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Multiverso Armantia (actualizado con capítulo 2)

 
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Moises_C
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Registrado: Apr 05, 2006
Mensajes: 471
Ubicación: Tenerife
MensajePublicado: Lun Sep 29, 2008 10:53 pm    Asunto: Multiverso Armantia (actualizado con capítulo 2) Responder citando

Esta es mi novela de ciencia ficción y aventuras "Multiverso Armantia", incluída en el libro "Mareas en el Multiverso" que se puede descargar aquí mismo, en el rincón del autor, la pongo en este foro porque creo que funciona muy bien en formato serial, y además llego a gente nueva. Iré colgando un capítulo por semana si hay suficiente interés. ¡Espero que os guste!

------------------------------------

Índice

- Prólogo (bajo este índice)

- Capítulo 1

- Capítulo 2
------------------------------------

“El error más frecuente al pensar en otros universos, es etiquetarlos como alternativos, dando por sentado que el nuestro tiene algún tipo de autenticidad sobre aquellos”

Boris Ourumov






Marla Enea Benavente empezó a encoger los ojos, pues una molesta luz se encendía y apagaba intermitentemente... una luz blanca... y al despertar recordó que ya había amanecido. Aún no sabía, claro, que el nuevo día cambiaría su vida para siempre. ¿Y qué vida era esa? Abrió los ojos dificultosamente y redujo el filtro–despertador del ventanal de su habitación, dejando pasar la luz solar en un agradable cuarenta y cinco por ciento; lo ideal para empezar el día.

Un fantasma gris y ojeroso que la visitaba todas las mañanas se reflejó en el espejo de la esquina de aseo de su salón-apartamento. Acostumbraba a observar su rostro con atención antes de abrir el grifo, apoyada en el lavabo, pero nunca conseguía sacar nada de aquella mirada que la escrutaba más allá del cristal.

Tras asearse y vestirse, recogió uno de los batidos, libre de interferencias con el mundo exterior, que la empresa le suministraba para los desayunos; unos botes de color gris oscuro que la alimentarían durante aproximadamente seis horas. Con su IA –un anillo– señaló a la pared, transformándola en una pantalla translúcida con el logotipo de la constructora; le bastaron un par de sacudidas al dedo para acceder a las noticias mientras sorbía su combinado.

...tras ser declarado vencedor en todas las encuestas sobre su rival Ricardo Garriot, Egidio Roberts fue descubierto anoche en un presunto delito de soborno con coacción. Aunque mantiene su inocencia, las pruebas parecen bastante sólidas y todo señala a un vuelco en las elecciones...

–Bien hecho, sí señor.

Se refería a Marco, uno de sus compañeros de trabajo. Fue el responsable de falsear las pruebas y poner a Egidio en el peor sitio y momento. Días antes había mostrado su confianza en conseguirlo tras ensayarlo en catorce universos durante varios meses.

La expresión de Egidio mientras se lo llevaban preso ya la conocía, parecía gritar ¿cómo me han jodido tan bien? Pero ninguna palabra saldría de su boca, pues no tenía con qué defenderse; Marco se aseguró de ello. ¿Tanto peligro tendría el candidato presidencial en el devenir de la historia como para que la compañía le hiciera aquello? Si su propio compañero lo ignoraba, probablemente ella nunca lo averiguaría.

Poco después de desayunar se dirigió al trabajo. Con los años se hizo inmune al choque auditivo entre la insonoridad de su edificio y el insufrible bullicio que asaltaba a sus oídos en cuanto se abría la compuerta que daba a la calle. Ya en el metro -tenía suerte de tenerlo frente a su portal- se encontró con las mismas caras anónimas y soñolientas de todos los días, y seguirían en incógnita pues no podía hablar con ninguno de sus propietarios; incluso procuraba no intercambiar miradas con los demás. De ninguna manera podía destacar.

Durante su estancia en la empresa aprendió a llevar relativamente bien dicha medida, pero en ocasiones se hacía asfixiante; en cualquier caso no duraría mucho, pronto finalizaría la expansión de las instalaciones de la compañía para incluir los módulos–vivienda de sus empleados; era lo que tenía su trabajo, que no le permitían existir fuera. Aunque los nuevos ya vivían allí ella pertenecía al grupo que por antigüedad aún dormía en el exterior, al menos durante unas semanas más.

Y así estaban las cosas. No es que la molestara vivir al margen de la sociedad, o al menos de aquella. Por ejemplo, la ciudad permanecía cubierta por una nube amarillenta de polución, las manifestaciones para que las máscaras anti–smog fueran gratuitas acababan puntualmente reventadas por radicales a sueldo que preparaban el terreno para las intervenciones policiales y los políticos eran marionetas que usaban otros poderes para hacerse la vida imposible. Sin ir más lejos, la comisaría saltó por los aires la semana anterior. Ciertamente vivía muy bien apartada de todo aquello. ¿Aunque no fue el mundo siempre así? Los malos siempre ganan, dijo un escritor español siglo y medio atrás, pero no deben hacerlo sin que, aunque sea, les sangre la nariz.

¿Y estaba al margen? A ojos de otra persona, ella albergaba la misma mirada perdida que el resto de pasajeros del vagón. Indiferente, adormilada. Impasible. No se discernía si iba o venía, si empezaba el día o lo acababa. Si pensaba en el futuro.

Por contra la compañía no era discreta en absoluto, al menos de cara al público. Sus dos rascacielos principales se levantaban orgullosos con los ventanales reflejando el cielo como espejos, lo que contrastaba con los edificios colindantes, más bajos, viejos y sucios, con marcas de incendios pasados. En ocasiones perdían nitidez por la tóxica neblina que filtraba un sol abrasador.

Al entrar pasó limpiamente todos los controles de seguridad gracias a su tarjeta amarilla, infalsificable y libre de incómodas preguntas. Los encargados de seguridad también tenían órdenes de ignorarlas; una vez se enteró del discreto despido de un guardia por atreverse a recoger un impreso que se le había caído a alguien con tarjeta amarilla para devolvérselo, contraviniendo las normas.

Al reproducir mentalmente la secuencia se fijó en que ese día la temática del hall de entrada era oceánica, creando ondas allí donde pisaba. Era hipnótico. Alzando la vista comprobó que una azafata hablaba por duplicado en los paneles del techo habilitados para ello.

"Bienvenidos a Alix, líderes en tecnología cuántica. Alix Corp tiene sede en más de cincuenta países y es actualmente la más avanzada en soluciones tecnológicas de alto nivel para uso médico y militar, recibiendo además los galardones científicos más distinguidos. En el dos mil ciento cuarenta y tres, Boris Ourumov, investigador de Alix, recibió el premio Nobel tras conseguir el primer teletransporte de un objeto inanimado en la historia. En el dos mil ciento cincuenta y seis..."

Se preguntó por cuánto tiempo mantendrían al ruso cabrón en aquella letanía que oía todas las mañanas. Tal vez ocultaran lo que había pasado, pues aquel premio le dio muchísima publicidad a la casa. Pero Boris les traicionó. Dio un golpe tan bajo a la compañía que le encargaron a ella encontrarle y quitarle de en medio.

Esperaba que no se enfadaran mucho al verla regresar con las manos vacías.

Pudo huir de la cantinela dirigiéndose al ascensor. Tras varios transbordos llegó a la subplanta veintisiete, en la que una voz electrónica vagamente femenina llegó a sus oídos al pasar por la sala de escaneo.

"Bienvenida Marla, El Jefe la espera en la oficina".

Qué gilipollez, pensó. Todavía le daba vergüenza ajena llamar a su superior “El Jefe”, no entendía por qué no usaban un alias corporativo, al menos. Se sentía ridícula.

Resignada, se puso la escafandra y activó la despresurización, limpieza y posterior restablecimiento de la presión en la siguiente sala. Aquellos momentos los aprovechaba para pensar acerca de si merecía la pena seguir descendiendo hacia aquella vida paralela. Arriba era anónima, abajo estaba aislada. En aquel instante se podía decir que se encontraba entre dos mundos..

Tras otra sala de intercambio, consiguió finalmente entrar en el recibidor de Alix B, donde realmente ella trabajaba. Alix B era una división de la compañía totalmente aislada del resto; a partir de ese nivel las instalaciones tenían un funcionamiento y mantenimiento independientes. Los primeros días llegaba a tardar más de veinticinco minutos en completar toda la operación de entrada pero en aquel momento era capaz estar en su puesto de trabajo en menos de quince minutos.

Apoyó la palma de su mano en la puerta de la oficina de "El Jefe" para empujarla, pero la dejó unos instantes por si el detector de huellas protestaba. Su cita no empieza hasta dentro de seis minutos, anunció la puerta, por favor, espere. Con fastidio se sentó en frente mientras saludaba a otros que también entraban a trabajar. Uno de ellos agitó la mano al verla y ella adivinó lo que pensaba, “glubs, cita con El Jefe, y no es para cobrar”. Pasados unos minutos volvió a apoyar la mano en la puerta, y esta vez se abrió.

El Jefe era un ser realmente odioso, aún más que el típico arquetipo de jefe odioso. Muchos rumores oscuros le rodeaban y los empleados le profesaban una mezcla de miedo y respeto. Marla le tenía más de lo segundo que de lo primero, pues llevaba ocho años ya en la compañía. Bastante, considerando que la mayoría abandona voluntariamente a los dos o tres años bajo su mando.

Ni siquiera su despacho olía bien.

–Marla Enea –dijo El Jefe. Era un hombre de unos cincuenta y tantos, desaliñadamente obeso y dando a menudo la impresión de estar permanentemente ausente debido a su monóculo oscuro. Parecía un parche, tal era la forma de su IA. La consultaba con tal frecuencia que a veces conseguía que los demás no supieran si realmente les estaba mirando u examinando en su monóculo órdenes de arriba.

Ella se sentó delante tras el gesto correspondiente.

–Aquí estoy, jefe.

–No hiciste lo que se te dijo.

–No fue posible –replicó con cuanta impasibilidad le fue posible.

Su superior estiró sus gruesos dedos como un fiscal contando crímenes.

–Se te asignó el objetivo de eliminar a Boris Ourumov. Nada. Se te asignó el objetivo de recuperar la unidad, el prototipo del dispositivo de viaje portable que usó para escapar. Nada. Huyó con la unidad al universo treinta y dos dé de la sexta rotación, y sabías lo que nos jugábamos. Su sola existencia es totalmente inaceptable. Le teníamos localizado, te dimos los datos con todo lujo de detalles. Pero nada. Y en el informe no logro ver el porqué. Explícamelo.

–Ya me esperaba, jefe. Detectó mi salto y huyó. Usó la unidad –dijo indiferente.

El Jefe dio un fuerte golpe en la mesa y la miró durante unos instantes con severidad, sin reaccionar. Momento monóculo, pensó ella. Nada le impedía disimularlo, pero debía ser consciente del efecto inquietante que producía.

–Pero, jefe, todos los universos de nuestra red los tenemos controlados –objetó ella–. Seguramente se saldrá de la red, al caos. A la infinidad de universos. Podríamos eliminar por si acaso a los Boris de nuestra red y redoblar la vigilancia en ella.

–Ya lo hice, Marla, ya lo hice. ¿No ves que esto es una crisis? –dijo toscamente, levantándose y mirando el suelo con las manos en la cintura.

Con la tecnología multiversal todo es más complicado, sin duda un negocio de riesgo. Alix B usaba esta tecnología manipulando una red de universos en la que únicamente tenían cabida los que eran idénticos al nuestro. El provecho, la idea clave, radica en que si tenemos a nuestra disposición un universo idéntico al actual salvo en que va unos días, o unos meses o unos años más avanzado en el tiempo, podríamos cambiar la historia en ellos de una forma determinada y ver qué ocurre a continuación. Cuando tengamos una amplia red de estos universos bajo control, conseguiremos vislumbrar cuantas ramificaciones del futuro deseemos. Así, no sólo conoceremos el futuro de nuestro mundo, sino que sabremos cuál de ellos será el que más nos convenga y cómo llegar hasta él. En resumen, tendríamos a nuestra merced el poder de labrar la historia a capricho. Dado que la cantidad de universos es infinita, se ignoraban todos los que se salieran de la pequeña red que Alix B era capaz de gestionar. A ese sobrante de universos diferentes al nuestro le llamaron caos.

El Jefe volvió a mirarla.

–No, Marla, Boris no está interesado en el caos. Está interesado en cambiar nuestra historia, la de nuestro mundo, a su manera.

Cuando se pone apocalíptico deja de parecer un cabrón. Curioso.

–¿Qué cambios?

Momento monóculo.

–Muy graves. A todos los niveles y en todas las épocas. Totalmente inaceptable.

No tenía intención de darle más detalles. ¿Se lo habrán ordenado por su IA?

–¿Qué ocurrió con los Boris de la red, entonces?

–Fueron avisados por nuestro Boris. Ninguno de los agentes que enviamos tras él ha vuelto, algo obviamente inaceptable. Y por eso estás de vuelta; hemos descubierto a uno de los Boris –creemos que no es el nuestro– en la Roma de mil cuatrocientos cincuenta del universo cuarenta y ocho zeta perteneciente a la duodécima rotación. Parece que se ha montado un pequeño centro de operaciones en una casucha situada en una plantación abandonada. Hay quien cree que es ahí donde los Boris rebeldes se mantienen en contacto. Tu objetivo será averiguar todo lo que puedas, cargártelos y desmontar la feria, en el orden que prefieras. En la sala de tránsito te darán todo lo que necesitas. Ahora ve, y no quiero verte de vuelta si no es con un informe satisfactorio.

–Lo que usted diga.

Gilipollas.

Con absoluta desgana se dirigió a la sala de tránsito. ¿Por qué seguía con su trabajo? Obviando que la eliminarían en caso de plantearse salir y que no podía escapar, claro. Cuán lejos quedaba el momento en que, ocho años atrás, la captaron con promesas de aventura, descubrimiento y venganza. Fueron lo suficientemente persuasivos como para convencerla de aprobar su muerte oficial y vivir en las sombras. Pero de ocurrir de nuevo, no tenía nada claro que aceptase.

Aquellos lamentos internos siempre le venían a la cabeza en la sala de espera, uno de los pocos sitios en los que tenía tiempo para pensar. Y a pesar de que en aquel momento albergaba poca gente, un tipo más joven que ella se sentó a su lado, visiblemente excitado.

–¿Entras ahora? –dijo.

–Sí –respondió Marla. El chico respondía al perfil del novato. Veintipocos, cara de excursionista y frotándose nerviosamente la manos, seguramente inquieto antes de un viaje– ¿Nuevo?

–¿Tanto se me nota? –respondió con una risita nerviosa.

Hizo un esfuerzo por no poner los ojos en blanco. Odiaba hablar con los novatos, pues veía en ellos a la chica que fue tiempo atrás y nada le hacía pensar que no acabarían igual de quemados.

–¿Has hecho algún viaje ya? –fingió interesarse.

–Sí, tres guiados con los monitores de personal. ¡Fue increíble! En uno pudimos observar desde una colina un escarceo entre atenienses y espartanos. En otro hicimos un discreto paseo aquí por la capital pero hace cinco años y el último fue en un desierto para trabajo de campo.

Marla asintió. Así que ahora organizaban tours históricos y todo para empezar a instruir al personal. Ya se darían de bruces con la realidad.

Como refutando sus pensamientos, pasaron frente a ella dos hombres con vestimenta médica llevando por los brazos a otro que parecía sedado por su torpe andar. Marla lo reconoció al instante: era Marco Shuttleworth, y no iba en absoluto sedado.

Se encogió de tristeza al reconocer el rictus facial, la mirada perdida y la poca voluntad para caminar. Ya no lo vería más por allí.

Y ahí se va otro veterano... Pude haber sido yo.

Le siguió con la mirada aun cuando se alejaba por el pasillo.

–¿Y a ese qué le pasa? –dijo el nuevo intentando no afectarse.

–Ese se llama Marco Shuttleworth –respondió Marla contemplando aún el pasillo, pese a que ya habían desaparecido.

Alarmado, el nuevo abrió mucho los ojos.

– ¡Se supone que no podemos darnos nuestros nombres reales! Sólo los de oficio... me lo explicaron muchas veces...

–Ya no trabajará aquí –dijo mirándole al fin–, tiene el mal multiversal.

– ¿El qué?

Marla ladeó la cabeza, incrédula.

No pueden haber sido tan hijos de...

– ¿Te han llevado a la guerra del Peloponeso pero no sabes lo que es el mal multiversal?

El tipo no ocultó su temor y permaneció en silencio, era evidente que no lo sabía. Ella suspiró, ausente, pensando en cómo explicárselo sin que intentase salir de allí al terminar, aunque sin añadir flores. Tal vez se llevase alguna reprimenda por ello, pero a esas alturas le salían todas por la otra oreja.

–El modelo del multiverso es muy complejo... hay gente que lleva muchos años en esto, como Marco. Él hace... hacía sobre todo viajes en universos con un marco temporal igual al nuestro, o muy poco más allá. Los universos de nuestra red nunca son los mismos, van rotando porque una vez cambiamos en este universo algo que ocurría en otro, ese otro ya no se parece al nuestro, con lo que deja de servirnos. Así que, aunque en apariencia idénticos, siempre estamos visitando universos distintos.

«Afecta tanto al cuerpo como a la mente. Llega un momento en que a algunos les es imposible asimilar todas las situaciones, lo que podría pasar en un universo y pasó en otro, a lo que se añaden factores como los cambios bruscos de clima, tiempo, idioma... amén de algunas situaciones de peligro. Multiplica por cien el mal del viajero y tendrás algo parecido. Empieza con deja vù frecuentes que llegan a ser auténticos ataques, le sigue la desorientación; el sujeto puede quedarse bloqueado repentinamente, sin saber dónde está. Luego pueden ocurrir dos cosas. Que el afectado termine creyendo persistentemente que tiene que “volver” a nuestro universo aun estando en él –es decir, cae en la locura–, o que se produzca un bloqueo desorientativo permanente, como le ha pasado a Marco. Tal vez se pueda curar, pero ya no podrá hacer más viajes»

Viendo la cara de perplejidad del nuevo, cayó en la cuenta de que entre tanto palo no había sacado ninguna zanahoria.

–Pero Marco empezó hace mucho y ahora los programas psicológicos evitan muy hábilmente estas situaciones. Basta con que recuerdes que este es tu universo, el único en el que verás Alix B, el lugar donde trabajas.

– ¿En los demás universos de la red no existe Alix B? ¿No se supone que son iguales?

–¿Tampoco sabes eso? –replicó algo enfadada– ¿Pero qué te han dicho?

Con vergüenza, el novato le contó que únicamente les pusieron un vídeo adornado con música y efectos especiales sobre lo que significaba viajar por el multiverso y sus posibilidades. Tal y como lo contaba parecía un documental de entretenimiento.

Dios mío...

Y si eso era cuanto le contaban a los nuevos significaba que ella sabía demasiado. Un pensamiento inquietante tras lo ocurrido con Marco. Procuró esconder su turbación centrándose en responder la pregunta, aunque no pudo evitar un suspiro de cansancio.

–Los universos de la red son todos idénticos menos, precisamente, en la existencia de Alix B. Sólo está en el nuestro.

– ¿Pero no dejarían de ser válidos como referencia para nuestro universo? Porque ya no serían iguales lo que se dice iguales...

–Buena pregunta. Fíjate en Alix B –dijo ella mirando a su alrededor–, nos cuidamos muy bien de no interferir con lo que ocurre en el exterior. Estamos aislados, es como si no existiéramos. Virtualmente los universos de la red son idénticos al nuestro, del mismo espectro.

–Y así a la gente no le da ese mal multiversal.

–En parte, pero no se hace por eso.

– ¿Ah, no?

–Piénsalo –dijo con un poco de impaciencia–. Si en todos los universos de la red existiera Alix B... estarían haciendo lo mismo que nosotros, y también nos usarían como universo “alternativo” para experimentos cronológicos. Por elemental seguridad, sólo nos interesamos en los universos en los que no existe Alix B.

El novato asentía sin parar, pero notaba cómo su idea de lo que ocurría bajo los rascacielos de la compañía se desmoronaba como un castillo de naipes.

Al llegar su turno, Marla le deseó suerte.

No me gusta en qué se está convirtiendo esto, pensó. Alix B se cerraba cada vez más y partían ya de una base oscura. Ella misma desconocía lo que ocurría con el resto del proyecto y se prohibió recientemente que los empleados comentaran entre sí los detalles de sus actividades. El mal multiversal aparentaba estar lejos de desaparecer y en muchos de sus viajes la información se reducía al qué hacer, desapareciendo el para qué. Todo ello cerca de la autonomía completa de Alix B, con sus propios empleados viviendo en ella oficialmente en cuestión de semanas. Nada olía bien. Nada.

Nuevamente pasó por varios controles de seguridad, recibiendo las instrucciones del monitor asignado a la época. No era la primera vez que visitaba aquella Roma, en cualquier caso. Al entrar pudo ver tras las cristaleras a los técnicos trabajando en su salto y reconoció entre ellos a Dominique, uno de los pocos amigos que tenía trabajando en la sala de tránsito y de su misma promoción, al que saludó con la mano.

En la pequeña sala de depuración y tras el intercambio de vapores purificadores, se vistió el mono de viaje que esta vez no tenía nada que ver con la época. Tenía vía libre para hacer lo que quisiera sin importar la historia, pues el universo al que iría se había usado ya en la red e iba a ser desechado de esta. Y allá ellos con su historia.

–Eh –dijo Dominique por radio– con ese traje me recuerdas las antiguas series futuristas de ciencia ficción. ¿Por qué no te presentas a un casting retro?

Un traje gris ceñido en el cuerpo de una mujer, con una sugerente cremallera que descendía desde el cuello, siempre llamaba la atención en un trabajo con tantos hombres. Tuvo su gracia un día –por lo menos intentaban agradarla–, ahora sólo era otro gaje del oficio.

–En el caos debe haber algún universo poblado con personajes de dibujos animados –replicó ella–. Te harán un hueco encantados.

Dominique rió con su salvaje carcajada.

Marla entró en la cápsula y esta cerró automáticamente su compuerta de vidrio. A través de ella veía a Dominique haciéndole el gesto de despedida, mientras movía su mano muy cuidadosamente sobre la interfaz multiversal, introduciendo las coordenadas.

–Roma, veintitrés de enero de mil cuatrocientos cincuenta, universo cuarenta y ocho zeta de la duodécima rotación. Buen via... –algo de brillo metálico le golpeó la cabeza antes de que pudiera terminar la frase, y el corazón de Marla dio un vuelco al verle caer al suelo inerte como una tabla.

– ¡Dominique! –gritó.

Vio con más claridad al responsable, pues le estaba mirando a los ojos desde la posición que antes ocupaba Dominique.

Era Boris Ourumov.

Rondaba los cuarenta años, su nariz era aguileña y sus cejas, que contrastaban con su pálida piel, oscuras y muy pobladas. Marla sólo le había visto en persona en una cena de la compañía años atrás, por lo que no le conocía muy bien.

Se ha adelantado, pensó mientras el pánico se apoderaba de ella. En la sala, tras las cristaleras, sonó la alarma y algunos de los restantes técnicos al ver a Boris se dispusieron a abalanzarse sobre él. Pero otros hombres entraron y les detuvieron a tiros mientras se colocaban alrededor del fugitivo. Marla contuvo la respiración cuando pudo fijarse en quienes eran.

¡Todos son Boris!

Apretando su anillo pidió ayuda por radio, pero ya habían desconectado. Tres de ellos, pero con escafandras, entraron en la sala de tránsito provistos de varios soldadores láser; empezó a tener claro lo que pretendían cuando se dispusieron a anular los dispositivos de seguridad multiversal, los cuales se encargaban de que los saltos no pudieran ejecutarse fuera de la red privada de universos que gestionaba Alix B, es decir, al caos.

A través de las cristaleras vio al primer Boris moviendo la mano bruscamente sobre la interfaz multiversal, confirmando sus temores. Dicha interfaz era una pantalla esférica del tamaño de un balón de fútbol, que se manipulaba moviendo la mano encima a una distancia de unos quince centímetros.

Se le helaba la sangre, y la cápsula parecía empequeñecer por momentos. Su respiración se agitaba cada vez más a medida que golpeaba inútilmente la compuerta. Sentía que se ahogaba, prefería que la dispararan a que la mandaran a lo desconocido, aquello era de una crueldad infinita. ¡Si les hubieran asaltado antes de que entrara en la cápsula! Los tres Boris con escafandra terminaron lo que estaban haciendo y se hicieron a un lado; el primero, tras las cristaleras, realizó un último y violento gesto con el brazo sobre la interfaz multiversal. Su mirada se alzó hasta encarar la suya con un ademán negativo.

Mientras, los Boris con escafandra agitaban la mano en gesto de despedida de forma casi cómica, y el primero terminó bruscamente de bajar la palanca mientras ella abría la boca con los ojos desorbitados.

La compuerta de vidrio ahogó su grito.


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Ultima edición por Moises_C el Lun Oct 13, 2008 9:03 pm, editado 9 veces
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MensajePublicado: Mar Sep 30, 2008 9:09 am    Asunto: Responder citando

Bastante entretenido, aunque yo revisaría los adverbios en mente, ya que son muy abundantes. Si es por mi, publica todos los trozos que te parezcan por aquí, ya que la última vez que leí un texto completo en PDF no fui capaz de hacer nada con él. Si tuviera que recomerdarte algo sería el siguiente cambio.

-"Bienvenida Marla, El Jefe la espera en la oficina." yo esto lo pondría entre comillas y hay otros enunciados como el de la puerta que estarían mejor así.

-"Nada. Se te asignó el objetivo de recuperar la unidad, el prototipo del dispositivo de viaje portable que usó para escapar." ¿No sería mejor "portátil"?

-"El cuerpo lo aqueja, y la mente también." Yo aquí no estoy conforme con el verbo pondría "acusa" o "sufre". No sabría explicar porque.

Pues nada, veremos hasta donde llega la marea. Un saludo.


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Moises_C
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MensajePublicado: Mar Sep 30, 2008 9:34 am    Asunto: Responder citando

Gracias, omnipresente Prospector Laughing (casi me siento culpable de que te hayas leído este tocho).

La parte de las comillas en realidad estaba en cursiva, así como los pensamientos de la protagonista, pero formatearlo todo de nuevo para el foro tiene su miga. Le acabo de dar un repaso en ese aspecto.

La verdad es que en lo de portable no había caído en todo este tiempo. Es decir, al principio lo dejé así porque lo imaginaba algo más aparatoso, pero finalmente lo definí más tarde efectivamente como algo pequeño y manejable.

Si veo más interés seguramente vaya colgando un capítulo por semana o así (para no invadir el foro sin necesidad).

Tomo nota de tus consejos, ¡gracias por el comentario!


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UweVegas
Mito
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MensajePublicado: Mar Sep 30, 2008 11:53 am    Asunto: Responder citando

Me lo he leído mientras comía. Gracias por amenizarme el momento.

Estoy desando leer más, dónde envían a Marla? me parece interesante Very Happy

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Moises_C
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MensajePublicado: Mie Oct 01, 2008 2:09 pm    Asunto: Responder citando

Gracias Uwe, me alegro de que te haya gustado Smile

Se me ocurre que para no saturar el foro puedo ir poniendo por aquí los siguientes capítulos y crear un índice que los enlace en el primer post.

De nuevo, gracias por los comentarios.

Un saludo.


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dafd
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Registrado: Jun 05, 2007
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MensajePublicado: Dom Oct 05, 2008 1:32 am    Asunto: Responder citando

Oh, no te cargues ya a Marla. Es un personaje tan interesante... Laughing
El texto contiene muchas explicaciones pero expuestas con sencillez y claridad. Me gustaron mucho los diálogos tanto con el jefe como con el novato

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Moises_C
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Ubicación: Tenerife
MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 12:19 pm    Asunto: Responder citando

Dafd, de hecho es la protagonista Smile

En breve cuelgo el primer capítulo.


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Moises_C
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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 12:39 pm    Asunto: Responder citando

Capítulo 1

El sonido de un trueno la despertó. Pese al terrible dolor de cabeza consiguió concentrarse en sus sentidos. Oía... agua, sí, lluvia. Estaba tumbada sobre blando, abrigada con alguna manta de tacto rugoso. Tras mucho apretar los párpados, abrió finalmente los ojos; no se vio deslumbrada como llegó a temer, tan sólo percibía un leve parpadeo similar al de las velas. Se encontró contemplando un techo de madera con varias vigas, algunas de las cuales lucían un tanto roídas por la humedad.

Tal vez lo logré.

–¿Dónde... estoy? –murmuró al aire.

–Turín –respondió una voz masculina a su izquierda.

Apretó los párpados de nuevo, y volvió la cabeza. A su lado estaba sentado un hombre que como ella rondaría la treintena, con un traje oscuro de trazas blancas que le recordaba vagamente al medievo... pero dijo Turín. No estaba en Roma entonces, aunque tampoco muy lejos.

¿Che  anno é? –dijo débilmente.

El hombre ladeó levemente la cabeza.

–No te entiendo.

–Oh, hablas español... ¿Qué año es este?

–No hablo español –dijo el desconocido mirándola inquisitivamente–, y respecto a la fecha te puedo decir que estamos a diecisiete de abril del año cincuenta... ¿No te dice nada?

–No, es imposible... –dijo examinando más detenidamente la decoración de la sala– No podemos estar en Turín en el año cincuenta... Dime, ¿a qué país pertenece Turín?

–Turín es el país, reino siendo más exactos, y como cualquier otro pertenece a Armantia. Creo que el golpe en la cabeza te ha afectado más seriamente de lo que pensaba.

–Golpe... –se la palpó comprobando que efectivamente tenía una pequeña contusión– ¿Cómo... he llegado aquí?

El hombre la miraba fijamente con notable escepticismo.

–Cuando venía hacia aquí, caí del caballo por el sobresalto que me causó el estruendo, seguido de un destello. Fue entonces cuando te encontré inconsciente entre un montón de hierba aplastada, justo en el lugar desde el que me llegó el estallido. Así que tal vez deberías relatarme tú cómo has llegado hasta aquí.

Pero Marla ya no escuchaba. Sus ojos miraban tras él, en dirección a la ventana que aquel desconocido tenía a su espalda. La conmoción y la aparente familiaridad de su entorno la confundieron al despertar, pero regresaba una poderosa y terrible sensación que ya la invadió cuando los Boris asaltaron la sala de tránsito.

El caos.

–Dime... –dijo tragando saliva– dime qué es eso...

–¿Qué es qué, la ventana, el cielo, la lluvia, la Luna, qué? –dijo el desconocido frunciendo el ceño.

–No –negó ella–, la Luna es pequeña y blanca, no es eso.

–¿Tienes que ver con Alix? –dijo el hombre con evidente impaciencia.

–¿Qué sabes tú de eso? –replicó ella asustada. Empezaba a ponerse nerviosa. El hombre se señaló el pecho impasible y Marla cayó en la cuenta de que se refería a su pequeña placa de identificación.
¿Pero qué está pasando?

–Ah... yo... agua... necesito agua...

Se la alcanzó de una jarra que ya tenía preparada, y ella se incorporó quejumbrosa, bebiendo como si le fuera la vida en ello. Respiraba profundamente, pensando detenidamente lo que iba a hacer; reuniendo fuerzas para afrontar lo que podía ocurrir. En cuanto consiguió levantarse, anduvo hacia la ventana hasta que el desconocido tuvo que sujetarla cuando la vio vacilar. Aún estaba débil.

El contacto la sobresaltó, y se zafó a duras penas para asomarse por la ventana y contemplar lo que aquel hombre llamaba Luna a través de la lluvia nocturna. Era un astro enorme que se comía cualquier otra cosa en el cielo, su color y su luz deslumbraban las pocas nubes que se atrevían a cruzarse en su camino.

Tras ver aquello, no se podía quedar a medias. Tenía que asegurarse del todo.

–Un mapa –dijo al fin.

–¿Qué?

–Necesito un mapa. El más grande y genérico que tengas. Por favor, será lo último que te pida.

Tras mirarla unos instantes, confuso, el hombre desplazó una pequeña cortina lateral en la pared que dejaba ver un sencillo mapa de un lugar llamado Armantia. Marla lo contemplaba desolada.



–Aquí estamos nosotros –dijo él señalando un punto del centro de Turín. Buscaba alguna muestra de familiaridad en su rostro.

–¿No hay nada más? –preguntó ella. El hombre no comprendía, y ella insistió exasperada –¿Es esta isla, o este continente o lo que sea, el mundo? ¿No hay nada más allá? –repitió con ansiedad.

Él titubeó, sorprendido por la pregunta.

–Uh... pues que sepamos, no.

Marla retrocedió temblando, pero sus piernas fallaron logrando que cayera de rodillas con una mano apoyada en el suelo.

–No... –sollozaba– No... Es imposible... –se sentó de nuevo en la cama, llevándose las manos a la cara. Sintió una visceral necesidad de chillar –no tendría que estar aquí... ¡No tendría que estar aquí! Fue ese hijo de puta de Boris, me envió al caos, a... a... –gritaba, sorbiendo por la nariz–... a una puta quimera del medievo...

–Eh, eh –quiso apaciguar el desconocido–, todavía no me has contado...

Dos sonoros golpes en la puerta les sobresaltaron.

Ella miró con miedo al desconocido, sin saber lo que estaba ocurriendo. Fue entrenada como agente de campo y durante años superó innumerables situaciones de peligro, sin embargo, jamás se sintió tan indefensa y aterrorizada como en aquellos momentos.

–Escucha –dijo el hombre sellando sus labios con el dedo–, no hagas ningún ruido ni te muevas de aquí.

Marla se mantuvo inmóvil cuando el hombre salió por la puerta y le escuchó abrir otra más allá. Algún pequeño rincón de su mente le susurraba que aprovechara para huir, pero su cuerpo sencillamente no atendía a razones. Temblaba, casi tiritaba. De las voces que le llegaron de la entrada, entendió algo sobre un ataque a un rey. El hombre parecía bastante alarmado, y cuando la puerta se cerró, los pasos regresaron a la habitación.

–¿Qué ocurre? –dijo ella, aún secándose las lágrimas.

–Debo irme a...

–¡¿Qué?! –Interrumpió con los ojos saliéndose de las órbitas– No puedes dejarme sola aquí, no sé qué sitio es este, yo...

–¡Escucha! –dijo él alzando la voz con gesto serio, haciendo que Marla le prestara al fin atención–. No debería tardar, tienes comida en la despensa. Es muy importante que no salgas de aquí hasta que aclaremos este asunto. ¿Entendido?

No salgas. Y esta casa está vacía salvo algunas semanas en las que me quedo yo, por tanto no hagas ruidos sospechosos y si alguien toca, nunca, nunca abras la puerta. Y quiero ver todo como estaba ¿Queda claro? Ella hizo un gesto afirmativo con la cabeza, sin estar del todo presente.

–Bien.

El hombre envainó presuroso una espada que tenía en colgada en la pared -parecía el cruce entre un sable árabe y una espada típicamente medieval- y se dispuso a abrir la puerta.

–¡Espera! –gritó ella casi faltándole la respiración. Se arrepintió de hablar tan alto.

Con cara de fastidio, el desconocido se volvió hacia ella.

–No sé tu nombre.

Él la escrutó unos instantes, tal vez sin estar seguro de decirlo.

–Olaf Bersi.

Tras cerrarse la puerta, Marla se volvió a derrumbar. Cuanto más pensaba en ello peor le resultaba; perdida en el caos, sin posibilidad de regreso. Nunca volvería a ver a su gente, ni la época en la que vivía ni nada de nada. Sólo recuerdos. Muchas veces especuló con la posibilidad de que alguien se saliera de la red y no pudiera regresar, pero sentirlo era muy distinto. Se trataba de una sensación que no le deseaba ni a su peor enemigo, estaba atrapada allí. El significado de la palabra pesaba cada vez más. Atrapada. Para siempre.

Procuró pensar en otra cosa. La decoración interior de la casa tenía toda la pinta de ser de la alta edad media, con mezclas arábigas e incluso orientales, de distintas épocas... pero aquel astro aún la turbaba, recordándole que no estaba ni en su mundo ni en otra época de un mundo como el suyo. Todo era muy confuso.

Intentó usar la función de radio de su anillo inútilmente, y donde esperaba oír estática escuchó una serie de pitidos cortos, lo que acrecentó su confusión. Pensó entonces en el hombre que la recogió, Olaf Bersi. Un nombre extraño, sonaba nórdico... vikingo tal vez, lo que no encajaba con nada de lo que veía. Aparentaba ser algún tipo de mando militar y eso la asustaba, pero más la atemorizó su aparente hospitalidad. En el marco medieval la superstición estaba a la orden del día; aún se sorprendía de que Olaf no se asustara ante su manera de aparecer, o que evitara la tentación de entregarla por brujería, violarla o matarla. O todo a la vez. Pero este no es mi mundo, recordó, ni por tanto su edad media.

Y preguntó por Alix. ¿Por qué?

Intentó relajarse, recordando que dicha serie de razonamientos podría conducirla hacia el mal multiversal, pero la palabra golpeaba su mente sin que pudiera hacer más que llevarse las manos a la cabeza.

Atrapada.

Las horas pasaban y permanecía sin noticias de Olaf. A paso lento recorrió la casa de dos plantas sin dejar huella -no abriendo las puertas que estaban cerradas, por ejemplo-, y descubriendo que había despertado en la superior. Allí era donde tenía la mejor vista de aquella Luna gigante. Fuera lo que fuera lo que lo originó el gran cráter que albergaba su centro, estuvo a punto de destruirla. La luz azul que desprendía la llevó a fijarse en lo que iluminaba; la casa de enfrente tapaba cualquier otra vista, tenía un balcón, y luces parpadeantes tras las puertas.

Tras amaianar la lluvia ya sólo se oían grillos. Escuchó el chirriar de la puerta que daba al exterior en la casa vecina, lo que la llevó a esconderse rápidamente en el interior, pues aún no se sentía preparada para dejarse ver. Pasado el estrés y viendo que Olaf no regresaba, decidió que sería una buena idea descansar tanto física como mentalmente, dejando temporalmente de lado su supervivencia.

Al amanecer tenía ya mejor cara pese a que aún estaba cansada y con los ojos enrojecidos –continuó llorando durante la noche–. Se dispuso a comer una manzana que había en el frutero de la planta inferior, cuando un sonoro portazo la sobresaltó.

Era Olaf, quien entró a paso lento, y con muy mala cara apoyó su espada en la pared, en lugar de colgarla.

–¿Qué ha ocurrido? –dijo ella.

–El Rey ha sido asesinado –replicó sentándose con visible cansancio en su mecedora, frente a ella. Le dirigió una mirada fría como el hielo–. Soy todo oídos...

Lo decía en un tono que rayaba la acusación. ¿Soy sospechosa? Y en el asesinato de un Rey, nada menos... –pensó con incipiente temor.

–Soy Marla Enea, pero llámame sólo Marla, por favor. Va a ser difícil de creer y entender, te ruego que mantengas en secreto todo lo que voy a contarte, Olaf Bersi.

–Sólo Olaf, por favor –respondió con una falsa sonrisa–. Con lo que vi al recogerte puedes poner a prueba mi credulidad y lo del secreto dependerá de lo que me digas. Pero en las actuales circunstancias, tienes cosas más importantes de las que preocuparte que de tu secreto –borró bruscamente la sonrisa de su cara–, habla.

Marla bajó los ojos, incapaz de sostener su dura mirada.

–Trabajo, o trabajé... en un sitio llamado Alix. Cómo lo explico... estábamos probando... bueno, ya no estaba en pruebas... viajábamos a... otros sitios, muy parecidos al que vivíamos. Estimábamos que existían muchísimos sitios diferentes, probablemente infinitos, pero a nosotros sólo nos interesaban los que eran casi idénticos al nuestro. En esos otros sitios podíamos ver las consecuencias de diferentes acciones antes de que ocurrieran en nuestro sitio. Así podíamos forjarnos la historia más favorable. Teníamos una completa red de esos lugares de la que nunca salíamos. Todo era seguro, pero alguien nos traicionó... –cerró los ojos, tragando saliva–, y me echó de la red... –ahí no pudo evitar que se le quebrara la voz.

«Entre la infinidad de ellos he caído en este univ... sitio –miró a la ventana que tanto la turbó en la noche, pero ya sólo veía nubes–, del que ya dudo que sea derivado del mío. No hay posibilidad de regreso ni de rescate... estoy atrapada aquí hasta el fin de mis días»

Se atrevió a volver a mirar a Olaf a los ojos, tras coger aire escandalosamente al sorber por la nariz.

–Eres... eres la única persona que conozco aquí. Mi vida está en tus manos, Olaf Bersi.

Él lo escuchó todo en silencio, con lentos asentimientos y el mismo rictus. Tras levantarse, suspiró con aire pensativo, caminando calmadamente entre ella y la puerta.

De nuevo asiente y no se sorprende. ¿Es posible que ya haya oído hablar de esto? Pero no se atrevió a preguntar, pues aún le inspiraba temor.

–Necesitarás otra ropa –anunció al fin.

El rostro de Marla se estiró en un amago de sonrisa.

¡Una oportunidad!

–Sí, claro.

–Y será mejor que comas algo, ahí tienes fruta de ayer. Estaré en la habitación de al lado si necesitas algo, ¿de acuerdo? Voy a consultar mi biblioteca.

Y comió aliviada, pero no por poder saciarse al fin tras muchas horas sino al conseguir la primera victoria para su supervivencia. Aquel tipo, Olaf, aceptó su compañía temporalmente y no parecía guardar para ella oscuros propósitos. ¿Y por qué?, pensó. No se inmutó cuando le contó su historia, de hecho tuvo la impresión de que fue eso lo que la salvó. Un montón de interrogantes y teorías peligrosamente esperanzadoras se agolpaban en su mente, pero esperaba tener tiempo para investigar.

Olaf volvió a las dos horas con un vestido, una túnica azulada con tramas doradas en mangas y bordes junto a una cuerda a modo de cinturón.

–Avísame cuando estés lista –dijo dejando el traje encima de una silla–, guarda el tuyo en el armario de la sala de la izquierda si lo deseas. Puedes considerarla tu habitación –dijo de nuevo hacia a la sala contigua.

Marla se quedó unos instantes contemplando la puerta que cerró, pensativa. ¿Mi habitación? ¡Bien! Parece que me quedaré. La actitud de Olaf había cambiado, lo tenía claro. El modo en que habló y dejó el vestido... su tono amenazador se había esfumado, fue absolutamente respetuoso, casi un mayordomo.

Quizá viera algo en su biblioteca.

Le echó un vistazo al traje en un largo suspiro. Qué remedio. Una vez puesto, se dispuso a guardar su mono gris reglamentario de Alix B en el armario. El interior estaba lleno de polvo, pero no le importó demasiado; su traje estaba también sucio y no parecía probable que lo necesitara en breve.

Avistó en la pared un espejo astillado y se acercó, curiosa, a contemplarse. Durante unos minutos estuvo así, absorta; allí estaba ella, los ojos enrojecidos, el pelo revuelto y aquel trapo azul cubriéndole todo el cuerpo. A su espalda, una habitación extraña y atemporal.

Surrealista.

Cuando iba a abrir la puerta para avisar a Olaf, se detuvo. ¿Cómo podía tratar con él de forma ventajosa? ¿Seducción? ¿Victimismo? Sin él estaba perdida. Eligió ser cauta en ese aspecto, quizá hasta conocerle mejor.
Pero necesito saber. Tal vez aún pueda volver... tal vez...

Al abrir le encontró leyendo un libro, que cerró bruscamente al verla, sorprendido.

–Ya está –atinó a decir ella.

Olaf la escrutaba absorto, logrando que Marla apartara la mirada, cohibida.

–Sí, de acuerdo –dijo al fin–, por un momento me has recordado a la propietaria del vestido. Te queda... bien.

Punto para mí.

–¿Y ahora... qué....? –se atrevió a titubear ella.

–¿De verdad no conoces este lugar?

–Hay cosas que me resultan familiares, pero todo está ordenado de forma distinta... no, nunca he estado aquí.

–Pues eso es lo primero que solucionaremos –dijo incorporándose–, vamos a dar un paseo.

–¿Qué? Pero... pero... acabo de llegar, yo... ¿No es peligroso?

–Al lado de alguien como yo estas completamente a salvo, y quedarte aquí no te va a hacer ningún bien, Marla.

Llamarla por su nombre fue como una bofetada que la terminó de despertar en aquella pesadilla.

Sin embargo, al salir e ir conociendo más a su extraño compañero, se tranquilizó. Lo primero que hicieron fue dirigirse al castillo real turinense, de corte claramente medieval, donde Olaf le consiguió sus documentos de identidad. Le adjudicó ascendencia dulicense porque, según él, “Marla es un nombre dulicense”.

La fuerte presencia militar en los alrededores del castilo la sorprendió e intimidó a partes iguales porque sabía que se debía a la muerte del rey, y la gente la miraba con suspicacia. Podía deberse a que la vieran con Olaf... o porque sospecharan de ella. Sin embargo, y supuso que por el rango de Olaf, nadie le dijo nada. Sólo saludaban con leves inclinaciones de cabeza.

Una vez obtenidos los documentos, se quedó meditabunda. Ahora era una habitante armantina más en apariencia. ¿Estaba sellando su destino en aquel lugar? Y aún no sabía qué papel tenía.

Salieron al aire libre, por la ciudad, y no dejaba de maravillarse por lo parecido que era todo “a mi mundo, en otra época”. La excursión se vio empañada por su incapacidad de desenvolverse en público, tan acostumbrada a pasar desapercibida fuera de Alix. Tras ocho años así no podía evitar mirar constantemente pero con suma discreción a lo que hacían los demás, a la vez curiosa e intimidada, y al final quedaba en ridículo. Olaf no entendía su actitud y a ella le daba vergüenza explicárselo.

Qué han hecho conmigo, pensó. Siempre estuve atrapada. Siempre.

Contra sus temores, Olaf resultó ser un caballero. Al principio hablaba él todo el tiempo, explicándole lo que veía. Ella asentía en silencio, pues le costaba entablar conversación precisamente por la disposición al diálogo y el respeto que aquel hombre le profesaba tras salir de la casa. Fue un cambio un tanto forzado como para aceptarlo con naturalidad.

Durante el paseo vio de todo, plazas, cúpulas de piedra y madera, fortificaciones abovedadas, casas con tejas, columnas de mármol... era como un collage histórico–cultural de la arquitectura. No podía cerrar la boca.

¿Qué posibilidades tenía de caer al azar en un sitio así del caos? Incluso con el mismo idioma, era tan extraño... El recuerdo que tenía de Boris modificando velozmente la interfaz multiversal le inspiraba un deliberado descuido en cuanto al destino a programar.

Le gustaba comparar las diferencias entre universos con los rollos de las antiguas películas de cine. Imaginemos un fotograma en el que aparece un árbol. Si avanzamos un poco más, la imagen apenas cambiará pues los fotogramas son casi idénticos entre sí. Ese es el margen de movimiento de Alix B. Sin embargo, si continuamos la reproducción a más velocidad el árbol se irá moviendo e incluso la escena puede cambiar para dar paso a espectros totalmente distintos de universos. Al caos. Podía haber caído perfectamente en un mundo derivado de la Tierra que fuera inhabitable.

Pero allí estaba.

Anduvieron por un mercado en el que un comerciante tras su puesto guiñó el ojo descaradamente a Olaf al ver a la pareja. Marla intuyó en la cara de su compañero –por el color que adquirió– sus ganas de estrangularle, pero pasaron de largo. Con su supervisión llegó a comprar ciruelas a otro mercader, aprendiendo ciertos gestos y saludos propios del lugar. Por otro lado, su acompañante, aunque ayudara se mostraba muy divertido con su desorientación. En fin, se excusaba, es la primera vez que me preguntan cómo comprar ciruelas. A ella todavía no le salía devolverle una sonrisa.

La trataba como si la hubiera conocido una semana atrás, en vez de un día, y eso no dejaba que bajara la guardia. Pero notó que él también estaba pendiente de sus reacciones, y sólo afianzaba esa cortés confianza a cada señal que daba ella de aceptarlo. La estaba aclimatando.

Aparezco de la nada, me da cobijo y ahora me pasea por la ciudad. Prefirió no hacer ningún comentario al respecto. Ella por supuesto ponía también de su parte; procuraba ayudarle en lo que podía, intentando no estorbarle ni ocasionarle ningún problema, como parte de un contrato no escrito.

Pasaron al lado de un grupo de personas con un atuendo similar al de Olaf, aunque más simple, tal vez soldados. Se les veía serios, algunos saludando con la mano a Olaf entre cuchicheos. Uno de ellos fue a su encuentro, y Marla procuró controlar la creciente tensión.

–Vaya, Olaf... parece que ya se te ha pasado lo de Amandine... ¿No nos la presentas?

–¿Debería, Sigmund?

Marla contemplaba silenciosa la hostilidad contenida que se respiraba en el ambiente.

Sigmund le sostuvo la mirada a su compañero. Aparentaba terminar la treintena y poseía una poco cuidada barba pelirroja.

–No es momento de buscar novias ¿No te parece? Se nos viene una guerra encima y estarás bastante ocupado.

–Se te ve muy convencido. ¿Tantas ansias tienes de que llegue?

–Oh, eso alarmaría mucho al pacificador ¿Verdad? –dijo con una sonrisa burlona en la cara, mirando unos instantes a Marla como si ella supiera de qué hablaba y tuviera que reírse también– Tan sólo doy la opinión de alguien que pertenece al mayor ejército de Armantia, condenado a participar en campeonatos rancios y a revolcarse en la apatía. El asesinato del rey Erik es el conflicto que nos devolverá al lugar que tanto has evitado; el que nos corresponde, te guste o no. ¿No le has contado a tu novia la que se avecina?

Una escena indudablemente violenta. Olaf lanzó a Sigmund una mirada helada durante unos instantes, y a Marla se le aceleró el pulso, situándose detrás de su compañero casi sin darse cuenta. Era mejor no formar parte de aquello.

–Desaparece de mi vista –dijo al fin en tono neutro.

Finalmente Sigmund sonrió y volvió con sus compañeros. Mientras se marchaban, el grupo de soldados rieron a carcajadas cuando Sigmund exclamaba ¡El Gran Cobarde nos llevará a la guerra! Olaf se limitó a apretar las mandíbulas, y ella prefirió el mutismo.

La acompañó a una zona despejada que daba a un amplio paisaje verdoso. Parecía un mirador. Tras sentarse en un rudimentario banco de madera, contemplaron en silencio el panorama durante unos minutos. Lo único que se oía de fondo era el canto de los pájaros y alguna cascada lejana, que provocaron su momentánea abstracción, al igual que la de su compañero. O eso creía ella, totalmente absorta, hasta darse cuenta de que él la estaba mirando, apretando una sonrisa.

–¿Qué ocurre? –dijo ella.

–¿Acaso tampoco habías visto árboles?

Ambos estallaron en carcajadas. Ella le dio un golpe suave en el hombro y agradeció el chiste; no había relajado un músculo desde que apareció allí, y necesitaba reír.

–No abundan en mi mundo. He ido a otros donde sí había, pero me obligaba a ignorarlos para no encapricharme de ellos, teníamos reglas al respecto. Ahora puedo.

–Entiendo.

–Y este silencio es impagable. En mi mundo el auténtico silencio es un privilegio.

–Vaya, pues en Turín abundan los sitios como este.

–Turín –dijo ella teatralmente interesada. Por fin se sentía capaz de empezar algo parecido a una conversación– ¿Existe desde hace mucho tiempo?

–En realidad no mucho. Se creó hará cincuenta años...

–¡Años! –exclamó Marla sorprendida.

–Sí, años –dijo Olaf un poco molesto por la interrupción–. ¿Tampoco sabes lo que son?

–Sí claro, perdón. Continúa.

Y tanto que lo sé, pensó Marla. Mezcla de arquitecturas, mismo lenguaje, y un calendario similar... todo eso tenía que tener un origen.

Tengo que investigar esto más a fondo.

–Se creó hace medio siglo, en la unión entre otros dos reinos en guerra. Esa fue la última disputa a gran escala que hubo en Armantia. Hemos tenido momentos malos y buenos, pero ninguna escaramuza armada. Y ha sido difícil. Aunque eso... –suspiró– me temo que llega a su fin.

–Debido al asesinato del Rey que me comentaste... ¿Por eso dijo aquel hombre que habrá guerra?

La mención de Sigmund le hizo torcer el gesto, pero luego asintió.

–Sí. Hay pruebas que apuntan a una autoría debrana. Oh, no conoces Debrán, claro. Es el reino adyacente a Turín, el segundo más grande después del nuestro, debiste verlo en el mapa de mi casa. Digamos que son... rivales, por nuestra parte. Toda la literatura heroica turinense de las últimas décadas se basa en alguna batalla contra ellos. Y eso es lo que me preocupa... el hijo del Rey sin ir más lejos, Gardar, me preocupa mucho. Un joven de quince años ahora huérfano, con sed de venganza. Y ya era muy belicista.

Rió entre dientes, suspirando, como si estuviera hablando consigo mismo y entonces volviera a recordar que ella estaba allí.

–¿Sabes? –añadió– Soy la segunda persona más poderosa de este país, tal vez lo intuyeras. Hago las veces de general, segundo y consejero del Rey. Pero no soy muy del agrado del heredero. Temo por él... y por lo que pueda hacer. Las pruebas de la supuesta autoría debrana me parecen demasiado artificiales, pero a él le bastarán.

Marla supuso que aquella era una confidencia que no había compartido con nadie más.

¿Por qué me cuentas todo esto? ¿Por qué me cuidas? ¿Qué esperas de mí? Estas frases le ardían en el pecho, pero no podía dejarlas salir. Al fin y al cabo no tenía ningún inconveniente en ser tratada de esa manera, tenía bastante suerte de no estar vagando por ahí. Cualquier cuestión que pudiera precipitar el fin de la relación podía esperar.

–¿Qué temes que pueda hacer el heredero?

–Declararle la guerra a Debrán, claro.

–¿Y está el pueblo turinense de acuerdo?

Resopló con resignación.

–Lleva mucho tiempo buscando una excusa para hacerlo.

Ahora era Olaf quien tenía la mirada perdida en el paisaje. Marla empezó a comprender.

Quiere evitar una situación difícil... pero no puede pensar que yo le pueda ayudar en semejantes cuestiones ¿O es algún tipo de terapia? No hace daño tirar un poco más del hilo...

–Pero eres tú quien no está de acuerdo, ¿correcto?

–Si no fuera por mí, tendríamos guerra desde hace tiempo. He calmado los ánimos hasta ahora, como verás tengo cierta fama de... prudente, y no soy muy admirado por ello. Pero ante esto nada se puede hacer.

–Te honra.

La miró bruscamente, sorprendido.

–Gracias –dijo incómodo al ser tema de conversación.

No deben reconocérselo muy a menudo.

–Conoces muchas cosas que yo ignoro, que muchos ignoramos ¿Verdad? Tu sabiduría, quiero decir... –dijo finalmente Olaf.

Fue Marla quien se sintió incómoda esta vez.

–Es posible –se limitó a decir, aunque eso le dio una pista de hasta dónde podía saber aquel tipo de ella–. Oye, Olaf... cuando me recogiste, me preguntaste por Alix. ¿Puedo preguntarte yo qué sabes de ello?

–Sólo que lo tenías escrito en tu pecho. Es una palabra curiosa, presente en los libros de historia, por eso me llamó la atención.

–Ya... y... ¿qué hay de Alix en esos libros?

–Todo a su tiempo –se limitó a decir.

¡Me está evaluando! Sabe algo aunque aún no está seguro de decírmelo... ¿Pero qué se supone que debo hacer?

A pesar de su exasperación, no insistió.

–Creo que has visto bastante por hoy –sentenció el general.

Al atardecer volvieron a la casa, donde se quedó nuevamente sola, pues Olaf salió a resolver asuntos de los que nada dijo. Las instrucciones una vez más: no salir, no tocar nada y no abrir a nadie.

Justo el momento que estaba esperando.

Algo excitada se adentró en su biblioteca privada. No tenía ni idea de si a él le hubiera gustado, pero ya le conocía lo suficiente como para no temer arrebatos violentos. Las paredes llamaron su atención, pues estaban llenas de cuadros; le gustaba la pintura, sin duda. El lienzo más grande tenía el marco escrito, y se acercó, curiosa.

"Coronación de Erik Sturla de Turín"

Erik fue el rey asesinado al llegar ella. En el cuadro no obstante era un muchacho, no así quien estaba a su lado.

–Dios mío...

El pulso se le disparó al ver al hombre que le ponía la corona, más viejo pero igualmente reconocible.

Boris Ourumov.


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Ultima edición por Moises_C el Lun Oct 06, 2008 10:45 pm, editado 1 vez
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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 4:07 pm    Asunto: Responder citando

Hola, te tengo que tirar de las orejas por poner algo tan largo. Pero me lo cobraré, que ya se ha abierto la veda del gazapo.

-"Estaba tumbada sobre blando y abrigada con alguna manta" y poco después "Temía verse deslumbrada, pero el débil resplandor provenía de alguna vela a juzgar por el parpadeo."

Los indefinidos mejor no repetirlos y si puedes pasar de ellos mejor "Estaba tumbada sobre algo blando, abrigada con una manta" "Temía verse deslumbrada pero el débil resplandor provenía de una vela, a juzgar por el parpadeo /de velas, a juzgar por el parpadeo".

Por cierto, repites mucho parpados/parpadeo.

-"–Cuando me dirigía hacia esta casa, caí del caballo por el sobresalto que me causó el estruendo que siguió a un destello".

Esta frase es extra-larga. Yo te recomiendo otra construcción y tu adoptas la solución que mejor te parezca. "Cuando me dirigía a mi casa, caí del caballo sobresaltado por el estruendo que siguió a un colorido destello".

-"que lo originó gran cráter" "el gran cráter" mejor.
-"Pasado el estrés y viendo que Olaf no regresaba y que podía dejar pendiente unas horas su supervivencia," deberías eliminar el "y que" ya que es una falta de ortografía.

Seguro que habrá alguien que te pueda dejar un mejor enlace yo te tengo que decir que si es una enumeración solo puede ir una "y" y si se trata de nexo entre frases, lo mismo. Por tanto "Pasado el estrés y viendo que Olaf no regresaba, podía dejar pendientes unas horas su supervivencia."

-"Estaré la habitación de al lado" "Estaré en la habitación de al lado"

-"anduvieron por un mercado en el que un mercader tras su puesto guiñó el ojo descaradamente a Olaf al ver a la pareja." ¿Que te parece comerciante en vez de mercader?

Pues nada, me despido esperando que no me muelas a collejas.


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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 4:56 pm    Asunto: Responder citando

La verdad es que es largo, pero al partir los capítulos pierden mucha fuerza. Prefiero dejarlos íntegros una semanita para que se pueda leer con calma.

¿Colleja? Sólo por habértelo leído todo te daría un euro por gazapo encontrado Laughing

La verdad, y es algo de lo que sólo me doy cuenta en ojos de otros, es que mi mayor defecto es la correcta construcción de frases largas, cosa bastante evidente fuera de los relatos cortos. Debo pensar en la escritura como algo menos oral.

Tomo nota de todas tus sugerencias, ¡y muchas gracias por los gazapos reportados!


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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 6:18 pm    Asunto: Responder citando

¿Cuando recibiré mi cheque? ¿O prefieres hacerlo con un pago en cuenta?. Si hay alguien especialmente torpe, estoy dispuesto a cobrar a céntimo la falta, aunque no es tu caso. Las tramas están expuestas a los altibajos, como en todo, solo hay que dedicarles un empujón extra.

-"y Marla procuró controlar creciente tensión." - La creciente tensión.
-"De nuevo las instrucciones eran que no saliera no tocara nada" Creo que hay mas de una forma de decirlo "De nuevo las instrucciones eran: no salir, no tocar nada" o algo menos artificial "Las instrucciones eran las mismas de siempre, no salir y no tocar nada".

Pues nada, pásate por "Escaramuza en la fuente de los caballos" y puedes darme a mi el repaso que me falta.


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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 7:24 pm    Asunto: Responder citando

Moises_C escribió:
–Avísame cuando estés lista –dijo dejando el traje encima de una silla–, guarda el tuyo en el armario si quieres de la sala de la izquierda. Puedes considerarla tu habitación –dijo de nuevo hacia a la sala contigua.
El si quieres estará en otro lugar, imagino.
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MensajePublicado: Lun Oct 06, 2008 10:48 pm    Asunto: Responder citando

Veo que me comí algunas palabras arreglando párrafos cortados cuando pegué el texto formateado en un archivo de texto plano para prepararlo para el foro. Debería estar solucionado, y el texto corregido.

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Moises_C
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MensajePublicado: Lun Oct 13, 2008 8:52 pm    Asunto: Responder citando

Capítulo 2

–Así que los Boris han desaparecido –dijo Julio Steinberg, presidente de Alix Corp.

–Con la chica, a algún lugar del caos –confirmó Fran, director de Alix B.

Llenaba la sala un silencio sepulcral, pues todas las opciones de aislamiento del centro de domótica estaban activadas; apenas sentirían una explosión cercana al edificio. Salvo por la mesa y los doce asientos ocupados por buena parte del consejo de administración de Alix, únicamente el vacío les hacía compañía.

–¿Es necesario que tengas encendida tu IA aquí, Fran? –dijo Julio, molesto.

Este pestañeó un par de veces, levantando su monóculo como si fuera un parche. La palidez del ojo que se descubrió bajo el mismo desagradó a los asistentes.

–Bien –continuó Julio–. Control de daños, corrígeme si me equivoco. Enviaste a esa chica a eliminar a Boris sin éxito, tras lo que once de ellos asaltan la sala de tránsito y la envían al caos para luego desaparecer.

–Así ocurrió –corroboró Fran, incómodo. Julio presidía en un extremo de la mesa rectangular, y Fran se encontraba en el otro, justo el que daba a la puerta. Aquel asiento tenía fama de ser algo parecido a una butaca de los acusados, lo que le puso un poco nervioso.

–¿Qué sabes de ella?

–Se llama Marla Enea Benavente y llevaba viajando unos ocho años. Pertenece por tanto a la primera generación de empleados, los que aún viven en el exterior. Iba a ser retirada justo cuando regresase del encargo que se le hizo antes del ataque de los Boris.

–Tenía acceso al mundo exterior entonces.

Fran tardó unos instantes en responder. Tal y como hablaba Julio, daba la impresión de que le hacía a él responsable.

–Así es.

–Sólo hay una cosa que me mata de curiosidad... ¿Qué crees que hizo Boris con ella? –continuó reclinándose en su asiento y descansando sus manos cruzadas sobre el abdomen.

–Él conocía el orden de retiro de los empleados anteriores a las nuevas instalaciones, así que probablemente su intención fuera salvarla. Pero ignoro a dónde pudo mandarla dado que no tenemos permiso para estudiar el caos...

–No estamos aquí para aguantar tus reivindicaciones. Puedes marcharte.

En silencio, Fran recogió sus papeles y abandonó la sala sin mirar atrás.

–Debería desmantelar Alix B ahora mismo, y darle a ese gordo irresponsable un último viajecito al pleistoceno –dijo Julio frotándose la cara con cansancio y hastío–. Para colmo el hijo de puta de Boris ha conseguido huir. Espero que esa fuera su única intención.

–Señor Steinberg –dijo uno de los asistentes–, en estos momentos esa mujer podría estar con Boris, y por tanto saber lo mismo que él. Boris ya ha demostrado que puede viajar con la unidad. Es posible que vuelvan aquí preparados y lo destapen todo.

–Lo sé, lo sé. Pero tengo la impresión de que esto va más allá de nuestros propios asuntos. Creo que no volverán; de hecho seguramente sean como la ratas que huyen antes de que el barco se hunda. Y con razón.

–¿Por qué dice eso?

–Vamos, Fede, sabes que cualquier día el ministerio de ofensa puede descubrir todo el asunto y sacarnos a patadas de aquí. Porque no desmantelarían Alix, por supuesto, ni tampoco podemos alquilarles el servicio, es un poder demasiado grande, no se conformarían. Y aparte de eso... todo el asunto de Boris apesta. Se ha saltado la asepsia más elemental de la seguridad en los viajes, y logrado reunirse con otros Boris. Eso sin mencionar la posibilidad de que estén al servicio de otras Alix. Temo una guerra multiversal, señores. Y para colmo de males coquetea sin ningún pudor con el caos. Sabe Dios lo que se nos puede colar por ahí, se me ponen los pelos de punta cada vez que lo pienso.

–A propósito del caos ¿No es usted un poco alarmista al respecto al señor Steinberg? –dijo otro de los asistentes– He visto que apenas apoya a los proyectos dedicados a estudiar...

–¿Alarmista, Nico? –Julio dio un fortísimo puñetazo a la mesa, gritando fuera de sí–, ¡¿Alarmista?! No veo a nadie de Alix C hoy ¡¿Dónde está Eduardo?!

Una mujer alzó la mano.

–Eduardo está enfermo, señor Steinberg, he venido en su lugar. Soy la vicedirectora, quizá se acuerde de mí, nos conocimos en la reunión sobre el incidente Magallanes.

–Cierto, cierto. Bien... ¿Podrías ilustrar a estos señores un poco acerca del caos, dado que vosotros sois los que lo estudiáis? Temo ser demasiado alarmista.

–Disculpe, señor Steinberg –dijo Nico–, sabe usted muy bien que yo llegué a este consejo hace dos semanas, y que no he podido revisar toda la documentación. Comprendo que esté bajo presión y...

–¡Cállate! –interrumpió Julio, furioso–. ¿Qué sabrás tú de presión? La compañía se hunde y sólo puede salir a flote explotando una tecnología más inestable que la nitroglicerina, pero tú dices que no hay que alarmarse. Por favor... –
dijo mirando a la mujer.

–Bien... el caos realmente es una idea abstracta, como saben ustedes es el término con el que denominamos a todos los universos que están más allá de la red que controlamos y explotamos a través de Alix B. Una vez miramos fuera de ella, nuestro planeta deja de ser una réplica del que conocemos y en muchos casos ni siquiera está presente. Hmm... ¿Tengo permiso para hablar sobre Magallanes? Hay aquí algunos que llegaron después. Creo que sería uno de los mejores ejemplos.

–Por supuesto, es algo que Nico ya debería conocer. Y no te cortes, deléitanos con los detalles, así él podrá perfilar mi alarmismo.

–Bien, nuestro estudio del caos se ha llevado a cabo sobre todo con sondas exploradoras y gracias a ellas descubrimos un universo particular con una Tierra derivada en la que prevalecía una civilización humanoide de tecnología bastante más avanzada que la nuestra. Probablemente se tratase del futuro remoto de nuestra propia especie, dado que se diferenciaban de nosotros únicamente en que eran más altos, delgados, cabezones y ya no tenían meñique en el pie, atrofiados los de sus manos. Las posibilidades se presentaban infinitas en investigación, desarrollo y venta, así que tras muchas discusiones y con la negativa de Boris y algunos miembros del consejo que pedían más tiempo para tener más información de las sondas, decidimos mandar a dos de nuestros agentes y traernos algunos ingenios. Necesitábamos resultados.

«La llamamos Operación Magallanes y su primera misión consistió en traernos un extraño aparato, parecido a un secador de pelo de los de antes que usaban para acelerar en cuestión de minutos la cicatrización de heridas. Tan sólo regresó un agente. Al parecer el otro fue descubierto por algunos nativos y se lo llevaron paralizado. Pero el otro agente pudo volver con el chisme»

La mujer hizo una pausa con los ojos fijos en la mesa, sopesando lo que iba a decir a continuación. El rostro de Nico, por contra, se volvía cada vez más brillante por el sudor.

–El aparato se descompuso a los dos días, como si fuera biodegradable, y apenas pudimos estudiarlo. Al tercer día, el agente cayó gravemente enfermo, con unas úlceras terribles por todo el cuerpo. Al cuarto recibimos en la sala de tránsito y por sorpresa la notificación de regreso del otro agente, al que dimos por perdido varios días antes. Fue... una escena bastante tensa, pues no pudimos dejarle volver tras lo ocurrido, tenemos normas estrictas al respecto y por si fuera poco el personal disponible en aquel momento, de madrugada, era escaso. Al final conseguimos detenerle en pleno proceso de materialización. Pude verlo en vídeo, fue un espectáculo bastante desagradable. En la noche de ese mismo día el primer agente murió desangrado, y al quinto día a gran parte del personal de esas instalaciones les aparecieron heridas ulcerosas...

La mujer miró a Julio, preguntándole en silencio si acaso era necesario seguir. Este hizo un gesto con la mano, tomando la palabra, y miró a Nico.

–¡Ese es mi alarmismo, maldito idiota! De lo que esta mujer te ha hablado es de lo que fue Alix A. Desde el mismo minuto en que nos comunicaron por radio lo de las úlceras sellamos la salida de las instalaciones al mundo exterior y les dejamos sin energía. Uno de los afectados fue también el hombre que ocupaba antes tu asiento, que estaba allí de inspección. Nadie ha vuelto a entrar o salir de allí, y nadie lo hará. Por eso estamos siguiendo el mismo programa de instalaciones–vivienda con Alix B, fue lo que nos salvó en el caso anterior. Ahora seguimos el estudio del caos en Alix C, con mucha más seguridad.

El rostro de Nico estaba colorado, y sudaba profusamente. Julio continuó.

–La epidemia se propagó pese a que nuestros controles, que son muy estrictos, no encontraron absolutamente nada, lo que significa que nadie en el resto del globo hubiera podido hacerlo. Sería un poco alarmante que saliera alguien de Alix A en una situación como aquella ¿No te parece?

–Pero aun así fue un descuido nuestro –replicó Nico–, es decir, los que van y vienen son nuestros propios agentes, nadie nos vino a invadir, fuimos nosotros quienes trajimos la amenaza. Y también una insensatez no pensar en el peligro biológico, hasta los primeros astronautas que pisaron esa piedra muerta que tenemos por satélite estuvieron en cuarentena. No por eso se puede decir que el caos sea...

Julio miró a la mujer.

–¿Te llamabas...?

–Allegra –era su alias en la compañía, naturalmente.

–De acuerdo, Allegra, responde tú misma.

–Lo que debe comprender el señor Nico, es que lo de Magallanes sólo es la punta del iceberg, un ejemplo. No sólo hemos descubierto otras Alix, es que hemos detectado también otras civilizaciones e incluso derivados aberrantes de la especie humana que conocían el multiverso, y que no se limitaban a explotarlo como nosotros, también invadían y controlaban los universos –nuestro planeta en ellos– a los que viajaban. No sé si será posible, pero si no tenemos cuidado allá donde vayamos nosotros o nuestras sondas, pudieran ser capaces incluso de seguirnos el rastro. Muchas de esas civilizaciones tienen capacidad para hacernos trizas, y ahora tenemos a un pirado yendo de aquí para allá en el caos sin ningún control. ¿Me sigue?

Nico asintió con la cabeza, sin mirarla. Julio consideró improbable que volviera a abrir el pico en lo que quedaba de reunión.

–¿Que sabéis de lo de Boris en Alix C? –le preguntó a Allegra.

La mujer alzó el dedo índice asintiendo con la cabeza, como si fuera algo importante que se hubiera saltado.

–Tal fue la prisa de Boris que olvidó borrar el registro de coordenadas de la sala de tránsito, acaso supiera que quedaban guardados. Por lo que tuvimos acceso directo al lugar al que mandó a Marla Enea, aunque, dado que él viajó usando la unidad y no nuestras instalaciones no sabemos si fue allí también. Las sondas exploradoras detectaron la señal de la IA de Marla en un momento en el que ella activó la función de radio. Así es como pudimos localizar el lugar en el que lo hizo sin tener que buscar; una gran isla, habitada por un compendio de culturas de nuestro mundo cuyo espectro temporal ronda la primera mitad del pasado milenio, todo mezclado con algunos elementos enteramente nuevos. En cualquier caso nada que llegue a la electricidad.

–No tiene sentido.

–Descubrimos algo más. ¿Conoce el rastro dejado por los saltos de regreso?

–Claro.

–Detectamos alrededor de ese mundo miles de ellos.

Julio frunció el ceño.

–Se supone que ese rastro se esfuma en la biosfera. Cuando alguien da el salto y desaparece, la presión atmosférica llena ese vacío de golpe, produciendo una implosión que borra cualquier rastro. No da tiempo a detectar nada. Las alteraciones producidas por el salto sólo podrían conservarse en el vacío, lo que no se ha probado. Es algo teórico...

–Como he dicho, fue en órbita –dijo Allegra asintiendo.

–Pero... nosotros no tenemos infraestructura para crear naves que... que... –dijo Julio perdiendo el hilo de voz.

Allegra miraba sus propias manos mientras las entrelazaba, nerviosa.

–En eso tiene usted razón, señor Steinberg. No pudimos haber sido nosotros.

Se produjo un silencio incómodo de alrededor de un minuto. Finalmente Julio suspiró, cansado.

–De acuerdo, Allegra, hoy estoy demasiado espeso para hacer suposiciones. Me encantaría oír las tuyas.

–En fin, señor Steinberg... gracias a que las alteraciones se conservaron en el vacío, el espacio que ocuparon las naves antes del salto quedó intacto, y la poca materia que habían apartado previamente para hacer sitio a su llegada conservaba su configuración exacta.

–Ya te he dicho que hoy estoy muy espeso.

–Quiero decir que tenemos fósiles fantasmas, señor Steinberg, débiles siluetas huecas de naves espaciales que estuvieron ahí. Tenemos su tamaño y forma, y hubo de todo tipo, desde las que tenían el tamaño de una cabina de holollamada a auténticas ciudades flotantes de más de veinte kilómetros de diámetro. Tan diferentes eran que creemos que llegaron de distintos universos.

Una ola de murmuraciones recorrió la mesa.

–¿Y cómo encajan con ese pseudomedievo?

–Quizá fueron los colonizadores de ese mundo, pero no hay forma de saberlo.

–En cualquier caso tenemos acceso directo a él... bien, bien... voy a hacer que vuelva el pirata.

A los seis minutos, Fran estaba de vuelta en el asiento de los acusados. Julio mostraba una sonrisa radiante.

–Bien, Fran, tenemos localizados a Boris y a la chica.

–Hay que mandar a alguien y eliminarlos –dijo Fran levantándose el monóculo.

–Eso pensaba. Y me alegro de que coincidas conmigo porque vas a ser tú el que irá a hacerlo. Como en los viejos tiempos ¿Eh, Fran?


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Ultima edición por Moises_C el Mie Oct 15, 2008 4:36 pm, editado 1 vez
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MensajePublicado: Mar Oct 14, 2008 3:09 pm    Asunto: Responder citando

Vamos allá, lo que observo en una anotación general es que recurres mucho a empezar las frases con un "y" y creo que a veces podría sobrar. Te pongo dos ejemplos y tu luego haces lo que mejor te suene.

-"Y luego se esfuman sin más."
-" Julio presidía en un extremo de la mesa rectangular, y Fran se encontraba en el otro, justo el que daba a la puerta."

"–Así ocurrió, sí –dijo Fran, incómodo." Yo aquí quitaría el si "-Así ocurrió-reiteró/corroboró/afirmó Fran, incómodo".
"es de los pocos agentes ajenos a nuestra nueva generación de empleados que aún seguía allí." Esta explicación me parece larga y forzada.

-Se trata de una agente veterana, ajena a la nueva generación de empleados y que aún seguía allí"

-"Ignoro a dónde pudo mandarla porque como no tenemos permiso para estudiar el caos... " Esta explicación creo que puede mejorarse "Ignoro a dónde pudo mandarla al no estar autorizado/permitido el estudio del caos..."¿ Es una apreciación subjetiva mía o suena como algo casi infantil?

-"Y luego el hijo de puta de Boris ha conseguido huir. Espero que esa fuera su única intención." Yo suprimiría el "Y luego".

-"Vamos, Fede, sabes que cualquier día el ministerio de ofensa" Si, se que después del ministerio de igual-da el nivel a caído bastante y el de ofensa puede estar al caer, pero supongo que querías decir "defensa". ¡Esos teclados traicioneros...!

"–¡Cállate! –interrumpió Julio, furioso–. Qué sabrás tú de presión. " Mejor "¿Que sabrás tu de presión?"

-"Las posibilidades se presentaban infinitas en investigación y desarrollo o venta," Mejor "Las posibilidades se presentaban infinitas en investigación, desarrollo o venta,"

-"–Ese es mi alarmismo, maldito idiota." yo pondría "¡Ese es mi alarmismo, maldito idiota!"


¿Verdad que no hay mucha diferencia? Eso es señal de que lo estas haciendo bien.


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MensajePublicado: Mie Oct 15, 2008 4:39 pm    Asunto: Responder citando

Buena observación lo del "y", tienes razón. Estaré más pendiente de ello.

Lo del ministerio de ofensa es deliberado, jejej.

Con lo de la presión tengo una pequeña batalla, ya que cuando imagino una pregunta cuya entonación vocal es la de una afirmación le quito las interrogaciones, al igual que a una exclamación dicha serenamente los de exclamación. Lo que ignoro es la corrección literaria del asunto...


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mklo
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MensajePublicado: Jue Oct 23, 2008 10:36 pm    Asunto: Responder citando

De momento solo he leído el capítulo uno, porque, aunque es una escritura fresca y que llama a ser leída, se me hace un poco largo (será que leer en una pantalla no es lo mismo que en un libro).
Pero seguiré esta historia. Me gusta mucho el tema tratado y, como he dicho, la lectura fácil que tiene.

Un saludo y gracias por ponerlo aquí Smile

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Moises_C
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Ubicación: Tenerife
MensajePublicado: Vie Oct 24, 2008 9:55 am    Asunto: Responder citando

Gracias, mklo, la verdad es que algunos capítulos son un poco largos para lo que se suele leer en el foro, por eso estoy dejando una semana entre ellos. Aunque ya hace casi dos que puse el último, a ver si lo hago hoy.

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