, se me quedaron mirando de forma muy rara cuando les dejé de lado y fui a abrir el grifo. Cuando el agua comenzó a salir se acercaron y una de mis conocidas dijo: "¡Parece gris!". Y, me salió del alma, le repliqué: "Si, como en los sueños". Lo que siguió fue una charla sacada de cuarto milenio sobre los sueños, su significado y demás pero eso no quita que todo sucediese tal y como lo cuento. Sacad vuestras conclusiones.


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-Parecéis un hombre decente. Lamentaré mataros.
-Vos también lo parecéis. Lamentaré morir.
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Eldaril
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Registrado: Jan 30, 2005
Mensajes: 2128
Ubicación: A Coruña
MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 3:42 pm    Asunto: Responder citando

Sin ánimo de hacer promo de sitios fuera de sedice ni nada así, os propongo la lectura de este análisis de "La noche boca arriba", que tiene mucho que ver con lo que se está comentando.

http://grupocoreander.wordpress.com/2012/02/10/comentarios-filosofico-literarios-la-noche-boca-arriba-de-julio-cortazar/

Eso sí, es un spoiler completito eh?


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Nethescurial
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Registrado: Sep 07, 2006
Mensajes: 1897
Ubicación: Madrid
MensajePublicado: Jue Mar 22, 2012 8:26 pm    Asunto: Responder citando

Muy bella anécdota, Meroi. Gracias por compartirla.

Quizás lo más curioso que me haya pasado, susceptible de una lectura fantástica, fue el día de la muerte de mi abuelo, una tarde de los años ochenta, en una pequeña clínica de la calle San Bernardo, aquí en Madrid. (Ya no existe, hacía esquina con la calle de la Palma).

Mi abuelo se estaba muriendo y el fatal desenlace era cuestión de un día u otro. Yo iba a cumplir con mi deber diario de pasar algunas horas con el enfermo y relevar a los mayores que le velaban muchas más horas. En el umbral de la clínica sentí un llamamiento imperioso, puramente interno, de retrasar mi entrada tan solo cinco minutos. Me acuerdo que lo formulé así, tan solo cinco minutos. Velar un moribundo, como supongo que imaginais los que hayais tenido suerte de no experimentarlo es anguistioso cuando no es aburrido. Entraba dentro de lo posible que quisiera retrasarlo lo más posible, pero ¿por que cinco minutos? La cosa es que bajé un par de bocacalles mirando escaparates.

Cinco minutos después estaba en la habitación y me encontré a bastantes familiares llorando a moco tendido. Un tio lejano me recibió diciendo: tu abuelo acaba de fallecer. Quise precisar el momento y me concretaron: ahora mismo, hace uno o dos minutos.

Supongo que esto se puede atribuir a la mera casualidad. Lo que distingue al devoto de lo fantástico (que no es necesariamente un obseso de las paraciencias) es su creencia íntima o al menos su fe en la posibilidad de que este tipo de experiencias nos digan algo sobre el envés de la realidad. Que nos revelen la existencia de esos otros mundos, que como quería Paul Eluard, están en este.


_________________
No se puede ser tímido con la polka. (Frase oída al azar con ocasión del último baile celebrado en el Gran Salón del Palacio de Invierno, durante la Rusia Zarista, en 1913).

http://www.nethescurial.blogspot.com/
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baladro
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Registrado: Sep 03, 2008
Mensajes: 660
MensajePublicado: Vie Mar 23, 2012 4:16 pm    Asunto: Responder citando

No había tenido tiempo o reposo suficiente para leer estos comentarios hasta ahora.
Es curioso como la poesía, el sueño, la fantasía o la escritura se dan la mano pero muchas más veces de lo que creemos.

Son varios los sueños que he tenido y que ahora, al paso del tiempo, han pasado a ser como recuerdos de algo vivido y que a veces, lo han sido, son cosas banales como la fuente gris de Meiroi o más serias como el miedo de Nethescurial.

Por ejemplo, y para dar mi pequeño grano de arena, hace ya años cuando llegamos a una casa en la costa asturiana, ya de noche y sin ver a los dueños de la misma que nos la alquilaban, nos metimos directos en la cama a descansar y a la mañana siguiente, habíamos soñado, mi mujer y yo, con conejos gigantes inmensos. Después de desayunar y al salir afuera, rodear la casa y encontrar en la parte de atrás, unas jaulas con unos inmensos conejos.

Por otro lado, puntualizar que a diferencia de Cortaza, yo sí veo a América como propicia desde sus inicios en los tiempos como propensa a lo fantástico. Y también había que coger con pinzas la falta de lo fantástico en Francia, tal vez sea aclaraciones o limitaciones de conceptos, pero bueno.

Y por último, sólo falta leer un poco de los últimos postulados de la física, el metaverso para no ir muy lejos, para comprender que la ciencia está superando con creces a la fantasía más desorbitada Wink

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Nethescurial
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Registrado: Sep 07, 2006
Mensajes: 1897
Ubicación: Madrid
MensajePublicado: Sab Mar 24, 2012 11:04 am    Asunto: Responder citando

Hay un fragmento de la novela de Alexander Lernet-Holenia, "Marte en Aries", recientemente reditada que me parece viene al pelo del asunto.

"Y, casi siempre, sólo lo que es falso tiene cierto ingenio. Es como si de este modo la Humanidad tratara de expresar su repudio de la realidad, tan prosaica.

-¿Cree usted?

-Si. Incluso el peor escritor es capaz de inventar historias mejores que las de la vida real. Y si la soportamos, es porque la vivimos de un modo irreal. Nada más triste que quedar atrapados bajo la muela de la vida. Eso nos hace a todos iguales.

-No estoy del todo de acuerdo - dijo Wallmoden -. Tengo la impresión, que se ha acentuado en los últimos tiempos, de que en la vida puede haber también mucha fantasía.

-Eso habla en favor de usted únicamente - refutó el desconocido -. Porque, si se analiza a sí mismo, verá que es usted quien ha provocado esa sensación y que la vida en nada ha influido."


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No se puede ser tímido con la polka. (Frase oída al azar con ocasión del último baile celebrado en el Gran Salón del Palacio de Invierno, durante la Rusia Zarista, en 1913).

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kaliman
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Registrado: Jun 02, 2007
Mensajes: 698
MensajePublicado: Sab May 12, 2012 1:41 am    Asunto: Responder citando

Yo me quedo con la descripción del mismo Julio Cortázar para el cuento La noche boca arriba, aunque yo pensé que se trataba de >>>SPOILER<<<

Ahora, pues sería interesante si alguien colabora con algún documento donde el mismo Cortázar comente su cuento Casa tomada. Hay muchas páginas que realizan estudios sobre ese relato, hasta le dan significados políticos al mismo, pero sólo el mismo autor debe saber el mensaje oculto.

Ahora, sobre mi mundo real y mi mundo fantástico, pues también lo tengo, paso a comentar más tarde.


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