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 Verne y la Luna

 "De la Tierra a la Luna" y "Alrededor de la Luna" por AAG98


Publicadas originalmente por entregas en el Journal des Debats de Jules Hetzel, y separadas entre sí por un plazo de cuatro años, ambas novelas han constituido una de las obras más significativas de la ciencia ficción. A pesar del tiempo transcurrido, nos encontramos ante uno de los mejores ejemplos del género en su estado embrionario. Es cierto que otros autores ya habían conseguido que la humanidad traspasase las fronteras de la atmósfera para visitar la Luna, pero hasta el momento nunca lo habían hecho apoyados en un planteamiento que utilizase la ciencia y la tecnología para explicar los fundamentos que hacen posible este viaje.

Teniendo en cuenta que estas dos cortas novelas, la una continuación de la otra, supusieron un hito en el campo del romance científico, así como por el impacto que supuso en los lectores de su época, la influencia en el cine y, curiosamente, las coincidencias con el primer viaje real, estamos ante una de las pequeñas joyas de nuestra biblioteca.



De la Tierra a la Luna

En este cuarto Viaje Extraordinario, la imaginación de Julio Verne concibe el entretenimiento de los miembros del Gun Club, una de tantas agrupaciones norteamericanas que tanto llaman su atención, como una aventura espacial, casi por accidente. De esta forma, convierte una idea de su presidente Barbicane, fruto del ocio que la ausencia de conflictos bélicos provoca en los miembros de este club de artilleros, en un reto al que, hasta la fecha, nadie se había preocupado de dar una base científica: enviar al hombre a la Luna.

Aunque pueda parecer que Verne aprovecha este argumento en el contexto del desarrollo industrial y tecnológico de su época, lo cierto es que utilizando un tono más parecido a una comedia o un vodevil que se representa en público, propone a través de los personajes un proyecto que parece factible. De esta forma, desde el desarrollo de la simple idea original de enviar un proyectil macizo, cuyas dificultades van resolviendo eficazmente los distintos miembros del Gun Club, hasta la aparición de Michel Ardan para convencerles del viaje tripulado, el autor se va granjeando el interés de los lectores con un texto fácil, que llega a provocar la risa, sin que se deje de creer en el objetivo de la historia. Hasta tal punto alcanza este objetivo que en la redacción del Journal se llegaron a recibir propuestas para formar parte de la tripulación, suscripciones económicas al proyecto y otras iniciativas de los lectores, lo que demuestra el impacto que pudo causar en aquella época, llegando a hacer creer, en algunos casos, que se trataba de una historia real.

De esta forma, con el atractivo de la organización de la parafernalia, la construcción de todos los elementos necesarios para tan colosal y ambicioso proyecto, se llega al final de la primera parte, dejando al espectador disfrutando de los innumerables detalles, con el lanzamiento de la cápsula tripulada, pero con la incógnita sobre qué sucederá después de la inmensa detonación que tiene lugar en el Columbiad, el cañón encargado de impulsar a los intrépidos astronautas para vencer la fuerza de la gravedad terrestre.


Alrededor de la Luna

Verne proporciona a los lectores el final de una historia que, posteriormente, ha llegado a suscitar curiosos comentarios por las coincidencias y similitudes con el primer viaje tripulado a la Luna del hombre. Con el mismo estilo, la narración de esta segunda novela nos traslada al interior de la cápsula, donde los tres tripulantes van resolviendo las diferentes situaciones a las que se enfrentan. Aunque no se encuentre el habitual tono trágico de muchas historias, Verne pone a Barbicane, Nicholl y Ardan frente a distintas pruebas de las que casi siempre salen airosos. Por otro lado, permanece en la Tierra un cuarto personaje, Maston, el cual tendrá su propia novela posteriormente, y que se encuentra ante la complicada tarea de averiguar qué está sucediendo en el espacio con sus amigos.

Durante los nueve días de duración del viaje, los intrépidos viajeros no solo realizan sus tareas rutinarias y resuelven los diferentes problemas que se van encontrando; aprovechan la visión única que tienen del satélite para confirmar la información disponible y entrar en el terreno de la especulación sobre la historia de la Luna y la posibilidad de vida en la misma.

El final de la novela, de forma similar a la primera parte, incluye el destino final de los primeros astronautas y las peripecias de Maston para saber qué les ha sucedido.


Una premonición

Encuadrando la obra en el marco de los Viajes Extraordinarios de Julio Verne, nos encontramos con esta original singladura por el espacio, mucho más exótica para sus incondicionales lectores. Verne no descuida en ningún momento el rigor científico, salvo cuando especula, llegando a contar con la colaboración de científicos para la revisión de los datos utilizados, como las trayectorias del proyectil. Sin embargo, algunos detalles en la obra, como servir copas de vino en ausencia de gravedad o el funcionamiento en el espacio de determinados instrumentos como la brújula, no empañan en su conjunto la aproximación a lo que se encontrarán los futuros astronautas.

Por otro lado, la relación de los mapas de la geografía selenita existente en aquella época, no sólo ilustra el enfoque didáctico de Verne, sino que sirve para que los personajes realicen un ejercicio de análisis sobre su presunta validez frente a la observación cercana de la geografía real. Por último, una de las ideas más discutidas nace del mecanismo elegido para enviar la tripulación a la Luna, un inmenso cañón, sobre todo teniendo en cuenta que otro autor, Achille Eyraud, ya había propuesto previamente el mecanismo de reacción que será la base futura de los cohetes espaciales.

Es obligatorio incluir aquí el homenaje a la figura del autor francés que hace Yuri Gagarin: “Fue Julio Verne quien me orientó hacia la astronáutica”.


Referencias

En general, desde las diferentes disciplinas artísticas, incluso considerando en algunos casos el enfoque religioso, la Luna ha tenido un papel interesante como objetivo de los autores. Dentro de la propia literatura, han tenido multitud de encuentros entre la Luna y los hombres, en obras de mayor o menor calidad. También desde el punto de vista del atractivo que puede suponer considerar la existencia de vida en nuestro satélite, la imaginación de los escritores ha llenado innumerables páginas. Desde hace mucho tiempo, se ha considerado la posibilidad de visitar ese pedazo de roca que influye en nuestros mares.

En diferentes obras de la antigüedad es puede encontrar el mismo viaje. Desde las fantasías de Luciano de Samosata (siglo II d.C.) con Icaromenipo volando con sus alas o el hombre que cae en la Luna por casualidad en Una Historia Verídica, pasando por El Hombre en la Luna (1638) de Francis Godwin, en la que unos peculiares cisnes transportan a un aventurero español, hasta el mismo Poe que envía a Hans Pfall a darse un paseo. Sirvan como muestra de todas ellas los ejemplos recogidos en el volumen Viajes a la Luna (2005), de Carlos García Gual.

Después de las novelas de Verne, multitud de obras abordan la misma temática con argumentos de todo tipo. Merece la pena destacar Los Primeros Hombres en la Luna (1901) de H. G. Wells y su sociedad distópica, por la supuesta rivalidad entre los autores. La mayoría de los autores de ciencia ficción han tenido en cuenta nuestro satélite como elementos clave en novelas y relatos, quedando recogido a su vez en un número considerable de estudios y antologías centrados en el tema, en los que se han recogido y comentado las diferentes aventuras a lo largo de la historia literaria.

Por otro lado, se puede decir que también ha suscitado el interés de la industria cinematográfica desde sus mismos inicios. No resulta complicado asociar la imagen de la Luna en cuyo ojo impacta el proyectil, fruto del conocido George Méliès. En concreto, la obra de Verne ha sido llevada a la gran pantalla en múltiples ocasiones:

Le Voyage dans le Lune, 1903, de George Méliès, también conocida como A Trip to the Moon o en su versión pirata A Trip to Mars. Basada tanto en la obra de Verne como en la de H. G. Wells anteriormente citada.

De la Tierra a la Luna, 1958, de Byron Haskin (From the Earth to the Moon), una pobre adaptación que, no consiguiendo engañar con un reparto aceptable, solamente destaca por la presencia de un personaje encarnando al propio Verne.

Chiflados del Espacio, 1967, de Don Sharp (Jules Verne’s Rocket to the Moon), una versión bastante floja, en tono de comedia, que aprovecha el nombre del autor en el título, pero no así la idea original de la obra.

Le Voyage dans le Lune, 1986, de Jean Bovon, una adaptación completamente libre, para el mercado televisivo, en formato de comedia musical.


Bibliografía

Ediciones utilizadas para el comentario:

 

VERNE, JULIO. De la Tierra a la Luna. Traducción de A. Robot y Fontseré, publicado por Plaza y Janés, Barcelona, 1998.

VERNE, JULIO. Alrededor de la Luna. Traducción de Carlo Frabetti, publicado por Ediciones Forum, Barcelona, 1985.

Otra obras mencionadas:

GARCÍA GUAL, CARLOS. Viajes a la Luna. Publicado por Biblioteca ELR Ediciones, Madrid, 2005.

WELLS, H. G.. Los Primeros Hombres en la Luna. Traducción de Jaime Elías, publicado por Plaza y Janés, Barcelona, 1977

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