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La antigua Vamurta
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Autor Mensaje
Igor
Afincado
Afincado



Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Mar Oct 27, 2009 1:41 pm    Asunto: Responder citando

Y me sigue extrañando un poco, pero ahora, separado en el tiempo del libro, no tanto. Quizás se me haya ido la mano, pero no fue premeditado.

dafd, agradecer tu post. Aunque la lectura cree una sensación a veces de pesadilla, mi intención es trasladar al papel un hálito de épica, de fulgor.

Velkar. Al final te tendré que dar la razón. Hay mucha tristeza. ¿Quizás demasiada? Pero luego sale el sol, un poco. Vamurta tiene cosas de novela fantástica, porque contiene un orden moral propio, no como la realidad, que es corrupta y difícil de preveer. (aquí, en Barcelona, cada día más).

Un saludo.

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Prospector
Alcaide
Alcaide



Registrado: Jun 24, 2007
Mensajes: 1343
Ubicación: Coruña City
MensajePublicado: Jue Nov 19, 2009 11:04 am    Asunto: Responder citando

Como siempre un placer pasarme por aquí, a ver si con un poco de tiempo te señalo algún hecho importante, aunque es dificil mejorar lo que estoy leyendo. Un saludo.

_________________
"El que lucha contra nosotros nos refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad". Edmund Burke.
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Igor
Afincado
Afincado



Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Dom Nov 22, 2009 8:55 am    Asunto: Responder citando

Hola Prospector,

Gracias por pasarte, por leer y por dejar tu comentario, que siempre leo con lupa.
Ya hace días que no nos dejas nada. Supongo que las obligaciones requieren casi toda tu atención, cosa que también me está sucediendo a mí.
Un saludo.

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Igor
Afincado
Afincado



Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Mie Dic 23, 2009 11:00 pm    Asunto: Responder citando

Hola,

He montado un blog. Es un sitio fácil, creo, y no debo pagar hosting, algo que siempre se agradece.

Allí, hablo un poco sobre Antigua Vamurta pero también de otras cosas. La idea es hacerlo cada vez más genérico, más amplio y variado.

http://epicavamurta.blogspot.com/


Espero que os guste.

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Rafaelhomar
Campista
Campista



Registrado: Jan 04, 2010
Mensajes: 71
MensajePublicado: Lun Ene 11, 2010 1:52 pm    Asunto: Responder citando

Hola, Igor, no sé qué pasa que me está fallando el blog y no te puedo dejar comentarios. No es la primera vez que me pasa y se suele arreglar con un tiempo. Te sigo leyendo y tomando apuntes y ya te mandaré mis comentarios cuando todo se arregle.

Saludos
Rafa

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Igor
Afincado
Afincado



Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 3:11 pm    Asunto: Responder citando

Hola, Rafael, no te preocupes. Te agradezco mucho que lo estés leyendo, que te tomes esa molestia y ese tiempo. Lo mismo hago yo con tus escritos.
Como soy un fuera de serie con las nuevas tecnologías, esas cosas a mí también me pasan muy a menudo.

Un abrazo.

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Igor
Afincado
Afincado



Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 3:42 pm    Asunto: Responder citando

Grupo AJEC publicará Antigua Vamurta en un año, aproximadamente, en su colección Excálibur Fantástica.

Esta noticia supone un gran alivio, y, a la vez, un gran revulsivo para continuar escribiendo con ahínco.

Quiero dar las gracias a todos los que os habéis pasado por aquí, por leer. También quiero dar las gracias a Velkar, a Rafelhomar, a Nando111.
Mencionar que Prospector, desde Coruña City, y dafd, con sus correcciones y su saber hacer, han sido una ayuda enorme. ¡Qué calidad! ¡Qué gozada de posts y análisis! Me han dado para reflexionar durante horas, para volver sobre lo andado, intentando rectificar. Eso no tiene precio.
Aquí, en Sedice, donde disfruto mucho leyendo a otros, he aprendido, noto que participar me ha permitido avanzar, mejorar. Y sobre todo, permite compartir historias, puntos de vista, descubrir cosas nuevas, enriquecerse, en una palabra.

En fin, que seguiré dando la lata.

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Prospector
Alcaide
Alcaide



Registrado: Jun 24, 2007
Mensajes: 1343
Ubicación: Coruña City
MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 4:22 pm    Asunto: Responder citando

Justo a tiempo para los reyes, tomaré nota para un regalo. Este año ya lo he hecho y no me he sentido defraudado. Y ya sabes que aquí estamos para ayudar. Un saludo y felicidades.

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"El que lucha contra nosotros nos refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad". Edmund Burke.
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Igor
Afincado
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 5:45 pm    Asunto: Responder citando

Y menuda ayuda, Prospector, menuda ayuda.
Gracias por estar ahí.
No sé si se editará antes de los Reyes, pero iré informando de todo.
Espero no defraudarte.

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Nando1111
Colono
Colono



Registrado: May 31, 2009
Mensajes: 199
MensajePublicado: Jue Ene 14, 2010 5:55 pm    Asunto: Responder citando

Enhorabuena, Igor.

Ahora a morderte las uñas durante un año hasta que se haga realidad. Seguro que tienes nuevos proyectos para escribir.

Me alegro de que te vayan a publicar, seguro que el libro será un éxito.

Saludos.


_________________
http://eldesvandeteddytodd.blogspot.com/
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Igor
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Vie Ene 15, 2010 9:44 am    Asunto: Responder citando

Ja, ja, ¡cuánta razón tienes! A morderse las uñas y a cruzar los dedos.
Nando, gracias por los buenos deseos, con que se hagan realidad un parte, ya estaría muy bien.

Eso sí, un año es una eternidad.

Un saludo.

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Igor
Afincado
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Vie Feb 05, 2010 1:19 pm    Asunto: Responder citando

Hola,

Dejo un esbozo de una de las razas de Vamurta. Son Los Pueblos del Mar. Aquí me acero des del mito, en los vesclanos (quizá lo suba, pero no me convence mucho), des de la historia, aunque sin duda resulta más aburrido.


Los Pueblos del Mar


"Dice una leyenda de los Pueblos del Mar que, Effa, diosa de los abismos marinos, creó el hombre con la loza de una de sus simas más profundas. Lo hizo emerger y lo situó sobre una playa. Desde la costa, el hombre emprendió el camino del interior, llegando al corazón del bosque, a los picos donde la nieve nunca se retira, y a los valles lejanos, en los que la uva crece llena y dulce.
Dice la leyenda que algunos de estos hombres jamás olvidaron las palabras de Effa, y decidieron quedarse en la orilla para poder venerarla, generación tras generación. Estos son los hombres y mujeres de los Pueblos del Mar. Lejos de querer un hogar, una frontera o una empalizada que defender, desean por encima de todo cabalgar con sus piraguas, partiendo en dos los latidos de las olas.
Y es que este Pueblo se desplaza de un punto a otro del Mar de los Anónimos cada cierto tiempo, disgregándose en una diáspora que les asegura su propia supervivencia, al igual que no es posible aplastar las golondrinas que emigran a los rincones dispares y lejanos.

Las primeras referencias de estas gentes se hallan en los Anales del Tecer Ciclo de la Antigua Vamurta, cuando los muros de ciudades y villas aún estaban hechos de bloques de barro cocido y argamasa. Se habla de una rara invasión a considerable distancia del sur de la capital, de todo un pueblo llegado en un sinfín de naves pequeñas, huyendo, posiblemente de algún cataclismo. De esos hechos queda, en el templo de Arismet, un bajorrelieve desgastado por el tiempo, que narra como el Conde De Sibila los rechaza, cerca del Cerros Blancos. Nada más se sabe de ese choque, aunque algunos historiadores apuntan a que parte de los invasores emigraron al interior de las junglas del sur."

Fragmento de "La Antigua Vamurta":

“El Conde observó a aquel hombre un rato más. Parecía joven y al tiempo muy viejo. Los brazos y la espalda de un gigante, la expresión de un moribundo. Su piel oscura, sus ojos estirados recordaban a los de un murriano. El hombre llevaba una hilera de pendientes en la oreja derecha y el cabello largo y sucio, atado con una cola. Los otros eran de su clan: la misma piel tostada, facciones parecidas, los colgantes idénticos.
—¿De dónde sois? –inquirió el Conde.
—¿De dónde somos? –hizo el hombre un pausa como si nunca antes se le hubiera ocurrida esa pregunta —. Somos de una tierra que se liga, que se mezcla con la costa, una tierra que juega con las olas, que entra y sale de su madre, la mar... ¿No sabéis quien somos aún, señor? Fuimos un pueblo libre, aunque éramos pocos, antes que los hombres grises nos rompieran y enmudecieran nuestros cantos. Somos algunos de los que quedan del Pueblo del Mar – acabó el hombre, sin esperar respuesta por parte de aquel extraño.”

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Igor
Afincado
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Dom Mar 14, 2010 8:59 am    Asunto: Responder citando

Un joven artista mejicano, Gin Hindew (Edwin), de Hidalgo, ha hecho algunas ilustraciones del libro.
Subo una de las colgadas en el blog, que se parece mucho a lo que tenía en la cabeza.


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Prospector
Alcaide
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Registrado: Jun 24, 2007
Mensajes: 1343
Ubicación: Coruña City
MensajePublicado: Dom Mar 14, 2010 11:23 am    Asunto: Responder citando

Esa pequeña narración no es de esas cosas que deberían constituir la columna vertebral, pero sí un buen elemento de contexto y eso le da profundidad, si lo conviertes en una canción, puesto en boca de alguien me parece muy aprovechable. En cuanto a la ilustración yo preferiría verla terminada porque yo creo que el falta detalle. Un saludo.

_________________
"El que lucha contra nosotros nos refuerza los nervios y perfecciona nuestra habilidad". Edmund Burke.
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dafd
Alcaide
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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 1614
MensajePublicado: Mar Mar 16, 2010 10:22 pm    Asunto: Responder citando

Es siempre curioso ver cómo interpretan gráficamente otros los personajes de uno. Seguro que hay sorpresas.
Es ingenioso el mito de creación de los pueblos del mar. Muy a propósito para la idiosincracia viajera y marítima de que quieres dotar a estos enigmáticos pueblos del mar.

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Igor
Afincado
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Vie Mar 19, 2010 1:10 pm    Asunto: Responder citando

Hola,
Gracias por los comentarios.

Me parece una buena idea lo de la canción. La idea, con esto, es ir presentando los personajes y las razas. Había considerado hablar de los distintos paisajes, incluso de las ciudades, pero eso ya sería inoportuno.
El detalle de la ilustración. Quizás tengas razón, pero me hizo tanta ilusión, que ya no vi nada más.

Hola dafd,
Sí que es curioso, y además permite ver los efectos de lo escrito, algo que normalmente es imposible.
Sí, los Pueblos del Mar están en Vamurta, pero también en los relieves del Antiguo Egipto. Hubo una invasión, o intento de, una gran batalla. Se cree que provenían de Grecia, incluso se dice que de Micenas, pero no hay nada seguro.

Os dejo una imagen de La Batalla del Delta


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Igor
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Jue Abr 29, 2010 3:00 pm    Asunto: Responder citando

Voy a colgar un primer relato de Vamurta. He dudado, porque no es lo mejor que he escrito, es más relato histórico que épico, y tiene un punto de experimento, meterme en la cabeza de una mujer. La Condesa Ermesenda.
Si no os gusta, ya habrán otros mejores. Saludos.



UN DÍA Y UNA NOCHE

Ermesenda iba dando saltos por el pasillo de Palacio. Tras tanto tiempo, ¡tras tanto tiempo!, podrían encontrarse los dos, solos. Canturreaba y brincaba sobre las losas de piedra sin dejar que sus talones tocaran el suelo. Agarró la cortina de terciopelo granate e improvisó unos pasos de baile, zarandeando la tela como si ésta fuera su pareja. Pasó delante de los ventanales de arcos ojivales como un actor desfila ante su público, llegando a su aposento. Ajustó la puerta y se lanzó sobre la cama, revolcándose sobre la colcha y los cojines, temblorosa aún por la nueva, refugiándose en la intimidad del dosel de visillo que, en su habitación, siempre la escondía de sus propios miedos y del mundo. Aspiró el aire con fuerza, se quedó quieta, panza arriba, dejando sus brazos inertes sobre la cama. Su corazón seguía palpitando acelerado.
—¿Por qué estás tan contenta? –su madre la miraba, bajo el arco de la puerta. No la había oído llegar.
—No lo sé, madre… Será por el baile de máscaras.
—Niña engreída –repuso burlona—. Espero que esta noche te comportes como la hija de vizcondes que eres.
—Madre. Ya sabéis que amo las fiestas. ¡Al cuerno con las ceremonias! ¡Hoy es el baile!
Su madre cruzó la habitación, observando todos los vestidos, zapatos y joyas desparramadas por el cuarto. Que su hija era una jovencita presumida, bien lo sabía, pero también se daba cuenta que había algo exagerado en todo aquello. Su hija había depositado sobre el alféizar de la ventana, a modo de objeto sagrado, la diadema de plata que le había regalado su padre el verano pasado. “Como una devota”, pensó.
—¿No pensáis aparecer esta noche? ¿Verdad, madre? —preguntó Ermesenda dando vueltas sobre la colcha—. ¿Me escucháis?
—Evidentemente, junto a tu padre. El Baile de Máscaras de Vamurta es la gran celebración del año, ¡la única vez que puedo pellizcar a tu padre sin que se enfade! –contestó, con un teatral gesto desafiante.
—¿Me dejaréis la máscara de zafiros?
Antes de salir de la habitación, la señora de la casa se giró un momento, negando con la cabeza.
—No iría a ese baile por nada del mundo. Además, podría hacerte sombra –contestó, alzando las cejas.
Cuando los pasos de su madre se perdían por el pasillo de la segunda planta de palacio, Ermesenda saltó de la cama dispuesta a comerse el mundo. Decidió enfundarse un vestido marrón que se abría por la espalda y se calzó unos zapatos negros y planos. Se miró en el pequeño espejo del tocador. De un gris pálido, su rostro le sonreía. Se colgó unos aros de oro, untó la yema de sus dedos en la pintura roja para mojar sus labios delgados. Tibia y algo viscosa, notaba la textura del barro, la misma arcilla con la que se garabateaba la cara siendo una chiquilla, ahí en el castillo donde pasó su infancia, lejos de aquella ciudad. Observando su propio reflejo, sintió un leve presagio, una premonición de algo que no entendía. Sin pensar más, corrió por el pasillo y bajó en tres saltos las escalinatas que la llevaban al atrio, donde descansaban carros y porteadores. Se dirigió a las cocinas, en las que los sirvientes se afanaban en preparar las comidas del día, sin importarles el vapor de las ollas y el calor de los fogones. Llamó a su dama de compañía, que pinchaba, para su cocción, un trozo de pastel en el fondo de la cocina.
—Vamos al mercado. Coge tu cesto y…
—Pero, señora. La compra ya está hecha. Fuimos con la salida del sol.
—No protestes —contestó Ermesenda, marcando su autoridad—. Coge el cesto.

Salieron de la gran casa por el callejón de atrás. Ermesenda quería devorar el mundo, a pesar del hedor de la callejuela oscura, de ese otoño que aún no había traído los primeros fríos tras el largo sofoco del verano.
Giraron en la Avenida de la Victoria, bajando por aquella rambla atestada, cruzándose con mercaderes y tenderos, soldados y damas que iban al mercado o a dejar pequeñas ofrendas en los templos, suplicando el favor de los cielos. Un murmullo de voces las acompañaba, un sonido discordante cargado de acentos, el latir de aquella mañana en que Ermesenda tomaría partido por primera vez en su vida.
—Escúchame, querida. Tú harás algunas compras ¡lo que quieras! Y dirás que yo las he hecho… O irás al templo, o las dos cosas…
—¿Señora? Hoy hemos comprado pescado de playa, y granos negros de pimienta, acelgas, pan de centeno y también medio cordero para la cena…
—No rechistes. ¿No te lo he contado? Hoy veré a Jacobo.
Su dama de compañía abrió mucho la boca para cerrarla de inmediato. Su señora la estaba arrastrando a un encuentro ilícito que no contaba con la aprobación de los vizcondes, y ella, era cómplice obligada. Un súbito espanto se apoderó de la doncella, temerosa del castigo y de perder su trabajo, pero Ermesenda, leyendo sus pensamientos, la cogió por el brazo.
—Un día seré yo la gran señora. Y Jacobo mi señor, aunque su casa no sea la más rica de Vamurta…Entonces tú serás la mayordoma mayor, con cargo de veinte o treinta sirvientes. De momento coge esto, por tu silencio –dijo, dejándole en la palma de la mano un streich de plata.
Cerró el puño su dama y Ermesenda la empujó hacia delante, hacia el mercado de los pescadores que bullía entre gritos, silbidos y empellones entre las mozas que buscaban el mejor lenguado al mejor precio y las señoras que, a pesar de comprar arenques en salmuera o pececillos de roca, no perdían sus aires de alta alcurnia. Pasaron entre la multitud, mezclándose en aquel pasacalles, las caóticas filas de hombres y mujeres que se tejían y destejían, sabiendo, pensaba Ermesenda, que si alguien intentaba seguirlas, las perdería en ese río revuelto. Se detuvieron detrás de un puesto de bacalaos y miraron atrás, sin ver a nadie sospechoso. Entonces, se adentraron en una de las calles laterales, los Hiladores, calle popular en la que los niños corrían bajo castillos de ropa tendida. Ermesenda dudó un instante antes de entrar en un portal estrecho de donde partía una escalera de caracol que giraba hacia las tinieblas del piso superior. Al cerrar la puerta, cesó el rumor del exterior, y ella y su dama iniciaron la ascensión.
—Señora…
—Ya sé. No te preocupes –contestó, algo inquieta—. Mejor baja y espérame en el templo de Sira. Sí, allí nadie preguntará nada.

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dafd
Alcaide
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Registrado: Jun 05, 2007
Mensajes: 1614
MensajePublicado: Jue Abr 29, 2010 5:12 pm    Asunto: Responder citando

Igor escribió:
pero también se daba cuenta que había algo exagerado en todo aquello. Su hija había depositado sobre el alféizar de la ventana, a modo de objeto sagrado, la diadema de plata que le había regalado su padre el verano pasado. “Como una devota”, pensó.
Aquí hay alguna clave fundamental, creo, del temperamento de Ermesenda: su pasión desenfrenada por el baile, casi tan exagerada como la de un devoto por su divinidad. El baile es el gran objetivo de esta mujer, de la que por cierto cuanto más sé más sorprendido me deja por su carácter un pelo despótico. No me imagino nignún obstáculo capaz de impedirla asistir. Por ello no es desperdicio tratar de expresar en los prolegómenos de la fiesta ese deseo de acudir, marcándolo con ciertos tintes de exageración. Y su madre bien puede servir de vehículo para expresarlo.
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Igor
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Vie Abr 30, 2010 7:00 pm    Asunto: Responder citando

Hola dafd,
Intento adentrarme en Ermesenda en su juventud, pero ya se vislumbra un cierto despotismo. A través de ella me acerco a la figura del poder absoluto, y la soledad que conlleva. Aunque aquí aún es joven, tiene ciertos ideales, y muchas ganas de dejarse ver en el baile, de figurar.
Y gracias por leerme.

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Ninotchka
Terrateniente
Terrateniente



Registrado: Jan 03, 2008
Mensajes: 861
MensajePublicado: Mar May 04, 2010 2:01 pm    Asunto: Responder citando

Oh, no había leído esto Shocked eso me pasa por perderme. En primer lugar, enhorabuena, Igor Very Happy qué gran noticia, me apunto el título para no perdérmelo Wink Y en segundo lugar, he leído (un poco en diagonal, lo reconozco, pero prometo hacerlo con más detenimiento) un par de fragmentos de lo que has puesto y... Caray, tiene una pintaca estupenda Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy Very Happy No me lo pierdo, eso tenlo por seguro.

El relato me ha parecido muy bueno Wink norabuena otra vez. Una pregunta: ¿el experimento es meterte en la cabeza de una mujer? Lo digo porque no pensamos diferente, cada personaje tiene sus cos sea hombre o mujer Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing Laughing me parece que has plasmado muy bien la psicología del personaje Wink aunque no puedo hablar con mucho conocimiento de causa porque sólo la he conocido a través de ese fragmento Confused


_________________
Aka yo
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Igor
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Registrado: Mar 05, 2009
Mensajes: 447
MensajePublicado: Mie May 05, 2010 11:29 am    Asunto: Responder citando

Hola Ninotchka, ¡¡saludos a Emérita Augusta!!
Vaya alegría. Qué bien que te haya gustado, es todo una recompensa a esto de darle al lápiz.
No te preocupes, que sobra tiempo para leerse el arranque del libro. Antigua Vamurta no sale hasta dentro de unos meses. ¿2011? No lo sé aún.

Ya lo dice mi mujer, que hablo con demasiados sobreentendidos.... Y que se hace un lío. A veces tiene razón. A veces.
El relato de Ermessenda tiene varios trozos (4 ó 5 en total). Lamento no haberlo dicho antes.

Aprovecho y subo el siguiente fragmento:




Al llegar a la primera planta, oyó como su doncella salía a la calle. Ante ella tenía una pequeña puerta sin cerradura. Se agachó para pasar y entró en un piso minúsculo, de aquellos donde las familias humildes de la ciudad se amontonaban unos sobre otros. Quiso marcharse pero le llegó una voz de hombre, alguien canturreaba al otro lado de la vivienda. Se armó de valor y alcanzó el comedor. Jacobo se giró al oírla entrar. Toda la estancia estaba tapizada con flores, parecía como si Jacobo hubiera comprado todos los ramos de Vamurta y los hubiera esparcido por el suelo desnudo y sobre el único mueble de la casa, una pequeña cama cubierta de lirios sobre la que llegaba la luz del mediodía. Se acercaron, hasta quedar uno frente al otro, indecisos. Él hizo el ademán de acercarse más, pero un leve movimiento de Ermesenda lo frenó. Se miraron, buscando el alma del otro, hasta que Jacobo se lanzó sobre ella y la besó con brusquedad. De un manotazo se lo quitó de encima y volvieron a mirarse. La media sonrisa de Ermesenda devolvió el valor a su amante, que respiró aliviado. ¡Cuánto tiempo! Desde el pasado invierno, cuando se conocieron en el Teatro, no habían dejado de verse, pero jamás habían podido estar los dos a solas. ¡Cuánto tiempo deseándolo! El corazón de Ermesenda resplandecía.

—Casi me asustas, ¿qué es este lugar? –dijo ella.
—Tuve que esperar a que esa familia abandonara la casa, ¿si no, dónde? –le contestó Jacobo con su voz de tonos graves—. Cada paso que das es vigilado por muchos ojos.
Se abrazaron, Jacobo acarició su cuello de bailarina como si tocara un jarrón de cristal, besándolo con cuidado. Casi no se oía nada en ese pequeño salón de paredes desconchadas y vacías. Era como si, allí, la calle fuera algo inexplicable y muy lejano. Ermesenda se sentía estremecida, agarrada a las espaldas de su amado, se sentía dichosa. Un hombre muy joven, de piel suave, que la miraba como si tuviera miedo de romperla, sonriente, embargado de emoción contenida.
—Tantas lunas sin poder besarte, sin tan siquiera poder tocarte…
—Nuestras familias. Toda esta ciudad que vigila y susurra —repuso ella—. No lo soporto.
—Serás mi esposa, y entonces todo esto nos parecerá un instante, nada más —rió, abrazándola de nuevo, apretando sus manos sobre la delgadez de la espalda de su amada.

Ermesenda imaginó el día de mañana, en un palacete de la Avenida de la Victoria, lleno de niños. Un humilde palacio de la nobleza de Vamurta a la espera que alguno de los grandes un día los honrara con una vista… Cerró los ojos y olvidó el futuro. Jacobo le había abierto la boca con los dedos y lamía sus labios con prudencia, temiendo alguna reacción contrariada. Sus lenguas húmedas se encontraban, enroscándose en un trémulo placer. Cayeron sobre la cama, rodando entre las sábanas, felices de encontrarse. A ratos se besaban como niños y reían por cualquier cosa. Jacobo la desnudaba con disimulo, esperando que ella marcara las reglas, los límites. Se hizo un lío con las tiras del escote de espalda y se detuvo.
Ermesenda se incorporó, sentada sobre sus rodillas, observando a su amado con una sonrisa enigmática. Empezó a desenredar su cabello rizado, dejándolo suelto sobre sus hombros. De un estirón, lo dejó sin calzones. Dejó caer las tiras de su vestido, apareciendo ante él como una diosa remota que muestra sus gracias a un fiel devoto. La sorpresa dejó extasiado a Jacobo, que quedó sin habla y sin saber muy bien qué debía hacer. Acto seguido, empezó a cabalgarlo con suavidad, equivocándose, obligados a parar para conseguir adaptarse el uno al otro, llegando al final, plenos.

—He tenido un sueño esta noche –susurró, mientras acariciaba los cabellos cortos de su querido—. Me perdía en un bosque espeso, de suelo duro, cubierto de hiedras que se enredaban en mis pies. No había mucha luz y sabía que debía salir de ahí. Caminaba deprisa, pero la espesura parecía atarme… No me movía o me movía muy poco. Creo, creo que las zarzas se enganchaban en mi vestido, en mi pelo y no veía nada. Caía la noche, empecé a correr sin destino, errando, sin ir hacia ningún lado. Las ramas, los matojos altos me nublaban, cuanto más avanzaba más aprisionada me sentía… Llegué a lo alto de un cerro, y a lo lejos, veía las playas de Vamurta y sus murallas, pero no podía alcanzarlas.
—No escuches los sueños –le respondió—. No los escuches, sólo nos traen desgracias. ¿Sabes de alguien que los haya seguido? ¿Qué de algo le hayan servido, amor?
— Jacobo, me tranquilizas –besó sus párpados—. Pero desperté con el corazón encogido.

Pensó en la noche de las máscaras. Brillaría como una estrella fugaz, resplandeciente entre la nobleza, querida y admirada. Quizás no era la hija de uno de los grandes, ni sus blasones contaban con un historial de gestas, pero durante el tiempo que durara el baile, quería ser la más mirada. Se abrazó a Jacobo, lo besó en la frente. Ermesenda se sentía llena de dicha, cargada de ilusiones. Incluso aquel piso de familia pobre adquiría una gracia que al entrar no había apreciado.
Quedaron medio dormidos, abrazados sobre la cama, acompañados por alguna voz y el vibrar de los pasos del piso de arriba. No sentían ni hambre ni calor, ni acusaban el paso del tiempo. Divagaban sus mentes por senderos distintos mientras cada uno sentía el latir del otro.


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Ultima edición por Igor el Sab May 08, 2010 2:43 pm, editado 2 veces
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Alcaide
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MensajePublicado: Vie May 07, 2010 1:18 am    Asunto: Responder citando

Cita:
de los que las familias humildes de la ciudad se amontonan unos sobre otros.

¿Podrías echarle un vistazo a esta frase, por si ves algo extraño en los géneros, o la preposición que introduce (de)?

Ermessenda dichosa. Creo que no tiene ninguna confusión. Está segura de lo que está haciendo y no se arrepiente. Alguien profundamente enamorada. Aunque al final dejas caer que en su cabeza hay sitio para más cosas, no solo para su amado.
La necesidad de destacar entre la gran nobleza es una de esas cosas. Claro, esto me cuadra. Al fin y al cabo no parece que este personaje se conforme con llevar una vida irrelevante.

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